sábado, 27 de junio de 2015

LA DAMA DE SAINT-BASLEMONT



SAINT-BASLEMONT_Dama de / Dame de_Alberte Barbe d'Ernecourt, Dama de Saint-Baslemont y de Neuville-en-Verdunois (Castillo de Neuville, Neuville-en-Verdunois, Lorena, 1606 / Castillo de Neuville, Neuville-en-Verdunois, Lorena, 1660). Fue una dama perteneciente a la vieja aristocracia del Ducado de Lorena que, aparte de escribir obras dramáticas y religiosas, capitaneó su propio ejército contra el invasor extranjero endosando el traje masculino durante la Guerra de los Treinta Años.

Nacida en 1606, hija única de Simón II d'Ernecourt, gentilhombre del duque de Lorena, y de Marguerite Housse de Watronville, Alberta-Bárbara d'Ernecourt hereda varios feudos del ducado. Confiada a su tía la baronesa d'Etrepy, que le otorgará una educación refinada uniendo la economía doméstica a la cultura humanista, sin olvidar el arte de la caza y de la equitación. A sus dieciséis años, su padre la casa con un caballero lorenés de rancio abolengo pero sin pecunio, Jean-Jacques de Haraucourt, señor de Saint-Baslemont (cerca de Contrexéville), favorito del duque Carlos IV. La pareja residiría entonces sobre las tierras de la joven desposada, en el castillo de Neuville-en-Verdunois, dónde su marido le comunicaría sus dos únicas pasiones: los caballos y la guerra. En la carrera de las armas se entregará con ardor al lado del príncipe, mientras que la administración de su esposa permite saldar los exorbitantes rescates exigidos por los Franceses, que le capturan por dos veces: en 1632 y en 1633.

 
Haraucourt va siguiendo los pasos del duque de Lorena, que combate en Alemania junto con los Imperiales, mientras la duquesa conserva a sus vasallos en el marco de una paz dentro de una región devastada por el ocupante francés, Alberta-Bárbara d'Ernecourt, Dama de Saint-Baslemont, ordena fortificar su feudo, constituye una milicia instruída por un joven oficial reformado recomendado por su marido y, segura de su magnífica caballeriza, consigue hacer de su señorío un auténtico Estado en miniatura. Allí acoge a los campesinos de los pueblos cercanos y a los mejores artesanos del ducado de Bar, que trabajan en paz y sin impuestos en este oasis de prosperidad, con la única condición de servir en su ejército en caso de necesidad. Los franceses serán derrotados con rapidez, pero la defensa se revelerá mucho más ardua contra los mercenarios Lorenos e Imperiales, y de los Croatas quienes, abandonados por sus generales tras la derrota de los franceses en Magúncia (1635), penetran en el país de Bar, matando y saqueando.

Con traje de hombre, la dama de Saint-Baslemont pone en práctica su ciencia de la guerra y su ejército, gracias a todo tipo de engaños, consigue contener victoriosamente al enemigo, al que aterroriza con sus fulgurantes cargas de caballería. Yendo más allá de sus límites, irá hasta socorrer las plazas de Bar y de Verdún, escoltando los convoyes de víveres y provocando la admiración del gobernador de Verdún, el marqués de Feuquières, quien suplicará al rey poner bajo su mando una unidad militar acuartelada en Neuville. Pero la dama de Saint-Baslemont rehusará la oferta del rey Luis XIII, invocando su libertad.

 
En 1644, Alberta-Bárbara pierde a su hijo, víctima de la peste, y su marido cae muerto en combate en Alemania. Un entorno envidioso y malévolo imputará esa doble desgracia a un castigo celestial provocado por sus ropajes masculinos y su actividad guerrera que ejerce, ciertamente, con mucha pasión. Impresionada, se limita entonces a proteger de los "Corbatas" (Croatas) el santuario vecino de Benoîte-Vaux, a veces al frente de su ejército alineado para la batalla, sin dejar de dar escolta a los convoyes que se dirigen a Verdún. Los capitanes franceses, para rendirle homenaje, la hacen retratar por el pintor Claude Deruet en el centro de un inmenso lienzo que representa sus hazañas.

 
En su castillo, la dama de Saint-Baslemont se entrega a actividades literarias y artísticas para educar a sus vasallos. Propietaria de una rica biblioteca, conocedora de literatura antigua, patrológica y hasta gnóstica, lectora de los Jesuitas Bolandistas, escribe libros piadosos (de entre los cuales, un "Examen de Consciencia" de gran difusión en su época) y santas tragedias casi todas desaparecidas hoy en día. También compuso motetos para el coro de su capilla. Cuando Lorena es librada al temible gobierno del duque de La Ferté-Saint-Nectaire, que arruina los Tres-Obispados (Trois-Évêchés), la dama de Saint-Baslemont tampoco escapa a las confiscaciones: le requisa todos sus bienes, caballos, ganados, muebles, y le priva de sus mejores criados, obligándole a permanecer en su castillo a lo largo de cuatro interminables años cual una sombra en su propia casa ocupada. Afectada por la enfermedad y por la rabia causada por su impotencia, herida en su honor, se convierte en monja clarisa en Bar-le-Duc, pero su salud no pudiendo resistir semejante régimen, regresa a su casa para morir allí el año siguiente, el 22 de mayo de 1660. Deja tras de si a una única hija, Marie-Claude de Haraucourt, casada desde 1646 con Louis des Armoises, señor de Commercy.

 

Rapidamente caída en el olvido gracias a la influencia mundana y machista que desconsidera a las "mujeres de carácter", Madame de Saint-Baslemont tan solo sigue siendo honrada en la región del Mosa. Su tumba, en la iglesia de Neuville-en-Verdunois, siempre se encuentra provista de flores. Su castillo, comprado por el Consejo General, es optimamente mantenido pero no se permiten visitas. Sus tragedias, marcadas por la erudición humanista del siglo anterior, fueron olvidadas hasta ahora, redescubriéndolas hoy como un precioso testimonio del teatro pre-clásico.

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