miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL CONDE DE OURÉM




OURÉM_Conde de_Don Manuel José Francisco Antonio Caetano Estevao Bartolomeu de Bragança y Baviera-Neuburg, Infante de Portugal, Conde de Ourém (Palacio da Ribeira, Lisboa, Portugal, 03-08-1697 / Quinta de Belas, Belas, Sintra, Portugal, 03-08-1766). Fue el séptimo hijo de Don Pedro II, Rey de Portugal y de los Algarves, y de su esposa la reina Marie-Sophie de Baviera-Neuburg, y hermano menor del rey Juan V de Portugal que, por no querer obedecer al deseo real de entrar en las órdenes clericales, se fugó a Londres y recorrió Europa para ofrecer sus servicios al Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Su educación principesca le llevaría a idealizar la vida militar, a tener un alto concepto de sí mismo y de su posición, soñando con gloriosas hazañas, laureles y honores. A sus diez años, dejó escrito una sentencia que definía perfectamente su carácter: "Más deben los hombres perder la vida con honra que vivir en la infamia."

Destinado naturalmente a la carrera eclesiástica, el Infante Manuel se rebeló contra el deseo de su hermano a que accediera al capelo cardenalício por ser el menor de la Familia Real. Deseoso de llevar una vida llena de aventuras y, sobretodo, a ejercer una gloriosa carrera militar a pesar de que su país estuviera en paz con sus vecinos, el Infante se enfrentó al rey negándose a doblegarse ante su deseo de convertirle en un príncipe de la Iglesia. La tensa audiencia pública entre el monarca y su hermano se saldó con un bofetón real ante toda la corte al perder el rey su sangre fría. Tras la deplorable desavenencia, el humillado, encolerizado e indignado infante se dio a la fuga contando 18 años de edad.

Acompañado por tres personas que formaban su restringida comitiva, se distinguían entre ellos a un hijo del Conde de Tarouca, Manuel Teles da Silva, de su misma edad, y a dos jóvenes criados más un repostero y otro de servicio general, el Infante Manuel se daba a la fuga con un puñado de joyas, 20 mil cruzados de plata y un pagaré del mismo valor (firmado por el comerciante Manuel de Castro Guimaraes con orden de cobro en Londres) en los bolsillos, embarcó secretamente a bordo de un barco británico destino a los Países-Bajos, el 5 de noviembre de aquel año de 1715.

Tras de si dejaba una extensa carta al rey Juan V, en la que justificaba su partida para atender el ofrecimiento de Viena a luchar contra los Turcos.

Una vez desembarcado en Amsterdam (14 de noviembre de 1715), donde fue recibido por el embajador Luis da Cunha, llevó una vida alegre y disipada que provocó las quejas del viejo diplomático: "Incesantes fiestas, carreras de trineos y bailes en las que danzaba hasta las 7 de la mañana me dejaban medio muerto, al tener que asistir..."; de Amsterdam pasó a La Haya donde el jolgorio siguió a lo largo de 3 meses más. Recibió allí la orden de su hermano de volver inmediatamente a Portugal. Desafiante, rehusó doblegarse y viajó a París, donde fue bien acogido por el Conde da Ribeira Grande y agasajado por la corte francesa. Una nueva orden de regreso por parte de Lisboa le empujó a huir de nuevo. De Francia pasó a Alemania y ofreció sus servicios al Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, primer ministro de Austria, para luchar contra los Turcos en Hungría. Aceptada su oferta por Viena, se le encontró 4 días después guerreando en la batalla de Petrovaradin, donde sufrió una herida sin importancia pero en la que se cubrió de gloria. Poco después, participó activamente en el asedio y captura de Timisoara.

En 1717, convertido en un oficial del Ejército Austríaco, siguió sirviendo bajo las órdenes del Príncipe Eugenio y participó en la conquista de Belgrado. Tras el Tratado de Passarowitz, que ponía un término a la guerra austro-turca (1718), fue agraciado con el rango de mariscal-de-campo de los Ejércitos Imperiales y obtuvo el mando de un regimiento de acorazados con una renta de 50 mil cruzados. Sin ocupación ni destino, el Infante Manuel se dedicó a viajar por todas las cortes europeas, viviendo una vida de placeres y frivolidades que hicieron correr ríos de tinta entre los escritores contemporáneos.

En 1728, se convirtió en uno de los candidatos barajados para obtener la mano de la rica Maria Zofia Sieniawska (1698-1771)*, gracias al respaldo de Viena, en un intento de conseguir una sólida posición en Polonia antes de la celebración de la elección de un nuevo monarca polaco. De sobras conocido en las cortes de Viena y de San Petersburgo, fue propuesto como el nuevo Rey de Polonia durante un breve tiempo en el curso del año 1733, y durante la Guerra de Sucesión Polaca. El fracaso de su candidatura polaca le desilusionó y le llevó a regresar a Portugal el 21 de octubre de 1734, al no tener los medios suficientes para seguir viviendo lejos de su país natal y sin el sustento de una pensión.

Regresado a la corte lisboeta, su hermano Juan V le asignó a residencia en el Palacio de los antiguos Señores de Belas (La Quinta de Belas, Sintra, propiedad del Conde de Pombeiro), bajo la estrecha vigilancia de su guardia, concediéndole también el título de Conde de Ourém y una pensión, amén del pago de sus deudas pero vetándole el acceso a la corte. Instalado en su nueva residencia, pasó sus 32 ultimos años como un mecenas sin grandes medios económicos pero rodeado de una animada corte de escritores y artistas.

Murió soltero el día de su 69º cumpleaños y fue sepultado con honores en el Panteón Real del Monasterio de Sao Vicente de Fora, de Lisboa.




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