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miércoles, 4 de abril de 2018

EL DUQUE DE GUINES




GUINES_Duque de / Duc de_Adrien Louis de Bonnières, Duque de Guines, 5º Conde de Souastre y de Guines (Lille, Francia, 13-04-1735 / París, Francia, 21-12-1806), fue un cortesano, militar y diplomático francés, descendiente de los antiguos Condes de Guines que remontaban hasta Vennemar, castellano de Gante, desposado con Gillette de Guines.

Hijo de Guy Louis de Bonnières, 4º Conde de Souastre (1703 – 1763) y de Adrienne Louise Isabelle de Melun, Marquesa de Cottènes, pertenece a una eminente familia de la nobleza del Artois. Es nieto del Teniente-General de los Ejércitos del Rey y gobernador de Arras, Gante, Tournai y Cambrai, Charles Eugène Jean Dominique de Bonnières, 3er. Conde de Souastre y de Pas (ob. 1708) y de Françoise de Montberon, biznieto de Charles Ignace, 2º Conde de Souastre (ob.1676) y de Jeanne-Marie-Thérèse de Créqui, Dama de Raimboval (ob.1708) . Su tatarabuelo, Philippe Albert de Bonnières, 1er. Conde de Souastre, había sido gobernador de la ciudad de Binche (en la provincia de Henao, en la actual Bélgica), y su tatarabuela pertenecía a la linajuda Casa de Beauffort.

Remontando más allá, encontramos a dos antepasados que fueron chambelanes de los Duques de Borgoña, Felipe III y Carlos I “el Temerario”. En cuanto al señorío de Souastre, entró en posesión de su familia en 1484, al casar Jean de Bonnières con Jeanne de Bayne, Dama de Souastre suo jure. Los Señores de Souastre, du Mesnil y de Thieuloys enlazan con hijas de prestigiosos linajes: los Wignacourt, los Lannoy y los Halwin, por citar a tres. El título condal sería, según algunas fuentes genealógicas, confirmado por carta patente en marzo de 1676, y sus jefes se titularon aleatoriamente “Conde de Guines” o “Conde de Souastre” e incluso “Conde de Souastre de Guines”, incluso antes de que se erigiera en condado su señorío de Souastre.


Con semejante pedigrí, se le abren de par en par las puertas de Versailles para ser presentado a Luis XV, y se le augura el mejor de los destinos al servicio de Francia.

Naturalmente, como cualquier hijo de noble que se precie, es destinado a la carrera militar a temprana edad.  Pero su trayecto como oficial será breve: coronel de los Granaderos de Francia, asumió el mando del Regimiento de Navarra en 1761 antes de ascender al rango de brigadier de los ejércitos del Rey en 1762. Se le conoce entonces con el título de Conde de Souastre y su brillante personalidad le atrae el favor de la corte y de familias muy influyentes en Versailles, principalmente de los Duques de Choiseul y de Noailles.

El 28 de noviembre de 1753, contrae matrimonio con Caroline Françoise Philippine de Montmorency-Logny, hija del difunto Louis François de Montmorency, Conde de Logny (ob.1736) y de Marie-Anne Thérèse Rym de Bellem, Baronesa de Bellem. La unión le convierte en cuñado de la Duquesa de Boufflers, de la Condesa de Broglie y del Conde de Logny. Otro enlace que añade más prestigio, si cabe, a su casa. De esta ilustre unión nacerían dos hijas:

-Marie-Louise Philippine de Bonnières, Mademoiselle de Guines (1759 – 1796); c.c. (1780) Armand Charles Augustin de La Croix, 1er. Duque de Castries y Par de Francia (1756 – 1842); padres de:

-Edmond Eugène Philippe Hercule de La Croix, 2º Duque de Castries (1787 – 1866); c.c. (1816) Claire-Clémence de Maillé de La Tour-Landry (1796 – 1861), hija de Charles-François Armand, Duque de Maillé, y de Henriette Victoire de FitzJames-Stuart. => con descendencia / Casa Ducal de Castries

-Marie-Louise Charlotte de Bonnières, Mademoiselle de Souastre (1760 – 1792), Canóniga-Condesa de Remiremont; c.c. (1782) Charles Philibert Gabriel Le Clerc de Juigné, 2º Marqués de Juigné y Par de Francia (1762 – 1819) => sin descendencia.

Considerado el perfecto cortesano, de trato afable, palabra fácil y mucho ingenio, canta y toca la flauta admirablemente bien. Para él y su hija, arpista, el genial Wolfgang Amadeus Mozart compondrá, en 1778, el “Concerto para flauta, arpa y orquesta KV299”. Sus aptitudes en la corte le valen numerosos éxitos personales, e incluso la amistad del rey Federico II de Prusia desde 1766, con el que comparte la misma afición musical.

Bien apadrinado, el Conde de Souastre, pronto saludado bajo el título de Conde de Guines, abandona la carrera militar para entrar de lleno en la diplomacia. Puesto que Federico “el Grande” le tiene en alta estima, es nombrado embajador de Francia en la corte de Berlín en 1768. Pero, apenas llegado a la capital prusiana, cae inesperadamente en desgracia y Versailles tiene que hacerle regresar en noviembre 1769. El fracaso no le impide ser ascendido a mariscal de campo en 1770 y obtener, el mismo año, la embajada de Londres. Allí se ganará una excelente reputación, el apodo de Guines “el Magnífico” y la estima de los ingleses, pero su posición se complicará al cometer adulterio con una dama, famosa por su belleza y… casada: Lady Elizabeth Craven. Lord Craven, poco dispuesto a cerrar los ojos sobre la aventura de su mujer, que le deja manifiestamente en ridículo, monta un escándalo y lleva su indignación hasta los tribunales, exigiendo una sustanciosa indemnización. 



Por otro lado, estalla el “Affaire de Guines”, un escándalo que se inicia el 20 de abril de 1771, cuando el conde pide al ministro de Asuntos Exteriores, La Vrillière, que se emita una orden de búsqueda y captura contra su secretario, Barthélémy Tort de La Sonde, al que acusa de haber utilizado su nombre para especular sobre fondos públicos y estafar a varios banqueros parisinos. Tort de La Sonde es arrestado y, para defenderse, acusa a su vez al embajador afirmando haber actuado por su cuenta y siguiendo sus instrucciones. El Duque d’Aiguillon, flamante nuevo ministro de Asuntos Exteriores desde el 6 de junio de 1771, sustituto del Duque de La Vrillière y acérrimo enemigo del Duque de Choiseul, gran protector del Conde de Guines y ex titular de ese mismo ministerio (de abril 1766 a diciembre 1770), no duda en tomar partido por Tort de La Sonde mientras la Delfina María-Antonieta otorga su apoyo a Guines. El embajador, será finalmente declarado inocente de las acusaciones de su secretario por una comisión especial, formada por consejeros de Estado y nombrada por Luis XV, para acabar con este asunto. Sin embargo, el escándalo, con su cruce de acusaciones, ha hecho mella y el Conde de Guines sale moralmente mal parado. De hecho, al diplomático le fue de un pelo verse inculpado. La división en la comisión fue clara: siete votos contra seis. Y tendrá posteriormente sus consecuencias: fue una de las razones del cese de D’Aiguillon, al subir al trono Luis XVI en mayo de 1774, espoleado sobretodo por una rencorosa María-Antonieta.

Con los nuevos reyes, el Conde de Guines se salva de caer en desgracia y, el 26 de febrero de 1776, es relevado al frente de la embajada londinense. Regresado a la corte de Versailles, Luis XVI le otorga las cartas patentes que le convierten en Duque de Guines.

En 1778, su primogénita casa con el hijo del Mariscal de Castries. Cuando su yerno es hecho 1er. Duque de Castries en 1784, el Duque de Guines obtiene del rey la promesa de reversión de su ducado a favor de éste. Pero la promesa nunca se cumpliría por culpa de dos factores: el derrocamiento de la monarquía en 1792 y el hecho de que el duque morirá bajo el 1er. Imperio, harán imposible la materialización de la reversión.

Instalado en París, el Duque de Guines alquilará a su consuegro, el Marqués de Castries, el palacete del mismo nombre sito en el número 76 de la calle de Varenne.

En 1782, es su segunda hija quien contrae matrimonio con el Conde de Juigné, heredero del Marqués de Juigné.

El 1 de enero de 1784, Luis XVI lo recibe caballero en el seno de la Orden del Espíritu Santo. Cuando se convoca la segunda Asamblea de Notables (que precedió a la convocación de los Estados Generales de 1789), el rey le otorga la presidencia. En 1787, a instancias del Mariscal de Ségur, ministro de la Guerra, se le nombra miembro del Consejo y, además, es ascendido a Teniente-General de los Ejércitos del Rey. En 1788, Luis XVI le nombra gobernador de Artois.

A sus 50 años, el duque, amante de la buena mesa, ha perdido su silueta para convertirse en un auténtico obeso. Tal era ya su corpulencia que, cada mañana, su ayuda de cámara le preguntaba si quería enfundar sus calzones para sentarse o los calzones para estar de pie. En ambos casos, dos lacayos debían ayudarle a ponérselos.

Durante esos años previos a la Revolución, se lanzará en los negocios formando parte de una sociedad minera. Pero, al estallar la tormenta, el Duque de Guines y su esposa se ven obligados a abandonar la capital y cruzar el Canal para exiliarse en Inglaterra. En 1790, su residencia es literalmente saqueada por un gentilicio enfurecido, tras el sonado duelo entre el Conde de Lameth y su yerno el Duque de Castries.



Cuando se instaura el Consulado con Napoleón Bonaparte, los duques de Guines optan por regresar a Francia y obtener que les borren de la lista de los emigrados para recuperar lo que queda de sus bienes, confiscados y en su mayor parte vendidos como bienes nacionales. Consiguen reinstalarse entre las paredes del Palacete de Castries, que habían ocupado antes de que estallase la Revolución.

Escasos años después, en 1806, fallece el duque a la edad de 71 años. Su esposa, la duquesa viuda, morirá cuatro años después, en 1810. Sus dos hijas les habían precedido en la tumba en 1792 y 1796. El ducado de Guines quedó extinto con su desaparición y nunca fue transmitido a su yerno, el Duque de Castries.




sábado, 24 de marzo de 2018

EL ÚLTIMO BARÓN D'HARAMBURE




HARAMBURE_Barón de / Baron d’_Louis François Alexandre d’Harambure, Barón y último Marqués d’Harambure (Preuilly-sur-Claise, 12-02-1742 / Tours, Francia, 27-10-1828). Fue un general y político francés, último representante varón de su linaje.

Décimo tercer hijo de Paul d’Harambure, Marqués d’Harambure, gobernador de Poitiers, y de Marie-Anne de Moussy, pertenece a una vieja familia noble de raíces vascas y navarras establecida en Francia durante el reinado del rey Enrique IV. Como benjamín, lleva el título de cortesía de barón d’Harambure.

Inicia su carrera militar el 1 de febrero de 1757, con rango de corneta en el regimiento de dragones del Príncipe de Bauffremont. De éste saldría para ingresar con rango de capitán en el Regimiento de Noé en 1760, haciendo en ambos cuerpos las últimas campañas de la Guerra de los Siete Años. Asciende a mayor, luego a coronel en el Regimiento Royal-Roussillon caballería.

En 1771, le condecoran con la cruz de caballero de la Real y Militar Orden de San Luis. Diez años después (1781), es ascendido a brigadier. Nombrado mariscal de campo el 9 de marzo de 1788, es destinado al campamento de Saint-Omer, bajo el mando del Príncipe de Condé.

Antes de la Revolución, el barón d’Harambure, miembro de una noble familia de la Baja-Navarra que se había instalado en la provincia de Tours ( Touraine) desde el siglo XVII, reside en esa provincia dónde posee un considerable número de propiedades. El cabeza de familia, su hermano mayor Jean-Samuel, Marqués d’Harambure (nacido en 1716), gobernador de Poitiers como su padre, casado con Jeanne de Sorbier, carece de descendencia. Pero es él quien casualmente abraza la política y las nuevas ideas, mostrándose partidario de la Revolución.

Elegido diputado por la nobleza de Tours en los Estados Generales de 1789, publica un escrito en el que reclama la necesidad de reunir las tres órdenes. Es uno de los primeros en unirse a la asamblea del Tercer Estado. En los debates relativos al derecho de paz y de guerra, sostiene que ese derecho no puede dejarse en manos del rey y que su delegación debe ser renovada en cada legislatura. Se pronuncia con el ala izquierda de la asamblea en otras cuestiones, tales como la aceptación de la constitución a la cual quiere que se obligue al rey, y sobre el rechazo de algunos oficiales a prestar juramento a la nación, y que ya se exigía a éstos en esa época.

Sin embargo, en las sesiones del 19 de junio 1790 y del 30 de agosto 1791, se sitúa a la derecha de la Asamblea Constituyente para oponerse, con toda la fuerza y contundencia de la que es capaz, a los decretos que abogaban por la supresión de la nobleza y de todas las órdenes de caballería.

En el momento de la expiración de sus funciones legislativas, retoma sus atribuciones de mariscal de campo y es enviado con rango de general al Ejército del Rhin, que se encuentra a las fronteras de Alsacia. El 20 de marzo de 1792 es ascendido al rango de teniente-general. Se adhiere a la revolución el 10 de agosto de 1792, y le otorgan el mando del ejército tras la marcha del Barón de Luckner, cesado y arrestado. En marzo de 1793, recibe una declaración relativa a la ejecución de Luis XVI y cartas patentes del Conde de Provenza, hermano del rey, proclamado regente, que transmite a los comisarios de la Convención Nacional y manda consignar en los registros de la municipalidad de Neuf-Brisach. El gesto casi le resulta funesto, ya que la Convención sentencia enseguida su destitución, emite un decreto de acusación contra él el 13 de marzo y ordena su arresto.

Encarcelado, comparece ante el tribunal revolucionario el 22 de abril de 1793 quien, en una rara excepción para aquellos tiempos, rinde homenaje a sus intenciones y le indulta por unanimidad. Pese a la sentencia favorable y tras  recuperar su libertad, la Convención no le restablece en sus funciones. Desde entonces, el general d’Harambure ya no figura en el ejército ni en ningún cuerpo administrativo o judicial. Tendrá que esperar el regreso de los Borbones, en 1815, para hacer su reaparición en la vida pública.

Luis XVIII le nombra Comendador de la Real y Militar Orden de San Luis ese año de 1815, y le encarga presidir el colegio electoral de Loches, dónde se mostrará favorable a los realistas antes de volver a su retiro, de manera definitiva. Dedicó sus últimos años en escribir y publicar dos libros sobre la materia militar, que tuvieron buena acogida.

Se había casado en primeras nupcias con Anne Rosalie Nicole Bazin de Sainte-Honorine, el 28 de noviembre de 1771, quien le da dos hijos:

-Louis-Philippe d’Harambure (1772 – 1794) –caído en combate-

-Marie-Catherine Benjamine d’Harambure (1774 – 1833), c.c. (1796) François Eugène Marie-Pierre René de Saint-Pol (1770 – 1811)

En 1797, la baronesa d’Harambure fallece y el general contrae nuevas nupcias el 18 de diciembre del mismo año con Françoise Madeleine de Mégissier, que sólo le proporcionaría hijas:

-Louise Virginie d’Harambure, c.c. René Louis Ambroise de La Poëze, Señor de La Collessière (1781 - 1851), Barón y Marqués d'Harambure => con descendencia / Casa de La Poëze d'Harambure

-Françoise Marie Thérasie d’Harambure (1799 – 1872), c.c. (1820) Charles Louis de Villelume (1794 - 1853)

-Marie Emmanuelle Azélie d’Harambure, c.c. (1821) N. de La Lande

-Athénaïs Joséphine d’Harambure.

El único hijo varón del general, Louis-Philippe d’Harambure, se enroló como voluntario en el ejército de los Príncipes para luchar contra las fuerzas republicanas, y encontró la muerte en Berstheim, Alemania, en 1794. Con su muerte sentenciaba la extinción de su linaje.

La primogénita de su segundo matrimonio, Louise Virginie d’Harambure, contraería matrimonio con el caballero René Louis Ambroise de La Poëze, señor de La Collessière, capitán de los Carabineros de Monsieur y viudo de un primer matrimonio con 3 hijos.

El general d’Harambure, para preservar la continuidad de su apellido obtiene del rey Luis XVIII, en 1817, una ordenanza real autorizando al marido de su hija Louise-Virginie, a añadir el nombre de D’Harambure a su apellido para sí y sus descendientes. La pareja tendría dos hijos varones:

-Ludovic Jean Marie de La Poëze d’Harambure

-Gabriel François Marie de La Poëze d’Harambure

El barón d’Harambure fallecería a la avanzada edad de 86 años, en 1828.




miércoles, 24 de septiembre de 2014

EL IVº PRÍNCIPE DE CONDÉ



CONDÉ_IVº Príncipe de / 4ème. Prince de_Louis II de Bourbon, IVº Príncipe de Condé, Primer Príncipe de La Sangre, IVº Duque d'Enghien, XIº Duque de Borbón, VIº Duque de Montmorency, Duque de Châteauroux, IIIer. Duque de Bellegarde, Duque de Fronsac, Conde de Sancerre y de Charolais, Par de Francia, Señor de Chantilly, etc. (Hôtel de Condé, París, 08-09-1621 / Castillo Real de Fontainebleau, 11-12-1686). Fue gobernador de Borgoña y Gran Maestre de Francia. Pariente de la familia real francesa y representante de la IIª rama pretendiente al trono, fue uno de los grandes generales durante la Guerra de los Treinta Años y, posteriormente, el cabecilla de la Fronda de los Príncipes, rebelión surgida a raíz de la Fronda Parlamentaria que se alzó en armas contra la autoridad de la Corona y de su primer ministro el Cardenal de Mazarino.

EDUCACIÓN

Luis II de Borbón nació en París, el 8 de septiembre de 1621, hijo de Enrique II de Borbón, 3er príncipe de Condé y de Carlota de Montmorency. Nada más nacer, siendo el primer heredero varón de sus padres, recibe el título de duque de Enghien -título que ostentaba el heredero de la Casa de Condé-. Tendrá por hermanos a Ana Genoveva, futura duquesa de Longueville, y a Armando, futuro príncipe de Conti.

A sus 8 años, su educación y formación cae a cargo de los Jesuitas (1629). Fuera de lo común, su formación será cuidada al milímetro: hablará el latín, estudiará derecho, ciencias y filosofías en el colegio jesuita de Bourges, separado de los demás estudiantes de su edad por una balaustrada dorada y sentado bajo dosel a las armas de los Condé. La cuna marcaba entonces las diferencias sociales.

De su padre había heredado sus tendencias homosexuales, aunque en menor medida. Militar desde su más temprana edad, será a sus 21 años el inesperado vencedor y héroe de la batalla de Rocroi, que sellará la supremacía de un Estado moderno francés sobre una España aún muy teocrática. El duque de Saint-Simon le reprochará, en sus Memorias, de no haber tenido la ocasión de perfeccionar su ingenio y de haberlo apostado todo sobre la intrepidez y la acción. Esta falta de ingenio, que hoy llamaríamos "diplomacia", puede explicar las injusticias que cometerá y también su relativo desinterés de los Asuntos de Estado en las que, con sus cualidades, habría podido sobresalir y brillar.

A pesar de su falta de tacto, de diplomacia, se le mira como un ser "original", versado en las ciencias, el arte, las letras,...un militar intelectual que puede citar a Julio César sin cometer un solo error...



En 1636, Luis II de Borbón, duque de Enghien, recibe de manos del rey Luis XIII, el encargo de administrar el gobierno de Borgoña en ausencia de su padre el príncipe de Condé. Muy ligado a su progenitor, Luis II se esforzó siempre en darle todo tipo de satisfacciones... entre ellas, escribirle largas cartas en latín y, si por ventura deseaba redactar en francés, debía pedirle previamente permiso para tomarse semejante libertad.


LOS SALONES MATERNOS

Antes de su boda, planeada por el cardenal de Richelieu y su propio padre, es apartado de los salones de su madre para evitar que cayese bajo la influencia de la princesa y de las bellezas femeninas que los poblaban contra las cuales la futura novia, Clara Clemencia de Maillé-Brézé (sobrina del cardenal), no podía competir. Ésta tenía una frente abombada, una nariz gruesa, un cutis demasiado moreno, un aspecto diminuto y una timidez extrema. Nada que ver con aquellas jóvenes chicas ya aguerridas en el arte de la seducción, y que florecían en los salones parisinos.


LA BODA


Aunque es sabido que Richelieu deseaba esa boda para acercarse a la Familia Real y aumentar su crédito, así como asegurar su cargo, es el príncipe de Condé quien tuvo que hacer la pedida de mano en nombre de su heredero. La princesa mantenía en este asunto, una postura totalmente contraria. Su postura respondía, lógicamente, a la sencilla razón que el cardenal había hecho ejecutar su hermano, el último duque de Montmorency.

La unión matrimonial tuvo lugar finalmente pero, el joven novio no compartía la alegría de esa boda por intereses. Pasaría de la cólera a la postración. Sintiéndose engañado y el centro de una enorme maquinación, cae enfermo del disgusto. A lo largo de 6 semanas su estado de salud da muestras de su rechazo, finalmente se recupera. Tras el calvario, vuelve la recuperación: prueba bocado con apetito y, siempre convaleciente, lee y habla poco. Ya no hay gritos ni protestas con palabras malsonantes, sino un mutismo que habla por si solo sobre sus sentimientos.

Podemos ver, en este episodio, una reminiscencia de una tara psicópata que arrastraban los Borbones desde el siglo XIII. Sin embargo, esta crisis debía ser la única en su vida: nunca se repitió. De hecho, tan solo se trataba de una comedia para mostrar su aversión hacia ese matrimonio concertado con la sobrina del cardenal de Richelieu. Temía, con razón, por la salud tanto mental como física de su descendencia: entre los Richelieu se contaban numerosos casos de locura... Veía en ese matrimonio un complot para eliminar a su raza de la sucesión al trono francés. Intentará, entonces, obtener la anulación de esta unión a lo largo de dos años, rehusando todo contacto con su mujer, esperando así poder repudiarla. Al término de esos dos años de enconada enemistad, capitula.


LA ESPOSA

Clara Clemencia de Maillé-Brézé, la prometida del duque de Enghien, era de pequeña estatura, endeble y de salud delicada. A pesar de ser sobrina del cardenal-duque de Richelieu, éste no la mencionó en su testamento ni heredó bien alguno, amarga decepción para los príncipes de Condé que creían poder aliar matrimonio político con matrimonio de dinero.

La boda es celebrada en febrero de 1641 y será el origen de la decadencia física y mental que tocará a un buen número de los miembros de la familia de Borbón-Condé. Considerada tonta, estaba enamorada de su marido quien la despreciaba. Hasta el nacimiento de su primer hijo, Luis II intentará obtener la nulidad matrimonial para deshacerse de ella.

Durante la cautividad del príncipe, Clara Clemencia se mostrará digna de él al sublevar Aquitania distribuyendo millares de libelos, haciendo llamamientos a la rebelión contra el gobierno del cardenal Mazarino, disfrazada de hombre y a lomos de su caballo.

Rumores de infidelidad corrieron entonces y Clara Clemencia se vió acusada de mantener relaciones turbias con sus lacayos. Fue entonces exiliada para evitar que pareciera en la corte, su salud mental declinando rápidamente.


LOS AMORES DEL PRÍNCIPE

Su pasión por Marta du Vigean (1623-1665), duró hasta 1645. Andaba mantenida ésta por la princesa de Condé, por odio hacia Richelieu, y por su hermana Ana Genoveva, duquesa de Longueville, que jugaba el papel de celestina.

Tenía dos años menos que Luis II, era hermosa y tenía ingenio, principales virtudes requeridas en las mujeres de su época. De la amistad al afecto, la relación se tradujo prontamente en una pasión devoradora entre ellos dos. Sin embargo, para el padre, Enrique II de Condé, no era asunto de su agrado por dos razones de peso: primero por el orígen de la joven Marta, que pertenecía a esa pequeña nobleza provincial, y segundo por los sucesivos fracasos del príncipe que amenazaban con ensombrecer el prestigio de su familia a ojos del rey. Solo el matrimonio con la sobrina de Richelieu permitía asegurar el porvenir de su casa.

Luis II intentará en vano romper su matrimonio con Clara Clemencia, para poder casarse con ella. Pero el idilio se apagó por culpa de los celos de la joven, que no soportaba los juegos amorosos y los disimulos que reinaban en la corte en esa época, y donde el príncipe solía bordar su papel de galán. Al anunciarse la ruptura, Luis II se desvaneció en el aire...

Tras dos años de incertidumbre, Marta entró finalmente en la orden de las Carmelitas y se convirtió en "Sor Marta de Jesús". Falleció en 1665, a la edad de 42 años.

Tras este doloroso episodio sentimental, Luis II no mantuvo otro tipo de relaciones más que las que se pueden considerar como puramente "físicas" con las mujeres, y en muy contadas ocasiones.


RENTAS

Al fallecer su padre Enrique II, 3er príncipe de Condé, en el año 1646, Luis II pasa automáticamente a llevar el título paterno en calidad de 4º príncipe del nombre. A esta sucesión, se añade el nada despreciable cargo de Gran Maestre de la Casa del Rey, uno de los Grandes Oficios de la Corona de Francia, así como el gobierno de la provincia de Borgoña con acceso al Consejo Real. Se puede entonces estimar que las rentas del príncipe procedían por una parte de sus pensiones y cargos oficiales, y por otra de sus vastos dominios. Hemos de precisar que percibía, anualmente, una pensión de 150.000 Libras.
En 1661, Luis XIV le concedía el título de XIº Duque de Borbón.


EL PRÍNCIPE DE LA GUERRA

Tras haber sufrido el bautizo de fuego durante la campaña de Picardía, el joven Luis II de Borbón se encuentra en vísperas de su día de gloria. Nuestro héroe no cuenta más de 21 años y se ve confiada la dirección de las operaciones sobre el terreno de Rocroi. De hecho se encuentra maravillosamente asesorado por dos aguerridos soldados: L'Hôpital y Gassion, bajo cuyas órdenes había hecho su ingreso en la carrera militar.

La batalla de Rocroi se inicia tras la toma de la ciudad por Francisco de Melo. A la cabeza de sus invencibles Tercios, pretende separar los tres ejércitos franceses: el de Picardía, y el del Este. Su objetivo era descender por el valle del Marne y tomar el camino de París. El error de Francisco de Melo residía en la estúpida idea de que iba a luchar contra los tan mediocres militares galos de antaño.

Días antes de la batalla, Luis II de Borbón-Condé, duque de Enghien, recibe una misiva urgente avisándole del fallecimiento del rey Luis XIII, en la que su padre le insta a regresar a París. Consciente de lo que se jugaba en el frente, el duque de Enghien rehusó abandonar el ejército.

En plena agonía, Luis XIII tuvo un sobresalto y contó inmediatamente al príncipe Enrique II de Condé, el sueño que acababa de tener:

"He soñado que vuestro hijo había llegado a batirse contra los enemigos, siendo el combate muy reñido y la suerte balanceándose, para finalmente ser nuestra la victoria..."

La batalla de Rocroi sella una época, la de las guerras de religión. Todo se juega entonces entre las provincias protestantes de Alemania sostenidas por Francia y la Casa de Habsburgo, campeona del catolicismo con sus dos ramas dinásticas austríaca y española. Es también la última vez que una guerra es declarada con pomposidad, ceremonia y solemnidad: heraldos, trompetas, tambores, estandartes,...

De hecho, Luis II de Borbón-Condé ha comprendido que su porvenir y su gloria personal reclaman acciones brillantes y decisivas. Su temeridad y su perseverancia se explican por el hecho de que con el nuevo reinado del jovencísimo Luis XIV, debe durante la regencia no dejarse arrastrar por los acontecimientos. Si regresa a la corte victorioso, podrá presentarse como garante de la integridad del reino y, en calidad de primer príncipe de la Sangre, el trono no se encuentra tan lejos de su alcance. Un niño-rey y el duque Gastón de Orléans sin herederos varones, tan solo lo mantienen alejado del poder supremo. Es poca cosa, en efecto.

Sobre el plano militar, si el vizconde de Turenne no se encuentra en Rocroi, Luis II de Borbón se ve inmediatamente comparado a éste. El duque de Enghien es agresivo, audaz y temerario; Turenne pasa por calculador, prudente y paciente. Enghien tan solo considera el resultado, ¿qué importan un puñado de vidas perdidas? Da igual que sea en el campo enemigo como en el suyo propio.

Victorioso tanto en el plano militar como en el terreno político, Luis II deberá bajar de las nubes. Tras haber perseguido a los españoles hasta en Lorena donde éstos capitularán, su ejército será inmediatamente disuelto. De regreso a París, tendrá un sonado encontronazo con el cardenal Julio Mazarino, ya que éste también había comprendido todo el beneficio que un Condé podía ganar de una nueva victoria. Los honores esperados no llegarán y acaban por llevar al joven duque de Enghien sobre la peligrosa pendiente de la oposición al cardenal.

El 19 de mayo de 1643, cinco días después de la muerte del rey Luis XIII, consigue aplastar la temida infantería española gracias a una maniobra muy audaz. Esa primera victoria forjará su gloria, siendo la primicia de muchas más: la toma de Thionville en agosto, la de Sierk en septiembre.

Viene entonces la victoria de Friburgo (agosto de 1645), al lado del vizconde de Turenne. La excelente colaboración existente entre ellos se concluye con la victoria de Nördlingen, el mismo mes y el mismo año, frente a un ejército austríaco que asistió a la muerte de su jefe, el mariscal barón von Mercy al final de la batalla. Reconociendo la valía de su oponente, Luis II dará órdenes para ejecutar y grabar la tumba del mariscal austríaco.

Caído enfermo, Luis II no podrá explotar en toda su dimensión su victoria. Sirve después en Flandes bajo las órdenes de Gastón de Orléans, recogiendo los laureles de la victoria en Courtrai, Mardyck y Dunkerque. Esos éxitos militares asegurarán la estabilidad de la frontera norte del reino Galo.

Hay que decir que nuestro protagonista tenía una concepción muy agresiva de la guerra, y que consistía no en la victoria sino en la total destrucción del enemigo.

Anotemos que, aunque muy versado en el arte de guerrear, era incapaz de ensillar una montura.

La corte no recompensa siempre a este vencedor nato, que llega incluso a pagar de su propio bolsillo los sueldos de sus tropas y que, para colmo, es mirado como bastante molesto en el entorno regio.

Pasa los inviernos residiendo en su hermosa tierra de Chantilly, herencia de su madre, y donde se encuentran toda una corte de artistas que viven bajo su protección. Allí, lleva una vida libre, libertina, escandalosa muchas de las veces...


EL TRATADO DE WESTFALIA

Mazarino le envía a participar activamente en el asedio de Lérida, donde sufrirá su primer fracaso militar. De vuelta en la frontera de Flandes, se hace con la plaza de Ypres (mayo 1648), y la ciudad de Lens (agosto 1648), que supone una decisiva victoria sobre el ejército español muy superior en número y mandado por el archiduque Leopoldo de Austria.

Acude al rescate de París y, semanas más tarde, la paz es firmada durante el Tratado de Westfalia. Éste marca el fin de la guerra de los Treinta Años. Los católicos firmaron la paz en Munster, los protestantes en Osnabrück. Francia saldría engrandecida con la adquisición de Alsacia.


LA FRONDA DEL PARLAMENTO

La primera Fronda nace de la ambición de la más alta magistratura del reino de limitar los poderes de la Corona. Es también una oposición a las políticas de los cardenales de Richelieu y Mazarino, que son, según el Pueblo, la causa de todos los males. El pistoletazo de la rebelión parlamentaria se da tras el anuncio de un plan destinado a suprimir, durante 4 años, el pago de rentas a los magistrados.

Liberado de sus obligaciones militares, tras las firmas de los tratados de Westfalia, Luis II de Borbón, IVº Príncipe de Condé (desde el fallecimiento de su padre en 1646), se pone al servicio del Rey.

Durante la revuelta parlamentaria, hacia la cual no siente más que desprecio, protege con la ayuda de sus tropas la corte real en exilio, pese al apoyo de los suyos (su hermana, su cuñado Longueville y su hermano Conti) a los magistrados rebeldes. A éstos se añaden figuras tan prominentes como Gondi, cardenal de Retz, y el hermano mayor de Turenne, el duque de Bouillon.

El 8 de febrero de 1649, por el combate librado en Charenton, se hace con la capital francesa. Un compromiso es finalmente firmado entre los rebeldes y la regente Ana de Austria en Rueil. Después de sus hazañas en Rocroi y Lens, Condé acaba de salvar por tercera vez el trono de Luis XIV.


LA CÁRCEL

De manera ilusoria, cree entonces hacerse con el control de la corte, pero su insolencia y su profundo odio hacia el cardenal Mazarino desembocan en su repentino arresto por orden de la regente y del cardenal, el 18 de enero de 1650. Tras la leva de tropas por los príncipes de Condé, de Conti y de Longueville, conformando un ejército basado en la unión de regimientos procedentes de sus gobiernos provinciales respectivos, Ana de Austria, escuchando el consejo de Gondi, tomó la decisión de arrestarles. Pese a las advertencias de sus amigos, Condé, Conti y Longueville se personaron en el Consejo del Rey donde fueron inmediatamente arrestados.

En cautividad, Luis II de Condé deberá negociar el pago de su alimentación. Es gracias a la intervención de Gastón de Orléans, que dichos gastos acabaron por ser asumidos por la Corona. Sin embargo, sus pensiones son congeladas y sus cargos redistribuidos, sus bienes embargados, sus papeles confiscados sin encontrar pruebas incriminatorias. En represalia, se exiliarán a amigos, servidores y criados. Se vendió en subasta sus muebles y su vajilla de plata. El gobernador de la cárcel los trató con una inusitada arrogancia y el príncipe, sin deshacerse de su natural firmeza, le amenazó con molerle a palos y le hirió al tirarle un candelabro a la cabeza. Además de numerosos guardias-de-corps, sus antecámaras se hallaban llenas de soldados para mantenerles bajo estrecha vigilancia, incluso en el propio dormitorio, día y noche.

En tan duras condiciones se vió el príncipe, su hermano y su cuñado Longueville, que tuvieron que recurrir a todo tipo de astucias para corresponder con el exterior y recibir misivas sin que nadie se percatase del ir y venir de esos papelitos...

Gracias a las intervenciones de la princesa de Condé y de la duquesa de Longueville, la situación de los presos mejoraron: se les concedió comida decente y personal para asistirles. La piedad que provocaba entre los carceleros, el ver a esos príncipes tan injustamente oprimidos y privados de libertad, contribuyeron a que algunos de ellos hicieran lo posible para aligerar las duras condiciones de vida en las que se encontraban.

El príncipe de Condé pasará sus días jugando a las cartas o a cuidar de sus flores y, aunque estrechamente vigilado, consiguió encontrar el modo de comunicar con sus fieles partidarios. Si los hombres se encontraban tras los barrotes, las mujeres (Carlota, Princesa vda. de Condé, Ana-Genoveva, duquesa de Longueville, Clara-Clemencia, Princesa de Condé), estaban determinadas a no dejarse apresar por los soldados de Mazarino...

Puesto al corriente de la situación, Luis II aprecia el gesto de las mujeres de su casa:

"¿Quién iba a creer que, mientras riego mi jardín, mi mujer haría la guerra?"

La guerra se llevaba en dos frentes: Turenne y la duquesa de Longueville en el Norte, Clara-Clemencia en Burdeos. Ayudados por los Españoles, los rebeldes ganaban terreno, y el pueblo, que siempre sufre durante los conflictos, echaba la culpa de todo a Mazarino.

En el terreno político, la situación evolucionaba: "Monsieur" Gastón de Orléans y Paul de Gondi, cardenal de Retz, viéndose en nada compensados y colmados en sus pretensiones, y Mazarino eufórico por una victoria sobre Turenne, todo aquello hizo que se operase un acercamiento entre los antiguos rebeldes y los príncipes descontentos.

Es la esposa de Luis II, Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, quien desencadena las hostilidades al solicitar que los príncipes encarcelados sean juzgados o liberados. Si el Rey y la Regente no presienten nada, Mazarino comprende que es hora de tomar serias disposiciones. No pudiendo conciliarse con el duque de Orléans, el cardenal se cree perdido. El Parlamento decide su revocación. La Regente intenta en vano huir con sus hijos, pero las puertas de París se hallan cerradas. Finalmente, la Regente firmará la orden de liberación y el duque de La Rochefoucauld galopa hacia Vincennes para dar la buena nueva, adelantado por el cardenal Mazarino. Éste se postrará a los pies del príncipe de Condé, yendo hasta besar sus botas.

El cardenal deberá abandonar Francia y exiliarse durante un tiempo en Colonia. Pese al alejamiento, seguirá dirigiendo en la sombra y jugando sus cartas, manteniendo una correspondencia secreta con Ana de Austria y fomentando la discordia entre los príncipes y los parlamentarios.

A su liberación, los príncipes se hacen atribuir diferentes puestos claves. Condé será gobernador de Guyena, Conti de Provenza y Longueville recibirá Normandía. Pero la situación permanece delicada. Los Españoles siguen estando ahí y Luis II no quiere ceder en nada a aquellos a los que tanto ha combatido. Pese a un innegable talento militar, Condé se revela bastante lerdo en materia política. Se le considera demasiado altivo y brutal. No alcanzará a hacerse con el poder total y todo el mundo se disputa las riendas. Las riñas no se hacen esperar demasiado... Monsieur (duque de Orléans), Gondi, el Parlamento, la Regente,... cada uno intriga contra el otro, y los Condé, aislados, se ven impotentes. Pese a su exilio, Mazarino sigue manejando los asuntos a su antojo.


LA FRONDA DE LOS PRÍNCIPES

El Príncipe de Condé intentará el golpe de fuerza y oponerse abiertamente a la regente Ana de Austria. En 1652, es la ruptura y el comienzo de la guerra civil. Empujado por su hermana, la duquesa de Longueville, ofrece sus servicios a la Corona de España y toma el mando del ejército de la Fronda, inaugurando así su particular guerra contra la Corona de Francia. Aliado del clan Orléans, va de conquistas en fracasos y se ve forzado a replegarse ante las fuerzas del vizconde de Turenne. Lo que mueve a los rebeldes no es una visión política, sino la ambición, la sed de honores personales.

El Cardenal Mazarino regresa entonces a Francia, acogido con honores por el joven Luis XIV y su madre, la reina Ana. Paralelamente, la vieja Fronda se despierta. El ejército de Condé es superior en número y efectivos al de Turenne, bastaría de una buena maniobra para que Condé se hiciera con la persona del Rey y con el poder. Sin embargo, la escaramuza que sigue deja a los adversarios cara a cara ante París. La oportunidad del príncipe tomará un giro inesperado, perdiendo la ocasión de oro de hacerse con la persona real. Se hará entonces con la capital, cuyas puertas le serán abiertas por el Cardenal de Retz (Paul de Gondi) y "Monsieur", Gastón de Orléans. Pero, como de costumbre, todo el mundo se pelea. Una ayuda viene de Inglaterra, de parte de Oliver Cromwell: envía una delegación para intentar calcar en Francia la situación inglesa. Hasta una Constitución es redactada, previendo ésta el sufragio universal, en cierto modo un tipo de democracia y el Gran Protectorado para Condé (en pocas palabras, el poder para el príncipe).

Pero uno se puede preguntar si esos príncipes tan orgullosos habrían podido acomodarse de un sistema representativo todopoderoso...

Se produce entonces la batalla de la Puerta de Saint-Antoine, a los pies de las murallas de la capital francesa, entre el ejército de Condé y el de Turenne. Es en el curso de este episodio dramático, en la que el ejército de Condé sufre una tremenda derrota, que el Duque de La Rochefoucauld recibirá un disparo de mosquetón que casi le deja completamente ciego. Barridas las filas de los rebeldes, muertos gran parte de los compañeros de armas del príncipe de Condé, Luis II debe su salvación a la oportuna intervención de su prima Ana-María-Luisa de Borbón-Orléans, Duquesa de Montpensier (hija y heredera del duque Gastón de Orléans), apodada "La Grande Mademoiselle" -la Gran Señorita-. Ésta ordenará al gobernador de La Bastilla, que se disparen cañonazos contra el ejército real mandado por Turenne... Gracias a esa "diversión", Luis II de Borbón-Condé puede salvar su pellejo y encerrarse en la capital.

En París, su hermana la duquesa de Longueville tiene su cuartel general. Hace entonces reinar el terror en la capital asediada y, con tal de evitar eventuales negociaciones entre los notables y el Rey, ordena disparar sobre los representantes del pueblo parisino reunidos en el Ayuntamiento. De la masacre se contarán una treintena de muertos, entre los cuales los autores de la famosa "Constitución". Este sangriento hecho provoca entonces la indignación del Parlamento y de la burguesía, que le retiran inmediatamente su apoyo. El Cardenal Mazarino pedirá su exilio y, poco tiempo después, el Rey y la Corte regresan triunfalmente a la capital, acogidos con alivio. Luis XIV otorgará una amnistía general para todos los actores de la Fronda, excepto para su primo el Príncipe Luis II de Condé, y el hermano de éste, el Príncipe Armando I de Conti. Ambos decidirán entonces llevar a cabo una lucha a ultranza desde el lado español. Condé será nombrado "generalísimo de los Ejércitos" de Felipe IV de España.

Luis XIV responderá condenándole a muerte y confiscando todos sus bienes, que no son pocos.


EL TRATADO DE LOS PIRINEOS

En 1659, la firma del tratado de los Pirineos entre Francia y España sellarán la amnistía del príncipe de Condé. Este tratado contiene numerosas cláusulas rectificando el dibujo de la frontera: Francia obtiene Gravelinas, Bourbourg, Saint-Venant, Landrecies, Le Quesnoy, Avesnes, Thionville, Montmédy y Damvillers. España obtendrá Ypres, Oudenarde, Dixmude, Furnes y Charleroi.

El 27 de enero de 1659, Luis II de Borbón, 4º Príncipe de Condé, se postra a los pies del Rey Luis XIV, pidiéndole clemencia y perdón. En 1660, las muertes de Gastón de Orléans (que le acerca al trono de Francia) y del Cardenal Mazarino, por el cual sentía auténtica aversión, marcan el final de una época. Perdonado, Condé se ve colmado de honores por Luis XIV, pero éste le aparta de cualquier asunto de Estado, confinándolo al mero papel de figura y ornamento de su corte.


EL FRANCO-CONDADO Y EL RHIN

El 30 de septiembre de 1667, Condé obtiene el mando del Ejército de Alemania, lo que atestigua su retorno en el favor real. En febrero de 1668, conquista el Franco-Condado que aún permanecía en manos de España. En quince días, toma Artois, Besançon, Dôle y Gray.

Tras esas sucesivas victorias, Luis II de Condé recupera el favor de Luis XIV. Hasta le pasará por la cabeza presentar su candidatura para ser elegido rey de Polonia...

Junto con su antiguo rival y ahora amigo Turenne, toma el mando de las tropas que han de invadir los Países-Bajos en 1672. En el famoso pasaje del Rhin (en el cual muchos perecerán), Condé es herido, y cerca de Arnhem, su sobrino Carlos-Pâris de Borbón-Orléans, Duque de Longueville (hijo de su hermana Ana-Genoveva), encuentra la muerte.

En 1674, tras conseguir evacuar las Provincias-Unidas, frena al Príncipe de Orange y a su ejército holandés en Seneffe (Bélgica), levantando luego el asedio de Oudenaarde.

Al año siguiente, siempre en compañía del Rey, debe rendirse en Alsacia dónde los ejércitos franceses se encuentran en serias dificultades tras la muerte del mariscal de Turenne. Una vez más deberá enfrentarse a un viejo conocido, el Conde Raimundo Montecuccoli, el mayor general austríaco. Conseguirá forzarle a levantar el sitio de Haguenau y a replegarse más allá del Rhin.

Será su última victoria y su última intervención militar en su brillante carrera de soldado...


EL CARÁCTER DEL PRÍNCIPE

Poco preocupado en gustar, Luis II prefería inspirar temor. Dotado de un orgullo excesivo, era odiado por muchos de sus contemporáneos. Se hacía igualmente odioso por sus pretensiones y sus insultos al Cardenal Mazarino.

Pese a que no fuera un gran constructor, se preocupó por embellecer los jardines de su castillo de Chantilly.

Aún exiliada y confinada en el castillo de Châteauroux, en la provincia de Berry, su esposa Clara-Clemencia de Maillé-Brézé vió confirmado su encierro de por vida a la muerte de éste. Fue, por lo visto, una expresa petición formulada al rey Luis XIV antes de rendir el último suspiro en 1686.

Los retratos del príncipe sugieren la rapacidad del personaje: grandes ojos azules, algo saltones, una nariz borbónica prominente, una cara huesuda, y una boca voluntariosa sobre una barbilla huidiza. Por lo visto, según atestiguan algunos, era tremendamente velludo.

Añadamos que, siendo el mayor capitán de su tiempo junto a su amigo y adversario Turenne, rebosaba de orgullo y arrogancia, tanto por su procedencia que por su familia.

Poco convencional para su época, fue también un intelectual fuera de serie. Tenía ideas muy personales en cuestiones religiosas y políticas. Se oponía a los dogmas eclesiásticos del mismo modo (y con la misma contundencia) que se oponía a la autoridad suprema del monarca. Cercano de Bourdelot y de Spinoza, libertino, profundamente ateo, aparecía como un personaje extraño ante la mirada de sus contemporáneos.

Su valentía no tenía límites: intrépido, temerario, osado, noble. Osó tomar bajo su personal protección a los protestantes franceses durante la persecuciones, que se realizaron a raíz de la revocación del Edicto de Nantes, en 1685.


CARA A CARA CON LA MUERTE

Al ocaso de su vida, en 1686, la pequeña duquesa de Borbón, su nieta política (hija de Luis XIV), enferma de viruelas. Su marido, Luis III de Borbón-Condé, duque de Borbón, muestra entonces ninguna compasión por su estado. El Príncipe Luis II se transforma entonces en el gran cuidador de la joven. Al anunciarse la visita del Rey, padre de la duquesa, Luis II sale de la alcoba de la duquesa, donde la velaba, para advertir del peligro de contagio a Su Majestad, prohibiéndole con amenazas el paso. Está entonces ya aquejado de temibles ataques de gota, apenas puede moverse, se hace encima si sus criados tardan en traerle el orinal... Pese a sus dolores, encuentra la suficiente fuerza para impedir el paso a Luis XIV:

-Sire, volved atrás.

-Apartaos, primo, deseo ver a mi hija.

-Si Vuestra Majestad insiste, tendrá que pasarme por encima.

-Qué diablos me decís? quiero abrazar a mi hija, os digo!

-Si, os oigo perfectamente, y respondo a esto que si vais a su lado, enfermaréis del mismo mal y eso os matará. Os debéis a vuestro Reino. Sois el Rey, vuestro Pueblo tiene más necesidad de Vos que la Señora Duquesa. Hasta que no os vayáis, no me apartaré de su puerta.

Ante la insistencia del Príncipe, Luis XIV no podrá hacer otra cosa que rendirse ante la imposibilidad de entrar a ver a su hija.

Durante la noche, la duquesa se cubre de pústulas de pus, se vacía como una vejiga reventada, chillando de dolor. La crisis pasa, la duquesa vuelve a recuperar el sueño, exhausta. Se salva de la muerte. No pudiendo esperar hacerse con la joven chiquilla, la Muerte se cebará con el Príncipe de Condé, contagiado de viruelas, llevándoselo pocos días más tarde...

Gran libertino a lo largo de su vida, se convertirá a las vísperas, siendo el arrepentimiento más fingido que sincero, tras haber vivido sin religión. Víctima de la gota, que debió combatir a lo largo de muchos años, pasó sus últimos años retirado alejado de los tumultos parisinos, residiendo en su castillo de Chantilly, rodeado de Molière, Racine y Bossuet.

Al fallecer en ese año de 1686, Luis XIV dirá de él: "Acabo de perder al hombre más grande de mi reino..."

Su oración fúnebre fue pronunciada por el elocuente Bossuet.

 

lunes, 15 de abril de 2013

EL IVº MARQUÉS DE LA FAYETTE



LA FAYETTE_IVº Marqués de / 4ème Marquis de_Marie Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier de La Fayette, IVº Marqués de La Fayette, IIIer Marqués de Vissac, XVIIIº Señor de Champetières, VIIº Barón de Vissac, Señor de Chavaniac, etc. (Castillo de Chavaniac, Auvernia, 06-09-1757 / París, 20-05-1834). Fue un general y político francés de tendencia liberal que se ilustró particularmente en la Guerra de Independencia de Estados Unidos de América y que se convirtió en una personalidad de gran peso durante la Revolución Francesa y en uno de los actores de la Monarquía de Julio.



Los Motier de La Fayette, marqueses de La Fayette, procedían de la rama menor de una noble casa de Auvernia presente en las Cruzadas, siendo el más ilustre miembro Gilbert Motier de La Fayette (c.1380-1462), compañero de armas de Juana de Arco y creado mariscal de Francia por el rey Carlos VII, vencedor de los ingleses en la batalla de Beaugé (1421) conjuntamente con el conde d'Aubigny.

A principios del siglo XVII, la hija de un conde de La Fayette, Louise Motier de La Fayette (c.1615-1665), conocida como "Mademoiselle de La Fayette", fue dama de honor de la reina Ana de Austria y amada platonicamente por el rey Luis XIII; ésta acabaría sus días en un convento, retirada del mundo.

El último representante de la rama primogénita, hombre recto y de humor tan viajero como riguroso, había desposado la hija de un oficial afortunado, Marc Pioche, Señor de La Vergne, gobernador de Le Havre y mariscal de campo; ese gentilhombre de ínfima nobleza reunía a sus cualidades marciales un profundo conocimiento de las Letras. Asegurando él mismo, y luego delegando en más sabios que él la esmerada educación de su hija, la había convertido en una especie de obra de arte hecha mujer. Convertida en condesa de La Fayette por matrimonio, instalada en su palacete parisiense del Hotel de Nevers, Marie-Madeleine Pioche de La Vergne (1634-1693), se hizo un importante puesto en el mundo de las Letras como excelente escritora y autora de la novela "La Princesa de Clèves", que hizo furor tanto en la Corte como en la ciudad. Dejó igualmente escritas unas "Memorias de la Corte de Francia de 1688 a 1689", que fueron publicadas por sus herederos en 1731. Esta escritora y novelista, apodada "la Niebla" por su pariente política la Marquesa de Sévigné, será una de esas excelsas damas que frecuentará los aristocráticos salones de París.

La hija de la Condesa de La Fayette, duquesa de La Trémoïlle, obtuvo la sustitución del marquesado de La Fayette en provecho de la rama menor representada por los Motier de Champetières. Es de esta rama, precisamente, que debía proceder a la tercera generación, Marie Joseph Paul Gilbert du Motier, 4º Marqués de La Fayette (1757-1834). Hijo y huérfano a sus dos años de edad de un coronel de granaderos, caído en una incursión precediendo la batalla de Minden (1759), creció en el castillo ancestral de Chavagnac (o Chavaniac). Sin fortuna, fue educado cariñosamente por una de sus abuelas e instruido de forma mediocre por un padre jesuita, discípulo del abate Raynal. A sus 13 años de edad, perdiendo a su madre, hereda una colosal fortuna de sus abuelos maternos, los De La Rivière (que le proporcionaba una renta anual de 120.000 libras).


El joven marqués, que ha recibido una formación bastante pobre, baila mal, da muestras de una torpeza de la que tardará en deshacerse. Sin embargo, lleva un nombre ilustre y posee un haber considerable... Dado que gusta en la familia de los Noailles, éstos le conceden la mano de Marie-Adrienne Françoise de Noailles, la encantadora hija del Duque d'Ayen, en 1774, y a la que no tardará en engañar al mismo tiempo que ingresaba como coronel en el regimiento de los Dragones-Noailles. Junto a su cuñado el Conde de Noailles, los dos jóvenes se permiten, conjuntamente con su tío político el conde de Ségur, de emitir críticas contra el Consejo Real.



El clan de los Noailles animaba antaño la corte de Luis XV y, sobre todo, consideraba la política como un asunto del que solo podían hablar las personas mayores. El Duque d'Ayen, preocupado por darles una formación militar adecuada y disciplinarlos, envía a sus yernos a Metz, ciudad gobernada por el Duque de Broglie y su hermano el conde, nada favorables en tolerar cualquier dislate en el servicio militar.

Es en Metz, durante una cena ofrecida por el mariscal-duque de Broglie y su hermano, que se produce un hecho fuera de lo común; el invitado de honor, personaje sobresaliente por su rango y su enjuta figura, habla abundantemente, denunciando la ceguera del gabinete británico y criticando la violación del principio "No a los aranceles sin representación". A pesar de su timidez, La Fayette se emociona y acosa con preguntas al personaje: es el príncipe Guillermo-Enrique de Gran-Bretaña, duque de Gloucester y segundo hermano del rey Jorge III. Al término de la extraordinaria velada, La Fayette decidirá irse a combatir en las colonias Americanas.


Los inicios del joven capitán son sobradamente conocidos: se enrola con el vizconde de Noailles y el conde de Ségur (el 7 de diciembre de 1776), en las filas de los Insurrectos Americanos, pasando por encima de la prohibición del rey Luis XVI y de su suegro el duque d'Ayen y compra, en Burdeos (1777), un pequeño navío, el "Victoria", trasladándose a Londres para visitar a su tío político el Marqués de Noailles, sucesor del conde de Guines al frente de la Embajada Francesa y, aprovechando la baza, hacerse presentar al rey Jorge III de Gran-Bretaña. Sin renunciar a sus propósitos, vuelve a hacer escala en París, alojándose secretamente en casa del Barón de Kalb y, sin tomarse el tiempo de abrazar a su esposa para despedirse, encinta por tercera vez, se va a visitar a otro tío en Guyena, el mariscal-duque de Mouchy, comandante en jefe de la provincia. Amenazado por una carta sellada del Rey, recibiendo la orden de trasladarse a Italia junto a su suegro y sabiendo de la firme oposición de Luis XVI a sus proyectos, el marqués de La Fayette se embarca en Pauillac el 25 de marzo, haciendo escala en el puerto español de Los Pasajes el 31, cerca de San Sebastián. De ahí, siempre acompañado por su amigo el Barón de Kalb, abandona las costas españolas el 26 de abril para una travesía de siete semanas.

El 14 de junio, el navío de La Fayette hecha ancla en el puerto de South Inlet, en Carolina del Sur, pasa por Georgetown y llega a Philadelphia el 27 de julio de 1777, presentándose ante el comandante en jefe de los Insurrectos, George Washington, con el cual tejerá una duradera amistad después de espetarle su famosa frase:

"He venido aqui para aprender, no para enseñar."

El bonito marqués se ilustrará en la batalla de Brandywine, en el curso de la cual recibe una herida en la pierna, y recibirá el mando de las tropas insurrectas de Virginia, tomando parte en numerosas y victoriosas incursiones militares. A partir de ahí, obtendría del rey Luis XVI que un destacamento de 6.000 hombres mandados por el general Conde de Rochambeau, sea enviado desde Francia.

Al lado del conde de Rochambeau, La Fayette llevará a cabo el célebre asedio de Yorktown, forzando al general británico Lord Cornwallis a capitular el 17 de octubre de 1781. Aquella victoria debía desencadenar la independencia de los Estados Unidos de América.

De vuelta a Francia, aureolado por la gloria y saludado por los Reyes, La Fayette expresa sus ideas innovadoras que le valdrían algunas frialdades en el entorno real (1787); se mete en política, se muestra favorable a la convocación de los Estados Generales, que no han sido convocados desde inicios del siglo XVII.



En marzo de 1789, el marqués de La Fayette es elegido diputado de la nobleza para la senescalía de Riom en los Estados Generales. Se sabe, además, que ha ingresado en una logia masónica, fundada por Brissot y llamada "Sociedad de los Amigos de los Negros", y que ha presentado un proyecto de Declaración Europea de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (11 de junio de 1789).

Nombrado vice-presidente de la Asamblea y comandante de la Guardia Nacional Parisiense, La Fayette apuesta por la instauración de una Monarquía Constitucional, atrayéndose el odio, la antipatía de los realistas y la desconfianza de Luis XVI y de María-Antonieta, que siente por él cierta animosidad.

Su enorme popularidad se esfumará tras reprimir con dureza la manifestación del Campo-de-Marzo el 17 de julio de 1791, ordenando disparar contra la multitud. En consecuencia, presentará su dimisión el 8 de octubre siguiente.

Tras haber tomado la defensa de Luis XVI y de la Familia Real, con mucha valentía tras las terribles jornadas de Junio y Agosto de 1792, el marqués de La Fayette se verá obligado a pasar la frontera franco-alemana. Caído en manos de las Potencias Extranjeras, que le consideran como uno de los mayores responsables de la Revolución de 1789, el emperador Francisco II de Austria ordena su encarcelamiento en la fortaleza de Olmütz, en Moravia. El marqués permanecerá encerrado a lo largo de cinco años hasta la firma del Tratado de Campoformio (1797), que le devuelve la libertad y un pasaporte para volver a Francia. Retirado en sus tierras del departamento de Seine-et-Marne, La Fayette asistirá impasible a la aventura imperial de Napoleón I.



En 1814, sale de su inercia para apoyar la subida al trono del rey Luis XVIII, durante la Primera Restauración, y cambia de chaqueta al abrazar la causa de Napoleón I, regresado de su exilio de la Isla de Elba, durante los Cien-Días. Eligido diputado de Seine-et-Marne (10 de mayo de 1815) y vice-presidente de la Asamblea, vuelve a cambiar de bando contribuyendo a la caída del emperador vencido en Waterloo, el 22 de junio de 1815. Su actitud chaquetera no le impide obtener el puesto de comisario en el cuartel general de los Aliados, y de ser elegido diputado de la Sarthe en 1818. Miembro de la "Carbonería", es derrotado en las elecciones de 1824 y, demasiado comprometido políticamente, debe huir de Francia para refugiarse en Estados-Unidos.

De vuelta a Francia al año siguiente (1825), el marqués es nuevamente elegido diputado para el departamente de Seine-et-Marne (1827) y, tras la Revolución de las Tres Gloriosas (1830) que destrona al rey Carlos X, recibe el mando de la Guardia Nacional, presentando al pueblo de París al nuevo rey de los Franceses, Luis-Felipe I de Orléans.

Poco después, tras una acalorada discusión con el monarca, La Fayette dimite de sus cargos y abandona el escenario político. Fallece en París en mayo de 1834.

viernes, 5 de abril de 2013

EL IIº DUQUE DE RICHELIEU





RICHELIEU_IIº Duque de / 2ème Duc de_Armand-Jean II de Vignerot du Plessis, IIº Marqués du Pont-Courlay o Pontcourlay, Príncipe de Mortagne, Conde de Cosnac, Barón de Barbezieux, de Cozes y de Saujon, Señor propietario de la jurisdicción y vizcondado del Faou, de Irvillac, Logonna y de Villeneuve, Barón de Pont, IIº Duque de Richelieu & Par de Francia, VIº Duque de Fronsac & Par de Francia (Le Havre de Grâce, 03-10-1629 / Hôtel de Richelieu, París, 20-05-1715). Militar y oficial de la Marina Real Francesa, ostentó los rangos y cargos de General de Galeras, Gobernador de Le Havre, Caballero de Honor de la Delfina de Francia, Caballero de la Orden del Espíritu Santo.

Fue hijo primogénito de François de Vignerot, Ier Marqués du Pont-Courlay, gobernador de Le Havre, y de la linajuda aristócrata bretona Marie-Françoise de Guémadeuc, Baronesa du Pont y de Rostrenen. Es, también, sobrino-nieto del célebre primer ministro del rey Luis XIII, el Cardenal y 1er Duque de Richelieu, del que heredaría parte de los títulos y tierras.

A temprana edad, sus padres le destinan a la carrera militar en el seno de la Marina Real y, en 1642, gracias a la gran influencia de su tío-abuelo el Cardenal, asciende al rango de General de Galeras del Rey de Francia. En 1646, al fallecer su progenitor, hereda de éste el cargo de Gobernador de Le Havre (ciudad portuaria y ciudadela) y dependencias.

En 1647, recibe la misión de trasladarse a Nápoles, que se ha sublevado contra el dominio Español y ha proclamado la República Napolitana. La Reina-Regente y el Cardenal Mazarino le encargan socorrer a los Napolitanos con un contingente de 1.800 hombres y una nutrida artillería. A finales de diciembre del mismo año, vence a la flota Española de Don Juan-José de Austria ante Capri, pero su victoria marina no resulta decisiva y sus posteriores intentos de librar nuevamente batalla a la escurridiza escuadra Española fracasan por dos veces el 29 de diciembre de 1647 y el 1 de enero de 1648. El 5 de enero, se da por vencido: a falta de puerto dónde pasar el invierno, bate retirada y abandona con su flota la bahía de Nápoles sin haber conseguido el objetivo de su misión, dar apoyo militar a los insurgentes.



De regreso a la corte, contrae su primer matrimonio el 26 de diciembre de 1649, con la viuda de François-Alexandre d'Albret, Señor de Pons, Anne Poussard de Fors (1622-1684). El matrimonio nunca tendría descendencia.

Durante la Fronda de los Príncipes, en 1651, toma el partido de los Príncipes de Condé y de Conti. Un error que le será posteriormente perdonado.

Quince años después de la muerte de su tío-abuelo el Cardenal de Richelieu, retoma el título de Duque de Richelieu mediante sustitución de nombre y armas; el 15 de enero de 1657, presta solemne juramento ante el Parlamento de París en calidad de duque y par de Francia.

Heredero de una considerable fortuna, lleva una dispendiosa y desordenada vida: el juego, sus amantes y sus gastos suntuarios le llevan prontamente a cubrirse de deudas. Ante tal aprieto financiero, se ve obligado a vender su cargo de General de Galeras por la suma de 200.000 libras en 1661. Al poco, abandonará también su título y cargo de Gobernador de Le Havre. En 1665, por una desastrosa apuesta hecha con el rey Luis XIV en un partido de tenis, pierde 25 cuadros de su prestigiosa colección pictórica, entre los cuales se encontraban 13 obras de Nicolas Poussin. Las obras pasan a manos del monarca.

En 1674, su prima Claire-Clémence de Maillé-Brézé, Princesa de Condé, le cede el ducado de Fronsac heredado del Cardenal de Richelieu, convirtiéndole en el VIº Duque de Fronsac y Par de Francia.

En 1675, durante la Revuelta de los Gorros Rojos, su castillo de Pont-L'Abbé es asaltado, saqueado y finalmente incendiado por los campesinos.

En 1679, Luis XIV le concede el cargo de Caballero de Honor de Madame la Delfina de Francia pero, siempre falto de liquidez y perseguido por sus acreedores, el duque renuncia a su cargo a cambio de 300.000 libras (1684). Un año más tarde (1685), vende su baronía de Pont. En 1688, Luis XIV le recibe en el seno de la prestigiosa Orden del Espíritu Santo, la más alta distinción caballeresca del reino.



Viudo de su primera esposa, contrae segundas nupcias con la hija de los Condes de Grandbois, Anne-Marguerite d'Acigné (ob.1698), que le dará 4 retoños:

-Marie-Catherine Armande de Vignerot du Plessis (1685-1760), c.c. François-Bernardin du Châtelet, Conde de Clermont.

-Élisabeth Marguerite Armande de Vignerot du Plessis (1686-1744), Priora perpétua de las Benedictinas de La Presentación.

-Marie-Gabrielle Élisabeth de Vignerot du Plessis (1689-1770), Abadesa de l'Abbaye-aux-Bois.

-Louis François Armand de Vignerot du Plessis, VIIº Duque de Fronsac y IIIer Duque de Richelieu & Par de Francia (1696-1788).



Nuevamente viudo el 19 de agosto de 1698, contrae un tercer matrimonio con la viuda del Marqués de Noailles, Marguerite-Thérèse Rouillé de Meslay, el 20 de marzo de 1702. No tendrán hijos.

Al final de su vida, buscando el favor de la Marquesa de Maintenon, esposa morganática y secreta del rey, da un portazo a su pasado libertino para abrazar la devoción. Sus excesos del pasado, sin embargo, le han llevado a dilapidar la fortuna heredada y sus bienes son finalmente embargados. Muere en su Hôtel de Richelieu el 20 de mayo de 1715, dejando a su hijo y heredero una complicadísima sucesión.