sábado, 24 de marzo de 2018

EL ÚLTIMO BARÓN D'HARAMBURE




HARAMBURE_Barón de / Baron d’_Louis François Alexandre d’Harambure, Barón y último Marqués d’Harambure (Preuilly-sur-Claise, 12-02-1742 / Tours, Francia, 27-10-1828). Fue un general y político francés, último representante varón de su linaje.

Décimo tercer hijo de Paul d’Harambure, Marqués d’Harambure, gobernador de Poitiers, y de Marie-Anne de Moussy, pertenece a una vieja familia noble de raíces vascas y navarras establecida en Francia durante el reinado del rey Enrique IV. Como benjamín, lleva el título de cortesía de barón d’Harambure.

Inicia su carrera militar el 1 de febrero de 1757, con rango de corneta en el regimiento de dragones del Príncipe de Bauffremont. De éste saldría para ingresar con rango de capitán en el Regimiento de Noé en 1760, haciendo en ambos cuerpos las últimas campañas de la Guerra de los Siete Años. Asciende a mayor, luego a coronel en el Regimiento Royal-Roussillon caballería.

En 1771, le condecoran con la cruz de caballero de la Real y Militar Orden de San Luis. Diez años después (1781), es ascendido a brigadier. Nombrado mariscal de campo el 9 de marzo de 1788, es destinado al campamento de Saint-Omer, bajo el mando del Príncipe de Condé.

Antes de la Revolución, el barón d’Harambure, miembro de una noble familia de la Baja-Navarra que se había instalado en la provincia de Tours ( Touraine) desde el siglo XVII, reside en esa provincia dónde posee un considerable número de propiedades. El cabeza de familia, su hermano mayor Jean-Samuel, Marqués d’Harambure (nacido en 1716), gobernador de Poitiers como su padre, casado con Jeanne de Sorbier, carece de descendencia. Pero es él quien casualmente abraza la política y las nuevas ideas, mostrándose partidario de la Revolución.

Elegido diputado por la nobleza de Tours en los Estados Generales de 1789, publica un escrito en el que reclama la necesidad de reunir las tres órdenes. Es uno de los primeros en unirse a la asamblea del Tercer Estado. En los debates relativos al derecho de paz y de guerra, sostiene que ese derecho no puede dejarse en manos del rey y que su delegación debe ser renovada en cada legislatura. Se pronuncia con el ala izquierda de la asamblea en otras cuestiones, tales como la aceptación de la constitución a la cual quiere que se obligue al rey, y sobre el rechazo de algunos oficiales a prestar juramento a la nación, y que ya se exigía a éstos en esa época.

Sin embargo, en las sesiones del 19 de junio 1790 y del 30 de agosto 1791, se sitúa a la derecha de la Asamblea Constituyente para oponerse, con toda la fuerza y contundencia de la que es capaz, a los decretos que abogaban por la supresión de la nobleza y de todas las órdenes de caballería.

En el momento de la expiración de sus funciones legislativas, retoma sus atribuciones de mariscal de campo y es enviado con rango de general al Ejército del Rhin, que se encuentra a las fronteras de Alsacia. El 20 de marzo de 1792 es ascendido al rango de teniente-general. Se adhiere a la revolución el 10 de agosto de 1792, y le otorgan el mando del ejército tras la marcha del Barón de Luckner, cesado y arrestado. En marzo de 1793, recibe una declaración relativa a la ejecución de Luis XVI y cartas patentes del Conde de Provenza, hermano del rey, proclamado regente, que transmite a los comisarios de la Convención Nacional y manda consignar en los registros de la municipalidad de Neuf-Brisach. El gesto casi le resulta funesto, ya que la Convención sentencia enseguida su destitución, emite un decreto de acusación contra él el 13 de marzo y ordena su arresto.

Encarcelado, comparece ante el tribunal revolucionario el 22 de abril de 1793 quien, en una rara excepción para aquellos tiempos, rinde homenaje a sus intenciones y le indulta por unanimidad. Pese a la sentencia favorable y tras  recuperar su libertad, la Convención no le restablece en sus funciones. Desde entonces, el general d’Harambure ya no figura en el ejército ni en ningún cuerpo administrativo o judicial. Tendrá que esperar el regreso de los Borbones, en 1815, para hacer su reaparición en la vida pública.

Luis XVIII le nombra Comendador de la Real y Militar Orden de San Luis ese año de 1815, y le encarga presidir el colegio electoral de Loches, dónde se mostrará favorable a los realistas antes de volver a su retiro, de manera definitiva. Dedicó sus últimos años en escribir y publicar dos libros sobre la materia militar, que tuvieron buena acogida.

Se había casado en primeras nupcias con Anne Rosalie Nicole Bazin de Sainte-Honorine, el 28 de noviembre de 1771, quien le da dos hijos:

-Louis-Philippe d’Harambure (1772 – 1794) –caído en combate-

-Marie-Catherine Benjamine d’Harambure (1774 – 1833), c.c. (1796) François Eugène Marie-Pierre René de Saint-Pol (1770 – 1811)

En 1797, la baronesa d’Harambure fallece y el general contrae nuevas nupcias el 18 de diciembre del mismo año con Françoise Madeleine de Mégissier, que sólo le proporcionaría hijas:

-Louise Virginie d’Harambure, c.c. René Louis Ambroise de La Poëze, Señor de La Collessière (1781 - 1851), Barón y Marqués d'Harambure => con descendencia / Casa de La Poëze d'Harambure

-Françoise Marie Thérasie d’Harambure (1799 – 1872), c.c. (1820) Charles Louis de Villelume (1794 - 1853)

-Marie Emmanuelle Azélie d’Harambure, c.c. (1821) N. de La Lande

-Athénaïs Joséphine d’Harambure.

El único hijo varón del general, Louis-Philippe d’Harambure, se enroló como voluntario en el ejército de los Príncipes para luchar contra las fuerzas republicanas, y encontró la muerte en Berstheim, Alemania, en 1794. Con su muerte sentenciaba la extinción de su linaje.

La primogénita de su segundo matrimonio, Louise Virginie d’Harambure, contraería matrimonio con el caballero René Louis Ambroise de La Poëze, señor de La Collessière, capitán de los Carabineros de Monsieur y viudo de un primer matrimonio con 3 hijos.

El general d’Harambure, para preservar la continuidad de su apellido obtiene del rey Luis XVIII, en 1817, una ordenanza real autorizando al marido de su hija Louise-Virginie, a añadir el nombre de D’Harambure a su apellido para sí y sus descendientes. La pareja tendría dos hijos varones:

-Ludovic Jean Marie de La Poëze d’Harambure

-Gabriel François Marie de La Poëze d’Harambure

El barón d’Harambure fallecería a la avanzada edad de 86 años, en 1828.




EL SEÑOR D'HARAMBURE




HARAMBURE_Señor de / Seigneur d’_Jean “El Tuerto” d’Harambure, Señor d’Harambure y de Romefort, Barón de Picassary (1553 / Castillo de Romefort-sur-Creuse, Francia, 16-09-1630). Fue un aristócrata y militar francés de confesión protestante, compañero de armas del rey Enrique IV de Francia y de Navarra.

Hijo de Bertrand, Señor d’Harambure, y de Florence de Belsunce, familia de confesión protestante, es enviado desde su infancia a la corte de Navarra, para convertirse en compañero de juegos y estudios del Príncipe de Viana, Enrique de Borbón –futuro rey Enrique III de Navarra y IV de Francia-. Desde ese momento, Jean estará ligado a la fortuna del príncipe.

La familia D’Harambure [Haramburen?] era una familia noble de origen vasco implantada en la Baja-Navarra que, por hazares de la historia, acaba por enraizarse en la Touraine en el siglo XVI. Según el historiador Martín de Bizkaia, en su libro “Derecho de Naturaleza” de 1621, cita una casa de Haramburen (?) entre las principales del reino de Castilla y de Navarra. Formada por numerosas ramas, extintas desde hace tiempo, la familia se encontraba establecida en las provincias de Álava y Gipuzkoa. En 1227, después de la batalla de Baeza, librada contra los moros en Andalucía, una rama de ésta se instala cerca de la localidad de Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia. De esta última saldría una rama menor que se instala en Baja-Navarra (Francia), y se traslada en el Berry y en Touraine. Los D’Harambure son citados en varias ocasiones y, en particular, en 1349 cuando los hermanos Jean y Pierre d’Harambure juraron sobre los Santos Evangelios observar el tratado de paz concluido por la mediación de Bernard d’Albret, vizconde de Tartas, entre Pierre d’Albret, señor de Guissen, y Arnaud Guillaume de Gramont.

El 30 de octubre de 1595, se le encuentra la novia adecuada: Marie de Secondat, hija de Jean II de Secondat, Barón de Montesquieu y Señor de Roques, y de Eléonore de Bressieu. Le aporta como dote el castillo de Romefort-S/-Creuse, y asegura su descendencia con 2 hijos y una hija.

En 1586, Jean d’Harambure asume el mando de una compañía de cien chevau-Légers (caballería ligera), directamente ligada a la guardia personal del rey Enrique III de Navarra. Al año siguiente, en 1587, se encuentra bajo el mando de Enrique de Borbón, príncipe de Condé, y le sigue en sus campañas militares a La Rochelle, el Poitou, Taillebourg, participando en los combates de Fontenay, Airvault y La Châteigneraie en la Vendée, tomando prisioneros al Marqués de Revel y a Louis de Clermont d’Amboise. Poco después, contribuye a la victoria de Coutras sobre las tropas del Duque de Joyeuse, al lado de su rey.

En 1589 participa al asedio y toma de la ciudad de Niort, en el curso de la cual pierde el ojo izquierdo. Desde ese momento, el monarca Borbón le otorga el apodo de “El Tuerto”, apodo que pasaría a la posteridad. El mismo año, participa en la Jornada de Arques del 21 de setiembre de 1589, siendo comandante de la caballería ligera, y vuelve a recibir una herida en la muñeca durante una carga.

El 1 de noviembre, recibe del rey Enrique IV la orden de trasladarse a París con sus 600 monturas y 600 arcabuceros a caballo.

En 1592, acompaña a Enrique IV en el asedio de la ciudad de Ruán (Rouen). Al mando de 50 caballeros encargados de velar por la seguridad del monarca, le salva de caer prisionero de las tropas del Duque de Parma, formando una barrera permitiendo su huída y arriesgándose a caer él mismo prisionero. Según sus herederos, y como agradecimiento del rey, Jean d’Harambure recibiría como presente una espada maravillosamente ejecutada.

En 1594, contribuye al éxito del ataque al gran convoy que el Duque de Mayenne y el Conde von Mansfeld pretendían hacer entrar en Laon, ciudad sitiada por el ejército real.

Terminada por fin la guerra civil y expulsado el ocupante español, Harambure es nombrado gobernador de Vendôme en 1599, y más tarde de Aigues-Mortes en 1607. En 1609, pese a ser protestante, recibe de manos del rey el beneficio de la abadía de Fontgombault.

Durante esos años de paz, Jean d’Harambure será un cortesano y militar merecedor de la estima y del respeto de su antiguo compañero de armas, el rey Enrique IV, quien le escribiría numerosas cartas para dar testimonio de su reconocimiento en los años difíciles. Se supone que en esa época Enrique IV le concede el título nobiliario de barón de Picassary, que llevaría a sus descendientes a titularse barones d’Harambure.*

El asesinato de Enrique IV en mayo de 1610, será un duro golpe para Harambure. La regente María de Médicis, católica e hispanófila, expulsa de la corte a todos los hombres de confianza protestantes que rodearon al difunto monarca, empezando por el Duque de Sully, presidente del Consejo Real y artífice de la recuperación económica del reino francés. Pero Jean d’Harambure, fiel a la memoria de Enrique IV, permanecerá al servicio de su hijo y sucesor en el trono, Luis XIII.

En 1624, es nombrado comandante de 2.000 monturas repartidas en tres regimientos, de los cuales uno lleva su nombre. En nombre del rey Luis XIII, los condujo en Holanda para servir en el ejército del Conde von Mansfeld. Después de aquella misión, Harambure parece dejar el servicio activo y se retira en sus tierras de Romefort.

El 28 de mayo de 1626, redacta su testamento y fallece antes del 17 de setiembre de 1630, a la avanzada edad de 77 años, en su castillo de Romefort.

Su último descendiente varón fue Louis-François-Alexandre, Barón d’Harambure (1742 – 1828), con el que la familia se extingue. Consigue, en cualquier caso, y mediante una Ordenanza Real del 17 de setiembre de 1817, que su yerno, René-Louis-Ambroise de La Poëze (1781 – 1851), casado con Louise Virginie d’Harambure, tenga la autorización de añadir el nombre de su familia política al suyo, pasando a apellidarse De La Poëze D’Harambure, y a llevar el título de cortesía de condes y marqueses d’Harambure entre sus descendientes.

[*]_El título de "Marqués d'Harambure" estaba ligado al cargo de gobernador de Poitiers, desempeñado por los cabeza de familia de manera hereditaria.




domingo, 18 de marzo de 2018

LA MARQUESA DE LAGE DE VOLUDE





LAGE DE VOLUDE_Marquesa de / Marquise de_Stéphanie Béatrix Etiennette de Fuchsamberg d’Amblimont, Marquesa de Lage de Volude (París, 17-04-1764 / Baden-Baden, Alemania, 07-12-1842). Fue una cortesana y dama de honor de la Princesa de Lamballe.

Hija de Claude Marguerite François Renart de Fuchsamberg, 3er. Marqués y Conde d’Amblimont (1736-1797), Señor de Saint-Fort, Le Bouquet y otros lares, teniente de la Marina Real y caballero de la Orden de Nuestra Señora del Monte-Carmelo y de San Lázaro de Jerusalén, y de la dama Marie-Anne de Chaumont-Quitry. Su bautizo, celebrado en la parisina iglesia de Saint-Eustache el 19 de abril de 1764, fue acorde con su alta cuna: el Duque de Choiseul y su hermana la Duquesa de Gramont la sostuvieron sobre la pila bautismal.

Pasa su despreocupada infancia entre París y el castillo de Saint-Fort-sur-Gironde. Por espacio de 4 años, estuvo a cargo de su tío, el Conde de Quitry, quien cuidó su educación.

En 1779, la joven celebra su décimo sexto cumpleaños, momento en el que su familia ya baraja buscarle el marido adecuado. Su padrino, el Duque de Choiseul, que contaba con importantes amistades (entre ellas la Reina María-Antonieta y el Duque de Penthièvre), se había encargado de hablar de su ahijada a la Reina y, como primer favor, la Señorita d’Amblimont se ve agraciada por el Rey con el usufructo del apartamento de su madre en el Arsenal de París que, en caso de renunciar a él, iba a ser atribuido al Conde de Artois, hermano menor de Luis XVI.

Por la misma época, la joven damisela fue presentada al Duque de Penthièvre y a su nuera, la Princesa de Lamballe. Gustó a la princesa quien, encantada por su gracia y su vivacidad, la “adoptó” como su protegida.  De hecho, se convirtió prontamente en una compañía indispensable para la princesa. La formó a su gusto y le proporcionó una educación mucho más amplia, como la que ella había recibido. Compañera inseparable de Madame de Lamballe, la señorita d’Amblimont la sigue en todos sus viajes y desplazamientos a los castillos del Duque de Penthièvre: Eu, Vernon, Sceaux, Crécy, Anet, Rambouillet…

La Princesa de Lamballe, como protectora de la señorita d’Amblimont, pensó entonces en buscarle al pretendiente ideal. Los candidatos no se hicieron esperar y, entre todos ellos, sobresalió un joven que había abrazado la carrera de marino, rico, de buena familia, amable y con buen físico: Joseph Paul Jean,  Conde de Lage de Volude (1763-1799).

El contrato matrimonial fue entonces establecido con el permiso del Rey, de la Reina, de Monsieur, del Conde de Artois, de Madame Elisabeth, de las princesas Adelaida, Luisa y Sofía de Francia, del Duque de Penthièvre y de la Princesa de Lamballe, y firmado en Versailles el 13 de enero de 1782. Tres días después se celebraba la ceremonia en la capilla del Palacio de la Guerra, ante el obispo de Saintes, Monseñor de La Rochefoucauld-Bayers, y con una lista de invitados ilustres: entre ellos estaban su tío el Conde de Quitry, sus primos el Marqués de Castellane y el Conde de Moriolles. El novio tan solo computaba 19 años (nacido en 1763), teniendo por padrinos a su abuelo el Conde de Kergariou, y a su prima-hermana la Señorita de Guébriant, futura Marquesa de Las Cases y dama de honor de la Princesa de Lamballe. La flamante pareja fue entonces instalada en el apartamento del Arsenal para su luna de miel, mientras se estaba adecentando su futura residencia, el Hôtel de Toulouse. Acuden a todos los bailes, espectáculos, cenas y paseos, formando parte de todas las fiestas de alto copete, tanto en Versailles como en París,… Y seguirán así hasta que truene la Revolución.

Del matrimonio nacerían 3 hijas:

-Marie Louise Stéphanie Béatrix Nathalie de Lage de Volude, c.c. (1802) Coronel Thomas Sumter Jr., diplomático y militar de EE.UU. => con descendencia

-Anne Joséphine Françoise Stéphanie de Lage de Volude, c.c. (1809) Louis-François, Conde d’Isle de Beauchesne. => con descendencia

-Jeanne Henriette Calixte Stéphanie de Lage de Volude (1790-1800 )

Durante la tormenta revolucionaria se impuso el exilio. El régimen de terror que conllevó masacres, saqueos, confiscaciones, asesinatos y ejecuciones expeditivas sin apelación, empujó a todos aquellos que habían optado a quedarse en Francia después del 14 de julio de 1789, a temer realmente por sus vidas. Luis XVI había pasado ha ser "Rey de los Franceses" tras jurar la Iª Constitución de 1791, y su pérdida de poder dejaba sin protección al clero y a la nobleza. Versailles ha dejado de ser la sede del gobierno y de la corte, y el palacio de Las Tulerías se ha convertido en la cárcel de la familia real. Pronto, un derrocado Luis XVI y su familia son encarcelados en peores condiciones en el Temple. Las cárceles se llenan de aristócratas y contrarrevolucionarios arbitrariamente denunciados, de las que salen para ser masacrados o para conducirles ante la guillotina. La gran amiga y antigua protectora de la Marquesa de Lage de Volude, la Princesa de Lamballe, es incluso bestialmente linchada en plena calle, su cadáver desnudado, su cabeza cercenada para pasearla sobre una pica y presentarla a la ex reina para que "bese a su amada amiga" el 3 de setiembre de 1792. El horror inunda París y recorre las provincias. Castillos, iglesias y conventos son saqueados e incendiados, sus ocupantes masacrados. Ya nadie está seguro en ninguna parte bajo el régimen del Terror impuesto por Robespierre.

La Marquesa de Lage de Volude opta entonces por emprender la ruta del exilio e instalarse en España entre 1794 y 1800, lo que no le impedirá hacer un par de viajes a Suiza y a Inglaterra. Entre mayo y junio de 1796, se encontró residiendo temporalmente en Edimburgo. Mientras, su padre y su marido se enrolan en la Armada Española y se ponen al servicio del rey Carlos IV.

El 14 de febrero de 1797, la Armada Española, bajo las ordenes de Don José de Córdoba, se encuentra frente a frente con la flota británica del almirante Jervis, ante el cabo de San Vicente. El Marqués de Amblimont, padre de la marquesa, se encuentra al mando de un navío de tres puentes con 110 cañones. Del lado español, el enfrentamiento toma un mal giro. La batalla está, de antemano, perdida. Sin embargo, el impetuoso D’Amblimont no se amedrenta y se lanza en medio de las filas enemigas y consigue salvar a su gente pero a un precio muy alto: una bola de cañón le siega el cuerpo por la mitad. Su sacrificio suscita la admiración entre los marinos españoles, guardando de él un glorioso recuerdo: “dejando en la marina española la memoria de un pundonoroso jefe y de un soldado bizarro, recuerdo que siempre se menciona en los anales de nuestra armada, con orgullo y honra.”

Cuatro años antes, su cuñado Jean-Henri, Vizconde de Volude,  había caído bajo las balas francesas en Quiberon, junto con su tío el Conde de Kergariou.

Los duelos se sucedieron en esos tiempos tan convulsos. Después del suegro, vino la muerte del cuñado, del padre y finalmente del marido en actos de guerra. Poco después es la hija pequeña la que fallece el 12 de abril de 1800, en Madrid, con apenas 10 años de edad.

El 14 de setiembre de 1800, la Marquesa de Lage de Volude regresa a Francia, después de siete años de ausencia. Tuvo al menos la alegría de poder reencontrarse con su madre, la Marquesa Vda. d’Amblimont, quien se había visto echada de su castillo de Saint-Fort, confiscado por la nación y vendido, obligándola a buscar alojamiento en la ciudad de Saintes, dónde se habían reunido la mayoría de sus parientes y amigos, recién salidos de las cárceles o regresados del exilio.

Con su regreso a Francia, la marquesa había llevado a cabo gestiones para obtener su eliminación de las listas de los emigrados. El 1 de julio de 1801, los jueces la autorizaban a entrar nuevamente en posesión de los bienes que no se habían incautado como bienes nacionales y vendidos. ¿Qué quedaba de la fortuna de su padre y de su difunto marido? La República había alienado los bienes del Marqués d’Amblimont por valor de 526.555 francos, y los del Marqués de Lage de Volude por 1.009.748 francos. Afortunadamente, las autoridades pasaron por alto dos casas situadas en Rochefort: el palacete d’Amblimont, convertido en la sede de la alcaldía, y el palacete de la marquesa ubicado en el puerto. El 29 de noviembre de 1801, la marquesa vendió el palacete de su padre al ciudadano Philippe Augier, empresario y subprefecto del lugar, y conservó la casa de su madre para darla como dote de una de sus hijas. Buscó también recuperar los bienes perdidos, confiscados y subastados, implicándose en varios procesos judiciales que no llegaron a buen puerto. Menos suerte tuvo en su intento de recuperar el apartamento de su madre en el Arsenal de París. El gobierno se había hecho con él y lo había afectado a la Biblioteca Nacional.

El 20 de marzo de 1802, la primogénita de la marquesa, Nathalie, regresada de América, casaba con el coronel Thomas Sumter Jr., representante de los Estados-Unidos, hijo del general del mismo nombre, miembro del congreso y uno de los más ilustres compañeros de armas de George Washington.

En marzo de 1809, es la segunda hija quien casa con el Conde d’Isle de Beauchesne (o Beauchaîne), hijo del Marqués d’Isle, antiguo teniente-coronel del regimiento Noailles-Dragones, y de una Du Breuil de Théon, dos nombres de antiguo abolengo de Saintes.

La Condesa Vda. d’Amblimont murió el 4 de mayo de 1812. Empieza entonces la fiebre de los viajes para la marquesa: Burdeos, Agen, Toulouse, Montpellier, Nimes, París, Versailles, Rambouillet, Citran, Clisson, La Bretesche, Esclimont, Dampierre,… No puede estar quieta en un mismo sitio y visita incansablemente a sus viejas amistades para compartir recuerdos y penas.

En 1825, enferma durante su estancia en Rambouillet, la marquesa escribe su testamento de su propia pluma. Pero la muerte se hace esperar. Es durante su estancia en el gran ducado de Baden (Alemania Occidental, actual land Baden-Württemberg), cuando fallece tranquilamente a la edad de 78 años, el 7 de diciembre de 1842. Había ido allí para hacer una cura termal.




sábado, 17 de marzo de 2018

EL CONDE DE PANAT




PANAT_Conde de / Comte de_Joseph de Brunet de Castelpers, Conde de Panat, Vizconde de Peyrebrune y de Cadars, Barón de Pujols, Señor de Coupiac (Castillo de Coupiac, Francia, 12-10-1704 / Albi, Francia, 14-04-1776), fue un aristócrata y oficial de la Marina Real Francesa que terminó su carrera con el rango de Jefe de Escuadra y con la cruz de Caballero de la Real y Militar Orden de San Luis.

Perteneciente al linaje de los De Brunet, familia protestante oriunda de Villefranche-de-Panat, en el actual Departamento del Aveyron, una de sus ramas, de confesión católica, emigró a la ciudad de Albi. Es el cuarto hijo varón de Joseph de Brunet de Castelpers, conde de Panat (ob. 1739), y de Marie de Toulouse-Lautrec, vizcondesa de Lautrec (ob. 1745). Su hermano mayor, Joseph-Samuel, conde de Panat, moriría prematuramente y sin descendencia en 1741; el segundo, Jean-Elisabeth,  abraza la carrera eclesiástica y acaba siendo obispo de Evris; el tercero, Melchior, destinado a la Orden de Malta (Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén), fallece igualmente de forma prematura. Cuando su padre y su hermano mayor mueren en el corto espacio de dos años, Joseph hereda naturalmente de los títulos paternos y se convierte en el cabeza de familia. 

Con su fortuna asegurada, ordena en 1753 la construcción de una iglesia en Coupiac para reemplazar la de Massiliergues y la capilla de Saint-Pierre, demasiado pequeñas para acoger al enorme número de fieles que acuden para venerar el “Santo Velo”.

A temprana edad abrazó la carrera de marino en la Marina Real Francesa. El 8 de enero de 1750, contrae matrimonio con Françoise-Marie de La Rochefoucauld-Langeac, hermana del Cardenal de La Rochefoucauld-Langeac, arzobispo de Rouen. La unión es, por lo menos, prestigiosa ya que enlaza con una de las eminentes familias de la alta nobleza cortesana. Su flamante esposa le daría 3 hijos y una hija:

-Dominique François de Brunet de Castelpers (1752-1795), Conde de Panat, mariscal de campo y diputado de la Asamblea Constituyente de 1789.

-Armand Jean Simon Elisabeth de Brunet de Castelpers (1753-1811), diputado del Clero en la Asamblea Constituyente de 1789.

-Léopold de Brunet de Castelpers (1762-1834), Caballero de Panat, secretario del ministro de la Marina entre 1803 y 1805, contra-almirante honorario.

-Marie Eugénie Antoinette de Brunet (ob.1837).

Nombrado capitán de barco, obtiene el mando de la fragata Topaze y participa en la Guerra de los Siete Años. En 1759 está presente en la batalla naval de Lagos, en aguas portuguesas y bajo las ordenes del Jefe de Escuadra La Clue-Sabran, al mando del Souverain, con 74 cañones. La noche precedente al combate, consigue, aprovechando la oscuridad, salvar su navío y a encontrar refugio en el puerto de Lisboa, para luego dirigirse al puerto galo de Rochefort junto con el Guerrier, mandado por el Señor de Rochemore, pero dejando a su superior sólo frente al almirante inglés Edward Boscawen. Ese abandono, considerado como una deserción por algunos, sembró el desánimo entre el resto de la flota francesa. Eso no impidió que se le otorgara el mando del Lion para la expedición en el Levante, conducida por el mismo Rochemore.

En enero de 1762, el Duque de Choiseul, ministro del rey Luis XV, decide estacionar 30 navíos en el puerto de Toulon y bajo las ordenes de Maximin de Bompar, Jefe de Escuadra. Bompar sería ascendido a teniente-general de la armada y al frente del Protecteur, siendo reemplazado por Glandevès como comandante de marina en Toulon. En el seno de esa flota, el Conde de Panat recibe el mando del Content y computa ya 58 años de edad, años de los cuales lleva 42 navegando y, por séptima vez, obteniendo un mando. Al año siguiente, en 1763, está al frente del Achille con 64 cañones, formando parte de la división destinada a Louisbourg. Finalmente, el 1 de octubre de 1764, recibe su ascenso a Jefe de Escuadra de la Armada Real Francesa.

En el momento de su muerte, en 1776, el Conde de Panat es el decano de los oficiales generales de la Marina Francesa, y su brillante y ejemplar carrera suscitarían numerosas vocaciones entre los jóvenes de las familias nobles locales.




sábado, 25 de marzo de 2017

EL MARQUÉS DE CAVOYE


 
 
CAVOYE_Ier. Marqués de / 1er. Marquis de_Louis D’Oger o D’Ogier de Cavoye, Caballero y luego 1er. Marqués de Cavoye [Paris, 1639 / Hôtel de Cavoye, París, 03-02-1716]. Fue un oficial y cortesano perteneciente a la nobleza de la región francesa de Picardía, que prosperó en la corte francesa gracias a la influencia de su madre y se distinguió por su arrojo en el campo de batalla, gozando de la amistad, favor y protección del rey Luis XIV, al que físicamente se le parecía asombrosamente.

Su padre, François d’Oger o d’Ogier, Caballero y Señor de Cavoye (1604-1641), había servido bajo el Duque Enrique II de Montmorency, uno de los grandes señores de la alta y poderosa nobleza gala de primer rango, hasta que en 1630 fue nombrado capitán de guardias del Cardenal-Duque de Richelieu. Sin embargo, encontró prematuramente la muerte en setiembre de 1641, durante la batalla de Bapaume, a la edad de 37 años.

Su madre, Marie de Lort de Sérignan (1602-1665), había casado en segundas nupcias con su padre el 16 de setiembre de 1625, siendo ya viuda de un primer matrimonio con Jean de La Croix y sin hijos. El matrimonio, que fue por amor (cosa rara para la época), tuvo entonces 6 hijos varones y 5 hijas:

-Henriette Louise d’Oger de Cavoye (1626-1697); c.c. François Antoine de Sarret, Marqués de Fabrègues (1620-1710) => con descendencia.

-Pierre d’Oger de Cavoye (1628-1648), Insignia en las Guardias-Francesas, caído en la batalla de Lens.

-Constance d’Oger de Cavoye (1630-1646?), religiosa en el Convento de Notre-Dame de Narbonne.

-Charlotte d’Oger de Cavoye (1630-   ), religiosa en el Convento de Nuestra-Señora de Narbonne, como su hermana gemela.

-Marie d’Oger de Cavoye (1631 - ¿ )

-Charles d’Oger de Cavoye (1632-1654), Insignia en las Guardias-Francesas.

-Eustache d’Oger de Cavoye (1637-1703), Insignia en las Guardias-Francesas.

-Armand d’Oger de Cavoye (1638-1667), Insignia en las Guardias-Francesas, caído en el asedio de Lille.

-Louis d’Oger de Cavoye (1639-1716), 1er. Marqués de Cavoye y último del nombre; c.c. Louise Philippe de Coëtlogon-Méjusseaume (ob.1729) => sin descendencia.

-Anne d’Oger de Cavoye (1640-1711); c.c. Raymond d’Alfonse, Señor de Montroux => con descendencia.

-Jacques d’Oger de Cavoye (1640-1652).

Los padres de nuestro personaje se amaban hasta la locura. La inesperada muerte del marido dejó a su madre en una situación precaria, pero consiguió obtener la tutela de sus 11 hijos y todos menores el 16 de noviembre de 1641. Para colmo, sobrevino poco después la muerte de su padre, Guillaume de Lort de Sérignan, en enero de 1642; luego fue la del Cardenal de Richelieu y la del rey Luis XIII en 1643. Su desgracia y su mala situación consiguieron llamar la atención de la Reina Viuda Ana de Austria, que le ofreció un puesto de dama de honor en noviembre de 1643. El cronista Tallemant des Réaux la describiría como “tan hermosa como inteligente”. El Duque de Saint-Simon, memorialista, diría a su vez:

“…la madre Cavoye era una mujer de mucho ingenio, venida no sé cómo de su provincia ni por qué medio conocida de la reina madre, en tiempos en los que ella tenía necesidad de toda clase de gentes. Le gustó, la distinguió con bondades sin sacarla de su pequeño estado. Madame de Cavoye aprovechó para introducir a su hijo en la corte y ambos a hacer amigos…”

Los tres hermanos mayores de Louis habían muerto al servicio del rey. Pierre en 1648, Jacques en 1652 y Charles en 1654. El joven Louis fue entonces educado al lado del joven rey Luis XIV y se convirtió en uno de sus amigos íntimos.

Cuando en julio de 1665 falleció Madame de Cavoye, ésta había dejado nombrado en su testamento a su hijo Louis como su único heredero, en perjuicio de sus hermanos mayores Eustache y Armand, a los que juzgaba severamente como demasiado manirrotos. De este modo, Louis –que era el quinto hijo varón de la prole- se convirtió en el jefe de familia.

En 1666, inauguró su carrera militar bajo las órdenes del almirante holandés Ruyter.

Considerado como uno de los hombres más bien parecidos de Francia, Cavoye se aprovechó para romper corazones y multiplicar conquistas femeninas. Sin embargo, desde 1668, había provocado –sin quererlo ni buscarlo- una enorme y desbocada pasión en una de las damas de honor de la reina Maria-Teresa de Austria: Louise Philippe de Coëtlogon-Méjusseaume, hija del Marqués de Coëtlogon. Pero Cavoye la ignoraba: la joven damisela era del montón y, para colmo, sin dote.

El Duque de Saint-Simon la describió de este modo:

“… Mademoiselle de Coëtlogon era fea, modosa, ingénua, amada y muy buena persona; […] era una de las chicas de la reina Maria-Teresa, se encaprichó de Cavoye, y se enamoró de él hasta la locura…”

Cavoye era entonces un hombre apuesto, guapo y muy aficionado a revolotear alrededor de las hermosas damas de la corte. Es de este modo que se convirtió en el amante de la guapa Hortense Mancini, Duquesa de Mazarino y casada con el Duque de La Meilleraye, un lunático. Luego cayó entre sus brazos la bella Sidonie de Lénoncourt, Marquesa de Courcelles –también casada con un marido extremadamente celoso-. Cuando el Marqués de Courcelles se enteró de la infidelidad de su esposa, montó en cólera y retó en duelo a Cavoye. Fue cosa hecha el 7 de mayo de 1668. Al final del duelo, ni uno ni otro se hirieron de gravedad; ambos eran amigos y acabaron haciendo las paces con un abrazo.  En cualquier caso, Courcelles y Cavoye habían violado una ley real que prohibía los duelos y Luis XIV, implacable, los mandó arrestar a ambos:  el Marqués de Courcelles dio con sus huesos en La Bastilla y Cavoye fue encerrado en La Conciergerie… por espacio de 2 años!

Liberado en 1670 al estallar la guerra, ya que el rey necesitaba de todo el mundo para la campaña de Flandes, reintegró su puesto en el ejército como ayudante-de-campo del rey y se cubrió de gloria el 12 de junio de 1672 en el Pasaje del Rhin, junto con cuatro de sus amigos: el Caballero de La Salle, el Marqués de Béringhen, el Conde de Nogent y el Marqués d’Ambre. Gracias a su arrojo y valentía en el fragor de la batalla, Cavoye se ganó el apodo de “el Bravo”, mote que le acompañaría hasta su muerte.

Interrumpida la campaña en invierno y regresado a París, Cavoye volvió a ser arrestado y encerrado en La Bastilla, esta vez por haber participado, en segundo plano, en un duelo. Su enamorada, Louise de Coëtlogon, cayó en la desesperación y rehusó dirigir la palabra al rey. Saint-Simon cuenta que ésta cambió su rico vestido de corte por otro vulgar e impropio de una dama de honor de la reina, a modo de protesta silenciosa. Llegaría aún más lejos. Intentó obtener del rey el perdón para Cavoye pero Luis XIV rehusó concedérselo, y ésta estalló entonces en improperios e insultos, riéndose le monarca de su osadía. Ultrajada por las mofas del rey, pretendió llegar a las manos y arañarle. La protesta de la damisela siguió hasta incluso la mesa real: Luis XIV tenía por costumbre comer con la reina María-Teresa; la Duquesa de Richelieu y las damas de honor de la reina debían servir la mesa. Pero la damisela de Coëtlogon se negaba en redondo servir al rey mientras Cavoye siguiera preso, le evitaba o le decía sin florituras que no se merecía que le sirviera o le dirigiera la palabra. Luego vinieron los malestares, los desmayos, los desesperos… hasta que tanto el rey como la reina exigieron a la Duquesa de Richelieu que hiciera el favor de llevar a la damisela a visitar al objeto de su pasión a La Bastilla, cosa que hizo un par o tres de veces.

Cavoye, por su parte, permanecía insensible a la pasión que había provocado. Mademoiselle de Coëtlogon daba todos los pasos, pero Cavoye era cruel y a veces brutal en sus respuestas a tantas atenciones; le sacaba de quicio verse de esa manera acosado. Ante la fría indiferencia de Cavoye, tanto el rey como la reina le reprocharon su actitud y le exigieron que se mostrara más humano en su trato.

En 1675, el cargo de Gran Mariscal de los Alojamientos del Rey quedó vacante con la muerte de Louis de Tessé, Conde de Froulay (había muerto en acto de servicio en Consarbrück). Saltando sobre la ocasión, Luis XIV prometió el cargo a Cavoye si consentía casarse con Mademoiselle de Coëtlogon. Cavoye rehusó sellar el trato. El rey perseveró, insistió y, al final, se lo ordenó prometiendo que cuidaría de su fortuna en la corte y que, a modo de compensación por la falta de dote de la novia, le aseguraba su cargo. A regañadientes, Cavoye cedió finalmente.

El 9 de febrero de 1677, François de Guémadeuc, obispo de Saint-Malo, bendijo la unión de Louis d’Oger de Cavoye con Louise Philippe de Coëtlogon, hija del Marqués René de Coëtlogon, gobernador de Rennes y Lugarteniente del Rey en Bretaña, y de la Marquesa Philippe Hélène de Coëtlogon. Ilustre nobleza bretona y de rancio abolengo, pero sin fortuna ni medios con qué dotar a la novia. El novio tenía 38 años, la novia 27 y hacía 9 que ésta le acosaba desenfrenadamente, profesándole una adoración sin límites.

La recién casada no aportaba al matrimonio otra cosa que su ilustre apellido, mucho abolengo y una solemne pobreza. El recién casado, citado en el contrato matrimonial como “Caballero de Cavoye”, aportaba como bienes una casa, su privilegio sobre las sillas de porteadores heredado de sus padres, rentas, su cargo de Gran Preboste General de Guyena, sus 60 arqueros (con sus 17.000 libras) y poco más. En el momento de casarse, Cavoye residía en la parisiense calle de Grenelle. Fiel a su promesa, el rey le cedió el cargo de Gran Mariscal de los Alojamientos, y Cavoye la compró a la familia De Tessé por 150.000 libras, ocho días antes de su boda. El rey añadió un regalo de boda: le concedió el título nobiliario de marqués de Cavoye.

El cargo de Gran Mariscal de los Alojamientos del Rey, consistía en coordinar los desplazamientos de la Corte, y dependía directamente del soberano, del cual Cavoye debía recibir las órdenes y al que prestaba juramento de fidelidad. La remuneración del cargo era, por tanto, excelente: 8.100 libras de sueldo, 7.200 libras de sueldo extra, 3.000 libras de adelanto y 4.000 libras en libreas. A partir de 1682, la Corte se instaló definitivamente en Versailles pero Cavoye debía seguir ocupándose de los alojamientos de todas las tropas de la Casa del Rey, ayudado por 12 mariscales de los alojamientos y de 48 furrieles que le prestaban juramento. En tiempos de campañas militares y de los desplazamientos de la Corte, el Gran Mariscal debía recibir las órdenes del rey para los alojamientos de los oficiales y de toda la Corte (sobretodo de los príncipes de sangre real).
 
 

En 1678, el flamante 1er. Marqués de Cavoye alquiló en París un palacete en el número 52 de la calle de Saints-Pères, que acabaría comprando y que hoy día aún se conoce como Hôtel de Cavoye [en español sería Palacete de Cavoye]. El palacete en cuestión pertenecía entonces a su ex amante, la Marquesa de Courcelles: ésta se lo vende por 64.000 libras el 18 de julio de 1679, estando encerrada por adulterio después de un escandaloso juicio al que la arrastró su marido.

Los marqueses de Cavoye se instalaron en el palacete y llevaron en él una vida muy sosegada, a decir de los testigos de la época.

En 1693, Cavoye cae gravemente enfermo y, despechado por no haber recibido la banda azul de los caballeros de la prestigiosa Orden del Espíritu Santo, en la última promoción de 1688, solicita en 1696 el permiso para vender su cargo. Luis XIV no le concedió tal permiso y, para reemplazar la tan preciada condecoración real, le dio una pensión de 14.000 libras para él y su esposa en 1697, tierras en Louveciennes para ampliar las de su castillo en 1700, y el privilegio de las sillas de manos. Finalmente, el rey le concedió una cláusula de retención de 300.000 libras sobre su cargo (1707), vendiendo la sustitución al Marqués de Cany, hijo del ministro Chamillart, conservando para si el usufructo.

Por su cargo, Cavoye se veía obligado a estar la mayor parte del tiempo en Versailles, y allí acabó haciéndose muy amigo de Boileau y de Racine. También participó en la localización de Marly para instalar allí la residencia preferida del rey. Para estar cerca, compró al yerno de Vauban el castillo de Voisins, en Louveciennes, por 26.000 libras. Adecentó el castillo para poder allí acoger a parte de los numerosos invitados del rey en Marly, que no encontraban alojamiento en los pabellones del real sitio. Y, extrema rareza, el rey solía hacerle visitas, lo cual era un honor muy buscado por cualquier noble propietario.

Su felicidad habría sido completa si hubiese tenido hijos con su esposa, pero la marquesa de Cavoye tan solo podrá darle un hijo nacido muerto y en condiciones muy peligrosas para su salud. Después de tan mal parto, nunca volvería a quedarse encinta. Preocupados por asegurarse un futuro sin penurias, los marqueses de Cavoye se donaron mutuamente todos sus bienes para que viudo o viuda dispusiera en toda libertad de las rentas y bienes muebles e inmuebles.

Con el peso de los años y cansado, el Marqués de Cavoye acudía regularmente a tomar las aguas de Forges-les-Eaux o en Saint-Amand, espaciando sus apariciones en la Corte y prefiriendo residir en su castillo de Voisins. Llegaba incluso a prestar su palacete de París a amigos, entre los cuales cabe distinguir a la Princesa de los Ursinos y a Monseñor de Mailly, arzobispo de Reims.

A finales de su vida, Cavoye volvió a pedir repetidas veces a Luis XIV que le cesara en el cargo, pero el rey rehusaba siempre, diciéndole: “Cavoye, muramos juntos.”

El 1 de setiembre de 1715, Luis XIV falleció en Versailles y el Marqués de Cavoye se retiró en su palacete parisiense, donde vino a sorprenderle la muerte el 3 de febrero de 1716. Dos días después, su viuda le daba sepultura en la iglesia de Saint-Sulpice. Tenía 77 años. Su testamento fue leído el 10 de febrero, dejando todos sus bienes a su viuda y también a los descendientes de sus hermanas.

La Marquesa Viuda de Cavoye se dedicó a las buenas obras: fundó la casa del “Niño Jesús” con el cura Languet de Gergy, y donó 40.000 libras para las obras de la Iglesia de Saint-Sulpice. Sobrevivió a su esposo 22 años, muriendo en el palacete de Cavoye el 31 de marzo de 1729. Recibió sepultura al lado de su difunto esposo.

Con el paso de los siglos, el Palacete de Cavoye acabó siendo la residencia del diseñador de moda y perfumista Hubert de Givenchy, y luego del polémico multi-millonario Bernard Tapie.

domingo, 12 de junio de 2016

LA IVª MARQUESA DE ALORNA




ALORNA_IVª Marquesa de_Leonor de Almeida Portugal y de Lorena Lencastre, Condesa von Oeynhausen-Gravenburg, Condesa y IVª Marquesa de Alorna, IXª Condesa de Assumar (Sao Jorge de Arroios, Lisboa, Portugal, 31-10-1750 / Coraçao de Jesús, Benfica, Portugal, 11-10-1839).
Era la hija primogénita del 2º Marqués de Alorna y 4º Conde de Assumar, Don Joao de Almeida Portugal y de Doña Leonor de Lorena y Távora.
Fue una célebre escritora de cartas pre-románticas portuguesa que Alessandro Herculano comparaba a Madame de Staël, con la que tenía muchos puntos en común.

Doña Leonor de Almeida ha dejado una obra poética (Oferenda aos Mortos) y epistolar considerable aún en gran parte inédita. Su correspondencia será en breve publicada, más concretamente sus cartas a la Condesa de Vimioso, Doña Teresa de Mello Breyner apodada "Tirce", durante su reclusión en el convento de San Félix de Chelas, en Lisboa. Tenía 9 años de edad en 1759, cuando se produjo la exterminación de su familia materna, los Távora, de manos del Marqués de Pombal, primer ministro de José I, en un sangriento ajuste de cuentas que provocó una honda impresión en toda Europa y marcó durante décadas la memoria de las gentes.

Enclaustrada a lo largo de dieciocho años, como su madre y su hermana María, futura Condesa de Ribeira Grande, y los próximos de la Casa de Távora. En el convento empleará su tiempo en leer, escribir y tener su propio salón de poesía, cosa que conservará una vez recobrada su libertad en su residencia de Bemfica. Adquiere una cultura enciclopédica y se adhiere a las ideas ilustradas. Corresponde bajo el seudónimo arcadiano de "Alcipe" y adquiere renombre en el mundo de las Letras como "Outeiros de Chelas" (Eminencias de Chelas).

Tras haber casado con el Conde Karl Peter Maria Josef August von Oeynhausen-Gravenburg (1739-1793), caballero de la Orden de Cristo y embajador plenipotenciario de la corte portuguesa a Viena, nuestra protagonista se instala en la capital austríaca donde sería objeto de la gran estima de la emperatriz Maria-Teresa I.

Su enorme bagaje cultural, su carácter amable y sus múltiples talentos artísticos le abren por igual las puertas de las cortes de Madrid, Versailles y Londres.

Ella y su marido, tras su brillante embajada en Viena, regresaron a Lisboa a finales de la década de 1780. Por entonces, la bella condesa de Oeynhausen-Gravenburg, cuyo marido había sido nombrado gobernador de los Algarves y que falleció el 3 de marzo de 1793, teniendo apenas 54 años, gozaba de gran fama. Muy apenada, la viuda se retiró con sus hijos en sus propiedades de Almeirim y de Almada. Entregada a la educación de su prole, se vió prontamente estimada por todos gracias a sus obras benéficas para con los pobres, y por financiar una pequeña escuela para que enseñara a las niñas de familias humildes a coser, leer, escribir y a hacer las tareas domésticas propias de una mujer.

Muy considerada y respetada por la Familia Real, no tardó en ser nombrada dama de honor de la Princesa Doña Carlota Joaquina de Borbón, esposa del heredero del trono; se le encargó entonces elaborar los diseños para la decoración interior del Palacio de Ajuda pero que nunca llegó a ejecutar.

Tras la muerte de su padre en 1802, partió para Madrid y de allí a Londres, donde se demoró más de lo que tenía planeado al recibir inquietantes noticias de la invasión francesa y de la marcha al exilio brasileño de la Familia Real Portuguesa. En la ciudad del Támesis, frecuentó asiduamente los salones aristocráticos y elegantes de la alta sociedad, como también la casa del embajador luso Domingo de Sousa Couthino, conde de Funchal.


Pese a todo, la dama regresó a Portugal en 1809, encontrándose en una situación crítica: su hermano, el 3er Marqués de Alorna, Don Pedro José de Almeida Portugal, había marchado a Francia comandando la Legión Portuguesa tras haber mandado a Rio de Janeiro a sus hijos (fallecerían en la adolescencia). A instancias de los gobernadores del reino, la condesa vda. de Oeynhausen-Gravenburg fue invitada a abandonar sine die la ciudad del Tajo, por lo que se trasladó nuevamente a Londres, ciudad que no debía abandonar hasta 1813, cuando recibió por fin el permiso para regresar a su patria y se enteró del fallecimiento de su hermano. De vuelta a Portugal, residió en casa de su nieto el Marqués de Fronteira (Don José Trazimundo de Mascarenhas Barreto), en Benfica. Se dedicó entonces en rehabilitar la memoria de su difunto hermano, condenado como traidor a la patria por haber servido en el ejército napoleónico. Su lucha duró un decenio, harto difícil pero constante en su empeño, la condesa consiguió que el nombre de su hermano fuera borrado de la lista negra de los traidores y fue solamente en aquella época que nuestra dama pasó a ostentar públicamente el título de 4ª Marquesa de Alorna y 9ª Condesa de Assumar, como heredera de su hermano, último representante masculino de su linaje.

En 1822, su hijo el Conde Don Carlos-Ulrico de Oeynhausen-Gravenburg (14 de agosto), fallecía sin descendencia y la dejaba en la más absoluta tristeza. El título condal, heredado de su padre, era alemán y la titularidad acabó perdiéndose.

Su hija primogénita, Doña Leonor Benedita, había casado con el Marqués de Fronteira quien, andando el tiempo, pasaría a heredar del marquesado de Alorna por Real Decreto del 22 de octubre de 1839 y Real Carta de Julio de 1844. En cuanto al condado de Assumar, se declaró extinto y revirtió a la Corona.

Otras de sus hijas: Juliana, casaría sucesivamente con el 2º Conde de Ega, y con el Conde Strogonov; Henriqueta sería dama de honor de la reina Maria II; Luisa contraería matrimonio con Heliodoro Jacinto Carneiro de Araújo, gentilhombre de la Casa Real y consejero privado del rey Juan VI.

En 1826, la Marquesa de Alorna acude a la solemne apertura de las Cortes, en calidad de camarera mayor , y en 1828 como dama de honor de la Infanta Isabel Maria, en cuya sesión la infanta entregaba el Gobierno a su hermano, el Infante Don Miguel. Asistió al Te-Deum celebrado en honor de Don Pedro IV y Doña María II, cuando éstos entraron en Lisboa; presente en las exequias de Don Pedro IV, en la boda de María II con el Príncipe Augusto de Beauharnais-Leuchtenberg, no pudo hacer acto de presencia en el segundo enlace de la soberana con Don Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, por su avanzada edad; aquello no impidió que los reyes fueran luego a visitarla en su residencia de Benfica.

La reina Maria II le concedió la banda de la Orden de Santa Isabel. La Marquesa de Alorna fue también dama de la Orden de la Cruz Estrellada (Austria).

Fallecería a sus 89 años.

Las obras de la Marquesa de Alorna serían publicadas póstumamente, al menos en parte.


Nota:

 
Mientras fue encarcelada junto con su madre y su hermana en el convento de Chelas, su padre fue preso en la Torre de Belém y luego trasladado a la fortaleza de Junqueira, como sospechoso de haber tenido conocimiento de la conspiración de los Távora-Aveiro. Dieciocho años después, y tras el fallecimiento del rey José I y el advenimiento de María I, todos los presos de Estado fueron liberados por orden de la nueva soberana, aunque muchos de aquellos rehusaron la libertad si no eran públicamente exculpados e inocentados. De entre ellos, nótese al Marqués de Alorna, cuyo único crimen fue estar emparentado con los Távora.

Muchos de aquellos presos fallecieron antes de verse nuevamente en libertad; las duras condiciones en las que fueron encarcelados son por lo menos escalofriantes: malos tratos, hambruna, suciedad, parásitos, enfermedades derivadas de la insalubridad de aquellas infectas celdas acabaron con gran parte de esos presos políticos. El propio marqués de Alorna correspondía secretamente con su mujer e hijas escribiendo mensajes con su propia sangre, al carecer de tinta y de pluma.