domingo, 14 de septiembre de 2014

EL Ier PRÍNCIPE DE CONDÉ



CONDÉ_Ier Príncipe de / 1er. Prince de_Louis I de Bourbon, 1er. Príncipe de Condé, Duque de Enghien, Marqués de Conti, Príncipe de la Sangre y Par de Francia (Castillo de Vendôme, Borbonesado, 07-05-1530 / Batalla de Jarnac, 13-03-1569). Fue un príncipe de la dinastía Capetiana perteneciente a la rama de los Duques de Borbón y de Vendôme, con derechos sucesorios a la Corona de Francia, hermano menor de Antonio, rey consorte de Navarra, y tío paterno del rey Enrique III de Navarra, posteriormente rey Enrique IV de Francia. Fundó la Casa Principesca de Borbón-Condé.

Sus padres fueron Carlos IV de Borbón, Duque de Vendôme, y Francisca d'Alençon. Sus hermanos y hermana, Margarita, duquesa de Clèves, Francisco, conde d'Enghien, Carlos, Cardenal de Rouen, Juan, duque d'Estouteville y conde de Soissons.



De su primer matrimonio, en 1551, con Eleonora de Roucy de Roye (1535-1564), tuvo tres hijos:

-Enrique I, príncipe y duque de Condé

-Francisco, príncipe y duque de Conti

-Carlos II, cardenal de Borbón




En segundas nupcias (1565), casó con Francisca de Orléans-Longueville (ob.1601), que le dió un hijo:

-Carlos, conde de Soissons.

Francisca de Orléans-Longueville procedía de una rama bastarda de los Orléans que descendían de los Valois directos.

Louis I tuvo también de Isabel de La Tour una hija natural nacida en Lyon, en 1564.


El Fundador


Jorobado y miserable, taras que siempre intentará esconder bajo un aspecto altivo y fastuoso, había heredado de su padre y de sus más lejanos ancestros un natural coraje y mucho ánimo, que le permitían brillar en todos los ejercicios físicos de su tiempo. Sin embargo, según otros testimonios, decían que tenía gran presencia, una cara agradable decorada con una barba rubia, siendo muy apreciado por las damas por su natural alegría y su gran vigor físico. Su alegría de vivir y su complacencia hacia el sexo femenino contrastaba con la austeridad de sus progenitores, y prefigura más bien el ardor que caracterizará a su sobrino, el futuro rey Enrique IV de Francia.

En 1547, teniendo 17 años, está presente en la coronación del rey Enrique II de Francia.

Busca, inicialmente, su camino siguiendo los pasos de su padre en la carrera militar, al servicio del rey. Hace entonces sus primeras armas en Piamonte, sirviendo bajo las órdenes del mariscal de Brissac, a la edad de 18 años.

Mucho menos rico que los Duques de Guisa, que reciben siete veces más en pensiones y prebendas diversas que él siendo Príncipe de la Sangre, es él quien, siendo además el primero de la saga de los Príncipes de Condé, inaugura la tradición del jefe rebelde y de gran capitán. Es tras sus numerosas victorias, cuando creyó que podía esperar más favores por parte de la corona pero, después de la firma de la Paz de Câteau-Cambrésis, no recibió ni las gracias y aún menos recompensa por sus preciosos servicios. Puede que sea entonces el punto de inflexión en la vida del personaje, en el que empieza a sentir una hostilidad crónica hacia el poder.

De su abuela, María de Luxemburgo, hereda el castillo de Condé-en-Brie; sin embargo, no queda claro si el título de la familia es sacado de esta posesión o de la tierra de Condé-sur-Escaut (Bélgica), ambas pertenecientes a la familia Borbón.


Las Guerras de Religión


Habiendo abrazado la religión reformada, toda su vida chocará frontalmente con el partido católico y, notablemente, con los Duques de Guisa, a los que considera como usurpadores de sus propios derechos y que, en repetidas ocasiones, intentaron asesinarle. Pero, desbordante de ambiciones, se encuentra dispuesto a vivir todas las aventuras que se le presentan. Encabezó a los protestantes durante las primeras guerras religiosas, no por convicción religiosa sino más bien por ambición personal. Los protestantes necesitaban a un príncipe mucho más carismático que el duque Antonio de Borbón-Vendôme, rey consorte de Navarra, aunque desde luego su vida disoluta no concordaba en absoluto con los valores de aquellos. Apartado del poder, intenta dar un golpe de fuerza cuyo objetivo era convocar los Estados Generales y deshacerse de los Duques de Guisa. La muerte de su aliado, La Renaudie, en 1560, desacreditaría la tentativa quedando patente en la historia como "La Conjura de Amboise". Intentando volver en el favor real, se presentó ante el rey quien mandó arrestarle y condenándole a muerte, pero el Canciller Michel de L'Hospital, sabiendo que Francisco II estaba ya agonizando, retrasó su ejecución y, a la muerte del rey, le liberó.





En 1562, obtiene el apoyo de Inglaterra en sus tentativas de hacer reconocer los derechos de los protestantes, prometiéndole la reina Isabel I una subvención de 100.000 coronas a cambio de la ciudad portuaria de Le Havre. Tras la masacre de un grupo de protestantes en Wassy, a manos del Duque de Guisa, Condé toma la ciudad de Orléans y empuja, de este modo, al país a la guerra religiosa.

Durante las guerras de religión, el Príncipe de Condé pasará sin dificultades de un bando a otro, siempre a merced de sus propios intereses personales. Bien acogido por la reina Catalina de Médicis, que pretende utilizarle para equilibrar la influencia de los Guisa, se ve agasajado y cortejado por ambos lados. Tras su rechazo, Condé caería víctima del "escuadrón volante" de Catalina de Médicis: seducido por Isabel de Lineuil, es llevado a firmar la paz. Nombrado gobernador de Picardía y de los territorios reconquistados, exige en premio a su fidelidad el cargo de Teniente General pero, debiendo nuevamente encajar un nuevo revés, intenta por segunda vez hacerse con la persona del rey Carlos IX, y fracasa.

En 1568, firma un tratado de asistencia mútua con el almirante De Coligny y el Príncipe Guillermo I de Nassau-Orange, en su común lucha contra los católicos. Decepcionado al verse rechazado por España, retoma las armas para atacar París. Vencido en Saint-Denis, da media vuelta y asedia Chartres con la ayuda de los mercenarios alemanes. Firma entonces la paz en Longjumeau y contra los consejos de su amigo Coligny. En agosto del mismo año, la guerra es retomada y Condé se ve arrastrado en las operaciones del Oeste del país. Encontraría la muerte en 1569, en el curso de la batalla de Jarnac.

Queriendo proteger al almirante De Coligny, Condé cayó de su montura partiéndose una pierna; hecho prisionero en el momento de entregar su espada, es friamente asesinado de un pistoletazo en la sien por el conde de Montesquiou, capitán de guardias del Duque de Anjou (futuro rey Enrique III de Francia). Tras su muerte, el Duque de Anjou hizo transportar su cadáver a lomos de un burro.


 

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