sábado, 16 de marzo de 2013

EL Ier DUQUE DE OTRANTO




OTRANTO_Ier Duque de / 1er Duc d'_Joseph Fouché, Conde del Imperio, 1er Duque de Otranto (Le Pellerin, Nantes, 21-05-1759 / Trieste, Italia, 26-12-1820); fue profesor, diputado, senador, ministro de la Policía Francesa en tres ocasiones y bajo distintos regímenes, y presidente del Gobierno Provisional de 1814.

Personaje político francés, nació en Le Pellerin, departamento del Loira-Atlántico, en 1759 y falleció en Trieste (Italia norte-oriental) en 1820. De aspecto físico endeble, de frágil salud, se vió compensado por una inteligencia extraordinaria. Hijo de un oficial de Marina mercante, Joseph Fouché entró en el seminario del Oratorio de Nantes, dónde recibió las órdenes menores.

Profesor de ciencias en Saumur, luego en Vendôme, Juilly y finalmente en Arras dónde conoció a Maximilien de Robespierre, Fouché volvió a Nantes para ser elegido diputado de la Convención en 1792.

Votó la muerte sin sobreseimiento del rey Luis XVI y organizó la Guardia Nacional de Nantes, reclutando a voluntarios contra los rebeldes de La Vendée. Participó activamente en la "descristianización" de los departamentos de La Côte-d'Or y de La Nièvre.

En compañía de Collot d'Herbois, reprimió la revuelta de Lyon practicando el terror. Su acción sanguinaria en Nevers fue condenada por los Jacobinos y, acusado por Robespierre, fue excluído de la Sociedad. Tras sembrar el terror, fue apodado "el Carnicero de Lyon".

Perseguido al día siguiente de la insurrección del 1er Germinal del Año III (21 de marzo de 1795), arrestado, es liberado y obra por cuenta de Paul de Barras, su benefactor. Se convierte en ministro de la Policía el 30 Prairial Año VII (18 de junio de 1799), y detiene a los directores durante el Golpe de Estado del 18 Brumario Año VIII (9 de noviembre de 1799), habiendo puesto a disposición del General Bonaparte su red de espías. Mantenido en su puesto ministerial por los cónsules, reorganiza su ministerio y desarrolla los servicios de espionaje.

Opuesto al consulado vitalicio, es destituído pero se convierte en senador y sigue informando al Primer Cónsul (Napoleón Bonaparte). Aliado al 1er Imperio Napoleónico, vuelve a retomar su cartera de ministro de la Policía en 1804, permaneciendo en el puesto hasta 1810. Agraciado con el título de Conde del Imperio (Conde Fouché) en 1808, se convierte en Duque de Otranto en 1809, siendo nuevamente cesado por haber intrigado con Wellesley y con el Príncipe de Talleyrand-Périgord.

Nombrado gobernador de las Provincias Ilirianas en 1813, trahiciona al emperador junto con Murat en 1814, y se encuentra en París para ofrecer al Conde de Artois (futuro rey Carlos X de Francia) la Lugartenencia General del Reino tras los desastres imperiales.

Sospechoso de intrigar con los republicanos durante la Primera Restauración (1814), es nuevamente nombrado ministro de la Policía durante el Imperio de los Cien Días. El 9 de julio de 1815, Luis XVIII le nombra ministro y embajador a la corte de Dresden pero, cuando los regicidas (todos los que votaron la muerte de Luis XVI durante la Revolución) son proscritos por la Ordenanza de 1816, abandona Francia para instalarse en Trieste (Italia), donde fallecería dejando una inmensa fortuna (14 millones de Francos).

Fouché había contraído matrimonio en 1792 con Bonne-Jeanne Coiquaud (1763-1812) y, en segundas nupcias con la nobilísima Ernestine de Castellane-Majastre, alianza que produjo un sonado escándalo en los círculos aristocráticos franceses de la época. Padre de seis hijos, de éstos sobrevivieron dos: Armand, Conde Fouché y 2º Duque de Otranto (1800-1878) que falleció sin descendencia, y Athanase, Conde Fouché y 3er Duque de Otranto (1801-1886) que contrajo un primer matrimonio con la baronesa sueca Christina Palmstierna (1799-1826), un segundo con otra baronesa sueca Adelheid von Stedingk (1802-1863) y un tercero con Véronique Marx (1846-1887), con descendencia en distintos nobles linajes suecos como los Condes Bielke, por citar uno.

Dotado de un aplomo sorprendente, tuvo el siguiente intercambio de palabras con Napoleón:

Napoleón: -"¿Habéis sido sacerdote?"

Fouché: -"Si, Sire Napoleón."

Napoleón: -"¿Y habéis votado la muerte del Rey?"

Fouché: -"Es el primer servicio que he rendido a Vuestra Majestad."

 

FOUCHÉ

según Stefan Zweig



Escrita en 1929, esta biografía de Joseph Fouché (1759-1820) desde la Revolución Francesa hasta la caída y postrimerías del Imperio napoleónico descubre la psicología de un animal político excepcional. "Traidor nato, miserable, intrigante, puro reptil, tránsfuga profesional, vil alma de corchete, deplorable inmoralista", son los calificativos que la historia guarda para este personaje.
Un hombre que en 1790, antes de la revolución francesa, era profesor en un seminario, en 1792 saqueaba y quemaba las iglesias, votó a favor de la muerte de Luis XVI y María Antonieta, en 1793 era un exaltado ministro jacobino, cinco años después era multimillonario, diez años más tarde era duque y ministro nombrado por Napoleón y en 1815 se casa bendecido y nombrado de nuevo ministro por el rey Luis XVIII, hermano del rey a quien Fouché pidió asesinar. Y mientras todo eso sucedía, por su puerta iban pasando los cadáveres de los hombres más poderosos de Francia, Luis XVI, Robespierre, Napoleón...

Su secreto siempre fue "cambiar rápidamente de chaqueta siguiendo la nueva dirección del viento". "Estos osados virajes, este descarado pasarse al otro bando a plena luz del día, esta huida al lado del vencedor, son el secreto de Fouché en la lucha". Por eso, en plena fiebre de la guillotina francesa, ante las acusaciones de excesivamente moderado puede defenderse con sus sentencias de muerte cuando fue gobernador de Lyon. Y si son los moderados quienes la acusan de sangriento, podrá recordar que son los jacobinos quienes le acusan de moderado.

"Los gobiernos, las formas de Estado, las opiniones, los hombres cambian, todo se precipita y desaparece en ese furiosos torbellino del cambio de siglo, solo uno se queda siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y todas las ideas: Joseph Fouché". Después abandonará y traicionará a todos, "a los girondinos, a los partidarios del Terror, a Robespierre y los termidoristas, a Barras, su salvador, al Directorio, a la República, al Consulado, a Napoleón, a Luis XVIII". Porque la traición en Fouché no es tanto "su intención, su táctica, como su más auténtica naturaleza (...). En la lucha no está con nadie, al final de la lucha siempre con el vencedor."

Sus enfrentamientos con los tres hombres más poderosos de Francia en su época, Robespierre, Napoleón y Luis XVIII provocarán los episodios más psicológicamente excitantes de la Historia de la Revolución. A punto de perder la vida a manos de cualquiera de ellos, los pudo sortear e incluso pisotear cuando llegó el momento.

Uno de los secretos de Fouché es la discreción, nunca estaría en primera línea del combate político e ideológico, lo suyo eran las bambalinas. Escondido entretelones "siempre es otro el que paga con su sangre por las palabras y la política de Fouche´".

Incluso los duros momentos de la vida de Fouché sirven para mejorarlo y endurecerlo, "para el verdaderamente fuerte, el exilio jamás es una minoración, sino un reforzamiento de sus fuerzas".
La narración descubre momentos antológicos. Como cuando siendo ministro de Policía en el Termidor de la Revolución en 1799 entra en el club radical de los jacobinos acompañado de los gendarmes. Sus miembros, creyendo ver en él a su antiguo compañero ideológico se ponen en pie. Sin titubear, Fouché sube a la tribuna donde antes lanzaba sus arengas y declarar lisa y llanamente cerrado el club sin que a nadie le de tiempo a reaccionar. "Una vez que la sala está vacía, camina tranquilamente hacia la puerta, la cierra y se guarda la llave en el bolsillo. Y con esa vuelta de llave termina realmente la Revolución francesa".

Durante su cargo de ministro, la diplomacia y el manejo de la información fueron su secreto. "¿Por qué hacerse impopular con ningún partido, con los jacobinos o los realistas, con los moderados o los bonapartistas, mientras no se sepa cuál estará la timón mañana?".

En las vísperas de la llegada al poder de Bonaparte, Fouché logra aparentar fidelidad a todos. "Si Bonaparte se impone, naturalmente esta noche Fouché será ministro y fiel servidor; si fracasa, seguirá siendo el fiel servidor del Directorio, dispuesto gustosa y fríamente a encarcelar a los rebeldes".
En 1804 Fouché vuelve a ser ministro nombrado ahora por Napoleón. "Por quinta vez, Joseph Fouché presta un juramento de fidelidad; el primero fue al entonces todavía gobierno real, el segundo a la República, el tercero al Directorio, el cuarto al Consulado".

En junio de 1815, con la definitiva caída de Napoleón, Fouché alcanza su zenit del poder. "A sus cincuenta y seis años (...), de pequeño y pálido hijo de comerciantes a triste y tonsurado profesor de curas, luego tribuno de la plebe y procónsul, finalmente duque de Otranto, servidor de un emperador, y ahora, por fin, servidor de nadie más, por fin gobernante único de Francia. La intriga ha triunfado sobre la idea, la habilidad sobre el genio. Una generación de inmortales ha caído a su alredadedor. Mirabeau muerto, Marat asesinado, Robespierre, Desmoulins, Danton guillotinados, su compañero de consulado Collot en el destierro en las islas de las Fiebres de Guayana, Lafayette liquidado, todos, todos muertos y desaparecidos, sus compañeros de la Revolución".

"Y como ya no tiene señor alguno al que traicionar, no le queda otra cosa que traicionarse a sí mismo, a su propio pasado. Devolver la Francia vencida a su antiguo soberano fue en ese instante una auténtica hazaña, policía correcta y audaz". Es entonces cuando vende Francia a Luis XVIII a cambio de un puesto de ministro. El nuevo rey tendrá que admitir en su gobierno a quien veintidós años antes condenó a muerte a su hermano. La primera función de Fouché como ministro será elaborar la lista negra con todos los nuevos proscritos que no demostraron lealtad al rey. Así lo hará sin dudarlo. "Solo falta uno, el de Joseph Fouché, el duque de Otranto. Aunque en realidad no falta. También el nombre del duque de Otranto está en esa lista. Pero no en el texto, como el de un ministro napoleónico acusado y proscrito, sino como ministro del rey, que envía a la muerte o el exilio a todos sus compañeros: como el de verdugo".

Sin embargo, poco le duró la excepción. Quien trajo a Luis XVIII al trono de Francia es ahora bajo este rey excluido de toda amnistía y condenado al destierro de por vida de Francia. Se diría que el mayor traidor ha sido traicionado y superado en deslealtad por el Borbón Luis XVIII. ¿Se llevará ese carácter en el código genético como la "capacidad" de reinar?. "Tarde, pero con intereses de usura, Fouché tendrá que pagar ahora su culpa de no haber servido jamás a una idea, a una pasión moral de la Humanidad, sino siempre y únicamente al favor perecedero del momento y de los hombres".

Pero por muy excitante y excepcional que fuese la vida de Fouché ningún placer encontraríamos en conocerla sin la brillante pluma del autor de esta biografía, Stefan Zweig. Nacido en Viena en 1881, hijo de un poderoso industrial, y muerto en Brasil en 1942,durante sus años de juventud recorrió Europa, trabajando como traductor y colaborando en distintas publicaciones. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, manifestó su posición pacifista. Ante la implantación cada vez mayor de las fuerzas nazis en Austria, emigró a Londres. Fue en Salzburgo donde escribiría sus mejores obras. Entre ellas destacan "Cuerdas de plata", un ejemplar donde reúne su poesía, y novelas como "Jeremías", "Amok", "El jugador de ajedrez", "La piedad peligrosa" o "La confusión de los sentimientos". Además de la biografía de Fouché escribió la de algunos de los personajes más grandes de la literatura como Dickens o Balzac o de personajes históricos como María Antonieta o Erasmo de Rótterdam.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada