martes, 21 de abril de 2015

LA CONDESA DU BARRY



BARRY_Condesa du / Comtesse du_Jeanne Bécu de Cantigny alias de Vaubernier o Beauvarnier, Condesa du Barry, Dama de Louveciennes y de Saint-Vrain (Vaucouleurs, Lorena, 19-08-1743 / Plaza de la Concordia, París, 08-12-1793). Fue la última favorita oficial del rey Luis XV de Francia y la menos ambiciosa y la más bondadosa de todas las que le precedieron en el envidiado puesto.

Nacida en Vaucouleurs en 1743, Jeanne Bécu de Cantigny de Vaubernier, es hija natural de los amores de Anne Bécu de Cantigny con un ex-monje apellidado De Vaubernier o Beauvarnier, del convento de Picpus de París. Por parte de su madre, es nieta de Fabien Bécu, hombre apuesto y tenido como el más hermoso varón de la capital francesa, que posee un afamado restaurante, y de una auténtica dama de la añeja aristocracia gala, la Condesa de Cantigny. A favor de ese extaordinario matrimonio por amor, Fabien Bécu aprovecha para añadir el apellido de su esposa al suyo con el fin de pormenorizar su plebeya ascendencia. Su nieta es entonces educada en el parisiense convento de las damas de Sainte-Aure, como otras tantas muchachas de noble procedencia, bajo el nombre de "Señorita de Cantigny", mientras que su madre es convenientemente desposada con el señor Nicolás Rançon, miembro de la burguesía acomodada en 1749.

Tras su salida del convento, es empleada en casa de una noble viuda en calidad de "lectora" y de la cual es finalmente expulsada por otorgar sus favores al hijo de aquella. Sin embargo, sale del Castillo de La Courneuve ducha en los modales y buenas maneras de la sociedad aristocrática.

Empleada como vendedora en la famosa casa de moda de la Señora Mabille, Jeanne Bécu de Cantigny atrae por su gran belleza a toda una cohorte de aristócratas que pronto le abrirán las puertas de las mejores casas parisinas.

Convertida en la amante del caballero Jean Du Barry, que se hace llamar Conde du Barry-Cérès, un aventurero ya casado y padre de 1 hijo bajo cuyo techo se organizan juegos de mesa con fuertes apuestas, regenta su casa como si fuera su esposa y acoge con inigualable elegancia a ilustres invitados de la talla del mariscal-duque de Richelieu, quien la presentará sutilmente al rey Luis XV, tras organizar un encuentro accidental en Versalles. Inmediatamente prendado de la bella "Madame du Barry", la convierte paulatinamente en su amante, con la intención de casarse con ella pero, ante las presiones de la Familia Real, desiste de contraer un matrimonio morganático para finalmente presentarla oficialmente como su nueva favorita real. Para legalizar su situación, Luis XV la casa convenientemente con el hermano mayor del caballero Jean Du Barry, Guillermo, Conde Du Barry, aún soltero y viviendo apaciblemente en su provincia de Languedoc.

Tras las nupcias blancas, el conde regresa a sus tierras con una fuerte suma de dinero como única compensación por su papel de marido ficticio (5.000 libras), con el fin de dar un título y una posición a la nueva amante del monarca.



Extremadamente bella, elegante, ingeniosa y bondadosa, la Condesa Du Barry es tratada como una reina pero se ve rechazada de plano por las hijas y nietos del rey, escandalizados por su pasado algo más que dudoso y por su papel de favorita real en la Corte. Molesto también con ella el clan del duque de Choiseul, principal ministro y ex-protegido de la difunta Marquesa de Pompadour, al que le habría sido más grato que el rey hubiese elegido a su hermana la duquesa de Gramont como amante, para asegurar asi su puesto en el poder. Sus sinsabores en el entorno de la Familia Real aumentarán con la llegada de la joven esposa del Delfín Luis-Augusto (nieto de Luis XV y futuro Luis XVI en 1774), la archiduquesa María-Antonieta de Austria-Lorena, que la tendrá como única responsable de la caída del duque de Choiseul.

Respaldada por el mariscal-duque de Richelieu, por el duque de Aiguillon (joven pariente de Richelieu), por el canciller vizconde de Maupeou, la Condesa Du Barry será el origen y objeto involuntario de una evidente escisión en la corte y entre la opinión pública, y la imagen simbólica del partido monárquico (Barrysianos) frente al del partido parlamentarista liderado por Choiseul y su clan (Choiseulistas).

El enfrentamiento del ministro con la favorita seria decisivo en la inevitable caída en desgracia de éste por fraguar en secreto una guerra contra Gran-Bretaña a pesar de la desaprobación del rey. Descubiertos sus planes belicistas, Choiseul es inmediatamente cesado y exiliado de la corte. Se inicia entonces una "Revolución Real" en 1770, con un nuevo plantel de ministros reformadores (Maupeou, Terray y d'Aiguillon) todos amigos de la Condesa du Barry, que apuestan por una reforma judicial e institucional a favor del pueblo, abatiendo la oposición parlamentaria, aferrada a sus privilegios nobiliarios, a sus cargos hereditarios y a esa sistemática oposición a cualquier reforma beneficiosa propuesta por la Corona.

Sin embargo, la reforma impulsada llega demasiado tarde... Cuatro años más tarde Luis XV fallecería de viruelas.

La imagen de la favorita será el blanco de las más duras críticas de la oposición, cuando en realidad la condesa se desentendía por completo de la política y se guardaba de influenciar al rey en los asuntos de Estado, cosa que siempre le agradeció. A pesar de su irreprochable conducta, la Condesa du Barry fue insultada y acosada a través de una auténtica campaña difamatoria lanzada por los magistrados-parlamentarios apartados de sus funciones.

El 10 de mayo de 1774, tras una horrenda agonía, Luis XV rendía su último suspiro, y la Condesa Du Barry era inmediatamente recluída en la abadía de Pont-aux-Dames, por orden de Luis XVI, a instancias de la nueva reina, María-Antonieta de Austria, su enemiga más acérrima.

Tras una larga temporada de reclusión, fue finalmente liberada con el beneplácito de Luis XVI y autorizada a regresar a su castillo de Louveciennes, sin por ello permitirle volver a Versalles.



Soltera, inmensamente rica y sin compromiso, se enamoró entonces de su principal suspirante, Louis-Hercule-Timoléon de Cossé, 8º duque de Brissac, gran cortesano y gobernador de París, con quien mantuvo públicamente su relación sentimental incluso cuando estalla la Revolución Francesa en 1789. Opta entonces por refugiarse en Londres, pero regresa a Francia en 1792 para ofrecer su ayuda económica a la Familia Real, que atraviesa sus peores días de adversidad.

El mismo año, el amor de su vida, el duque de Brissac, era masacrado en plena calle por una multitud incontrolada, mientras era conducido como prisionero a París para ser juzgado por un supuesto delito de alentar sentimientos favorables a la monarquía en las filas de la Guardia Francesa; sus asesinos lanzaron su cabeza a los pies de la condesa horrorizada, tras forzar la puerta de su castillo de Louveciennes.

Injustamente acusada de ser un agente monárquico, de ayudar en sus dificultades económicas al rey, la Condesa Du Barry es arrestada y condenada a muerte por el Tribunal Revolucionario. Es guillotinada la mañana del 8 de diciembre de 1793. Sus últimas palabras delante de la guillotina fueron, dirigiéndose al verdugo: "Esperad un momento más, por favor..."
Esa mujer inofensiva amaba la vida y se resistía a abandonarla incluso delante del patíbulo.

Su único crimen fue ser la última "puta del rey-tirano", como tan bien se complacían sus enemigos en llamarla durante aquel juicio expeditivo.

 


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