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domingo, 14 de diciembre de 2014

EL IIº BARÓN DE BASSOMPIERRE




BASSOMPIERRE_IIº Barón de / 2ème. Baron de_François de Bassompierre d'Haroué, Ier. Marqués d'Haroué, IIº Barón y Señor de Bassompierre o de Bettstein (Castillo de Haroué, Lorena, Francia, 12-04-1579 / Provins, Brie, 12-10-1646). Fue un cortesano, general y Mariscal de Francia, Caballero de la Real Orden del Espíritu Santo, que también ejerció puntualmente de embajador extraordinario del rey de Francia en Madrid, Suiza y Londres, de Coronel-General de los Cien-Suizos y Grisones y de Capitán de La Bastilla de París, en la que pasaría encarcelado toda una década por haber casado secretamente con la Princesa Viuda de Conti, hija del Duque Enrique I de Guisa, sin el permiso del rey y del Cardenal de Richelieu.

El Mariscal de Bassompierre, hombre con buen juicio e ingenio, hábil y prudente cortesano, galante y fastuoso, embajador de gran presencia, valiente soldado y de buen consejo, es un personaje de su tiempo. "Bon vivant", gran vividor, goza de una magnífica salud; le permitirá recibir sin demasiado perjuicio terribles heridas y llevar una existencia llena de galanteos y opíparos festines, que la edad no habría calmado de no haber sido encarcelado por el Cardenal de Richelieu. En esa época de vida apasionada, a su vez grosera y refinada, a menudo frenética, Bassompierre parece sobretodo haber sido dotado de un sólido juicio que, en varias ocasiones, le fue muy útil. Poseía un ingenio vivaz que le permitía tener siempre una respuesta para todo, una prudencia a veces excesiva, aunque gracias a ella supo maniobrar con habilidad entre los escollos de la política cortesana, guardándose mucho de pertenecer a un partido que no fuera otro que el del rey. Gozando del favor de Enrique IV y de Luis XIII, llevó felizmente su carrera obteniendo grandes empleos en los ejércitos y al extranjero como representante de Francia. Finalmente, su prestancia, su rostro saludable y su desenvoltura le procuraron numerosos éxitos entre el sexo femenino. Fue el hombre de moda, galante, gran jugador, magnífico y generoso.




François de Bassompierre, Marqués de Haroué, nació el 12 de abril de 1579 en el castillo de Haroué (Lorena) y falleció en un hostal de Provins el 12 de octubre de 1646. Era hijo de un linajudo gentilhombre de Lorena, el Barón Christophe de Bassompierre (1535-1596) y de Louise Le Picart, Dama de Radeval (1542-1615), cuyo abuelo había afrancesado su nombre germano de Von Bettstein en De Bassompierre; sus padres cuidaron su educación y formación académica para destinarle a la carrera militar y mundana, y no repararon en gastos para que ampliara su cultura viajando por toda Italia. Fue compañero de armas del rey Enrique IV y sirvió a su hijo Luis XIII. Si inicialmente fue un oficial de los ejércitos franceses, consiguiendo el grado de mariscal de Francia en 1622 después de ser coronel general de los Suizos (1614), también se vio encomendar misiones diplomáticas extraordinarias que le llevaron a ser embajador de Luis XIII en Madrid (1621) y en Londres (1626).

Su vida amorosa es una de las más prolíficas de la corte gala, ya que no era fiel a sus conquistas femeninas. Entre ellas, se han de resaltar dos damas de gran importancia: Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues, hermana de la Marquesa de Verneuil (favorita oficial de Enrique IV), y Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, Princesa de Contí.

Cayó enamorado de la joven hermana de la Marquesa de Verneuil, allá por el año de 1604. Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues era hija de la antigua favorita del rey Carlos IX, Marie Touchet, y era de sobras conocida en la corte por su conducta ligera con el sexo masculino. Bassompierre, entonces con 25 años de edad, iba de mujer en mujer como un zángano va de flor en flor, pero siempre volvía a reanudar su aventura con Marie-Charlotte quien, en la misma época, cedió a los avances del rey.

Enrique IV sentía celos del éxito de Bassompierre entre las damas de la corte y, poco dado a compartir sus objetivos, ordenó arbitrariamente que se anulase en 1609 el compromiso de éste con Charlotte-Marguerite, hija del Duque de Montmorency, con el pretexto que él también se había enamorado de la joven novia. De hecho, llevó aún más lejos el asunto cuando insistió para que la joven Montmorency casase con su primo el Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé, de sobras conocido por sus preferencias por los hombres guapos, y así asegurarse que ella tan solo sería para él.

En cuanto al éxito de Bassompierre con la hermana de la Verneuil, Enrique IV acabaría por lamentarse ante el Duque Carlos de Guisa: -"Ya lo veis, Entragues nos menosprecia para idolatrar a Bassompierre!". Y el Duque de Guisa se ofreció al monarca para desafiar en un duelo a Bassompierre... Tuvo lugar el encuentro en los jardines del Palacio del Louvre y el duelo resultó sangriento: Bassompierre fue gravemente herido por Guisa y, al arrancarse de su herida la espada del duque, sus vísceras salieron y cayeron sobre su regazo; se produjo entonces, y casi de inmediato, una terrible hemorragia. Los cirujanos acudieron a toda prisa para intentar contenerla y reponer sus vísceras en su sitio. Le tuvieron que vendar fuertemente aquella herida después de coserla en vivo. Gracias a su robusta salud, consiguió sobrevivir milagrosamente a aquella mortal estocada.



Fue en el curso de su difícil convalescencia cuando se produjo su primer encuentro con la princesa Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, hermana del Duque de Guisa, y con la cual anudó una sólida amistad. Sin embargo, la princesa estaba destinada por su familia a desposarse con un miembro cercano de la familia real, de treinta años mayor que él: Francisco de Borbón-Condé, 1er Príncipe de Contí (1556-1614), viudo de un primer matrimonio con Jeanne de Coësme, sin hijos y con la reputación de estar completamente idiotizado desde aquel día en que los ultracatólicos asesinaron bestialmente ante sus ojos a su preceptor protestante, siendo él un chiquillo. Al parecer, el príncipe nunca pudo superar aquel trauma infantil.

Casada con el Príncipe de Contí el 24 de julio de 1605, Louise-Marguerite tan solo pudo darle una hija en 1610, que tan solo tuvo tres semanas de vida. En el mismo momento del alumbramiento, Bassompierre asistía al bautizo del hijo de Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues (17 de agosto de 1610), en la iglesia de Saint-Paul. Se da la curiosa anécdota de que él era el padre de aquel niño bastardo llamado Louis (1610-1676). Éste, con el tiempo, entraría en las órdenes y se convertiría en el muy piadoso obispo de Saintes.

A partir del bautizo, la relación entre Bassompierre y su amante se degradaron rápidamente. Tuvo la imprudencia de firmar una promesa de matrimonio con Marie-Charlotte en los meses precedentes, pero se desdijo después de bautizar al hijo. Furiosa, Marie-Charlotte llevó el asunto ante los tribunales para exigir que mantuviera su palabra y casara con ella. Sin embargo, desde el asesinato del rey Enrique IV, la familia de Entragues había dejado de ser poderosa e influyente en la corte. La Reina-Regente María de Médicis, que execraba a la Marquesa de Verneuil desde el principio, y a la familia de ésta, aprovechó para vengarse de las afrentas pasadas sosteniendo públicamente a Bassompierre para que el asunto fuera desestimado y archivado por el Parlamento. Para colmo, la Princesa de Contí era una amiga fiel a la Reina y, tras la muerte de su marido acaecida en 1614, se convirtió en la amante secreta de Bassompierre. Con mucho secretismo, los amantes contrajeron matrimonio después de que la Santa Sede anulara públicamente el compromiso entre Bassompierre y la Señorita de Entragues (1621). Es más: tanto Roma como la Reina-Regente le prohibieron formalmente a Marie-Charlotte que tomase el nombre de "Madame de Bassompierre". Aún y así, Marie-Charlotte no toleró hacerse llamar de otro modo y, con aire desafiante, siguió en su empeño contra viento y marea. Compró un palacete en la Plaza Real (Place Royale), actual Plaza de los Vosgos en París, llevando en él una vida a su gusto, sin restricciones, y educando a su hijo Louis de Bassompierre con una pensión anual que le otorgaba el padre para ese fin.

Como muchas de esas damas "pecadoras", Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues acabó llevando una vida de ermitaña, haciendo numerosas donaciones para aliviar a los necesitados y enfermos, muriendo tranquilamente en París en 1664.

Entre 1621 y 1631, la Princesa de Contí, auténtica aunque secretísima "Madame de Bassompierre", dio a luz a un hijo de Bassompierre conocido bajo el nombre de François de La Tour de Bassompierre, y cuyo cuidado fue asumido por el padre.

En 1631, Bassompierre se había enemistado con el Cardenal de Richelieu, cordialmente detestado por la Princesa de Contí, y se vió condenado a pasar una temporada a la sombra, en una celda de La Bastilla*. La Princesa de Contí, encontrada culpable por haberse comprometido en un complot contra la Corona, fue exiliada lejos de la corte y enviada al castillo normando de Eu, propiedad del Duque de Guisa. Nunca perdonada, moriría en Eu el 30 de abril de 1631. En cuanto a su marido Bassompierre, Richelieu lo mantuvo encarcelado hasta enero de 1643, año de la muerte del rey Luis XIII y de la proclamación de su hijo Luis XIV.



Puesto que era tradición liberar a todos los presos en el momento de la ascensión al trono de un nuevo monarca, Bassompierre recuperó su libertad y recibió el perdón real asi como el permiso para volver a pisar la corte. Cuando regresó a París, François de Bassompierre tuvo serias dificultades para adaptarse a la nueva corte, pero su vieja amistad con la Reina-Regente Ana de Austria, madre del joven Luis XIV, hizo de él un privilegiado receptor de sus favores; ésta le devolvió su cargo de coronel general de los Suizos y le donó 400.000 libras. Envejecido, aquejado de sordera, Bassompierre tenía tendencia a parlotear sin mucha coherencia. Sin embargo, la gran educación y las refinadas maneras del sexagenario mariscal dieron lugar a que la Duquesa de Montpensier, prima-hermana del rey, sintiera por él un gran respeto y admiración por su natural elegancia. La sabia e irreprochable Madame de Motteville llegaría incluso a declarar que "los restos del Mariscal de Bassompierre valían mucho más que la falsa brillantez de los nuevos cortesanos."

Amante del buen yantar y aficionado a los pantagruélicos banquetes, la muerte le sobrevino mientras dormía en un hostal de Provins, fulminado por un ataque de apoplejía. Tenía tan solo 67 años.

A su muerte, parece ser (según algunos) que el hijo que había tenido con la Princesa de Contí le había precedido en la tumba, al quedar tan solo su primer hijo el Abad Louis de Bassompierre, futuro obispo de Saintes, como heredero suyo a efectos legales. El chico fue, desde su infancia, serio y cortés. Entró tempranamente en el seno de la Iglesia para convertirse en abad de Saint-Volusien de Foix (diócesis de Pamiers) y de Saint-Georges de Boscherville (diócesis de Rouen), y posteriormente en obispo de Saintes y Limosnero de "Monsieur", hermano de Luis XIV. Se distinguió por sus virtudes y su conciencia religiosa, por lo que las puertas de la corte y de los salones parisinos se le abrieron de par en par. Ingenioso conversador, se convirtió rápidamente en uno de los mejores amigos de la Marquesa de Sévigné. Tuvo un papel preponderante como mediador durante la Fronda y la querella de los Jansenistas, contribuyendo a pacificar los ánimos en el seno de la Iglesia Francesa... Cuando falleció el 1 de julio de 1676, su muerte fue unánimamente llorada.

El cronista por excelencia de aquella época, Tallemant des Réaux, escribió en su diario sobre el segundo hijo del Mariscal de Bassompierre habido con la Princesa de Contí: "Tuvo un hijo de la Princesa de Contí, que han llamado La Tour-Bassompierre; se cree que le habría reconocido si hubiese tenido la ocasión de hacerlo. Ese La Tour era valiente y apuesto. En un combate donde servía de segundo, teniendo que enfrentarse a un hombre que, desde hacía algunos años, le faltaba el antebrazo derecho pero que se había acostumbrado a servirse del brazo izquierdo, se dejó atar el brazo derecho para igualar al rival y, pese a todo, consiguió vencerle. Se alojaba en casa del Mariscal (de Bassompierre); desde entonces ha muerto de enfermedad."

Un autor, Antoine Adam, cita el diario del Mariscal de Bassompierre quien, muy discretamente, escribió a su vez a propósito de su hijo François de La Tour-Bassompierre: "La Tour, hijo de una princesa y de una persona ilustre, se ha marchado para ir con Gassion el treinta (30 de junio de 1640)..." Pese a la discreción del militar, sus dos paternidades ilegítimas fueron notorias y públicas. El magistrado Conde Olivier Le Fèvre d'Ormesson anotaría en su diario: "El martes 23 de octubre (de 1646), me enteré que el Sr. Teniente civil al levantar los sellados en casa de Monsieur de Bassompierre, Monsieur de La Tour se opuso en tanto que hijo natural y legítimo de éste y de Madame la Princesa de Contí, asi como el abad de Bassompierre, hijo natural y legítimo del mismo y de Madame de Bassompierre (se refiere a Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues) . De hecho, ésta había tomado el luto con las mismas ceremonias que las viudas de los mariscales de Francia."


Según las Memorias de Goulas (página 367, tomo II), el joven La Tour-Bassompierre no murió de enfermedad sino que cayó en acto de servicio en la costa de Nápoles, cerca de Salerno en 1648.

 


EL MARISCAL DE BASSOMPIERRE ANECDÓTICO





El famoso memorialista Duque de Saint-Simon, asegura en sus páginas que el Mariscal de Bassompierre obtuvo el favor real gracias al amor que compartía con el rey por la caza. Por aquel entonces, Bassompierre era el único gentilhombre autorizado a soplar en el cuerno del rey, ya que era el único capaz de soplar sin babear en él. Reseña también, entre otras anécdotas, su destreza para beber de su bota llenada de vino hasta arriba.

En cualquier caso, las "Historietas" de Tallemant des Réaux son mucho más jugosas que las de Saint-Simon: "La Reina-Madre, de la cual estaba secretamente enamorado, dijo: me gusta tanto París y tanto Saint-Germain, que quisiera tener un pie en uno y un pie en el otro. Y Bassompierre, que no pudo dejar pasar la ocasión, dio la estocada final: Y yo quisiera estar en Nanterre!"

Tan solo recordar que la villa de Nanterre se encontraba a medio camino entre París y Saint-Germain.

En otra anécdota, la Reina-Madre hizo una reflexión a Bassompierre cuando éste se había hecho con la capitanía de Manceaux: "Seguro que llevaréis allí a muchas putas!" y Bassompierre respondió: "Apuesto, Madame, que vos traeréis muchas más que yo!".

Un día en que Bassompierre se encontraba hablando con la Reina-Madre, concluyó que habían pocas mujeres que no fueran putas..."¿Y yo?" -preguntó la Reina-. "Ah! en cuanto a vos, Madame, vos sois la Reina!" -respondió Bassompierre.

Al poco de ser liberado y encontrándose el Mariscal de Bassompierre en los jardines del Palacio de Luxemburgo, una gran dama de la corte le saludó y felicitó por su libertad recobrada, añadiendo sorprendida: "Pero he os aqui muy blanquecino, Monsieur el Mariscal!" refiriéndose a sus cabellos llenos de canas. Y el mariscal, siempre rápido en su respuesta, le espetó: "Madame, yo soy como los puerros, la cabeza blanca y la cola verde!".

También supo dar buenos "cortes" a los altivos cortesanos, como el que dio al Duque de La Rochefoucauld en 1631, al ser arrestado. En otra ocasión, y esta vez al encontrarse con el altivo Duque de Vendôme, que le soltó con malevola intención: "Vos seréis, sin duda, del partido de Monsieur de Guise, pues amáis a su hermana Madame de Conti..." Y el mariscal, mordaz como de costumbre, le respondió enseguida: "Eso no tiene nada que ver; he amado a todas vuestras tías y no os amo más por ello."

Nota:

(*)_Se sabe que el Mariscal de Bassompierre fue encerrado en La Bastilla a partir de 1631, acusado (sin pruebas inapelables) de haber participado en una conspiración contra el Cardenal de Richelieu, primer ministro de Luis XIII. En realidad, las evasivas de Bassompierre al ser interrogado, le hicieron culpable de "conspiración" a ojos de Richelieu, cuando lo que pretendía era cubrir las espaldas a su esposa la Princesa de Contí, gravemente implicada en el complot. Algunos quieren ver en esa condena una "represalia" contra el mariscal al haber desposado secretamente a una princesa de la Familia Real sin consentimiento del rey... Fuesen los motivos que fuesen, Bassompierre pasó doce años en una celda de la fortaleza parisina y los aprovechó para escribir sus "Memorias", sin faltarle las comodidades que correspondían a su alto rango. Muy versado en literatura y poesía, en religión, en el arte de la guerra, véase también en astronomía y astrología, mató el tiempo cultivando su mente hasta que la muerte de Richelieu rompiera sus cadenas.

Según las anécdotas de la época, cuando arrestaron al Mariscal de Bassompierre, el Duque de La Rochefoucauld (el famoso autor) quiso reírse de él diciéndole: "He os aqui gordo, grueso, gris." Y Bassompierre le respondió: "Y vos, he os aqui teñido, pintado, maquillado." Y lo cierto es que La Rochefoucauld se había teñido la barba para esconder sus canas y coloreado la cara para borrar sus arrugas. Ofendido, La Rochefoucauld dio media vuelta y se alejó sin mediar palabra.

 


miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL IIIer. PRÍNCIPE DE CONDÉ




CONDÉ_IIIer Príncipe de / 3ème. Prince de_Henri II de Bourbon, IIIer. Príncipe de Condé, IIIer. Duque de Enghien, de Albret, Vº Duque de Montmorency y IIº Duque de Bellegarde, Primer Príncipe de La Sangre, Par de Francia, Conde de Sancerre, etc. (Saint-Jean-d'Angély, 01-09-1588 / Hôtel de Condé, París, 26-12-1646). Fue un príncipe de la 2ª rama de la Casa de Borbón, presunto heredero del trono de Francia y designado como presunto sucesor del rey Enrique IV desde 1589 hasta 1601. Ostentó y cumuló los tres mayores cargos u oficios de la Corona: el de Gran Maestre, de Montero Mayor y de Lobero Mayor del Reino de Francia, Caballero Gran Cruz de la Orden del Espíritu Santo y de San-Miguel, y fue nombrado Virrey de la Nueva-Francia (Québec, Canadá), asi como Gobernador de las provincias de Berry, Borbonesado y Borgoña. También fue Jefe del Consejo de Regencia y Generalísimo de los Ejércitos del Rey.

Sus padres fueron Enrique I de Borbón, 2º Príncipe de Condé y Carlota-Catalina de La Trémoïlle. Tuvo una hermana: Eleonora de Borbón-Condé, más tarde casada con el Príncipe de Orange. En 1609, contrae matrimonio con la joven y hermosísima Carlota-Margarita de Montmorency (1594-1650), una de las más ricas herederas de Francia. Dicha unión daría tres hijos:

-Ana-Genoveva, futura Duquesa de Longueville.

-Luis II, Duque d'Enghien y de Borbón, futuro 4º Príncipe de Condé.

-Armando I, Conde de La Marche y Príncipe de Conti.


El Personaje


Considerado como un bastardo pese a su legitimidad, vivió una infancia triste y anodina. A decir de los testigos, le tenían por mal aseado, cruel, depravado, avaro y demagogo. Educado por su madre en una fe católica de lo más intransigente, habiendo ésta abjurado de la fe protestante, fue considerado como inmediato sucesor al trono de Francia. Pero tras el nacimiento del Delfín Luis en 1601, Enrique II de Condé se vió relegado a un segundo plano y se alejó cada vez más de los peldaños del trono tras nacer sucesivamente los hijos del rey Enrique IV y de María de Médicis.

Pelirrojo, el semblante triste, había adquirido una sólida formación aunque le faltase cierto arrojo que tanto gustaba en la corte. Además, su reputación de homosexual no arreglaba mucho su situación aunque fuese físicamente atractivo y proporcionado. Tenía fama de excéntrico: un día de borrachera, atravesó la ciudad de Sens literalmente desnudo a lomos de su montura y acompañado por toda una pandilla de amigos igualmente desprovistos de ropa alguna.

Poco dado a la galantería, acerbo a veces, sabía sin embargo atraerse la simpatía de los que tenía necesidad o pudiesen servirle en algo. Propenso a ataques de cólera, tenía para remediar ese mal genio el don de saber hacerse perdonar por aquellos que había herido.

Igual que su rey y supuesto padre natural, Enrique IV de Francia, el Príncipe de Condé solía ir tremendamente sucio e impresentable: la barba mal recortada, los cabellos grasientos, no era lo que se dice un hombre pulcro en su aseo personal.


Amor y aventura


Enrique IV lo despreciaba hasta tal punto que le obligó a contraer matrimonio con la que deseaba convertir en su nueva amante oficial, Carlota de Montmorency, que tan solo contaba 14 primaveras y había reavivado la pasión de un rey ya en el apogeo de su madurez. Quiso entonces sustraerla a la vigilancia paterna, el Condestable de Francia, concibiendo el proyecto de casar a su "amiga" con un hombre sobradamente conocido por sus amistades masculinas (y sus inclinaciones sexuales, claro está). El Príncipe de Condé tuvo, pese a su inicial oposición, que someterse a la voluntad del monarca. Pero era contar sin el "encanto" de la joven, que pronto encendió las llamas de la pasión en su marido y, loco de celos, intentó por todos los medios que su mujer no volviese a ver al rey, yendo incluso a retenerla cautiva en sus tierras! Pero finalmente, tuvo que ceder...


La Princesa de Condé





Dícese que fue la mujer más hermosa de su época y que las viruelas ni siquiera pudieron afear sus hermosos rasgos, pese a dejar cicatrices en sus mejillas. Rubia, ojos azules, grácil y bien educada, tenía todas las virtudes necesarias para agradar.

Sin embargo, el idilio con su flamante marido no duró siempre: la princesa amaba demasiado la vida mundana y frecuentar los salones parisinos, donde la apodaban "la Perroquette" (el Lorito); y su marido siempre andaba carcomido por los celos!

Se dijo que, en realidad, la Princesa de Condé tan solo tuvo dos días alegres en su vida: el día de su boda, por el rango que adquiría, y el día de su viudedad, por la libertad recobrada!


Un cortesano político

"Elena de Troya"


Tras un nuevo altercado con el rey sobre su supuesta bastardía, raptó a su esposa para conducirla de castillo en castillo, para finalmente refugiarse en sus tierras de Bélgica. Pero temiendo una invasión francesa, el Gobierno de los Países-Bajos españoles tan solo autorizó que permaneciese la Princesa de Condé, y Enrique II tuvo que seguir hasta la ciudad de Colonia. La situación degeneró hasta tal punto que Enrique IV de Francia tomó la decisión de declarar la guerra a España, comparando incluso el incidente con el caso de Elena de Troya. La amenaza del conflicto cesó inmediatamente al morir asesinado el rey a manos de Ravaillac quien, sin saberlo, tenía tras de él a todo el partido español que no deseaba esta guerra. Enrique II de Condé no volvería a Francia hasta 1610, cuando se hizo pública la noticia del regicidio. Durante un tiempo, Condé se vió respaldado por el partido español para subir al trono, pero este proyecto acabó por ser desestimado ya que la regente María de Médicis era, ella misma, cabeza visible de ese partido.


El Consejo de Regencia



En 1611, Enrique II de Condé es nombrado virrey de Nueva-Francia por la regente. Incluído en el Consejo de regencia, exige todos los honores debidos a su rango de Primer Príncipe de La Sangre. Pero cuando el rey Luis XIII contrajo matrimonio con la Infanta de España Ana de Austria, Condé cambió de bando convirtiéndose en el gran protector del partido protestante francés. Se opuso, junto con los Príncipes rebelados, al valido Concino Concini y al partido italiano que, protegido por la regente, iba acumulando todos los honores y prebendas.

En 1612, recibiría de manos del rey Luis XIII la propiedad parisiense del Hotel de Gondi, rebautizado en "Hotel de Condé", adosado a la calle des Fossés, hoy día emplazamiento del Teatro del Odeón. Será de hecho su bisnieto quien mandará arrasar el palacio, para convertirlo en un lugar de arte y de cultura.


Los Estados Generales


 


En 1613, Enrique II de Condé da el primer paso y lanza un violento manifiesto contra el poder y provoca la convocación de los Estados Generales. El Gobierno de la regencia no teniendo el suficiente coraje para tomar las medidas necesarias, cedió ante los príncipes que habían abanderado la oposición política. Privado del sostén de los demás príncipes, Condé no supo aliarse con el Tercer Estado para conseguir el poder. Con el objetivo de pararle los pies, María de Médicis relevó a todos los ministros considerados "débiles" y llamó a su lado al Cardenal de Richelieu, pero guardando a su vera a su valido Concini. Habiendo recibido de la regente el gobierno de la provincia de Berry, Condé se refugió en sus tierras retirándose del escenario político para hacerse olvidar y esperando que los "horrores" del gobierno de Concini cayesen por su propio peso. Pero la maniobra es descubierta, la regente le ordena regresar a la corte prometiéndole todo lo que él quisiese. Aunque apareció en el Consejo bajo aspectos amables, no cesó con sus maniobras atacando la legitimidad del rey, como tampoco dejó de lado sus orgías que le hicieron contraer la sífilis.

En 1614, ordena reconstruir la iglesia de Vallery, convertida en necrópolis de todos los miembros de su familia y situadas las tumbas bajo el altar mayor.


La Cárcel


Opositor feroz a la política y sobre todo a la persona de Concini, valido de la regente, sus choques frontales con los demás miembros del Consejo se hacen patentes. Richelieu, temeroso de sus intrigas, le manda arrestar en plena sesión del Consejo en 1616. Permanecería tres años encarcelado en el castillo de Vincennes.

Preso ilustre, pide que con él se reúna su esposa Carlota de Montmorency. Poco tiempo después, la princesa da a luz, y por dos veces consecutivas, niños nacidos muertos: uno en 1617, y un par de gemelos en 1618. Haría falta esperar hasta un nuevo alumbramiento para que naciera su primera hija: Ana-Genoveva, que llegaría a la edad adulta. El mismo año de 1619, los Príncipes de Condé abandonaban Vincennes y recobraban su libertad gracias al Duque de Luynes, favorito del rey Luis XIII.

Pasado el episodio de la rebeldía, Condé se mostró como el más leal servidor del rey. En 1627, durante la revuelta de los protestantes del Languedoc, el Cardenal de Richelieu le encargó el mando del ejército real para combatirlos.


De cargo en cargo






En 1631, además de las provincias de Berry y del Borbonesado, Enrique II de Condé recibe de manos de Luis XIII el gobierno de Borgoña, que permanecería largo tiempo a manos de los Condé, generación tras generación. Recibió, además, una gran parte de la fortuna de su cuñado el duque Enrique II de Montmorency (ejecutado en 1632). Con mando militar sobre las tropas del rey, encabezó una serie de campañas en las fronteras del reino, hasta su invasión de España que acabaría con el desastre de Fuenterrabía, en 1638.

Posteriormente, Condé es nombrado jefe del Consejo de Regencia tras fallecer el rey Luis XIII y, convertido en el Nº2 del país, sostendría de manera constante a la regente Ana de Austria y al Cardenal Jules Mazarin.

Si el príncipe no fue un gran jefe militar y nunca emprendió nada en particular, si supo mantener su rango cuando era menester hacerlo: sabía organizarse mejor que nadie y sus ejércitos nunca echaron en falta cosa alguna, siendo los mejores equipados del reino. Y si no fue un hombre de acción, brilló como administrativo y nunca firmó documento alguno sin antes leerlo de cabo a rabo.

El rey apreciaba sus opiniones y sus consejos, siempre orientados hacia el liberalismo y la tolerancia. Al frente de su gobierno de la provincia de Berry, se empleó sin descanso en mejorar las condiciones de vida de sus súbditos. Justo y generoso, recogió la simpatía del pueblo al que tanto quiso proteger y beneficiar.

La muerte del rey Luis XIII le causó una honda impresión y tristeza. De hecho, fue el que más le lloró, puede porque la tierra y el castillo de Chantilly le fueron otorgados, no por sus leales servicios y tampoco por los de su hijo el duque d'Enghien, sino a razón de la reencontrada amistad entre la regente Ana de Austria y la Princesa Carlota de Condé; Chantilly siempre había sido una de las más envidiadas propiedades de los duques de Montmorency y había sido confiscada durante la ejecución del hermano de la princesa.