Mostrando entradas con la etiqueta O. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta O. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL CONDE DE OURÉM




OURÉM_Conde de_Don Manuel José Francisco Antonio Caetano Estevao Bartolomeu de Bragança y Baviera-Neuburg, Infante de Portugal, Conde de Ourém (Palacio da Ribeira, Lisboa, Portugal, 03-08-1697 / Quinta de Belas, Belas, Sintra, Portugal, 03-08-1766). Fue el séptimo hijo de Don Pedro II, Rey de Portugal y de los Algarves, y de su esposa la reina Marie-Sophie de Baviera-Neuburg, y hermano menor del rey Juan V de Portugal que, por no querer obedecer al deseo real de entrar en las órdenes clericales, se fugó a Londres y recorrió Europa para ofrecer sus servicios al Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Su educación principesca le llevaría a idealizar la vida militar, a tener un alto concepto de sí mismo y de su posición, soñando con gloriosas hazañas, laureles y honores. A sus diez años, dejó escrito una sentencia que definía perfectamente su carácter: "Más deben los hombres perder la vida con honra que vivir en la infamia."

Destinado naturalmente a la carrera eclesiástica, el Infante Manuel se rebeló contra el deseo de su hermano a que accediera al capelo cardenalício por ser el menor de la Familia Real. Deseoso de llevar una vida llena de aventuras y, sobretodo, a ejercer una gloriosa carrera militar a pesar de que su país estuviera en paz con sus vecinos, el Infante se enfrentó al rey negándose a doblegarse ante su deseo de convertirle en un príncipe de la Iglesia. La tensa audiencia pública entre el monarca y su hermano se saldó con un bofetón real ante toda la corte al perder el rey su sangre fría. Tras la deplorable desavenencia, el humillado, encolerizado e indignado infante se dio a la fuga contando 18 años de edad.

Acompañado por tres personas que formaban su restringida comitiva, se distinguían entre ellos a un hijo del Conde de Tarouca, Manuel Teles da Silva, de su misma edad, y a dos jóvenes criados más un repostero y otro de servicio general, el Infante Manuel se daba a la fuga con un puñado de joyas, 20 mil cruzados de plata y un pagaré del mismo valor (firmado por el comerciante Manuel de Castro Guimaraes con orden de cobro en Londres) en los bolsillos, embarcó secretamente a bordo de un barco británico destino a los Países-Bajos, el 5 de noviembre de aquel año de 1715.

Tras de si dejaba una extensa carta al rey Juan V, en la que justificaba su partida para atender el ofrecimiento de Viena a luchar contra los Turcos.

Una vez desembarcado en Amsterdam (14 de noviembre de 1715), donde fue recibido por el embajador Luis da Cunha, llevó una vida alegre y disipada que provocó las quejas del viejo diplomático: "Incesantes fiestas, carreras de trineos y bailes en las que danzaba hasta las 7 de la mañana me dejaban medio muerto, al tener que asistir..."; de Amsterdam pasó a La Haya donde el jolgorio siguió a lo largo de 3 meses más. Recibió allí la orden de su hermano de volver inmediatamente a Portugal. Desafiante, rehusó doblegarse y viajó a París, donde fue bien acogido por el Conde da Ribeira Grande y agasajado por la corte francesa. Una nueva orden de regreso por parte de Lisboa le empujó a huir de nuevo. De Francia pasó a Alemania y ofreció sus servicios al Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, primer ministro de Austria, para luchar contra los Turcos en Hungría. Aceptada su oferta por Viena, se le encontró 4 días después guerreando en la batalla de Petrovaradin, donde sufrió una herida sin importancia pero en la que se cubrió de gloria. Poco después, participó activamente en el asedio y captura de Timisoara.

En 1717, convertido en un oficial del Ejército Austríaco, siguió sirviendo bajo las órdenes del Príncipe Eugenio y participó en la conquista de Belgrado. Tras el Tratado de Passarowitz, que ponía un término a la guerra austro-turca (1718), fue agraciado con el rango de mariscal-de-campo de los Ejércitos Imperiales y obtuvo el mando de un regimiento de acorazados con una renta de 50 mil cruzados. Sin ocupación ni destino, el Infante Manuel se dedicó a viajar por todas las cortes europeas, viviendo una vida de placeres y frivolidades que hicieron correr ríos de tinta entre los escritores contemporáneos.

En 1728, se convirtió en uno de los candidatos barajados para obtener la mano de la rica Maria Zofia Sieniawska (1698-1771)*, gracias al respaldo de Viena, en un intento de conseguir una sólida posición en Polonia antes de la celebración de la elección de un nuevo monarca polaco. De sobras conocido en las cortes de Viena y de San Petersburgo, fue propuesto como el nuevo Rey de Polonia durante un breve tiempo en el curso del año 1733, y durante la Guerra de Sucesión Polaca. El fracaso de su candidatura polaca le desilusionó y le llevó a regresar a Portugal el 21 de octubre de 1734, al no tener los medios suficientes para seguir viviendo lejos de su país natal y sin el sustento de una pensión.

Regresado a la corte lisboeta, su hermano Juan V le asignó a residencia en el Palacio de los antiguos Señores de Belas (La Quinta de Belas, Sintra, propiedad del Conde de Pombeiro), bajo la estrecha vigilancia de su guardia, concediéndole también el título de Conde de Ourém y una pensión, amén del pago de sus deudas pero vetándole el acceso a la corte. Instalado en su nueva residencia, pasó sus 32 ultimos años como un mecenas sin grandes medios económicos pero rodeado de una animada corte de escritores y artistas.

Murió soltero el día de su 69º cumpleaños y fue sepultado con honores en el Panteón Real del Monasterio de Sao Vicente de Fora, de Lisboa.




miércoles, 30 de abril de 2014

EL Vº CONDE DE OÑATE



OÑATE_Vº Conde de_Don Íñigo Vélez de Guevara y Tassis, Señor de Salinillas, IIº Conde de Villamediana, Vº Conde consorte de Oñate, G.E. (Salinillas de Buradón, Álava, 1566 / Palacio de Oñate, Madrid, 31-10-1644). Fue un militar, político, diplomático y cortesano español.

Íñigo Vélez de Guevara era hijo de Pedro Vélez de Guevara, señor de Salinillas, y de María de Tassis, es decir que era nieto del Correo Mayor de España Raimundo de Tassis (hacia 1515-1579). Gracias a su matrimonio con Catalina Vélez de Guevara, hija del 4º Conde de Oñate, Pedro Vélez de Guevara, (con la cual estaba, por lo tanto, emparentado) se hizo con el título de Conde de Oñate, puesto que el único hermano de su esposa, el Conde Ladrón Vélez de Guevara, había muerto en la batalla de la armada española contra la flota inglesa en Dover en 1588. Tras la violenta muerte en 1622 en Madrid de su primo Juan de Tassis, Conde de Villamediana, Correo Mayor de España, heredó tanto su posición como el título y las armas de Conde de Villamediana.

Íñigo Vélez de Guevara fue primer gentilhombre de la Corte del rey Felipe III y estuvo a su servicio en las guerras de Flandes, donde fue hecho prisionero. Sirvió al rey en numerosas misiones diplomáticas, en la corte del Duque Manuel de Saboya, en Hungría y, finalmente, en la corte del emperador Matías I en Viena, a quien, dado que no tenía hijos, ayudó a asegurar la sucesión de la corona austríaca en la figura del archiduque Fernando, que sería posteriormente el emperador Fernando II.

Bajo el dominio del emperador Fernando II permaneció también en la corte en Viena como embajador de la Corona española. Tomó partido abiertamente contra Wallenstein, a cuya caída contribuyó decididamente.

En la Corte española Vélez gozaba de una altísima consideración que hizo que se pensara en él como posible sucesor del Duque de Lerma como valido de Felipe IV, a pesar de que el favorito del rey era Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, enemigo declarado de Vélez. Pero Vélez de Guevara exigió demasiadas concesiones para sí y para sus hijos, y esto tuvo como consecuencia que perdiera el favor real, hasta el punto de que tras la deposición de Olivares, se nombró en su lugar a Don Luis de Haro.

Don Íñigo Vélez de Guevara murió en 1644 en Madrid. Ocupaba entonces la posición de consejero real y presidente del Consejo Real. Su hijo, Don Íñigo, quiso enterrarlo con grandes horones en la iglesia de San Felipe en Madrid. Pero el rey lo encontró inadecuado, ya que hacía poco había fallecido su esposa la reina Isabel de Francia (el 6 de octubre de 1644), por ello ordenó que se eliminara la decoración fúnebre e impuso a Don Íñigo una multa de 4.000 reales.




Descendientes:


De su matrimonio con Doña Catalina Vélez de Guevara, Vª Condesa de Oñate, G.E.:


-Pedro Vélez de Guevara, VIº Conde de Oñate -murió en Milán tras una caída de caballo-.


-Juan Vélez de Guevara, VIIº Conde de Oñate.

-Iñigo IV Vélez de Guevara, VIIIº Conde de Oñate y IIIer Conde de Villamediana, G.E. (1597–1658), Virrey de Nápoles de 1648 a 1653; c.c. Antonia Manrique de La Cerda, hija de los Marqueses de Aguilar de Campoo; padres de:


-Catalina Vélez de Guevara, IXª Condesa de Oñate y IVª Condesa de Villamediana, G.E.; c.c. 1º/ Beltrán Vélez de Guevara, Ier Conde de Campo Real y Ier Marqués de Monreale, G.E.; c.c. 2º/ Ramiro Núñez de Guzmán, Duque de Medina de Las Torres, Virrey de Nápoles => con descendencia.

-Mariana Vélez de Guevara, c.c. Juan Domingo Ramírez de Arellano, Conde de Aguilar de Inestrillas.


-Felipe Manuel Vélez de Guevara (+1642), -mando de las tropas reales, cayó en 1642 en Perpignan-.

-Beltrán Vélez de Guevara, Ier Conde de Campo Real, Ier Marqués de Monreale, G.E., virrey de Cerdeña.

-María-Ana Vélez de Guevara, c.c. Don Antonio María († 1678), 3° Principe di Musocco, desde 1656 1er Marqués di Melzo

-María Angeles, monja

-Catalina, monja

-María, monja




sábado, 16 de marzo de 2013

EL Ier DUQUE DE OTRANTO




OTRANTO_Ier Duque de / 1er Duc d'_Joseph Fouché, Conde del Imperio, 1er Duque de Otranto (Le Pellerin, Nantes, 21-05-1759 / Trieste, Italia, 26-12-1820); fue profesor, diputado, senador, ministro de la Policía Francesa en tres ocasiones y bajo distintos regímenes, y presidente del Gobierno Provisional de 1814.

Personaje político francés, nació en Le Pellerin, departamento del Loira-Atlántico, en 1759 y falleció en Trieste (Italia norte-oriental) en 1820. De aspecto físico endeble, de frágil salud, se vió compensado por una inteligencia extraordinaria. Hijo de un oficial de Marina mercante, Joseph Fouché entró en el seminario del Oratorio de Nantes, dónde recibió las órdenes menores.

Profesor de ciencias en Saumur, luego en Vendôme, Juilly y finalmente en Arras dónde conoció a Maximilien de Robespierre, Fouché volvió a Nantes para ser elegido diputado de la Convención en 1792.

Votó la muerte sin sobreseimiento del rey Luis XVI y organizó la Guardia Nacional de Nantes, reclutando a voluntarios contra los rebeldes de La Vendée. Participó activamente en la "descristianización" de los departamentos de La Côte-d'Or y de La Nièvre.

En compañía de Collot d'Herbois, reprimió la revuelta de Lyon practicando el terror. Su acción sanguinaria en Nevers fue condenada por los Jacobinos y, acusado por Robespierre, fue excluído de la Sociedad. Tras sembrar el terror, fue apodado "el Carnicero de Lyon".

Perseguido al día siguiente de la insurrección del 1er Germinal del Año III (21 de marzo de 1795), arrestado, es liberado y obra por cuenta de Paul de Barras, su benefactor. Se convierte en ministro de la Policía el 30 Prairial Año VII (18 de junio de 1799), y detiene a los directores durante el Golpe de Estado del 18 Brumario Año VIII (9 de noviembre de 1799), habiendo puesto a disposición del General Bonaparte su red de espías. Mantenido en su puesto ministerial por los cónsules, reorganiza su ministerio y desarrolla los servicios de espionaje.

Opuesto al consulado vitalicio, es destituído pero se convierte en senador y sigue informando al Primer Cónsul (Napoleón Bonaparte). Aliado al 1er Imperio Napoleónico, vuelve a retomar su cartera de ministro de la Policía en 1804, permaneciendo en el puesto hasta 1810. Agraciado con el título de Conde del Imperio (Conde Fouché) en 1808, se convierte en Duque de Otranto en 1809, siendo nuevamente cesado por haber intrigado con Wellesley y con el Príncipe de Talleyrand-Périgord.

Nombrado gobernador de las Provincias Ilirianas en 1813, trahiciona al emperador junto con Murat en 1814, y se encuentra en París para ofrecer al Conde de Artois (futuro rey Carlos X de Francia) la Lugartenencia General del Reino tras los desastres imperiales.

Sospechoso de intrigar con los republicanos durante la Primera Restauración (1814), es nuevamente nombrado ministro de la Policía durante el Imperio de los Cien Días. El 9 de julio de 1815, Luis XVIII le nombra ministro y embajador a la corte de Dresden pero, cuando los regicidas (todos los que votaron la muerte de Luis XVI durante la Revolución) son proscritos por la Ordenanza de 1816, abandona Francia para instalarse en Trieste (Italia), donde fallecería dejando una inmensa fortuna (14 millones de Francos).

Fouché había contraído matrimonio en 1792 con Bonne-Jeanne Coiquaud (1763-1812) y, en segundas nupcias con la nobilísima Ernestine de Castellane-Majastre, alianza que produjo un sonado escándalo en los círculos aristocráticos franceses de la época. Padre de seis hijos, de éstos sobrevivieron dos: Armand, Conde Fouché y 2º Duque de Otranto (1800-1878) que falleció sin descendencia, y Athanase, Conde Fouché y 3er Duque de Otranto (1801-1886) que contrajo un primer matrimonio con la baronesa sueca Christina Palmstierna (1799-1826), un segundo con otra baronesa sueca Adelheid von Stedingk (1802-1863) y un tercero con Véronique Marx (1846-1887), con descendencia en distintos nobles linajes suecos como los Condes Bielke, por citar uno.

Dotado de un aplomo sorprendente, tuvo el siguiente intercambio de palabras con Napoleón:

Napoleón: -"¿Habéis sido sacerdote?"

Fouché: -"Si, Sire Napoleón."

Napoleón: -"¿Y habéis votado la muerte del Rey?"

Fouché: -"Es el primer servicio que he rendido a Vuestra Majestad."

 

FOUCHÉ

según Stefan Zweig



Escrita en 1929, esta biografía de Joseph Fouché (1759-1820) desde la Revolución Francesa hasta la caída y postrimerías del Imperio napoleónico descubre la psicología de un animal político excepcional. "Traidor nato, miserable, intrigante, puro reptil, tránsfuga profesional, vil alma de corchete, deplorable inmoralista", son los calificativos que la historia guarda para este personaje.
Un hombre que en 1790, antes de la revolución francesa, era profesor en un seminario, en 1792 saqueaba y quemaba las iglesias, votó a favor de la muerte de Luis XVI y María Antonieta, en 1793 era un exaltado ministro jacobino, cinco años después era multimillonario, diez años más tarde era duque y ministro nombrado por Napoleón y en 1815 se casa bendecido y nombrado de nuevo ministro por el rey Luis XVIII, hermano del rey a quien Fouché pidió asesinar. Y mientras todo eso sucedía, por su puerta iban pasando los cadáveres de los hombres más poderosos de Francia, Luis XVI, Robespierre, Napoleón...

Su secreto siempre fue "cambiar rápidamente de chaqueta siguiendo la nueva dirección del viento". "Estos osados virajes, este descarado pasarse al otro bando a plena luz del día, esta huida al lado del vencedor, son el secreto de Fouché en la lucha". Por eso, en plena fiebre de la guillotina francesa, ante las acusaciones de excesivamente moderado puede defenderse con sus sentencias de muerte cuando fue gobernador de Lyon. Y si son los moderados quienes la acusan de sangriento, podrá recordar que son los jacobinos quienes le acusan de moderado.

"Los gobiernos, las formas de Estado, las opiniones, los hombres cambian, todo se precipita y desaparece en ese furiosos torbellino del cambio de siglo, solo uno se queda siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y todas las ideas: Joseph Fouché". Después abandonará y traicionará a todos, "a los girondinos, a los partidarios del Terror, a Robespierre y los termidoristas, a Barras, su salvador, al Directorio, a la República, al Consulado, a Napoleón, a Luis XVIII". Porque la traición en Fouché no es tanto "su intención, su táctica, como su más auténtica naturaleza (...). En la lucha no está con nadie, al final de la lucha siempre con el vencedor."

Sus enfrentamientos con los tres hombres más poderosos de Francia en su época, Robespierre, Napoleón y Luis XVIII provocarán los episodios más psicológicamente excitantes de la Historia de la Revolución. A punto de perder la vida a manos de cualquiera de ellos, los pudo sortear e incluso pisotear cuando llegó el momento.

Uno de los secretos de Fouché es la discreción, nunca estaría en primera línea del combate político e ideológico, lo suyo eran las bambalinas. Escondido entretelones "siempre es otro el que paga con su sangre por las palabras y la política de Fouche´".

Incluso los duros momentos de la vida de Fouché sirven para mejorarlo y endurecerlo, "para el verdaderamente fuerte, el exilio jamás es una minoración, sino un reforzamiento de sus fuerzas".
La narración descubre momentos antológicos. Como cuando siendo ministro de Policía en el Termidor de la Revolución en 1799 entra en el club radical de los jacobinos acompañado de los gendarmes. Sus miembros, creyendo ver en él a su antiguo compañero ideológico se ponen en pie. Sin titubear, Fouché sube a la tribuna donde antes lanzaba sus arengas y declarar lisa y llanamente cerrado el club sin que a nadie le de tiempo a reaccionar. "Una vez que la sala está vacía, camina tranquilamente hacia la puerta, la cierra y se guarda la llave en el bolsillo. Y con esa vuelta de llave termina realmente la Revolución francesa".

Durante su cargo de ministro, la diplomacia y el manejo de la información fueron su secreto. "¿Por qué hacerse impopular con ningún partido, con los jacobinos o los realistas, con los moderados o los bonapartistas, mientras no se sepa cuál estará la timón mañana?".

En las vísperas de la llegada al poder de Bonaparte, Fouché logra aparentar fidelidad a todos. "Si Bonaparte se impone, naturalmente esta noche Fouché será ministro y fiel servidor; si fracasa, seguirá siendo el fiel servidor del Directorio, dispuesto gustosa y fríamente a encarcelar a los rebeldes".
En 1804 Fouché vuelve a ser ministro nombrado ahora por Napoleón. "Por quinta vez, Joseph Fouché presta un juramento de fidelidad; el primero fue al entonces todavía gobierno real, el segundo a la República, el tercero al Directorio, el cuarto al Consulado".

En junio de 1815, con la definitiva caída de Napoleón, Fouché alcanza su zenit del poder. "A sus cincuenta y seis años (...), de pequeño y pálido hijo de comerciantes a triste y tonsurado profesor de curas, luego tribuno de la plebe y procónsul, finalmente duque de Otranto, servidor de un emperador, y ahora, por fin, servidor de nadie más, por fin gobernante único de Francia. La intriga ha triunfado sobre la idea, la habilidad sobre el genio. Una generación de inmortales ha caído a su alredadedor. Mirabeau muerto, Marat asesinado, Robespierre, Desmoulins, Danton guillotinados, su compañero de consulado Collot en el destierro en las islas de las Fiebres de Guayana, Lafayette liquidado, todos, todos muertos y desaparecidos, sus compañeros de la Revolución".

"Y como ya no tiene señor alguno al que traicionar, no le queda otra cosa que traicionarse a sí mismo, a su propio pasado. Devolver la Francia vencida a su antiguo soberano fue en ese instante una auténtica hazaña, policía correcta y audaz". Es entonces cuando vende Francia a Luis XVIII a cambio de un puesto de ministro. El nuevo rey tendrá que admitir en su gobierno a quien veintidós años antes condenó a muerte a su hermano. La primera función de Fouché como ministro será elaborar la lista negra con todos los nuevos proscritos que no demostraron lealtad al rey. Así lo hará sin dudarlo. "Solo falta uno, el de Joseph Fouché, el duque de Otranto. Aunque en realidad no falta. También el nombre del duque de Otranto está en esa lista. Pero no en el texto, como el de un ministro napoleónico acusado y proscrito, sino como ministro del rey, que envía a la muerte o el exilio a todos sus compañeros: como el de verdugo".

Sin embargo, poco le duró la excepción. Quien trajo a Luis XVIII al trono de Francia es ahora bajo este rey excluido de toda amnistía y condenado al destierro de por vida de Francia. Se diría que el mayor traidor ha sido traicionado y superado en deslealtad por el Borbón Luis XVIII. ¿Se llevará ese carácter en el código genético como la "capacidad" de reinar?. "Tarde, pero con intereses de usura, Fouché tendrá que pagar ahora su culpa de no haber servido jamás a una idea, a una pasión moral de la Humanidad, sino siempre y únicamente al favor perecedero del momento y de los hombres".

Pero por muy excitante y excepcional que fuese la vida de Fouché ningún placer encontraríamos en conocerla sin la brillante pluma del autor de esta biografía, Stefan Zweig. Nacido en Viena en 1881, hijo de un poderoso industrial, y muerto en Brasil en 1942,durante sus años de juventud recorrió Europa, trabajando como traductor y colaborando en distintas publicaciones. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, manifestó su posición pacifista. Ante la implantación cada vez mayor de las fuerzas nazis en Austria, emigró a Londres. Fue en Salzburgo donde escribiría sus mejores obras. Entre ellas destacan "Cuerdas de plata", un ejemplar donde reúne su poesía, y novelas como "Jeremías", "Amok", "El jugador de ajedrez", "La piedad peligrosa" o "La confusión de los sentimientos". Además de la biografía de Fouché escribió la de algunos de los personajes más grandes de la literatura como Dickens o Balzac o de personajes históricos como María Antonieta o Erasmo de Rótterdam.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

EL IIIer DUQUE DE OSUNA




OSUNA_IIIer Duque de_Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar, IIIer Duque de Osuna, G.E., IIIº Marqués de Peñafiel, VIIº Conde de Ureña, Caballero de la Orden del Toisón de Oro, etc. (Osuna, 17-12-1574 / Barajas, 24-09-1624).

Noble, político, militar y cortesano español más conocido bajo el apelativo de El Gran Duque de Osuna, que fue virrey y capitán-general de Sicilia y de Nápoles sucesivamente bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV de España.

Hijo de Juan Téllez-Girón de Guzmán, IIº Duque de Osuna, y de Ana María de Velasco y Tovar, hija del IVº Duque de Frías, Condestable de Castilla.

De niño, se trasladó junto con sus padres y abuelo, el Ier Duque de Osuna (Pedro Téllez-Girón y de La Cueva), a Nápoles cuando éste fue nombrado virrey de aquel reino italiano en 1582. Huérfano de madre, estuvo al cuidado de su abuelastra Isabel de La Cueva y Castilla (hermana del VIº Duque de Alburquerque), y su formación académica le fue proporcionada por Andrea Savone, literato y humanista que le enseñó el latín, historia, geografía, compaginando sus estudios con la formación de caballero: esgrima, equitación,...

De vuelta a España, su abuelo lo envió a la Universidad de Salamanca para completar su educación y estudiar retórica, filosofía y derecho.

El 7 de febrero de 1594, casaba en Sevilla con Catalina Enríquez de Ribera, hija del opulento IIº Duque de Alcalá de los Gazules y nieta, por su madre, de Hernán Cortés.

Convertido ya en Marqués de Peñafiel tras la muerte de su abuelo en 1590 -título de los herederos de la Casa de Osuna-, hizo un viaje instructivo por Portugal antes de verse nombrado para formar parte de la embajada española a París, concluyéndose allí la Paz de Vervins.

El 13 de septiembre de 1590, fallecía en la Villa y Corte de Madrid su abuelo. Una década después, en 1600, fallecía a su vez su padre, convirtiéndole en el IIIer Duque de Osuna y Grande de España, y en la segunda fortuna española después de los Duques de Medina Sidonia.

Sus inicios en la corte se distinguieron por su pronunciado libertinaje sexual, sus escándalos, riñas y encontronazos con la Justicia, por lo que el rey Felipe III lo desterró a Sevilla. Dada la persistencia de su actitud inmoral en la capital andaluza, sería nuevamente obligado a retirarse en su villa de Osuna y, finalmente, apresado en Arévalo. Gracias a la ayuda de su tío el Duque de Frías, escapó de su prisión y marchó a combatir en los Países-Bajos como simple soldado. Agasajado en París y luego en Bruselas por el Archiduque Alberto y la Infanta Isabel-Clara-Eugenia, encontró su hueco en la compañía del capitán Diego Rodríguez, con una paga de 4 escudos mensuales. Tiempo después, le dieron el mando de dos compañías de caballería.

Su estancia en los Países-Bajos españoles duró 6 años, en los que demostró sobrada valía y arrojo en las batallas.

En 1604, se encontraba en Londres, junto con su tío el Duque de Frías, en las celebraciones del tratado de paz entre Jacobo I de Inglaterra y Felipe III de España.

En 1606, pierde el dedo pulgar de la mano derecha durante el asalto a la Plaza de Grol, que le es arrancado de un balazo de mosquete. Aunque prontamente recuperado, tuvo que hacer un aprendizaje intenso para adquirir soltura como zurdo: escribir, sostener y manejar la espada, la pistola y el tenedor con tanta soltura como cuando lo hacía siendo diestro.

Pese a sus eminentes y loables servicios, Osuna chocó frontalmente con el Archiduque Alberto de Austria cuando éste inició las conversaciones de paz con el Príncipe Mauricio de Orange, estatúder de Holanda. Radicalmente contrario a las negociaciones con los holandeses, Osuna fue conminado a dejar Bruselas y regresar a Madrid. Fue, sin embargo, recompensado con el collar de la Orden del Toisón de Oro.

De vuelta a Madrid, el Duque de Osuna fue recibido en audiencia privada por el rey Felipe III para, luego, dar cuenta de sus hechos en Flandes ante el Consejo en pleno, a lo largo de 2 horas. De allí salió nombrado gentilhombre de cámara, miembro del Consejo de Portugal y consejero privado de Su Majestad en los asuntos de Flandes y negociaciones con las Provincias Unidas.

Por otro lado, consiguió para su hijo y presunto heredero, Juan Téllez-Girón, Marqués de Peñafiel, la mano de Isabel de Sandoval, hija del Duque de Uceda y nieta del Duque de Lerma, validos del rey, lo que supuso la apertura, para él, de todas las puertas a los puestos más altos del Estado.

En febrero de 1610, Osuna era nombrado por el Consejo y por el rey, nuevo virrey del reino insular de Sicilia (confirmación del 18-09-1610). Llegado a la isla el 9 de marzo de 1611, se encontró con una situación desastrosa: el erario público se había declarado en bancarrota; se falsificaba y adulteraba la moneda; la inflación era galopante; los ladrones asaltaban comercios en pleno día, era imposible viajar sin una fuerte escolta armada hasta los dientes; el sistema judicial arbitrario, completamente corrompido y en manos de los nobles locales, y las cárceles sobrepobladas... Y, para colmo, la escuadra siciliana estaba desarmada, desorganizada y conformada por hombres de la peor calaña.

Como nuevo virrey, Osuna obró milagros para reconducir la paupérrima situación siciliana: restituyó el crédito de la hacienda, restableció la moneda, ajustó los impuestos, equilibró los presupuestos y consiguió aumentar la recaudación. Los caminos y las calles fueron limpiadas de salteadores y ladrones. Restauró la autoridad y libertad de los jueces y magistrados, se abrieron las cárceles y cesaron los arrestos arbitrarios.

Con mucha astucia, tesón y disciplina, consiguió reformar y consolidar la armada siciliana hasta llevarla al primer rango en eficacia y poder disuasorio ante la amenaza naval de turcos y berberiscos. Por otro lado, logró autorización real para conceder patentes de corso a capitanes de buques de su propiedad, dando una quinta parte de los botines obtenidos al rey Felipe III, otra quinta a la Real Hacienda y otro tanto a sus hombres convertidos en corsarios. El grueso de la rapiña llenaba sus arcas, facilitándole los medios para construir más buques y financiar los de la Corona Española.

Impresionado por la gran labor del duque-virrey, Felipe III le concedió el virreinato de Nápoles en junio de 1616, para que obrara los mismos milagros en un reino también afectado por muchos desórdenes. Renovó el éxito por segunda vez y, encima, se hizo con el dominio del Mar Adriático.

Sin embargo, sus contínuas acciones corsarias, sus choques con la Serenísima República Veneciana, celosa del poderío naval recién adquirido por el virrey, y su actitud desafiante ante las órdenes del Consejo Real (que consideraba perjudiciales para la Monarquía Hispánica) empezaron a malmeter sus excelentes relaciones con la corte de Madrid.

La famosa "Conjura de Venecia", urdida por la Serenísima, arruinó la reputación del Duque de Osuna, y puso al descubierto todo un entramado de sobornos en la corte española: desde el Duque de Uceda hasta el confesor del Rey Felipe III, eran untados con dinero contante y sonante, y regalos carísimos que venían directamente de Nápoles. A los sobornos, se unieron las maledicencias de parte de la aristocracia napolitana, enemistada con el virrey, acusándole de planear independizarse de España y soñar con coronarse rey de Nápoles aprovechando su poderío naval y su gran popularidad entre el pueblo.

Tras la caída en desgracia del Cardenal-Duque de Lerma en 1618 y su reemplazo por su propio hijo, el Duque de Uceda, se inició en la corte española una purga contra destacados miembros de la administración anterior. A esto se sumó la influyente intervención del fraile Lorenzo de Brindisi (agente de esa nobleza napolitana enemistada con el virrey) ante el rey Felipe III, que tuvo lugar en Lisboa en mayo de 1619, y en la que se atacó al Duque de Osuna denunciando sus abusos de poder y sus supuestos planes de independización.

Olvidando los grandes servicios brindados a la Corona, Felipe III ordenó que Osuna regresara a Madrid para que respondiera de todos los cargos presentados contra él (1620). El 28 de mayo de 1620, el duque abandonaba su cargo y se presentaba ante el Consejo Real.

Mientras Osuna pacientaba para obtener audiencia con el Rey, éste falleció el 31 de marzo de 1621. Considerado un "obstáculo" que había que silenciar y abatir por la camarilla de Baltasar de Zúñiga y el Conde de Olivares, el duque fue detenido y encarcelado sin brindarle jamás la oportunidad de tener un juicio justo.

De prisión en prisión, el Duque de Osuna nunca volvería a recobrar la libertad ni ser rehabilitado. El 24 de septiembre de 1625, fallecía enfermo y abatido por su suerte.

De su matrimonio con Catalina Enríquez de Ribera y Cortés de Zúñiga, hija de los Duques de Alcalá de los Gazules, tuvo dos hijos:

-Juan Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1598-1656), IVº Duque de Osuna, G.E.

-Antonia Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1610-1648), c.c. Francisco Fernández de Castro, IXº Conde de Lemos, G.E.

De sus deslices extramatrimoniales, tuvo 4 hijos ilegítimos: dos hijas y dos varones.