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domingo, 24 de marzo de 2013

LA Iª PRINCESA DE SOUBISE



SOUBISE_Iª Princesa de / 1ère Princesse de_Anne Julie de Rohan-Chabot, Dama y Iª Princesa de Soubise, Dama y IIIª Duquesa de Frontenay & Par de Francia suo jure, Condesa de Rochefort (Paris, 1648 / Hôtel de Soubise, Paris, 04-02-1709). Fue la fundadora, junto con su marido, de la rama principesca de Rohan-Soubise, y la que sugirió a éste la adquisición del antiguo palacio parisino de los Duques de Guisa, el Hôtel de Guise, que fue reformado y rebautizado como Hôtel de Soubise.

Nacida en 1648, Anne-Julie de Rohan-Chabot es hija de Henri de Chabot, Señor de Jarnac y d'Apremont, y de Marguerite, Duquesa de Rohan (heredera universal ésta de sus padres el duque Henri II de Rohan y de Marguerite de Béthune, hija ésta del célebre duque de Sully).

Los orígenes de nuestra protagonista son por lo menos ilustres: desciende, por su madre, del más antiguo linaje de Bretaña, los Rohan, vizcondes de Porhoët, cuya probada filiación remontaba hasta el año 1008 y entroncaba directamente con los antiguos reyes de Bretaña. Sus repetidos enlaces con la Casa Ducal de Bretaña terminarían en 1407, fecha de la última boda de los Rohan con los Montfort (dinastía ducal bretona). Vizcondes y luego condes de Porhoët, alcanzarían el rango ducal en 1603 con la erección de su vizcondado de Rohan, siendo el beneficiado el célebre general protestante y 21er vizconde Henri II de Rohan*, primer duque del nombre, Conde de Porhoët, Marqués de Blain y Príncipe de Léon (1579-1638). Mejor aún, el futuro generalísimo de los Ejércitos Protestantes, nieto de una princesa de Navarra (su abuela es Isabel de Albret, Princesa de Navarra y Vizcondesa de Porhoët, lo que le emparenta directamente con el rey Enrique IV de Francia), obtiene en 1604 la mano de una de las hijas de Maximilien de Béthune, 1er duque de Sully y ministro del rey Enrique IV, la anteriormente citada Marguerite de Béthune, sellando así las bases de su fortuna. Duque y Par de Francia, Enrique IV le otorga el cargo de coronel de la Guardia Suiza y de los Grisones (guardia personal del Rey); el resto de su biografía es propia de un gran caudillo militar cuya memoria sigue aún viva y presente en la Historia de Francia.

Pese a la gloria, al rango y a la fortuna adquiridas, Henri II de Rohan tan solo conservará de su esposa (protestante como él) una hija -de los 9 hijos nacidos- también llamada Marguerite (1617-1684) que, convertida en el mejor partido de Francia por entonces, verá desfilar un sinfín de pretendientes hasta que, en 1645, por inclinación más que por interés, concede su mano a un gentilhombre católico descendiente de los barones y condes de Jarnac, Henri de Chabot (1615-1655); el escándalo es mayúsculo: en el asunto, que adquiere pronto tintes de asunto de Estado, intervienen los Rohan, los protestantes, los católicos, la corte, el cardenal de Richelieu y hasta el rey Luis XIII en persona. La boda entre la gran heredera protestante y el caballero católico pudo finalmente llevarse a cabo con el beneplácito real, con la expresa condición de que los hijos nacidos de dicha unión fueran educados en la religión católica. Otra condición, esta vez impuesta por la novia en el contrato nupcial, especifica que todos los hijos nacidos del matrimonio llevarían el apellido compuesto de De Rohan-Chabot. El monarca dispone entonces que el novio asuma el título de duque de Rohan y las armas correspondientes, causando vivas protestas por parte de los demás miembros del clan Rohan; de este modo, y mediante cartas patentes firmadas por el rey, Henri de Chabot funda la Casa Ducal de Rohan-Chabot convirtiéndose en el 2º duque de Rohan y asumiendo los otros titulos hereditarios de su suegro: conde de Porhoët y de Lorges, príncipe de Léon, marqués de Blain y de La Garnache, barón de Mouchamps, señor de Héric y de Fresnay, primer barón de la nobleza y presidente-hereditario de los Estados de Bretaña. Aparte de todos los títulos nobiliarios rimbombantes, el flamante segundo duque de Rohan obtiene del rey el cargo de gobernador de Anjou. Fallece diez años más tarde (1655), después de haber flirteado peligrosamente con los rebeldes de la Fronda y conseguir que el rey le perdonara.


Anne-Julie de Rohan-Chabot crecerá pues huérfana de padre, como una joven virtuosa, comedida y tranquila que se ha beneficiado de una excelente educación proporcionada por su autoritaria madre; ésta la casa, sin consultarla claro está, en 1663 con un primo perteneciente a otra rama del poderoso clan Rohan. François de Rohan, Príncipe de Soubise, de doce años mayor que ella pero al cual dará nada menos que una decena de hijos:

-Anne-Marguerite de Rohan-Soubise (1664-1721)

-Louis de Rohan-Soubise (1666-1689)

-Constance-Emilie de Rohan-Soubise (1667-1684)

-Hercule-Mériadec de Rohan, IIº Príncipe de Soubise (1669-1749)

-Alexandre-Mériadec de Rohan-Soubise (1670-1687)

-Henri-Louis de Rohan-Soubise (1672-1693)

-Armand-Gaston Maximilien, Cardenal de Soubise (1674-1749)

-Emilie de Rohan-Soubise (1678-1694)

-Eléonore Marie-Anne de Rohan-Soubise (1679-1753)

-Maximilien Gaston Guy de Rohan-Soubise (1680-1706)

-Frédéric-Paul de Rohan-Soubise (n./m.1685)

En 1665, la joven princesa de Soubise es una hermosa mujercita de 17 años, pelirroja y de ojos almendrados que no deja indiferente a los hombres de la corte. El rey Luis XIV, aún bajo los encantos de la Duquesa de La Vallière, repara en ella y muestra abiertamente interés. Lejos de desear que su hija caiga en las redes del monarca y vea su reputación comprometida, la Duquesa de Rohan se la lleva lejos de la corte durante un tiempo. La madre deseaba fervientemente que la hija no tuviera más ojos que para su marido y se dedicase enteramente a sus hijos y a su casa.

Pese a todas las prevenciones maternas, la bella princesa de Soubise se dejó conquistar por el rey y el escándalo estalló públicamente en 1669, durante una estancia de la corte en Chambord y estando la interesada presente; se hizo público el rumor de que aquélla había compartido cama con el fogoso soberano, después de resistir a repetidos asaltos infructuosos.

Sin embargo, un nuevo astro subía en el firmamento cortesano, eclipsando a la princesa de Soubise: la bellísima e ingeniosa Marquesa de Montespan se convertía en la nueva favorita oficial del rey. Puestos a compararlas, la pelirroja princesa estaba en desventaja frente a la rubia beldad de la marquesa, no solo en el plano físico sino también en el carácter y forma de ser.

Anne se conformaría con llevar una apacible existencia, alternando sus compromisos en la corte con la vida conyugal y sus repetidos embarazos que iban sucediéndose de forma muy seguida.

Luis XIV volvió a reencontrarse con la princesa de Soubise en 1673. Muy a pesar de sus seis partos, ésta había conservado milagrosamente la figura y su lozanía gracias a un régimen autoimpuesto, según cuentan los rumores, que consistía en una alimentación sana y equilibrada de frutas, legumbres, verduras y carnes hervidas, amén del ejercicio físico y de mucho aire puro.

La princesa de Soubise solía entonces usar de un código visual y secreto para comunicarse con Luis XIV, para advertirle cuándo estaba su marido fuera de casa y se levantaba la veda: llevando un par de pendientes de esmeraldas en las orejas.

Pero a la larga, el Príncipe de Soubise se enteró del "comercio" existente entre su esposa y el soberano, y hasta vió con buenos ojos el particular interés de Luis XIV por su mujer, calculando los beneficios que podrían derivar de aquel adulterio casi clandestino. Complaciente y honrado por aquella real cornamenta, hizo todo lo posible para allanar el camino del rey hasta la alcoba de su mujer, acariciando incluso la idea de que ésta se quedara preñada y diera a luz a un bastardo real. El Príncipe ya fabulaba con las consecuencias de aquella preñez: favores, fortuna y elevación por encima de los demás cortesanos si Luis XIV se decidiese a convertirla en su favorita oficial.

En enero de 1674, Anne-Julie de Rohan-Chabot fue nombrada dama de palacio de la Reina Maria-Teresa, cargo nada desdeñable, y daba a luz el 26 de junio del mismo año a un hijo varón que fue inmediatamente reconocido por el Príncipe de Soubise como siendo suyo, aunque se supo que percibió, poco después, una gran cantidad de dinero; quizá para comprar su silencio y tapar una más que dudosa paternidad?

Mucho más tarde, su hijo Armand-Gaston de Rohan-Soubise, que llegó a ser cardenal, príncipe-obispo de Estrasburgo, miembro de la Academia Francesa y Gran Limosnero de Francia, resultó tener un sospechoso parecido físico con Luis XIV. ¿Coincidencia?

Según testigos y contadores de dimes y diretes cortesanos, el príncipe de Soubise supo sacar muy buena tajada de su cornamenta, chantajeando sibilinamente al rey para que éste comprara su silencio y evitar asi que la marquesa de Montespan se enterase del desliz y provocase un escándalo.

Los amoríos secretos entre Luis XIV y la princesa de Soubise se reanudaron en el curso de 1675, cuando el rey se vió momentáneamente forzado a separarse de la marquesa de Montespan tras recibir serias amenazas de excomunión por parte de la Iglesia. Sin embargo, el comportamiento interesado de la princesa, que en el fondo demostró ser una mujer calculadora y nada sentimental en sus devaneos amorosos, empezó a aburrir al rey. A esto se unió el regreso triunfal de la marquesa de Montespan al lado del rey en 1676, con lo que la princesa fue definitivamente arrinconada y descartada. Pese al contratiempo sufrido, Anne-Julie de Rohan-Chabot permaneció en la corte por su cargo y siguió representando un peligro potencial para la favorita real hasta el día en que sufrió la pérdida parcial de su dentadura a raíz de un alumbramiento. Por entonces, Luis XIV dejó de mirarla y pasó página.

Anne-Julie de Rohan-Chabot, Princesa de Soubise, fallecería en 1709 a la edad de 61 años. Según se deduce, no habría resistido al "gran invierno" que hizo estragos en Francia y en toda Europa durante aquel año.

Nunca se pudo probar que el cardenal-príncipe Armand-Gaston Maximilien de Rohan-Soubise fuera el hijo natural de Luis XIV. Quizás fuera ciertamente el hijo del Príncipe François de Rohan-Soubise, tal y como figura en su acta de nacimiento y de bautizo... Los rumores de entonces corrían como reguero de pólvora y se tenían por verdades susurradas.

 
El Hôtel de Soubise, palacio parisino de los Príncipes de Soubise, según un grabado de inicios del s.XVIII. / Abajo, una fotografía actual del palacio desde el patio de honor.
 
 


(*)_Nota: Henri II, 1er duque de Rohan (1579-1638) era hijo de René II, 20º Vizconde de Rohan y de Porhoët, Príncipe de Léon, y de Catherine de Parthenay-L'Archevêque, baronesa Vda. de Pont-L'Abbé, rica heredera protestante del Poitou; por su padre, era nieto de Isabel d'Albret, Princesa Real de Navarra, hija del rey Juan II d'Albret y de Catalina de Foix, reyes de Navarra, y de René I de Rohan, 18º Vizconde de Rohan, Príncipe de Léon (1512-1552), que tuvieron cinco retoños:

-Françoise de Rohan, desposada con Jaime de Saboya, duque de Nemours.

-Louis de Rohan, Señor de Gié.

-Henri I de Rohan, 19º Vizconde de Rohan.

-Jean de Rohan.

-René II de Rohan, 20º Vizconde de Rohan (sucesor de su hermano).

jueves, 21 de febrero de 2013

LA CASA DUCAL DE SULLY

Orígenes de los Béthune 


La Casa de Béthune tiene su origen en Roberto de Artois (970-1030), Señor de Béthune en el condado de Artois, y 5º hijo de Adalelmo, último conde soberano de Artois, fundador del linaje de Béthune. Con la decimosexta generación, Juan IV de Béthune, fallecido en 1568, la familia hace una excelente alianza con la poderosa Casa de Melun, al casar éste con Ana de Melun, dama de Rosny, hija y heredera de Hugo de Melun, vizconde de Gante (fallecido en 1524) y de la condesa Juana de Horn, hija ésta del poderoso conde Arnaldo de Horn y de Juana de Montmorency, en suma, de lo más granado de la nobleza europea occidental. De ese brillante matrimonio nacería François de Béthune, 2º barón de Rosny -muerto en 1575-, padre del fundador de la Casa Ducal de Sully: Maximilien de Béthune (1559-1641), 1er duque de Sully y Par de Francia a partir de 1606, y figura de proa de la política reformista y reconciliadora del reinado de Enrique IV -1589/1610-, sentando asi mismo las bases sobre las que se edificaría el poder absolutista de la monarquía gala eficazmente aprovechada por sus sucesores Luis XIII y Luis XIV, gracias a la ayuda de dos ministros con visión de futuro: los cardenales de Richelieu y Mazarino.



De ese modo, tras distinguirse el 1er duque de Sully como guerrero y compañero de armas y fatigas de Enrique IV, durante los penosos años de guerra civil francesa, pasó a ser el hombre clave para levantar de la ruina económica un país desangrado por las confrontaciones religiosas, intentando reconciliar protestantes y católicos mediante el Edicto de Nantes. Apreciado igualmente por sus dotes de buen gerente, Sully acumuló las carteras ministeriales -entre ellas las Finanzas-, reconstruyó un París devastado por los asedios, mejoró los puentes y caminos del reino, fortificó puertos y fronteras, impulsó el comercio marítimo y los asentamientos de colonos en América del Norte, la agricultura y la industria, consiguiendo mediante impuestos indirectos sobre el consumo (lo que ahora conocemos como IVA = Impuesto sobre el Valor Añadido) llenar las arcas del Tesoro sin perjudicar a los súbditos más humildes, dejando al final de su ministerio una Hacienda fuerte y solvente muy por encima de lo esperado.

La Rama Primogénita y las ramas menores

Gracias a las sucesivas muertes de su padre y de su hermano mayor en el espacio de pocas semanas, en 1575, Maximilien de Béthune se convirtió en el 4º Barón de Rosny, lo que significaba que asumía la jefatura de su linaje. De barón a marqués y con una considerable fortuna amasada gracias a la excelente gerencia de sus bienes, empezó a adquirir propiedades señoriales en venta que, antaño, habían formado parte del patrimonio familiar, como la compra de la baronía de Sully (tierras y castillo) a un pariente suyo, Claude de La Trémoïlle, 2º duque de Thouars y 6º conde de La Trémoïlle, con vistas a formar el embrión o núcleo de lo que iba a ser el mayorazgo de su casa: el ducado de Sully, tan anhelado y finalmente constituído gracias a la concesión real de manos de Enrique IV en 1606.

En sus dos matrimonios, Sully supo elegir convenientemente. Primero al casarse con Ana de Courtenay en 1583, descendiente ésta de los antiguos emperadores de Constantinopla allá en el siglo XIII, y que le aportó, además de un heredero varón, el señorío y castillo de Bontin. Viudo en 1589, contrajo segundas nupcias en 1592 con la rica viuda de un caballero muerto en combate, Rachel de Cochefilet quien, además, reunía en su persona una considerable fortuna y una, nada desdeñable, sangre de esa añeja aristocracia de la región del Perche. Ésta le dió 10 hijos, la mayoría varones, y demostró tener unas sorprendentes dotes para la economía, acrecentando espectacularmente la fortuna familiar.

De uno y otro surgieron pues la Iª rama (Béthune-Sully) y las IIª y IIIª ramas (Béthune-Orval y Béthune-Orval de Meaux). La rama primogénita se extinguió en 1729 con el 5º duque de Sully, traspasando el mayorazgo a la IIª rama fundada por el 1er duque de Béthune-Orval con su 4º representante, convertido en el 6º duque de Sully quien, al fallecer sin hijos varones en 1761, provocó un nuevo traspaso de jefatura de linaje a la IIIª rama, fundada por el conde de Orval y príncipe de Boisbelle-Henrichemont, vizconde de Meaux, cuyo hijo pasó a ser el 7º duque de Sully. Con el nieto de éste, 10º duque, se extinguió entonces la Casa Ducal de Sully en 1807.

La extinción legal del ducado de Sully

La jefatura recayó entonces en un descendiente del hermano menor del primer duque de Sully, fundador de la Casa Ducal de Chârost -ducado creado en 1672- quien, al reconocer a un hijo natural habido fuera de su matrimonio legal en 1802, fue descartado y desheredado del ducado de Sully, legándose a otra rama mucho más lejana (rama de los condes de Béthune-Pénin) cuyo parentesco era más un asunto de cortesía que una palpable realidad. Los condes de Béthune-Pénin se posesionaron entonces de la tierra y castillo de Sully, pero no de la dignidad ducal ni mucho menos de su paridad, al tener en contra la muerte del heredero en 1812 dejando tras de si dos hijos menores que, ante las adversidades y los consecutivos cambios políticos (caída del Ier Imperio y la Iª Restauración Borbónica en 1814, los Cien Días y Waterloo en 1815, la IIª Restauración, las Revoluciones de 1830 y de 1848, la IIª República y el IIº Imperio en 1852) no consiguieron la transferencia de la dignidad ducal a su favor, sino tan solo el permiso real en 1816, de añadir a su apellido el nombre de Sully, su nueva posesión, tal y como se exigía en el testamento de la última duquesa viuda-usufructuaria de dicho nombre, fallecida en 1809. De titularse condes de Béthune-Pénin, pasaron a titularse condes de Sully, y se contentaron con esa matización legal, desistiendo finalmente de recuperar el rango ducal para si y sus descendientes.

La dispersión del patrimonio ducal



En 1902, el único hijo del conde de Sully fallecía envenenado por arsénico, dejando por única heredera a una niña nacida en 1901, que se convertiria en la jovencisima propietaria del castillo de Sully al fallecer su abuelo en 1908, último conde de Sully. En 1928, el castillo fue declarado monumento histórico y abrió sus puertas al público con una media de 30.000 visitantes al año. La joven heredera se casó por dos veces: 1º con el conde de Chabannes, y luego con el marqués de Bausset-Roquefort, teniendo hijos de sendos matrimonios. Con la IIª Guerra Mundial, el castillo de Sully fue seriamente dañado por los bombardeos de la aviación enemiga italiana, incendiado y desvalijado por los nazis, lo que forzó a la marquesa de Bausset-Roquefort, al no poder hacer frente a las reparaciones necesarias, venderlo al Estado Francés en 1941, y deshacerse de su mobiliario histórico mediante subasta en París. La última propietaria del castillo del ministro de Enrique IV de Francia falleció en 1981, a sus 80 años, y fue sepultada en el panteón de sus antepasados, en la iglesia de Saint-Ythier de Sully.