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domingo, 14 de diciembre de 2014

EL IIº BARÓN DE BASSOMPIERRE




BASSOMPIERRE_IIº Barón de / 2ème. Baron de_François de Bassompierre d'Haroué, Ier. Marqués d'Haroué, IIº Barón y Señor de Bassompierre o de Bettstein (Castillo de Haroué, Lorena, Francia, 12-04-1579 / Provins, Brie, 12-10-1646). Fue un cortesano, general y Mariscal de Francia, Caballero de la Real Orden del Espíritu Santo, que también ejerció puntualmente de embajador extraordinario del rey de Francia en Madrid, Suiza y Londres, de Coronel-General de los Cien-Suizos y Grisones y de Capitán de La Bastilla de París, en la que pasaría encarcelado toda una década por haber casado secretamente con la Princesa Viuda de Conti, hija del Duque Enrique I de Guisa, sin el permiso del rey y del Cardenal de Richelieu.

El Mariscal de Bassompierre, hombre con buen juicio e ingenio, hábil y prudente cortesano, galante y fastuoso, embajador de gran presencia, valiente soldado y de buen consejo, es un personaje de su tiempo. "Bon vivant", gran vividor, goza de una magnífica salud; le permitirá recibir sin demasiado perjuicio terribles heridas y llevar una existencia llena de galanteos y opíparos festines, que la edad no habría calmado de no haber sido encarcelado por el Cardenal de Richelieu. En esa época de vida apasionada, a su vez grosera y refinada, a menudo frenética, Bassompierre parece sobretodo haber sido dotado de un sólido juicio que, en varias ocasiones, le fue muy útil. Poseía un ingenio vivaz que le permitía tener siempre una respuesta para todo, una prudencia a veces excesiva, aunque gracias a ella supo maniobrar con habilidad entre los escollos de la política cortesana, guardándose mucho de pertenecer a un partido que no fuera otro que el del rey. Gozando del favor de Enrique IV y de Luis XIII, llevó felizmente su carrera obteniendo grandes empleos en los ejércitos y al extranjero como representante de Francia. Finalmente, su prestancia, su rostro saludable y su desenvoltura le procuraron numerosos éxitos entre el sexo femenino. Fue el hombre de moda, galante, gran jugador, magnífico y generoso.




François de Bassompierre, Marqués de Haroué, nació el 12 de abril de 1579 en el castillo de Haroué (Lorena) y falleció en un hostal de Provins el 12 de octubre de 1646. Era hijo de un linajudo gentilhombre de Lorena, el Barón Christophe de Bassompierre (1535-1596) y de Louise Le Picart, Dama de Radeval (1542-1615), cuyo abuelo había afrancesado su nombre germano de Von Bettstein en De Bassompierre; sus padres cuidaron su educación y formación académica para destinarle a la carrera militar y mundana, y no repararon en gastos para que ampliara su cultura viajando por toda Italia. Fue compañero de armas del rey Enrique IV y sirvió a su hijo Luis XIII. Si inicialmente fue un oficial de los ejércitos franceses, consiguiendo el grado de mariscal de Francia en 1622 después de ser coronel general de los Suizos (1614), también se vio encomendar misiones diplomáticas extraordinarias que le llevaron a ser embajador de Luis XIII en Madrid (1621) y en Londres (1626).

Su vida amorosa es una de las más prolíficas de la corte gala, ya que no era fiel a sus conquistas femeninas. Entre ellas, se han de resaltar dos damas de gran importancia: Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues, hermana de la Marquesa de Verneuil (favorita oficial de Enrique IV), y Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, Princesa de Contí.

Cayó enamorado de la joven hermana de la Marquesa de Verneuil, allá por el año de 1604. Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues era hija de la antigua favorita del rey Carlos IX, Marie Touchet, y era de sobras conocida en la corte por su conducta ligera con el sexo masculino. Bassompierre, entonces con 25 años de edad, iba de mujer en mujer como un zángano va de flor en flor, pero siempre volvía a reanudar su aventura con Marie-Charlotte quien, en la misma época, cedió a los avances del rey.

Enrique IV sentía celos del éxito de Bassompierre entre las damas de la corte y, poco dado a compartir sus objetivos, ordenó arbitrariamente que se anulase en 1609 el compromiso de éste con Charlotte-Marguerite, hija del Duque de Montmorency, con el pretexto que él también se había enamorado de la joven novia. De hecho, llevó aún más lejos el asunto cuando insistió para que la joven Montmorency casase con su primo el Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé, de sobras conocido por sus preferencias por los hombres guapos, y así asegurarse que ella tan solo sería para él.

En cuanto al éxito de Bassompierre con la hermana de la Verneuil, Enrique IV acabaría por lamentarse ante el Duque Carlos de Guisa: -"Ya lo veis, Entragues nos menosprecia para idolatrar a Bassompierre!". Y el Duque de Guisa se ofreció al monarca para desafiar en un duelo a Bassompierre... Tuvo lugar el encuentro en los jardines del Palacio del Louvre y el duelo resultó sangriento: Bassompierre fue gravemente herido por Guisa y, al arrancarse de su herida la espada del duque, sus vísceras salieron y cayeron sobre su regazo; se produjo entonces, y casi de inmediato, una terrible hemorragia. Los cirujanos acudieron a toda prisa para intentar contenerla y reponer sus vísceras en su sitio. Le tuvieron que vendar fuertemente aquella herida después de coserla en vivo. Gracias a su robusta salud, consiguió sobrevivir milagrosamente a aquella mortal estocada.



Fue en el curso de su difícil convalescencia cuando se produjo su primer encuentro con la princesa Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, hermana del Duque de Guisa, y con la cual anudó una sólida amistad. Sin embargo, la princesa estaba destinada por su familia a desposarse con un miembro cercano de la familia real, de treinta años mayor que él: Francisco de Borbón-Condé, 1er Príncipe de Contí (1556-1614), viudo de un primer matrimonio con Jeanne de Coësme, sin hijos y con la reputación de estar completamente idiotizado desde aquel día en que los ultracatólicos asesinaron bestialmente ante sus ojos a su preceptor protestante, siendo él un chiquillo. Al parecer, el príncipe nunca pudo superar aquel trauma infantil.

Casada con el Príncipe de Contí el 24 de julio de 1605, Louise-Marguerite tan solo pudo darle una hija en 1610, que tan solo tuvo tres semanas de vida. En el mismo momento del alumbramiento, Bassompierre asistía al bautizo del hijo de Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues (17 de agosto de 1610), en la iglesia de Saint-Paul. Se da la curiosa anécdota de que él era el padre de aquel niño bastardo llamado Louis (1610-1676). Éste, con el tiempo, entraría en las órdenes y se convertiría en el muy piadoso obispo de Saintes.

A partir del bautizo, la relación entre Bassompierre y su amante se degradaron rápidamente. Tuvo la imprudencia de firmar una promesa de matrimonio con Marie-Charlotte en los meses precedentes, pero se desdijo después de bautizar al hijo. Furiosa, Marie-Charlotte llevó el asunto ante los tribunales para exigir que mantuviera su palabra y casara con ella. Sin embargo, desde el asesinato del rey Enrique IV, la familia de Entragues había dejado de ser poderosa e influyente en la corte. La Reina-Regente María de Médicis, que execraba a la Marquesa de Verneuil desde el principio, y a la familia de ésta, aprovechó para vengarse de las afrentas pasadas sosteniendo públicamente a Bassompierre para que el asunto fuera desestimado y archivado por el Parlamento. Para colmo, la Princesa de Contí era una amiga fiel a la Reina y, tras la muerte de su marido acaecida en 1614, se convirtió en la amante secreta de Bassompierre. Con mucho secretismo, los amantes contrajeron matrimonio después de que la Santa Sede anulara públicamente el compromiso entre Bassompierre y la Señorita de Entragues (1621). Es más: tanto Roma como la Reina-Regente le prohibieron formalmente a Marie-Charlotte que tomase el nombre de "Madame de Bassompierre". Aún y así, Marie-Charlotte no toleró hacerse llamar de otro modo y, con aire desafiante, siguió en su empeño contra viento y marea. Compró un palacete en la Plaza Real (Place Royale), actual Plaza de los Vosgos en París, llevando en él una vida a su gusto, sin restricciones, y educando a su hijo Louis de Bassompierre con una pensión anual que le otorgaba el padre para ese fin.

Como muchas de esas damas "pecadoras", Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues acabó llevando una vida de ermitaña, haciendo numerosas donaciones para aliviar a los necesitados y enfermos, muriendo tranquilamente en París en 1664.

Entre 1621 y 1631, la Princesa de Contí, auténtica aunque secretísima "Madame de Bassompierre", dio a luz a un hijo de Bassompierre conocido bajo el nombre de François de La Tour de Bassompierre, y cuyo cuidado fue asumido por el padre.

En 1631, Bassompierre se había enemistado con el Cardenal de Richelieu, cordialmente detestado por la Princesa de Contí, y se vió condenado a pasar una temporada a la sombra, en una celda de La Bastilla*. La Princesa de Contí, encontrada culpable por haberse comprometido en un complot contra la Corona, fue exiliada lejos de la corte y enviada al castillo normando de Eu, propiedad del Duque de Guisa. Nunca perdonada, moriría en Eu el 30 de abril de 1631. En cuanto a su marido Bassompierre, Richelieu lo mantuvo encarcelado hasta enero de 1643, año de la muerte del rey Luis XIII y de la proclamación de su hijo Luis XIV.



Puesto que era tradición liberar a todos los presos en el momento de la ascensión al trono de un nuevo monarca, Bassompierre recuperó su libertad y recibió el perdón real asi como el permiso para volver a pisar la corte. Cuando regresó a París, François de Bassompierre tuvo serias dificultades para adaptarse a la nueva corte, pero su vieja amistad con la Reina-Regente Ana de Austria, madre del joven Luis XIV, hizo de él un privilegiado receptor de sus favores; ésta le devolvió su cargo de coronel general de los Suizos y le donó 400.000 libras. Envejecido, aquejado de sordera, Bassompierre tenía tendencia a parlotear sin mucha coherencia. Sin embargo, la gran educación y las refinadas maneras del sexagenario mariscal dieron lugar a que la Duquesa de Montpensier, prima-hermana del rey, sintiera por él un gran respeto y admiración por su natural elegancia. La sabia e irreprochable Madame de Motteville llegaría incluso a declarar que "los restos del Mariscal de Bassompierre valían mucho más que la falsa brillantez de los nuevos cortesanos."

Amante del buen yantar y aficionado a los pantagruélicos banquetes, la muerte le sobrevino mientras dormía en un hostal de Provins, fulminado por un ataque de apoplejía. Tenía tan solo 67 años.

A su muerte, parece ser (según algunos) que el hijo que había tenido con la Princesa de Contí le había precedido en la tumba, al quedar tan solo su primer hijo el Abad Louis de Bassompierre, futuro obispo de Saintes, como heredero suyo a efectos legales. El chico fue, desde su infancia, serio y cortés. Entró tempranamente en el seno de la Iglesia para convertirse en abad de Saint-Volusien de Foix (diócesis de Pamiers) y de Saint-Georges de Boscherville (diócesis de Rouen), y posteriormente en obispo de Saintes y Limosnero de "Monsieur", hermano de Luis XIV. Se distinguió por sus virtudes y su conciencia religiosa, por lo que las puertas de la corte y de los salones parisinos se le abrieron de par en par. Ingenioso conversador, se convirtió rápidamente en uno de los mejores amigos de la Marquesa de Sévigné. Tuvo un papel preponderante como mediador durante la Fronda y la querella de los Jansenistas, contribuyendo a pacificar los ánimos en el seno de la Iglesia Francesa... Cuando falleció el 1 de julio de 1676, su muerte fue unánimamente llorada.

El cronista por excelencia de aquella época, Tallemant des Réaux, escribió en su diario sobre el segundo hijo del Mariscal de Bassompierre habido con la Princesa de Contí: "Tuvo un hijo de la Princesa de Contí, que han llamado La Tour-Bassompierre; se cree que le habría reconocido si hubiese tenido la ocasión de hacerlo. Ese La Tour era valiente y apuesto. En un combate donde servía de segundo, teniendo que enfrentarse a un hombre que, desde hacía algunos años, le faltaba el antebrazo derecho pero que se había acostumbrado a servirse del brazo izquierdo, se dejó atar el brazo derecho para igualar al rival y, pese a todo, consiguió vencerle. Se alojaba en casa del Mariscal (de Bassompierre); desde entonces ha muerto de enfermedad."

Un autor, Antoine Adam, cita el diario del Mariscal de Bassompierre quien, muy discretamente, escribió a su vez a propósito de su hijo François de La Tour-Bassompierre: "La Tour, hijo de una princesa y de una persona ilustre, se ha marchado para ir con Gassion el treinta (30 de junio de 1640)..." Pese a la discreción del militar, sus dos paternidades ilegítimas fueron notorias y públicas. El magistrado Conde Olivier Le Fèvre d'Ormesson anotaría en su diario: "El martes 23 de octubre (de 1646), me enteré que el Sr. Teniente civil al levantar los sellados en casa de Monsieur de Bassompierre, Monsieur de La Tour se opuso en tanto que hijo natural y legítimo de éste y de Madame la Princesa de Contí, asi como el abad de Bassompierre, hijo natural y legítimo del mismo y de Madame de Bassompierre (se refiere a Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues) . De hecho, ésta había tomado el luto con las mismas ceremonias que las viudas de los mariscales de Francia."


Según las Memorias de Goulas (página 367, tomo II), el joven La Tour-Bassompierre no murió de enfermedad sino que cayó en acto de servicio en la costa de Nápoles, cerca de Salerno en 1648.

 


EL MARISCAL DE BASSOMPIERRE ANECDÓTICO





El famoso memorialista Duque de Saint-Simon, asegura en sus páginas que el Mariscal de Bassompierre obtuvo el favor real gracias al amor que compartía con el rey por la caza. Por aquel entonces, Bassompierre era el único gentilhombre autorizado a soplar en el cuerno del rey, ya que era el único capaz de soplar sin babear en él. Reseña también, entre otras anécdotas, su destreza para beber de su bota llenada de vino hasta arriba.

En cualquier caso, las "Historietas" de Tallemant des Réaux son mucho más jugosas que las de Saint-Simon: "La Reina-Madre, de la cual estaba secretamente enamorado, dijo: me gusta tanto París y tanto Saint-Germain, que quisiera tener un pie en uno y un pie en el otro. Y Bassompierre, que no pudo dejar pasar la ocasión, dio la estocada final: Y yo quisiera estar en Nanterre!"

Tan solo recordar que la villa de Nanterre se encontraba a medio camino entre París y Saint-Germain.

En otra anécdota, la Reina-Madre hizo una reflexión a Bassompierre cuando éste se había hecho con la capitanía de Manceaux: "Seguro que llevaréis allí a muchas putas!" y Bassompierre respondió: "Apuesto, Madame, que vos traeréis muchas más que yo!".

Un día en que Bassompierre se encontraba hablando con la Reina-Madre, concluyó que habían pocas mujeres que no fueran putas..."¿Y yo?" -preguntó la Reina-. "Ah! en cuanto a vos, Madame, vos sois la Reina!" -respondió Bassompierre.

Al poco de ser liberado y encontrándose el Mariscal de Bassompierre en los jardines del Palacio de Luxemburgo, una gran dama de la corte le saludó y felicitó por su libertad recobrada, añadiendo sorprendida: "Pero he os aqui muy blanquecino, Monsieur el Mariscal!" refiriéndose a sus cabellos llenos de canas. Y el mariscal, siempre rápido en su respuesta, le espetó: "Madame, yo soy como los puerros, la cabeza blanca y la cola verde!".

También supo dar buenos "cortes" a los altivos cortesanos, como el que dio al Duque de La Rochefoucauld en 1631, al ser arrestado. En otra ocasión, y esta vez al encontrarse con el altivo Duque de Vendôme, que le soltó con malevola intención: "Vos seréis, sin duda, del partido de Monsieur de Guise, pues amáis a su hermana Madame de Conti..." Y el mariscal, mordaz como de costumbre, le respondió enseguida: "Eso no tiene nada que ver; he amado a todas vuestras tías y no os amo más por ello."

Nota:

(*)_Se sabe que el Mariscal de Bassompierre fue encerrado en La Bastilla a partir de 1631, acusado (sin pruebas inapelables) de haber participado en una conspiración contra el Cardenal de Richelieu, primer ministro de Luis XIII. En realidad, las evasivas de Bassompierre al ser interrogado, le hicieron culpable de "conspiración" a ojos de Richelieu, cuando lo que pretendía era cubrir las espaldas a su esposa la Princesa de Contí, gravemente implicada en el complot. Algunos quieren ver en esa condena una "represalia" contra el mariscal al haber desposado secretamente a una princesa de la Familia Real sin consentimiento del rey... Fuesen los motivos que fuesen, Bassompierre pasó doce años en una celda de la fortaleza parisina y los aprovechó para escribir sus "Memorias", sin faltarle las comodidades que correspondían a su alto rango. Muy versado en literatura y poesía, en religión, en el arte de la guerra, véase también en astronomía y astrología, mató el tiempo cultivando su mente hasta que la muerte de Richelieu rompiera sus cadenas.

Según las anécdotas de la época, cuando arrestaron al Mariscal de Bassompierre, el Duque de La Rochefoucauld (el famoso autor) quiso reírse de él diciéndole: "He os aqui gordo, grueso, gris." Y Bassompierre le respondió: "Y vos, he os aqui teñido, pintado, maquillado." Y lo cierto es que La Rochefoucauld se había teñido la barba para esconder sus canas y coloreado la cara para borrar sus arrugas. Ofendido, La Rochefoucauld dio media vuelta y se alejó sin mediar palabra.

 


jueves, 30 de octubre de 2014

EL VIIº PRÍNCIPE DE CONDÉ




CONDÉ_VIIº Príncipe de / 7ème. Prince de_Louis IV Henri de Bourbon-Condé, VIIº Príncipe de Condé y Príncipe de La Sangre, XIVº Duque de Bourbon, IXº Duque de Montmorency, XIº Duque de Guisa, VIº Duque de Bellegarde, VIIº Duque d'Enghien y d'Albret & Par de Francia, XXVIº Conde de Sancerre y XXIVº Conde de Charolais, Señor de Chantilly (Palacio de Versailles, 18-08-1692 / Castillo de Chantilly, 27-01-1740).

Hijo y heredero del duque Luis III de Borbón, 6º Príncipe de Condé, y de Mademoiselle de Nantes, Luisa-Francisca de Borbón (hija legitimada del rey Luis XIV de Francia y de la Marquesa de Montespan), tuvo por hermanos a Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, Luis, Conde de Clermont y a Luisa-Elisabeth, Princesa de Conti. Casó en primeras nupcias con Maria-Ana de Borbón-Conti, y en segundas con la Princesa Carlota de Hessen-Rheinfels-Rottenburg.

Se le describió de altura normal, lo que es de subrayar en la familia de Condé dada la herencia genética de Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, que otorgó muy a menudo a los miembros de esta familia una pequeñísima estatura. Sin embargo, los desarreglos mentales permanecieron aunque éstos iban menguando a medida que las generaciones se sucedían en el tiempo. Se sabe que el príncipe tenía el rostro huesudo y la voz ronca. Hasta la muerte de su padre, Luis IV Enrique de Borbón-Condé ostentó oficialmente el título de "Duque de Enghien", para luego recibir autorización regia de tomar el título de "Duque de Borbón", título que, sea dicho de paso, prevaleció sobre el de Príncipe de Condé por cuestión de gusto.

Fue la célebre Duquesa de Orléans, Princesa Palatina Elisabeth-Carlota de Baviera, familiarmente apodada "Liselotte" quien, en sus cartas, le describió tal que así: "Un extraño pájaro, muy alto, huesudo, enjuto cual una astilla de madera, el cuerpo curvado, cortísimo, las piernas largas como las de una cigüeña y sin gemelos, los ojos horrendamente rojos, las mejillas vaciadas, el mentón tremendamente largo, de tal forma que parecía no pertenecer al rostro, y gruesos labios; en pocas palabras, una fealdad que incluso en la corte no se encuentra con frecuencia. Con esto, el personaje posee mucho vigor, mucho talento para los ejercicios del cuerpo más aún que para los del espíritu, grandes conocimientos y mucha aplicación en los asuntos..."

A sus 18 años de edad, recibe todos los cargos y gobiernos que, dos años atrás, su padre Luis III de Condé había tenido en heredad de su padre el Príncipe. A los 23 entra en el Consejo de Regencia, aliándose al regente Felipe II de Orléans, contra su tía Ana-Luisa-Benedicta que maniobraba e intrigaba para conservar el rango de "Príncipe de la Sangre" de su marido el Duque du Maine.

En 1713, a la firma del Tratado de Utrecht que fuerza a Francia a renunciar a sus pretensiones sobre el trono de España, Luis IV Enrique de Borbón-Condé escribe al rey que "nadie dispone del derecho de pretensión más que Dios mismo y que no pertenece a ningún rey el privilegio de decidir quien debe suceder a quien."


El Príncipe y los Bastardos Reales


Asedia al Regente, que parece mostrar cierta lentitud y dejadez ante los príncipes legitimados que conforman el bloque conservador y rival en la Corte, pretendiendo echarle de la regencia y ocupar su puesto al timón:

Borbón:-"Señor, finalmente mantendréis palabra?"

Orléans:-"Paciencia, Primo Mío, por qué impacientaros de este modo? Conozco de sobras las ganas que tenéis de rebajar a los príncipes legitimados, vuestros tíos. Sé también que, cuando pretendía a la regencia, os prometí mi apoyo."

B-"Basta ya! Ya no me haréis esperar más con vuestros hermosos discursos. Me dais cien palabras y no cumplís ni una sola. ¿Acaso os habéis vuelto sordo y ciego ante las calumnias vertidas contra vos por las gentes de Sceaux?"

O-"Las picaduras me dejan indiferente."


B-"Decid mejor que deseáis acomodaros con vuestra esposa que, sobre todas las cosas, se le ve aún más bastarda que sus hermanos!"

O-"Vigilad vuestras palabras, Monsieur. Que seáis mi pariente y mi aliado no os concede privilegio para estas libertades. ¿Debo recordaros que vuestra madre es hermana de mi esposa? Cuando se tiene a una Marquesa de Montespan por abuela, no se puede uno abrochar demasiado alto el botón. Tomadlo de otra forma, sin altanería, o me haréis enfadar de verdad."


Las Duquesas


El Duque Felipe II de Orléans, acabará harto de los repetidos asedios del Príncipe de Condé. Para atraerlo en su campo antes de la sesión parlamentaria que debía determinar sobre la suerte de la regencia, le promete obtener, tan pronto como tenga en sus manos las riendas del poder, la anulación de las actas de 1714 y 1715 que conferían a los bastardos legitimados el derecho a suceder en el trono y el rango de príncipes de la Sangre. Pero el gesto le repugna de tal modo que no consigue resolverse a cumplir con su promesa. Orléans no desea infligir semejante desagravio a su consorte quien, mal amada por sus hijos, tiene por su verdadera familia a sus hermanos. Sabe que, además, los bastardos no le amenazan mientras él no pretenda despojarles de forma tan radical de sus privilegios. El regente ve con claridad el asunto y esta querella tan solo se debe a un odio entre mujeres. A un lado se encuentra Madame la Duquesa, viuda de Luis III de Condé, y al otro lado la Duquesa du Maine. La primera, convertida por matrimonio en princesa de la Sangre, trabaja para allanar el camino a sus hijos; la segunda, nacida princesa de la Sangre, y obsesionada por conservar el rango, asedia a su marido y a sus fieles "Caballeros de La Mosca de Miel" (fantasiosa orden caballeresca creada por ella para honrar a sus más leales amigos que frecuentaban su pequeña y brillantísima corte del castillo de Sceaux). Pero de hecho, la historia viene de más lejos aún. A la muerte del príncipe Enrique III Julio de Condé, el demente que hizo infernal la vida a su familia, se habían tardado meses y meses para establecer un inventario de sus inmensos bienes y para desenmarañar su sucesión, puesto que el príncipe Luis III, apodado "el Simio Verde", no podía pretender hacerse con el pastel entero de la herencia; sus hermanas, hambrientas, entre las cuales se contaba a la Duquesa du Maine, reclamaban a voces sus partes correspondientes. Desgraciadamente, Luis III se había hecho con toda la herencia desde hacía mucho sin pensar, ni un solo momento, proceder al reparto de la herencia principesca. No hizo falta nada más para que hermano y hermanas se enemistasen y se peleasen de forma tan terrible. Dado que al morir Luis III de Condé, la herencia pasa a ser de su heredero Luis IV Enrique, el espinoso asunto persiste y se prolonga de una generación a otra.


La Victoria


Tras la revocación de los edictos que instituyeron como sucesores al trono a los bastardos legitimados, en el caso de que desaparecieran las ramas legítimas y colaterales de la Casa Real, el Príncipe de Condé pretende abatir a sus rivales de forma completa. Pretende, además, hacerse con la superintendencia de la Educación del Rey Luis XV. Este cargo tiene que depender, por norma, del Primer Príncipe de la Sangre, y quién mejor que él para pretender a este puesto. Felipe II de Orléans, bajo su aparente inconsecuencia, es un hombre regido por la prudencia y un avezado político. Para obtener la regencia sin reparto de poder, ha adulado al Parlamento de París. En este caso, le es menester el apoyo de los príncipes de la Sangre y de los duques y pares para ir contra sus antiguos aliados. Sin embargo sabe que, el que pide ha de dar algo a cambio: a los pares, la supresión del odiado rango intermedio y, al cuervo de Luis IV Enrique de Condé, la superintendencia de la Educación del Rey. El asunto acaba por zanjarse y viene, finalmente, el golpe de gracia: si el Duque du Maine no posee más derechos que los que están ligados a su paridad ducal, el Mariscal-Duque de Villeroy, que posee una paridad mucho más antigua, no puede servir bajo sus órdenes. La petición es justa y todo el mundo se pone de acuerdo en este punto. El regente sentencia salomónicamente y el clan Borbón-Maine estalla iracundo. Es entonces en este punto de inflexión, cuando se produce el enemistamiento entre el regente y los Duques du Maine, y se plantan las semillas de la conspiración de "Cellamare", llevada a cabo por y bajo la batuta de Ana-Luisa-Benedicta de Borbón-Condé, duquesa du Maine. Cuando ésta será descubierta, los duques serán encarcelados. Para colmo de revancha, la duquesa du Maine lo será en las tierras mismas del Duque de Borbón: primero en Dijon, luego en Châlons. Pero esto no parecerá contentar al cuervo de Condé, que desea como trofeo la mismísima cabeza del cojo duque du Maine. De la cárcel siempre se acaba saliendo. De hecho, los esposos serán liberados un año después de su cautividad. Mientras tanto, el Duque de Borbón dará su último golpe al clan de Borbón-Maine, haciéndose con el cargo de Gran Maestre de la Artillería.

El Duque de Berry (nieto de Luis XIV y tío de Luis XV), bastante descuidado como era costumbre en él, le había reventado un ojo al Duque de Borbón durante una cacería. Habiéndose enriquecido gracias al sistema financiero de John Law, provocó la bancarrota de éste cuando exigió que le devolviese sus inversiones al contado: 60 millones en oro. Aquello provocó el descrédito del sistema y toda la obra de Law se desmoronó, dejando Francia más pobre que antes contando algunas excepciones particulares. Sesenta millones para Luis IV Enrique de Borbón-Condé, cinco para Luis-Armando II de Borbón-Conti... Un día en que presumió de su cuantiosa fortuna personal, uno le replicó que "si él tenía el dinero, sus antepasados tenían la gloria".

Pese a ser una persona notablemente inteligente, era bastante indiferente en materia financiera y dejaba a sus financieros la gerencia de sus pingües beneficios en su nombre.


La Muerte del Regente


El Rey Luis XV llora a moco tendido sobre el hombro del Duque de Borbón, ese cuervo tuerto que por norma le provoca cierto repelús físico cuando le ve. Su Majestad llora, y el Duque, superintendente de su educación y primer príncipe de la Sangre, irradia felicidad. Finalmente, el poder se ofrece a él: el duque de Orléans ha muerto fulminado por una apoplejía, en la noche del 2 de diciembre de 1723. No se puede uno librar a la sistemática destrucción, piedra a piedra, de la obra levantada por su predecesor en el gobierno a lo largo de ocho años. Pero si sienta bien administrar sin amarguras la herencia, hay que saber también mirar hacia el futuro. Si el joven Luis XV viniera a fallecer, ¿qué sería del clan de los Condé? En el orden sucesorio, es el duque de Orléans, hijo del difunto regente, quien ceñiría la corona, y sus hijos después de él. A los Condé no les quedaría más que su hermoso castillo de Chantilly para plantar coles... Raudo y veloz, el Duque de Borbón se ha propuesto ante el entristecido monarca para colmar el vacío dejado por el difunto al frente del Gobierno de la Nación. No pudiendo ser regente, dado que el rey ha dejado de tener 13 años de edad, será primer ministro y primer príncipe de la Sangre. Suena entonces el final de la influencia del clan Orléans... El escenario pertenece a los Condé. La madre de Luis IV Enrique tomará entonces su revancha, tomando la delantera sobre su hermana pequeña a la que tuvo que ceder el paso durante 30 largos años. Que su hijo no entienda nada de política, que el pueblo le odia, poco le importa!


Los Asuntos de España


Tiempo llevaba ya el clan Condé planeando romper esas bodas franco-españolas que aureolaban con insolente gloria la Casa de Orléans. El 9 de febrero de 1724, el rey Felipe V de España había abdicado en favor de su hijo primogénito el Príncipe de Asturias, Luis I, entonces desposado con una princesa de Orléans. Se había cumplido el sueño de la Duquesa de Orléans: el de despertarse un día siendo la madre de la reina de España. Desgraciadamente, Luis I de España tuvo un efímero reinado: siete meses después, fallecía de viruelas y su viuda era devuelta a Francia sin haber dado herederos al trono de Las Españas. Pero, hasta su último día, aquella pécora que eructaba en las narices de cortesanos y embajadores, conservará en la corte francesa su rango de reina y nada ni nadie podía hacerla descender del pedestal. De esto enrabian Madame la Duquesa de Borbón y sus hijas, que deben doblegarse ante las exigencias de la etiqueta y curvar el lomo ante aquella indecorosa soberana. Para empeorar las cosas, Felipe V había acordado el matrimonio de su otro hijo con la hermana de Luisa-Isabel de Orléans, Mademoiselle de Beaujolais, de entonces 9 años de edad y que posee tantas virtudes como malas maneras tiene su mayor.


La Boda del Rey

Luis IV Enrique de Borbón-Condé no se muestra dispuesto a seguir sufriendo del triunfo de los Orléans, eclipsando a su propia casa. Lejos de mostrar paciencia, pues el joven rey puede en cualquier momento caer otra vez enfermo y contraer alguna fiebre maligna que le lleve a la tumba, se propone asegurar la sucesión real del Borbón primogénito (Luis XV). El Duque de Borbón tiene bastante audacia y baraja casar a una de sus hermanas con el soberano: Enriqueta de Borbón-Condé, Mademoiselle de Vermandois, o Elisabeth de Borbón-Condé, Mademoiselle de Sens, son candidatas ideales a reinas de Francia y eso sería un golpe magistral en el que los Condé conseguirían finalmente la supremacía sobre sus rivales Orléans, pudiendo rebajarles los humos.

Sabía de sobras que si Luis XV viniera a fallecer sin hijos (pues ya andaba prometido con la Infanta de España, Doña María-Ana Victoria de Borbón), la corona sería automáticamente ceñida por el Duque Luis I de Orléans, un personaje tachado de "tonto" que pasaba por ser un "mea-pilas" y un beato que provocaba no pocos comentarios jocosos entre la alta sociedad parisina, al tener una actitud y un modus vivendi estrafalario y original. Sobretodo era conocido el odio recíproco entre las dos casas principescas, un odio vigilante, y el Duque de Borbón sentía cierta desesperación ante la idea de tener que poner rodilla en tierra ante un Orléans. Ese único pensamiento le revolvía las entrañas y soliviantaba su orgullo. Y si el difunto regente Felipe II de Orléans no vió ningún impedimento en la abismal diferencia de edades entre el joven Luis XV y la niña Ana-María Victoria de España, que posponía para mucho más adelante la posibilidad de una descendencia regia, Luis-Enrique encontraba en ese asunto demasiados inconvenientes. ¿Se podía acaso barajar la idea de devolver la infanta a Madrid?

Entró entonces en escena la amante del Duque de Borbón, Agnès Berthelot de Pléneuf, Marquesa de Prie. Ésta no aprueba el plan de su amante y opta por designar una princesa más humilde que una Condé, que le fuera agradecida de por vida y sobre la cual pudiera extender su influencia. Hacía falta, para eso, encontrar a una Isabel Farnesio pero sin el temperamento de aquella humilde princesa parmesana que luego tumbó a la Princesa de los Ursinos. Se barajaron entonces toda una serie de princesas, entre las cuales figuraba la hija del destronado rey Estanislao I de Polonia. El monarca polaco, expulsado del trono, arruinado (tenía sus bienes embargados por su rival sajón, Federico-Augusto I "el Fuerte"), tenía una hija de 22 años, dulce y conciliadora, sin belleza ni fortuna. La Marquesa de Prie apostó entonces por ella y la presentó a su amante como la candidata ideal para que ambos conservasen la influencia política en la corte. El Duque de Borbón no es tan mala persona como se le ha podido describir; tiene el carácter de un hombre que busca el bien del reino, hasta donde sus luces le permitan llegar. El problema es que esas luces son extremadamente cortas y, cuando la marquesa habla, la pasión que resiente por ella hace que éstas se apaguen de inmediato. En ciego confiado, no ve más allá de sus propias narices y escucha los consejos de su amante como si fuesen los mejores, y no los discute. Su favorita le propone coronar cuanto antes a la polaca? Con gusto sacrifica entonces la alianza que habría sellado la fortuna de su casa. La elección está hecha.

La realidad es que Luis-Enrique de Borbón, al quedarse viudo de su primera esposa, planeaba él mismo casarse por segunda vez y precisamente con la princesa María Lesczcynska de Polonia, pero sus aproximaciones fueron tan discretas y tan mal seguidas que el ex-rey Estanislao I Lesczcynski no quiso creer en sus intenciones, o no les quiso dar importancia, dada su situación (bastante mala), pareciéndole demasiado bonito para que fueran verdad. El Duque de Borbón, a sus 33 primaveras, no era desde luego un galán que tumbase a las damas: de voz ronca, paseaba su enjuta carcasa jorobada sobre un par de zancos, y un rostro de rasgos ingratos, con una fealdad que asustaba, para colmo tuerto, coronaban el conjunto nada halagüeño de este hombre de altísima cuna y grandiosa fortuna. Tenía a su favor el ser príncipe de la Sangre, y primer ministro de Su Cristianísima Majestad, además de poseer un don para las finanzas (sus 60 millones daban fe de ese don) antes del descalabro de John Law. Pero andaba totalmente dominado por su amante, la Marquesa de Prie, hija de un proveedor del Ejército, y tan bella como él era feo, tan inteligente como él limitado, ambiciosa para los dos, amiga y protectora de artistas y escritores, anunciando en cierto modo el reinado de la Marquesa de Pompadour.

Madame de Prie pensaba que María Lesczcynska sería una excelente esposa para el Duque de Borbón; su modesta belleza y su carácter reservado, serían la garantía de que ésta no la eclipsaría en el corazón de Luis-Enrique.

Estanislao I estimó, con gusto, que el asunto iba viento en popa cuando, repentinamente, llegó al castillo de Wissemburgo, el 24 de febrero de 1725, el pintor Pierre Gobert, retratista de los grandes de este mundo. Venía enviado el artista por la propia marquesa de Prie, para realizar lo más rápidamente posible el retrato de la princesa. Para el ex-rey de Polonia, no cabe duda de que el Duque de Borbón pretende saber qué aspecto tiene su futura esposa, que no conoce. La marquesa hizo entonces llegar una misiva a Wissemburgo, para dar fe que el retrato había gustado.

El lunes 2 de abril, un correo trae a Estanislao I una carta lacrada a las armas del Duque de Borbón. El ex-soberano descubre que el duque pide la mano de su hija, no para él, sino para el Rey Luis XV de Francia. La impresión es tal que Estanislao I cae desmayado.

Para todo el mundo, esta boda es obra del Duque de Borbón y de su amante la Marquesa de Prie, demasiado felices de entregar al Rey una princesa desconocida, sacada de las tinieblas, del olvido y de la miseria, y que les debe enteramente su fabulosa ascensión al Olimpo Versallesco y que, por supuesto, les sería eternamente agradecida y dócil.


La Caída en desgracia


El Rey acaba por hartarse de tener en su corte a tan ambiciosos parásitos como el clan de los Condé. De lo que más se resiente, es de la presencia de la Marquesa de Prie, y de sus acólitos los banqueros Pâris-Duverney y Pâris-Montmartel, un par de hermanos usureros que dictan el buen o mal tiempo, según las necesidades pecuniarias de la Corona. Harto de que otros gobiernen en su nombre, Luis XV ha alcanzado sus 16 años de edad, la edad de imponer su ley y su voluntad. El Duque de Borbón, que desde hace 3 años gobierna Francia (desde la muerte del regente Felipe II de Orléans), se cree irremplazable, inamovible. Si al menos supiera hacerse respetar y amar mediante una buena gestión de los asuntos públicos... Pero, por lo visto, el poder le ha corrompido y se ha servido ampliamente en el Tesoro Público, acumulando más oro, traficando sobre los cereales y, como en tiempos de Law, no piensa en otra cosa que en enriquecerse. El prudente Fleury, obispo de Fréjus y preceptor del Rey, deja que el duque haga y deshaga a su antojo en los asuntos, a sabiendas que él solito está hundiendo su propio navío. Fleury deja caer algunos comentarios, bien diseminados en sus conversaciones con su real pupilo, y Luis XV toma nota de que ha llegado el momento de escoger. De hecho ya ha escogido y tomado su decisión de forma inapelable pero nadie sabe nada aún, ni siquiera la Reina quien, si estuviera al corriente, se echaría a sus pies para pedir conservar al duque. Dice el refrán que ser agradecido es de bien nacido, y la consorte del monarca lo tiene muy presente; por lo que toca a Luis XV, nada debe al Duque de Borbón.

El 12 de junio de 1726, la carroza real espera en el Patio de Mármol del Palacio de Versailles, para llevar a Su Majestad al castillo de Rambouillet, donde suele acudir para sus cacerías. A las tres de la tarde, Luis XV acaba de comer y despide con extrema amabilidad a Luis-Enrique, rogándole que no tarde demasiado en reunirse con él para jugar a las cartas al anochecer. Cuatro horas más tarde, cuando el duque está a punto de salir de su despacho, su carroza esperandole, ve aparecer a su puerta el Duque de Chârost, capitán de la Guardia, quien le entrega una carta sellada. Inmediatamente, Luis IV Enrique de Borbón, 7º Príncipe de Condé y Duque de Borbón, comprende que ha caido en desgracia y que esta noche no podrá acudir a Rambouillet, ni mañana a Versailles, ni a la corte. Se le deja escoger: o a la Bastilla o exiliarse en sus tierras de Chantilly de por vida, hasta nueva orden del Rey. La Marquesa de Prie ha sido previamente exiliada y morirá de puro aburrimiento, pocos años después.

El duque ha acumulado los errores al frente del Gobierno de Su Cristianísima Majestad: impuestos ilegales, tasas sobre los bienes de la nobleza y del clero, creación de una milicia en vistas de una posible guerra contra España y Austria, persecución de los protestantes,... Su gestión resulta harto desastrosa, excepto para su bolsillo, evidentemente. Es inmediatamente reemplazado por el honorable y prudente Cardenal Hercules de Fleury, antiguo mentor y preceptor del Rey, al timón del Estado.

Condenado a residir hasta su muerte en su finca de Chantilly, pasa sus últimos años consagrándose a trabajos científicos, sobretodo en química e historia natural. Permanecerá siendo, hasta su muerte, Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, orden que, curiosamente, había sobrevivido en la sombra y el anonimato desde su condena en el siglo XIII. En la Gran Maestría había sucedido, irónicamente, al Duque du Maine, su gran rival y enemigo fallecido en 1736. Luis-Enrique será a su vez sucedido en este puesto por Luis-Francisco de Borbón, Príncipe de Conti, su sobrino carnal.

Luis IV Enrique tuvo al menos una curiosa obsesión: creyó firmemente que se reencarnaría en un caballo. Desde entonces, no reparó en esfuerzos y dinero para otorgar a su finca de Chantilly las más bellas cuadras de Francia. Tras 16 años de titanescas obras, entre 1729 y 1735, el arquitecto Jean Aubert dejó acabados suntuosos y monumentales edificios hoy conservados y considerados como los mejores ornamentos de la arquitectura clásica francesa. En la actualidad, las Grandes Cuadras de Chantilly dan cobijo al Museo Viviente del Caballo. También estuvo tras la fundación y creación de la Manufactura de Porcelanas y del Hospicio de Chantilly. Avaro como de costumbre, hizo embellecer y reformar el castillo de Chantilly por la administración de los Reales Edificios de Su Majestad.

Fallecido en 1740, un rumor correrá afirmando que su muerte no fue por causas naturales, aunque ningún archivo pudo confirmar dicho rumor, ni probarse.




lunes, 15 de septiembre de 2014

EL IIº PRÍNCIPE DE CONDÉ





CONDÉ_IIº Príncipe de / 2ème. Prince de_Henri I de Bourbon, IIº Príncipe de Condé, Duque d'Enghien, Par de Francia y Príncipe de La Sangre (La Ferté-sous-Jouarre, 29-12-1552 / Saint-Jean-d'Angély, 05-03-1588). Fue un príncipe protector y líder de los protestantes franceses durante las Guerras de Religión, rival de Enrique III de Navarra e impulsor de numerosas campañas militares contra las tropas reales. Se ilustró particularmente en el asedio de La Rochelle y en la batalla de Coutras.

Hijo primogénito de los Príncipes de Condé Luis I y Eleonora de Roye, tuvo por hermanos a Francisco, Duque-Príncipe de Conti, y a Carlos, Conde de Soissons.




En 1572, contrae matrimonio con María de Clèves, Condesa de Beaufort (1553-1574), de la cual tendrá una hija llamada Catalina de Borbón-Condé.




En segundas nupcias, celebradas en 1586, con la gran heredera Carlota-Catalina de La Trémoïlle (1568-1629), tendrá una hija y un hijo: Eleonora y Enrique II.


El Príncipe Hugonote


Tenía un rostro ingrato, y se le consideraba sombrío a la par que tímido. El Almirante De Coligny lo había educado en la fe reformada de manera a convertirlo en un personaje fanático, militante, ágrio y poco hábil. Y si en muchos aspectos compartía con su primo el rey Enrique III de Navarra (futuro Enrique IV de Francia) algunas convicciones, casi todo les oponía.

Tras la batalla de Jarnac, en la que su padre perdió la vida, el joven Enrique I de Borbón, segundo Príncipe de Condé, era presentado a los soldados al mismo tiempo que Enrique de Navarra; el partido protestante mostraba así la continuidad del compromiso de los Príncipes de la Sangre en la defensa de la causa Hugonota.

Después de la Paz de Saint-Germain (1570), Enrique I de Condé se retira en sus posesiones del Béarn, casándose con la princesa María de Clèves, condesa de Beaufort, que moriría al dar a luz a su hija Catalina (1574-1593).

En el curso de la terrible y sangrienta matanza de la San-Bartolomé, el Príncipe de Condé se salvará al abjurar de la fe protestante y a la intervención del rey Carlos IX contra los Duques de Guisa y el Duque de Anjou (futuro rey Enrique III de Francia). Tras escapar de la carnicería parisina, consigue huír y refugiarse en la capital alsaciana: Estrasburgo.

Aliado al Duque d'Alençon y con la ayuda de mercenarios alemanes, llevó una campaña militar contra el rey Enrique III de Francia. Tras la toma de la ciudad de Neufchâteau, el monarca debe entonces mostrarse más diplomático y negociar con el Duque d'Alençon. Sin embargo, aquella negociación sacrifica al Príncipe de Condé que irá errando de fracaso en fracaso, teniendo que huír para refugiarse en Guernesey, al no encontrar en el extranjero la ayuda necesaria para su causa.

Más tarde, recibiría el nombramiento de gobernador de la provincia de Picardía, aunque no habiendo podido tomar posesión de Peronne, tendrá que sitiarla y tomarla por la fuerza. Junto a su primo el rey Enrique III de Navarra, se alía a los católicos moderados contra la Santa Liga, llevada por el rey Enrique III de Francia. Pero, desgraciadamente, Enrique I de Condé no posee las cualidades de su padre y se ve eclipsado por el arrojo y la habilidad diplomática de Enrique de Navarra, asistiendo impotente a la dispersión de su ejército.

Ya en la edad madura, contrae segundas nupcias con Carlota-Catalina de La Trémoïlle (en 1586), quien renunciaría al catolicismo por él. Será ella quien le proporcione el tan ansiado heredero varón que prosiga con su estirpe.

Condé seguiría guerreando en las múltiples y sucesivas campañas de su primo el rey de Navarra, siendo gravemente herido en la batalla de Coutras (1587). Repuesto de sus heridas, se dispuso a reanudar la campaña militar, respondiendo a la llamada de Enrique de Navarra pero, súbitamente, fallece sin causa aparente en 1588. Los médicos que le asistieron, afirmaron entonces que le habían envenenado. Se abrió una investigación y sus sirvientes fueron sometidos a interrogatorio y tormento, recayendo las sospechas sobre su consorte. Carlota-Catalina fue señalada como instigadora del envenenamiento: arrestada y encarcelada, dió a luz a un hijo varón póstumo, Enrique II de Borbón. Se rumoreó entonces que el heredero de los Condé era hijo natural del rey Enrique de Navarra.

Liberada por Enrique IV, al no encontrarse pruebas fehacientes de su crimen, su hijo fue reconocido heredero de la Corona de Francia hasta el nacimiento del Delfín Luis, primogénito de Enrique IV y de su segunda esposa María de Médicis (1601). Madre e hijo se convertirían al catolicismo por orden del monarca.

Fue Enrique I de Condé quien inauguró la tradición de enterrar a los miembros de la familia en la iglesia de Vallery.



Hermanos y hermanas


 

El hermano de Enrique I de Condé, François o Francisco de Borbón-Condé, príncipe y duque de Conti y príncipe de Château-Regnault (1556-1614), fue considerado idiota toda su vida. De hecho, el trauma infantil de la matanza de la San-Bartolomé (en la que asesinaron ante sus ojos a su preceptor), le marcó tanto que nunca volvió a ser el mismo.En 1581, le casaron en primeras nupcias con Jeanne de Coësme, que fallecería en 1601 y, en segundas nupcias (1605), con la princesa Louise-Marguerite de Lorena (1588-1631), hija del Duque de Guisa, de la cual tan solo obtendría una hija llamada María, que fallecería prematuramente en 1610.



Carlos II de Borbón-Condé (1562-1594), Cardenal de Vendôme y luego de Borbón, tuvo un hermano gemelo llamado Luis, de débil salud que fallecería a la edad de 18 meses. Educado en Roma, se convierte a la muerte de su tío en arzobispo de Rouen (1582). Nombrado cardenal por el papa Gregorio XIII, jamás recibió la ordenación sacerdotal. Jefe de los consejos del rey Enrique III de Francia, también era abad de Saint-Denis y de Saint-Germain-des-Prés, entre otras abadías. Los católicos ultras respaldaron su candidatura como "rey de Francia" a la muerte del rey Enrique III, para oponerle al pretendiente legítimo, Enrique IV de Borbón (rey de Navarra y luego rey de Francia), pero tras la conversión de éste al catolicismo, dejó de ser un rival político y su candidatura fue olvidada. Falleció en su abadía de St. Germain-des-Prés.



Charles de Bourbon-Condé o Carlos de Borbón-Condé, Conde de Soissons y de Dreux (1566-1612), era hijo del segundo matrimonio del Príncipe Luis I de Condé con Francisca de Orléans-Longueville. Tomó parte activa en la Liga Católica para luego aliarse con Enrique IV, tras haber apoyado y trahicionado a todos los partidos. Figura de proa de las guerras de religión, se levantaría en armas contra la regente Catalina de Médicis junto a su medio-hermano Enrique I de Condé. Pese a figurar como príncipe católico, participó en la batalla de Coutras (1587) en el rango de los príncipes protestantes. Opuesto al rey Enrique III de Francia y al partido Español liderado por los Duques de Guisa, intentó en vano casar a su hermana Catalina con Enrique IV, rey de Francia y de Navarra.

A la muerte del buen rey Enrique IV (1610), protestó airadamente contra el nombramiento de su viuda María de Médicis, para asumir la regencia del reino mientras fuera menor de edad Luis XIII. Pero se volvió más conciliador cuando ésta le ofreció el gobierno de la provincia de Normandía.



De su matrimonio con Anne de Montafié (1577-1644), celebrado en 1601, tuvo un hijo, Luis, y varias hijas de las cuales podemos citar a Maria-Margarita y a Luisa.




La primera, Maria-Margarita de Borbón-Soissons (1606-1692), llamada "Mademoiselle de Soissons", fue destinada al convento pero abandonó esa vía para casarse, en 1625, con Tomás-Francisco de Saboya, Príncipe de Saboya-Carignano (ob.1656), del cual tendría tres hijos:

-Mauricio-Eugenio de Saboya-Carignano (1633-1673)

-Manuel-Filiberto de Saboya-Carignano (ob.1709), antepasado directo de la Casa Real Italiana.

-José-Manuel de Saboya-Carignano (ob.1656)

Su hermano habiendo muerto sin herederos legítimos, el condado de Soissons pasó directamente a Maria-Margarita y, de ésta, a la Casa de Saboya-Carignano que desciende de ella, por expreso permiso del rey Luis XIII de Francia.



La segunda, Luisa de Borbón-Soissons (1603-1637), casó con Enrique II de Orléans, Duque de Longueville y d'Estouteville, Príncipe de Neuchâtel, en 1617.

Nótese que Anne de Montafié era la hija de la esposa de su hermano Francisco, duque de Conti. Extramatrimonialmente, el Conde de Soissons tuvo de su amante Anne-Marie Bohier, dos hijas bastardas que entraron en el convento: Carlota y Catalina.


domingo, 14 de septiembre de 2014

EL Ier PRÍNCIPE DE CONDÉ



CONDÉ_Ier Príncipe de / 1er. Prince de_Louis I de Bourbon, 1er. Príncipe de Condé, Duque de Enghien, Marqués de Conti, Príncipe de la Sangre y Par de Francia (Castillo de Vendôme, Borbonesado, 07-05-1530 / Batalla de Jarnac, 13-03-1569). Fue un príncipe de la dinastía Capetiana perteneciente a la rama de los Duques de Borbón y de Vendôme, con derechos sucesorios a la Corona de Francia, hermano menor de Antonio, rey consorte de Navarra, y tío paterno del rey Enrique III de Navarra, posteriormente rey Enrique IV de Francia. Fundó la Casa Principesca de Borbón-Condé.

Sus padres fueron Carlos IV de Borbón, Duque de Vendôme, y Francisca d'Alençon. Sus hermanos y hermana, Margarita, duquesa de Clèves, Francisco, conde d'Enghien, Carlos, Cardenal de Rouen, Juan, duque d'Estouteville y conde de Soissons.



De su primer matrimonio, en 1551, con Eleonora de Roucy de Roye (1535-1564), tuvo tres hijos:

-Enrique I, príncipe y duque de Condé

-Francisco, príncipe y duque de Conti

-Carlos II, cardenal de Borbón




En segundas nupcias (1565), casó con Francisca de Orléans-Longueville (ob.1601), que le dió un hijo:

-Carlos, conde de Soissons.

Francisca de Orléans-Longueville procedía de una rama bastarda de los Orléans que descendían de los Valois directos.

Louis I tuvo también de Isabel de La Tour una hija natural nacida en Lyon, en 1564.


El Fundador


Jorobado y miserable, taras que siempre intentará esconder bajo un aspecto altivo y fastuoso, había heredado de su padre y de sus más lejanos ancestros un natural coraje y mucho ánimo, que le permitían brillar en todos los ejercicios físicos de su tiempo. Sin embargo, según otros testimonios, decían que tenía gran presencia, una cara agradable decorada con una barba rubia, siendo muy apreciado por las damas por su natural alegría y su gran vigor físico. Su alegría de vivir y su complacencia hacia el sexo femenino contrastaba con la austeridad de sus progenitores, y prefigura más bien el ardor que caracterizará a su sobrino, el futuro rey Enrique IV de Francia.

En 1547, teniendo 17 años, está presente en la coronación del rey Enrique II de Francia.

Busca, inicialmente, su camino siguiendo los pasos de su padre en la carrera militar, al servicio del rey. Hace entonces sus primeras armas en Piamonte, sirviendo bajo las órdenes del mariscal de Brissac, a la edad de 18 años.

Mucho menos rico que los Duques de Guisa, que reciben siete veces más en pensiones y prebendas diversas que él siendo Príncipe de la Sangre, es él quien, siendo además el primero de la saga de los Príncipes de Condé, inaugura la tradición del jefe rebelde y de gran capitán. Es tras sus numerosas victorias, cuando creyó que podía esperar más favores por parte de la corona pero, después de la firma de la Paz de Câteau-Cambrésis, no recibió ni las gracias y aún menos recompensa por sus preciosos servicios. Puede que sea entonces el punto de inflexión en la vida del personaje, en el que empieza a sentir una hostilidad crónica hacia el poder.

De su abuela, María de Luxemburgo, hereda el castillo de Condé-en-Brie; sin embargo, no queda claro si el título de la familia es sacado de esta posesión o de la tierra de Condé-sur-Escaut (Bélgica), ambas pertenecientes a la familia Borbón.


Las Guerras de Religión


Habiendo abrazado la religión reformada, toda su vida chocará frontalmente con el partido católico y, notablemente, con los Duques de Guisa, a los que considera como usurpadores de sus propios derechos y que, en repetidas ocasiones, intentaron asesinarle. Pero, desbordante de ambiciones, se encuentra dispuesto a vivir todas las aventuras que se le presentan. Encabezó a los protestantes durante las primeras guerras religiosas, no por convicción religiosa sino más bien por ambición personal. Los protestantes necesitaban a un príncipe mucho más carismático que el duque Antonio de Borbón-Vendôme, rey consorte de Navarra, aunque desde luego su vida disoluta no concordaba en absoluto con los valores de aquellos. Apartado del poder, intenta dar un golpe de fuerza cuyo objetivo era convocar los Estados Generales y deshacerse de los Duques de Guisa. La muerte de su aliado, La Renaudie, en 1560, desacreditaría la tentativa quedando patente en la historia como "La Conjura de Amboise". Intentando volver en el favor real, se presentó ante el rey quien mandó arrestarle y condenándole a muerte, pero el Canciller Michel de L'Hospital, sabiendo que Francisco II estaba ya agonizando, retrasó su ejecución y, a la muerte del rey, le liberó.





En 1562, obtiene el apoyo de Inglaterra en sus tentativas de hacer reconocer los derechos de los protestantes, prometiéndole la reina Isabel I una subvención de 100.000 coronas a cambio de la ciudad portuaria de Le Havre. Tras la masacre de un grupo de protestantes en Wassy, a manos del Duque de Guisa, Condé toma la ciudad de Orléans y empuja, de este modo, al país a la guerra religiosa.

Durante las guerras de religión, el Príncipe de Condé pasará sin dificultades de un bando a otro, siempre a merced de sus propios intereses personales. Bien acogido por la reina Catalina de Médicis, que pretende utilizarle para equilibrar la influencia de los Guisa, se ve agasajado y cortejado por ambos lados. Tras su rechazo, Condé caería víctima del "escuadrón volante" de Catalina de Médicis: seducido por Isabel de Lineuil, es llevado a firmar la paz. Nombrado gobernador de Picardía y de los territorios reconquistados, exige en premio a su fidelidad el cargo de Teniente General pero, debiendo nuevamente encajar un nuevo revés, intenta por segunda vez hacerse con la persona del rey Carlos IX, y fracasa.

En 1568, firma un tratado de asistencia mútua con el almirante De Coligny y el Príncipe Guillermo I de Nassau-Orange, en su común lucha contra los católicos. Decepcionado al verse rechazado por España, retoma las armas para atacar París. Vencido en Saint-Denis, da media vuelta y asedia Chartres con la ayuda de los mercenarios alemanes. Firma entonces la paz en Longjumeau y contra los consejos de su amigo Coligny. En agosto del mismo año, la guerra es retomada y Condé se ve arrastrado en las operaciones del Oeste del país. Encontraría la muerte en 1569, en el curso de la batalla de Jarnac.

Queriendo proteger al almirante De Coligny, Condé cayó de su montura partiéndose una pierna; hecho prisionero en el momento de entregar su espada, es friamente asesinado de un pistoletazo en la sien por el conde de Montesquiou, capitán de guardias del Duque de Anjou (futuro rey Enrique III de Francia). Tras su muerte, el Duque de Anjou hizo transportar su cadáver a lomos de un burro.


 

viernes, 14 de diciembre de 2012

EL IIIer DUQUE DE LA VALLIÈRE



LA VALLIÈRE_IIIer Duque de / 3eme Duc de_Charles François de La Baume-Le Blanc, Señor y IIº Marqués de La Vallière, IIIer Duque de La Vallière y de Vaujours, Par de Francia (Castillo de La Vallière, 1670 / Castillo de Champs-sur-Marne, 22-08-1739). Fue el hijo de Jean-François de La Baume-Le Blanc, Ier Marqués de La Vallière (1642-1676) y de Gabrielle Glé de La Cotardais (1645- ? ).

Su padre era el hermano mayor de la hermosa Louise Françoise de La Baume-Le Blanc, Iª Duquesa de La Vallière y de Vaujours (1644-1710), que en su día fue la primera favorita oficial o "Maitresse-en-Titre" del rey Luis XIV de Francia, y madre de sus cuatro hijos bastardos, de entre los cuales solo dos serán legitimados: Marie-Anne de Bourbon, Princesa de Conti (1666-1739), y Louis de Bourbon, Conde de Vermandois (1667-1683).

El abuelo paterno, Laurent III de La Baume-Le Blanc, Señor de La Vallière y Barón de La Papelardière (1611-1651), había sido un militar que estuvo al servicio del rey Luis XIII y que casó con una rica viuda, Françoise Le Prévost, en 1640. Ésta, al quedarse nuevamente viuda en 1651, contrajo un tercer matrimonio con Jacques de Courtavel, Marqués de Saint-Rémy, mayordomo del Príncipe Gastón de Francia, Duque de Orléans.

La familia de La Baume era oriunda de la región de Bresse, y una de las mejor consideradas. Dió, a lo largo de su historia, 2 cardenales y arzobispos de Besançon, 2 Grandes Maestres de los Ballesteros, 2 mariscales de Francia, 1 mariscal y un almirante de Saboya, 1 regente de Saboya y 1 tutor del Conde Aimone IV de Saboya, 1 virrey de Nápoles, 17 gobernadores y tenientes de provincia, 2 caballeros de la Orden de San-Miguel bajo los reinados de Luis XII y Francisco I de Francia, 2 de la Orden del Espíritu-Santo, 4 de la Orden del Toisón de Oro y 4 más de la Orden de la Santísima Anunciación. De entre sus numerosas ramas, podemos distinguir la rama de los La Baume-Le Blanc de La Vallière, la de los La Baume de Pluvinel, la de los La Baume de Montrevel y la de los La Baume d'Hostun de Tallard.

Gracias al favor real de su tía, el padre de Charles François entra por la puerta grande de Versailles, es presentado en la corte y su señorío de La Vallière erigido en marquesado. Mejor aún, Louise es hecha 1ª Duquesa de La Vallière y de Vaujours en mayo de 1667, y su hija es legitimada por el rey. Pero aquellos honores no son más que presentes de despedida para la hermosa Louise; eclipsada por la Marquesa de Montespan, Luis XIV la aparta de su lado y la utiliza como señuelo para distraer la atención del público, con tal de que permanezca secreta su relación adúltera con la Montespan que, a diferencia de Louise, es una mujer casada.

Cuando Louise opta por retirarse de la vida mundana y abrazar la vida conventual y espartana de las Grandes Carmelitas en 1670, se despoja de todos sus bienes y cede, en 1675, su flamante doble ducado a su hija Marie-Anne, conocida entonces como "Mademoiselle de Blois", y que contraerá finalmente matrimonio con un Príncipe de La Sangre: Luis-Armando I de Borbón, Príncipe de La Roche-sur-Yon y de Conti, el 16 de enero de 1680.

En 1676, el Marqués de La Vallière fallece prematuramente a la edad de 34 años, dejando a cargo de su viuda 4 hijos. Charles François tiene entonces tan solo 6 años de edad, y tiene dos hermanas mayores y otro hermano, del que solo se saben los nombres de pila:

-Louise Gabrielle de La Baume-Le Blanc (1665-1698) c.c. César Auguste de Choiseul, Conde du Plessis-Praslin y Duque de Choiseul (1637-1705).

-Marie Yolande de La Baume-Le Blanc ( ? - ? ) c.c. 1º/ Michel Louis Charles du Mas, Marqués du Brossay (ob.1724); c.c. 2º/ Jean-Louis de Pontevès, Marqués de Tournon (ob.1743).

-Maximilien Henri de La Baume-Le Blanc ( ? - ? )

Huérfano de padre y convertida en monja carmelita su tía, el joven Charles François depende de la discreta protección real y del ventajoso parentesco con su prima-hermana Marie-Anne de Bourbon, Princesa de Conti y IIª Duquesa de La Vallière, para hacer carrera en el seno del Ejército del Rey y escalar gradualmente los rangos sin contratiempos.

En 1698, la Princesa de Conti, viuda de su marido desde 1685 y sin hijos de su matrimonio, cederá los ducados de La Vallière y de Vaujours con paridad francesa a su primo-hermano Charles François, convirtiéndole en el IIIer Duque de La Vallière. Tiene entonces 18 años.

El mismo año, el 16 de junio de 1698, contrae matrimonio en la Capilla Real de Versailles con Marie-Thérèse de Noailles (n.1684), hija de Anne-Jules, IIº Duque de Noailles y Mariscal de Francia (1650-1708) y de Marie Françoise de Bournonville (1656-1748), hija ésta del Duque de Bournonville. Este prestigioso enlace, convierte al joven y flamante Duque de La Vallière en cuñado del Duque de Gramont, del Marqués de Coëtquen, del Duque de Ayen y futuro IIIer Duque de Noailles -casado con la sobrina y heredera de la Marquesa de Maintenon-, del Duque d'Estrées, del Marqués de Lavardin, del Marqués de Gondrin -nieto de la Marquesa de Montespan-, del Duque de Penthièvre -nieto del rey Luis XIV y de la Marquesa de Montespan-, del Marqués de Châteaurenaud, del Marqués de Noailles, del IIº Marqués de Louvois y del Marqués de Mancini -hermano menor del Duque de Nevers-,... En resumidas cuentas, se encuentra emparentado con la flor y nata de la aristocracia francesa.

La pareja tendrá tan solo dos hijos:

-Louis César de La Baume-Le Blanc, Duque de Vaujours (1708-1780), IVº Duque de La Vallière & Par de Francia en 1739.

-Louis François de La Baume-Le Blanc, Conde de La Vallière (1709-1731), Coronel del Regimiento del Vivarais.

El Duque de La Vallière, muy bien casado y excelentemente relacionado en la corte, participa en la Guerra de Sucesión Española de la que sale con suficientes menciones para acabar su carrera de oficial con el grado de mariscal-de-campo, lo que no es mucho. Ni una sola condecoración. Se retira del servicio y abandona la vida de cuartel sin ruido, prefiriéndole la vida social.

En pleno conflicto europeo, su tía, ex-favorita de Luis XIV y ex-duquesa reconvertida en Sor Luisa de la Misericordia, había fallecido en 1710. Cinco años después, será el turno del monarca, pero con la paz firmada en Utrecht y con su nieto sentado en el trono español.

Cuando el 1 de septiembre de 1715, se apaga el viejo Luis XIV, las verjas del Palacio de Versailles se cierran y la corte del Rey-Sol se desvanece; la flor y nata de la nobleza que antaño animaba los salones dorados de Versailles, ahora prefiere residir en París y encanallarse en interminables fiestas y bailes de máscaras... Es la dorada época de la Regencia, con su libertinaje, sus cenas subidas de tono, sus especulaciones financieras y sus escándalos sexuales.

En 1718, su prima-hermana la Princesa de Conti adquiere la tierra y castillo de Champs-sur-Marne, que cede automáticamente a Charles François. Los años siguientes, el Duque de La Vallière parece llevar una vida lo bastante apacible, dividiendo su tiempo entre sus castillos de La Vallière y de Champs, y sus palacetes de Tours y de París.



En 1723, la Regencia de Felipe II de Orléans acaba brutalmente. El joven rey Luis XV, de 13 años de edad, abandona el parisiense Palacio de las Tulerías para instalarse definitivamente en el de Versailles, que llevaba cerrado desde hacía siete años. En 1726, es el año de la caída del Duque de Borbón tras 3 años al frente del gobierno y Luis XV lo reemplaza por su antiguo mentor, el Cardenal de Fleury. En esa época, el Duque de La Vallière no se ha olvidado de presentar y colocar a su hijo y heredero en la nueva corte: éste tiene 18 años, dos años más que el rey, por lo que se convierte en el compañero ideal para Luis XV y miembro de su jovencísima corte.
En 1727, el duque le regala un regimiento de infantería a su nombre con el grado de coronel. Dos años después, renuncia a su paridad para otorgársela a su hijo, entonces Duque de Vaujours (1730). En 1731, consigue para Louis César la mano de Anne-Julie Françoise de Crussol, hija del VIIº Duque d'Uzès y de su segunda mujer Anne-Marie Marguerite de Bullion, y se casan ambos en Versailles el 19 de febrero de 1732.

El IIIer Duque de La Vallière, que está a punto de ser un septuagenario, no tendrá la alegría de ser abuelo. Sus achaques y sus constantes malestares no le auguran una larga vejez. El 3 de mayo de 1739, una triste noticia le golpea hondamente: su querida prima-hermana la Princesa Vda. de Conti, fallece en su residencia de Vincennes a sus 73 años. Tres meses después, el 22 de agosto, Charles François fallece en su Castillo de Champs, a sus 69.

Un año y 7 días después, el 29 de agostos de 1740, su nuera da a luz a su primera hija.