Mostrando entradas con la etiqueta Bragança. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bragança. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de noviembre de 2014

EL INFANTE DON ANTONIO DE PORTUGAL




PORTUGAL_Infante de_Don António Francisco Xavier José Bento Teodósio Leopoldo Henrique de Bragança y Baviera-Neuburg, Infante de Portugal, Caballero de la Orden de Cristo (Palacio da Ribeira, Lisboa, Portugal, 15-03-1695 / Quinta da Tapada, Lisboa, 20-10-1757). Fue el quinto hijo de los reyes de Portugal, Pedro II y de María-Sofía de Baviera-Neuburg, y hermano predilecto del rey Juan V, del Duque de Beja y del Infante don Manuel, Conde de Ourém y candidato al trono de Polonia.

Sus hermanos y hermanas fueron los siguientes:

-Don Juan de Bragança, Príncipe de Brasil (1688-1688) fallecido en la cuna.

-Don Juan V, Príncipe de Beira y de Brasil, Duque de Bragança (1689-1750) Rey de Portugal y de Los Algarves.

-Don Francisco Xavier de Bragança, Infante de Portugal (1691-1742) 7º Duque de Beja y Beira, 2º Señor de la Casa del Infantado, Gran Prior de Crato y de la Orden de Malta, Condestable de Portugal.

-Don Antonio Francisco Xavier de Bragança, Infante de Portugal (1695-1757).

-Doña Teresa María de Bragança, Infanta de Portugal (1696-1704).

-Don Manuel de Bragança, Infante de Portugal (1697-1766), Conde de Ourém.

-Doña Francisca Josefa de Bragança, Infanta de Portugal (1699-1736).

Descrito por sus contemporáneos como un príncipe afable y simpático pero harto apático y egoísta, el Infante don Antonio fue, de los tres hermanos, el que mejor se entendió con el primogénito Juan V. Sin embargo, siempre vivió retirado y alejado de la Corte para escapar a su protocolo, sus pomposas ceremonias religiosas y su ambiente de intrigas.

Por otro lado, y dícese que por vanidad, se erigió en el gran protector y salvador de una banda de ladrones que, en su momento, alarmó la capital lusa y conocida como la "Compañía do Olho Vivo". Parte de sus miembros, para salvarse de verse las caras con la Justicia, fueron acogidos por él para formar parte de su servidumbre.

Cuando falleció sin descendencia legítima su hermano don Francisco Xavier, el intrigante y cruel Duque de Beja, entonces titular del Señorío del Infantado (que otorgaba las mayores rentas del reino a su poseedor) en 1742, Don Antonio reclamó para si la sucesión de éste. Sin embargo, sus ruegos no fueron atendidos por el rey al ser finalmente otorgado el rico señorío y el ducado de Beja a su sobrino el Infante Don Pedro, hijo favorito de Juan V.

Enormemente disgustado al no ver sus expectativas colmadas, el Infante Don Antonio se convirtió en un hombre despechado que no dudó en protestar amargamente ante semejante decisión, sintiéndose gravemente lesionado en sus intereses. A raíz de ese desagradable incidente familiar, la relación entre el rey y su hermano se enfrió brutalmente, y no volvieron a cruzarse palabra más allá de lo exigido por el protocolo.

Retirado en su propiedad lisboeta de la Quinta de Tapada, nunca contrajo matrimonio ni dejó hijos ilegítimos. Sobrevivió a su hermano el rey Juan V y al catastrófico Terremoto de 1755 que destruyó Lisboa.

Murió a la edad de 62 años y fue enterrado en el Panteón Real del Monasterio de Sao Vicente da Fora, en Lisboa.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

EL CONDE DE OURÉM




OURÉM_Conde de_Don Manuel José Francisco Antonio Caetano Estevao Bartolomeu de Bragança y Baviera-Neuburg, Infante de Portugal, Conde de Ourém (Palacio da Ribeira, Lisboa, Portugal, 03-08-1697 / Quinta de Belas, Belas, Sintra, Portugal, 03-08-1766). Fue el séptimo hijo de Don Pedro II, Rey de Portugal y de los Algarves, y de su esposa la reina Marie-Sophie de Baviera-Neuburg, y hermano menor del rey Juan V de Portugal que, por no querer obedecer al deseo real de entrar en las órdenes clericales, se fugó a Londres y recorrió Europa para ofrecer sus servicios al Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Su educación principesca le llevaría a idealizar la vida militar, a tener un alto concepto de sí mismo y de su posición, soñando con gloriosas hazañas, laureles y honores. A sus diez años, dejó escrito una sentencia que definía perfectamente su carácter: "Más deben los hombres perder la vida con honra que vivir en la infamia."

Destinado naturalmente a la carrera eclesiástica, el Infante Manuel se rebeló contra el deseo de su hermano a que accediera al capelo cardenalício por ser el menor de la Familia Real. Deseoso de llevar una vida llena de aventuras y, sobretodo, a ejercer una gloriosa carrera militar a pesar de que su país estuviera en paz con sus vecinos, el Infante se enfrentó al rey negándose a doblegarse ante su deseo de convertirle en un príncipe de la Iglesia. La tensa audiencia pública entre el monarca y su hermano se saldó con un bofetón real ante toda la corte al perder el rey su sangre fría. Tras la deplorable desavenencia, el humillado, encolerizado e indignado infante se dio a la fuga contando 18 años de edad.

Acompañado por tres personas que formaban su restringida comitiva, se distinguían entre ellos a un hijo del Conde de Tarouca, Manuel Teles da Silva, de su misma edad, y a dos jóvenes criados más un repostero y otro de servicio general, el Infante Manuel se daba a la fuga con un puñado de joyas, 20 mil cruzados de plata y un pagaré del mismo valor (firmado por el comerciante Manuel de Castro Guimaraes con orden de cobro en Londres) en los bolsillos, embarcó secretamente a bordo de un barco británico destino a los Países-Bajos, el 5 de noviembre de aquel año de 1715.

Tras de si dejaba una extensa carta al rey Juan V, en la que justificaba su partida para atender el ofrecimiento de Viena a luchar contra los Turcos.

Una vez desembarcado en Amsterdam (14 de noviembre de 1715), donde fue recibido por el embajador Luis da Cunha, llevó una vida alegre y disipada que provocó las quejas del viejo diplomático: "Incesantes fiestas, carreras de trineos y bailes en las que danzaba hasta las 7 de la mañana me dejaban medio muerto, al tener que asistir..."; de Amsterdam pasó a La Haya donde el jolgorio siguió a lo largo de 3 meses más. Recibió allí la orden de su hermano de volver inmediatamente a Portugal. Desafiante, rehusó doblegarse y viajó a París, donde fue bien acogido por el Conde da Ribeira Grande y agasajado por la corte francesa. Una nueva orden de regreso por parte de Lisboa le empujó a huir de nuevo. De Francia pasó a Alemania y ofreció sus servicios al Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, primer ministro de Austria, para luchar contra los Turcos en Hungría. Aceptada su oferta por Viena, se le encontró 4 días después guerreando en la batalla de Petrovaradin, donde sufrió una herida sin importancia pero en la que se cubrió de gloria. Poco después, participó activamente en el asedio y captura de Timisoara.

En 1717, convertido en un oficial del Ejército Austríaco, siguió sirviendo bajo las órdenes del Príncipe Eugenio y participó en la conquista de Belgrado. Tras el Tratado de Passarowitz, que ponía un término a la guerra austro-turca (1718), fue agraciado con el rango de mariscal-de-campo de los Ejércitos Imperiales y obtuvo el mando de un regimiento de acorazados con una renta de 50 mil cruzados. Sin ocupación ni destino, el Infante Manuel se dedicó a viajar por todas las cortes europeas, viviendo una vida de placeres y frivolidades que hicieron correr ríos de tinta entre los escritores contemporáneos.

En 1728, se convirtió en uno de los candidatos barajados para obtener la mano de la rica Maria Zofia Sieniawska (1698-1771)*, gracias al respaldo de Viena, en un intento de conseguir una sólida posición en Polonia antes de la celebración de la elección de un nuevo monarca polaco. De sobras conocido en las cortes de Viena y de San Petersburgo, fue propuesto como el nuevo Rey de Polonia durante un breve tiempo en el curso del año 1733, y durante la Guerra de Sucesión Polaca. El fracaso de su candidatura polaca le desilusionó y le llevó a regresar a Portugal el 21 de octubre de 1734, al no tener los medios suficientes para seguir viviendo lejos de su país natal y sin el sustento de una pensión.

Regresado a la corte lisboeta, su hermano Juan V le asignó a residencia en el Palacio de los antiguos Señores de Belas (La Quinta de Belas, Sintra, propiedad del Conde de Pombeiro), bajo la estrecha vigilancia de su guardia, concediéndole también el título de Conde de Ourém y una pensión, amén del pago de sus deudas pero vetándole el acceso a la corte. Instalado en su nueva residencia, pasó sus 32 ultimos años como un mecenas sin grandes medios económicos pero rodeado de una animada corte de escritores y artistas.

Murió soltero el día de su 69º cumpleaños y fue sepultado con honores en el Panteón Real del Monasterio de Sao Vicente de Fora, de Lisboa.




sábado, 17 de noviembre de 2012

EL VIIº DUQUE DE BEJA




BEJA_VIIº Duque de_Francisco Xavier de Bragança, Infante de Portugal, Prior de Crato, IIº Señor del Infantado, VIIº Duque de Beja, Condestable de Portugal, Caballero de la Orden de Cristo (Palacio Real de Lisboa, 25-05-1691 / Óbidos, 21-07-1742). Sus nombres de pila bautismal fueron los de Francisco Xavier José Antonio Bento Urbano de Braganza, siendo tercer hijo del rey Pedro II de Portugal y de su segunda esposa Maria-Sofía de Baviera-Neoburgo; fue bautizado en la capilla real por el arzobispo de Lisboa y capellán mayor de palacio, Don Luis de Sousa, teniendo por padrino al Elector Palatino, hermano de su madre, representado por el Cardenal Veríssimo de Lancastre, arzobispo-primado de Braga e Inquisidor General del Reino.

En el orden sucesorio al trono, figuraba en segundo lugar después de su hermano Juan, Príncipe de Beira y de Brasil (1689-1750) -futuro rey Juan V de Portugal en 1706-. Mientras su hermano mayor careció de descendencia, fue el presunto heredero de la Corona hasta 1711, fecha en que nació la infanta Maria-Bárbara (futura reina de España).

Tras él venían:

-Antonio de Braganza, Infante de Portugal (1695-1747)

-Teresa de Braganza, Infanta de Portugal (1696-1704)

-Manuel de Braganza, Infante de Portugal (1697-1766)

-Francisca Josefa de Braganza, Infanta de Portugal (1699-1736)

Aún niño, su padre le concedió el título de Duque de Beja (séptimo titular), la dignidad de Condestable de Portugal, la de Prior de Crato y el Señorío de la Casa del Infantado -o Señorío del Infantado-, que reunía un enorme patrimonio que se había constituído con los bienes incautados a los partidarios de la Corona Española durante la guerra de independencia lusa (1640), y cuya "capital" era la localidad de Queluz.

Jamás infante portugués obtuvo tantos bienes y tan fabulosas rentas; irónicamente, a su muerte estaría cubierto de deudas.

Según los historiadores portugueses que se interesaron por este singular personaje principesco, "... continúa siendo un personaje enigmático de la Historia Portuguesa (...) a quien se atribuye el proyecto de, por violentos medios, substituir a su hermano en el trono. Faltan pruebas tangibles para asegurar que así fue, aunque ciertamente el infante no dejase buen recuerdo de su nombre, por sus instintos crueles y por la rudeza de sus maneras. Dedicaba su tiempo a las cacerías, su pasatiempo favorito, primero en Salvaterra y luego en el coto de Samora, acudiendo raramente a palacio para participar en las solemnidades religiosas y cortesanas (...) Todo rezuma misterio en su comportamiento, teniendo sin embargo la certeza de que a partir de 1715, se consumó su definitiva ruptura con la Familia Real."

Uno de sus deleites, entre tanto divertimento, era demostrar a su gente su pericia y puntería con sus pistolas y fusiles, abriendo fuego sobre las pobres gentes que acudían a verle pasar a bordo de su barco y le saludaban ingénuamente desde las orillas del Tajo.

En Queluz, era el terror de los habitantes por sus crueldades.

Ambicioso, alimentaba la idea de usurpar el trono y quitar la corona a su hermano Juan V, a imagen y semejanza de su padre Pedro II cuando se deshizo de su tío el rey Alfonso VI, que acabó recluído en las Azores. Por ello, y para seguir aquel ejemplo en todo detalle, cuando el rey Juan V salía de Lisboa, llegaba a incomodar a la reina Doña Maria-Ana Josefa de Austria, su cuñada, haciéndole descaradamente la corte y de la manera más indecorosa, buscando indisponerla con su marido con tentadoras ofertas y ambiciosas promesas.

La reina, desconfiando muy mucho de su carácter y de sus negros proyectos, se opuso terminantemente a que el rey acudiese a una peregrinación que Don Juan V deseaba hacer en Italia, a Nuestra Señora de Loreto.

Los amigos que formaban el dudoso entorno del Infante Francisco Xavier, decían de él que tenía grandes conocimientos de la ciencia náutica, teóricos y prácticos. Sus enemigos contemporáneos, por contra, recalcaron lo antipático que llegaba a ser el infante en su trato, distinguiéndose tan solo por su carácter cruel y sus no menos peligrosas ambiciones personales, amen de ser un auténtico criminal.

Nunca llegaría a casarse, su mala fama teniendo ecos negativos en las cortes europeas y en la lusa, obviamente. De vida disoluta y desordenada, derrochando a manos llenas su aparentemente inagotable fortuna, tuvo por amante a una monja que respondía al nombre de Mariana da Silveira, que encontraría la muerte en su convento de Santa Ana de Lisboa, al sorprenderle en su celda el terremoto de 1755. Aquella religiosa le dió sin embargo dos hijos bastardos:

-Pedro de Portugal (fallecido en 1741).

-Joao da Bemposta (1710-1780), que sería reconocido como sobrino natural del rey Juan V en 1750 (legitimado), y que fue capitán-general de la Armada Real y de las Galeras Reales, mayordomo mayor de palacio, consejero de Estado y de Guerra, teniendo privilegio de paso sobre los demás titulares de la Corte en funciones cuando éstos se reunían en presencia del rey. Sin embargo, el rey nunca le permitió heredar los cuantiosos bienes de su padre aunque, eso si, le concedió la propiedad real y palacio de Bemposta. Casaría en 1757 con Maria-Margarita de Lorena de Melo-Cadaval (1713-1764), Marquesa Viuda de Abrantes y Condesa de Penaguiao, 1ª Duquesa de Abrantes. No tuvieron descendencia.

El infante fallecería a la edad de 51 años, usado por los excesos y cubierto de deudas en la Quinta das Gaeiras, propiedad de Bernardo Freire de Sousa, en la localidad de Óbidos, siendo sepultado en el Panteón de los Braganza en el Monasterio de San Vicente de Fora, en Lisboa.