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domingo, 12 de junio de 2016

LA IVª MARQUESA DE ALORNA




ALORNA_IVª Marquesa de_Leonor de Almeida Portugal y de Lorena Lencastre, Condesa von Oeynhausen-Gravenburg, Condesa y IVª Marquesa de Alorna, IXª Condesa de Assumar (Sao Jorge de Arroios, Lisboa, Portugal, 31-10-1750 / Coraçao de Jesús, Benfica, Portugal, 11-10-1839).
Era la hija primogénita del 2º Marqués de Alorna y 4º Conde de Assumar, Don Joao de Almeida Portugal y de Doña Leonor de Lorena y Távora.
Fue una célebre escritora de cartas pre-románticas portuguesa que Alessandro Herculano comparaba a Madame de Staël, con la que tenía muchos puntos en común.

Doña Leonor de Almeida ha dejado una obra poética (Oferenda aos Mortos) y epistolar considerable aún en gran parte inédita. Su correspondencia será en breve publicada, más concretamente sus cartas a la Condesa de Vimioso, Doña Teresa de Mello Breyner apodada "Tirce", durante su reclusión en el convento de San Félix de Chelas, en Lisboa. Tenía 9 años de edad en 1759, cuando se produjo la exterminación de su familia materna, los Távora, de manos del Marqués de Pombal, primer ministro de José I, en un sangriento ajuste de cuentas que provocó una honda impresión en toda Europa y marcó durante décadas la memoria de las gentes.

Enclaustrada a lo largo de dieciocho años, como su madre y su hermana María, futura Condesa de Ribeira Grande, y los próximos de la Casa de Távora. En el convento empleará su tiempo en leer, escribir y tener su propio salón de poesía, cosa que conservará una vez recobrada su libertad en su residencia de Bemfica. Adquiere una cultura enciclopédica y se adhiere a las ideas ilustradas. Corresponde bajo el seudónimo arcadiano de "Alcipe" y adquiere renombre en el mundo de las Letras como "Outeiros de Chelas" (Eminencias de Chelas).

Tras haber casado con el Conde Karl Peter Maria Josef August von Oeynhausen-Gravenburg (1739-1793), caballero de la Orden de Cristo y embajador plenipotenciario de la corte portuguesa a Viena, nuestra protagonista se instala en la capital austríaca donde sería objeto de la gran estima de la emperatriz Maria-Teresa I.

Su enorme bagaje cultural, su carácter amable y sus múltiples talentos artísticos le abren por igual las puertas de las cortes de Madrid, Versailles y Londres.

Ella y su marido, tras su brillante embajada en Viena, regresaron a Lisboa a finales de la década de 1780. Por entonces, la bella condesa de Oeynhausen-Gravenburg, cuyo marido había sido nombrado gobernador de los Algarves y que falleció el 3 de marzo de 1793, teniendo apenas 54 años, gozaba de gran fama. Muy apenada, la viuda se retiró con sus hijos en sus propiedades de Almeirim y de Almada. Entregada a la educación de su prole, se vió prontamente estimada por todos gracias a sus obras benéficas para con los pobres, y por financiar una pequeña escuela para que enseñara a las niñas de familias humildes a coser, leer, escribir y a hacer las tareas domésticas propias de una mujer.

Muy considerada y respetada por la Familia Real, no tardó en ser nombrada dama de honor de la Princesa Doña Carlota Joaquina de Borbón, esposa del heredero del trono; se le encargó entonces elaborar los diseños para la decoración interior del Palacio de Ajuda pero que nunca llegó a ejecutar.

Tras la muerte de su padre en 1802, partió para Madrid y de allí a Londres, donde se demoró más de lo que tenía planeado al recibir inquietantes noticias de la invasión francesa y de la marcha al exilio brasileño de la Familia Real Portuguesa. En la ciudad del Támesis, frecuentó asiduamente los salones aristocráticos y elegantes de la alta sociedad, como también la casa del embajador luso Domingo de Sousa Couthino, conde de Funchal.


Pese a todo, la dama regresó a Portugal en 1809, encontrándose en una situación crítica: su hermano, el 3er Marqués de Alorna, Don Pedro José de Almeida Portugal, había marchado a Francia comandando la Legión Portuguesa tras haber mandado a Rio de Janeiro a sus hijos (fallecerían en la adolescencia). A instancias de los gobernadores del reino, la condesa vda. de Oeynhausen-Gravenburg fue invitada a abandonar sine die la ciudad del Tajo, por lo que se trasladó nuevamente a Londres, ciudad que no debía abandonar hasta 1813, cuando recibió por fin el permiso para regresar a su patria y se enteró del fallecimiento de su hermano. De vuelta a Portugal, residió en casa de su nieto el Marqués de Fronteira (Don José Trazimundo de Mascarenhas Barreto), en Benfica. Se dedicó entonces en rehabilitar la memoria de su difunto hermano, condenado como traidor a la patria por haber servido en el ejército napoleónico. Su lucha duró un decenio, harto difícil pero constante en su empeño, la condesa consiguió que el nombre de su hermano fuera borrado de la lista negra de los traidores y fue solamente en aquella época que nuestra dama pasó a ostentar públicamente el título de 4ª Marquesa de Alorna y 9ª Condesa de Assumar, como heredera de su hermano, último representante masculino de su linaje.

En 1822, su hijo el Conde Don Carlos-Ulrico de Oeynhausen-Gravenburg (14 de agosto), fallecía sin descendencia y la dejaba en la más absoluta tristeza. El título condal, heredado de su padre, era alemán y la titularidad acabó perdiéndose.

Su hija primogénita, Doña Leonor Benedita, había casado con el Marqués de Fronteira quien, andando el tiempo, pasaría a heredar del marquesado de Alorna por Real Decreto del 22 de octubre de 1839 y Real Carta de Julio de 1844. En cuanto al condado de Assumar, se declaró extinto y revirtió a la Corona.

Otras de sus hijas: Juliana, casaría sucesivamente con el 2º Conde de Ega, y con el Conde Strogonov; Henriqueta sería dama de honor de la reina Maria II; Luisa contraería matrimonio con Heliodoro Jacinto Carneiro de Araújo, gentilhombre de la Casa Real y consejero privado del rey Juan VI.

En 1826, la Marquesa de Alorna acude a la solemne apertura de las Cortes, en calidad de camarera mayor , y en 1828 como dama de honor de la Infanta Isabel Maria, en cuya sesión la infanta entregaba el Gobierno a su hermano, el Infante Don Miguel. Asistió al Te-Deum celebrado en honor de Don Pedro IV y Doña María II, cuando éstos entraron en Lisboa; presente en las exequias de Don Pedro IV, en la boda de María II con el Príncipe Augusto de Beauharnais-Leuchtenberg, no pudo hacer acto de presencia en el segundo enlace de la soberana con Don Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, por su avanzada edad; aquello no impidió que los reyes fueran luego a visitarla en su residencia de Benfica.

La reina Maria II le concedió la banda de la Orden de Santa Isabel. La Marquesa de Alorna fue también dama de la Orden de la Cruz Estrellada (Austria).

Fallecería a sus 89 años.

Las obras de la Marquesa de Alorna serían publicadas póstumamente, al menos en parte.


Nota:

 
Mientras fue encarcelada junto con su madre y su hermana en el convento de Chelas, su padre fue preso en la Torre de Belém y luego trasladado a la fortaleza de Junqueira, como sospechoso de haber tenido conocimiento de la conspiración de los Távora-Aveiro. Dieciocho años después, y tras el fallecimiento del rey José I y el advenimiento de María I, todos los presos de Estado fueron liberados por orden de la nueva soberana, aunque muchos de aquellos rehusaron la libertad si no eran públicamente exculpados e inocentados. De entre ellos, nótese al Marqués de Alorna, cuyo único crimen fue estar emparentado con los Távora.

Muchos de aquellos presos fallecieron antes de verse nuevamente en libertad; las duras condiciones en las que fueron encarcelados son por lo menos escalofriantes: malos tratos, hambruna, suciedad, parásitos, enfermedades derivadas de la insalubridad de aquellas infectas celdas acabaron con gran parte de esos presos políticos. El propio marqués de Alorna correspondía secretamente con su mujer e hijas escribiendo mensajes con su propia sangre, al carecer de tinta y de pluma.




sábado, 27 de junio de 2015

LA DAMA DE SAINT-BASLEMONT




SAINT-BASLEMONT_Dama de / Dame de_Alberte Barbe d'Ernecourt, Dama de Saint-Baslemont y de Neuville-en-Verdunois (Castillo de Neuville, Neuville-en-Verdunois, Lorena, 1606 / Castillo de Neuville, Neuville-en-Verdunois, Lorena, 1660). Fue una dama perteneciente a la vieja aristocracia del Ducado de Lorena que, aparte de escribir obras dramáticas y religiosas, capitaneó su propio ejército contra el invasor extranjero endosando el traje masculino durante la Guerra de los Treinta Años.


Nacida en 1606, hija única de Simón II d'Ernecourt, gentilhombre del duque de Lorena, y de Marguerite Housse de Watronville, Alberta-Bárbara d'Ernecourt hereda varios feudos del ducado. Confiada a su tía la baronesa d'Etrepy, que le otorgará una educación refinada uniendo la economía doméstica a la cultura humanista, sin olvidar el arte de la caza y de la equitación. A sus dieciséis años, su padre la casa con un caballero lorenés de rancio abolengo pero sin pecunio, Jean-Jacques de Haraucourt, señor de Saint-Baslemont (cerca de Contrexéville), favorito del duque Carlos IV. La pareja residiría entonces sobre las tierras de la joven desposada, en el castillo de Neuville-en-Verdunois, dónde su marido le comunicaría sus dos únicas pasiones: los caballos y la guerra. En la carrera de las armas se entregará con ardor al lado del príncipe, mientras que la administración de su esposa permite saldar los exorbitantes rescates exigidos por los Franceses, que le capturan por dos veces: en 1632 y en 1633.

 Haraucourt va siguiendo los pasos del duque de Lorena, que combate en Alemania junto con los Imperiales, mientras la duquesa conserva a sus vasallos en el marco de una paz dentro de una región devastada por el ocupante francés, Alberta-Bárbara d'Ernecourt, Dama de Saint-Baslemont, ordena fortificar su feudo, constituye una milicia instruída por un joven oficial reformado recomendado por su marido y, segura de su magnífica caballeriza, consigue hacer de su señorío un auténtico Estado en miniatura. Allí acoge a los campesinos de los pueblos cercanos y a los mejores artesanos del ducado de Bar, que trabajan en paz y sin impuestos en este oasis de prosperidad, con la única condición de servir en su ejército en caso de necesidad. Los franceses serán derrotados con rapidez, pero la defensa se revelerá mucho más ardua contra los mercenarios Lorenos e Imperiales, y de los Croatas quienes, abandonados por sus generales tras la derrota de los franceses en Magúncia (1635), penetran en el país de Bar, matando y saqueando.

Con traje de hombre, la dama de Saint-Baslemont pone en práctica su ciencia de la guerra y su ejército, gracias a todo tipo de engaños, consigue contener victoriosamente al enemigo, al que aterroriza con sus fulgurantes cargas de caballería. Yendo más allá de sus límites, irá hasta socorrer las plazas de Bar y de Verdún, escoltando los convoyes de víveres y provocando la admiración del gobernador de Verdún, el marqués de Feuquières, quien suplicará al rey poner bajo su mando una unidad militar acuartelada en Neuville. Pero la dama de Saint-Baslemont rehusará la oferta del rey Luis XIII, invocando su libertad.

 En 1644, Alberta-Bárbara pierde a su hijo, víctima de la peste, y su marido cae muerto en combate en Alemania. Un entorno envidioso y malévolo imputará esa doble desgracia a un castigo celestial provocado por sus ropajes masculinos y su actividad guerrera que ejerce, ciertamente, con mucha pasión. Impresionada, se limita entonces a proteger de los "Corbatas" (Croatas) el santuario vecino de Benoîte-Vaux, a veces al frente de su ejército alineado para la batalla, sin dejar de dar escolta a los convoyes que se dirigen a Verdún. Los capitanes franceses, para rendirle homenaje, la hacen retratar por el pintor Claude Deruet en el centro de un inmenso lienzo que representa sus hazañas.

 En su castillo, la dama de Saint-Baslemont se entrega a actividades literarias y artísticas para educar a sus vasallos. Propietaria de una rica biblioteca, conocedora de literatura antigua, patrológica y hasta gnóstica, lectora de los Jesuitas Bolandistas, escribe libros piadosos (de entre los cuales, un "Examen de Consciencia" de gran difusión en su época) y santas tragedias casi todas desaparecidas hoy en día. También compuso motetos para el coro de su capilla. Cuando Lorena es librada al temible gobierno del duque de La Ferté-Saint-Nectaire, que arruina los Tres-Obispados (Trois-Évêchés), la dama de Saint-Baslemont tampoco escapa a las confiscaciones: le requisa todos sus bienes, caballos, ganados, muebles, y le priva de sus mejores criados, obligándole a permanecer en su castillo a lo largo de cuatro interminables años cual una sombra en su propia casa ocupada. Afectada por la enfermedad y por la rabia causada por su impotencia, herida en su honor, se convierte en monja clarisa en Bar-le-Duc, pero su salud no pudiendo resistir semejante régimen, regresa a su casa para morir allí el año siguiente, el 22 de mayo de 1660. Deja tras de si a una única hija, Marie-Claude de Haraucourt, casada desde 1646 con Louis des Armoises, señor de Commercy.

 Rápidamente caída en el olvido gracias a la influencia mundana y machista que desconsidera a las "mujeres de carácter", Madame de Saint-Baslemont tan solo sigue siendo honrada en la región del Mosa. Su tumba, en la iglesia de Neuville-en-Verdunois, siempre se encuentra provista de flores. Su castillo, comprado por el Consejo General, es optimamente mantenido pero no se permiten visitas. Sus tragedias, marcadas por la erudición humanista del siglo anterior, fueron olvidadas hasta ahora, redescubriéndolas hoy como un precioso testimonio del teatro pre-clásico.



domingo, 17 de mayo de 2015

LA MARQUESA DE SÉVIGNÉ



SÉVIGNÉ_Marquesa de / Marquise de_Marie de Rabutin-Chantal, Marquesa de Sévigné y Dama des Rochers (Place Royale, París, 05-02-1627 / Castillo de Grignan, Provenza, Departamento de la Drôme, 17-04-1696). Célebre dama de la alta sociedad parisina del siglo XVII, que sobresalió como escritora y pensadora.

Nieta de una beata fundadora de la Orden de la Visitación de Santa María, que sería canonizada en 1767 con el nombre de "Santa Juana Francisca de Chantal", descendia de un linaje de rancio abolengo borgoñón. Tempranamente viuda de un turbulento marqués bretón y madre de dos hijos en 1651, brilló en el escenario de la alta sociedad parisina como pensadora y escritora, amiga de grandes figuras de la filosofía, de la religión, de las letras y de la corte. Cualquier historiador no puede dejar de referirse a los testimonios dejados por ésta en sus más de tres mil cartas, en las que analiza con humor y elegancia literaria todos los hechos notables de su época, siendo un testigo de primera fila del Gran Siglo Francés.


CUNA E INFANCIA


Nació en un palacete de la Place Royale de París, el 5 de febrero de 1627, hija de Celso Benigno de Rabutin, barón de Chantal, y de María de Coulanges, procedente ésta de una familia de las finanzas y de reciente nobleza. Su padre, que pertenecía a un ilustre y respetado linaje noble de Borgoña, era hijo de Cristóbal de Rabutin, barón de Chantal (1565-1601), caballero y distinguido militar que falleció en un estúpido accidente de cacería tras 9 días de horrible agonía, y de la beatificada Juana Francisca Frémiot (1572-1641), amiga de San Francisco de Sales y San Vicente de Paul, fundadora de la Orden de la Visitación y, mucho más tarde, elevada a los altares en 1767 como "Santa Juana Francisca de Chantal".

Huérfana de padre en 1627, caído en acto de servicio durante el asedio de la Isla de Ré, su madre fallece poco después en 1633, contando ella tan solo 7 años. Es pues tomada a cargo por sus tíos maternos, Philippe y Marie de Coulanges, sus tutores, quienes se ocupan a conciencia de su cuidada educación a pesar de que la familia es numerosa. De hecho, los Coulanges son personas de gran fortuna e influencia en el teatro de sociedad. Pasará entonces su infancia entre París y el castillo de Sucy, sin llegar a tener mucho contacto con su familia paterna.

Su educación es una de las mejores: aprende canto, baile, equitación, letras, un poco de latín, castellano y sobre todo italiano. Su formación literaria sería perfeccionada bajo la supervisión de Ménage y de Chapelain, eminencias de la época.


MATRIMONIO Y VIUDEDAD



En 1644, sus tíos encuentran para ella el marido supuestamente ideal: Henri, marqués de Sévigné (1623-1651), de excelente linaje bretón y con bienes nada despreciables. Si resulta seductor a primera vista, se revela con alma de rebelde, derrochador, excesivamente galante con las damas y siempre dispuesto a querellarse por una minucia.

El 10 de octubre de 1646 nacería su primera hija, Françoise Marguerite de Sévigné, que a la postre casaría con el conde de Grignan.

El 12 de marzo de 1648 nacería su hijo, Charles de Sévigné, el heredero.

Estalla por entonces la "Fronda" del Parlamento y de los Príncipes contra la regente Ana de Austria y el cardenal Mazarino. El marqués de Sévigné, partidario del duque de Longueville contra la autoridad de Mazarino, hace entonces figura de rebelde. En 1650, con el dinero de su mujer, el marqués compra el cargo de gobernador de Fougères. Un año más tarde, Henri de Sévigné se batía en duelo por su amante Madame de Gondran, muriendo atravesado por la espada de su contrincante.

Viuda la marquesa de Sévigné, cuenta entonces 26 años y con dos hijos a cargo. Afortunadamente, buena parte de su herencia había sido protegida por su tío el abad de Coulanges, hábil hombre de negocios que había obtenido la separación de bienes de su sobrina y del marido de ésta, con el fin de evitar el prolongado derroche de su fortuna.

En 1652, una violenta disputa entre el duque de Rohan y el caballero de Tonquédec tiene lugar ante la casa de la marquesa. La causa fue que ambos suspiraban por obtener su mano y se batieron en duelo para decidir quién podría pedirle en matrimonio. Aunque halagada, la marquesa rehusará las ofertas de los dos suspirantes y optará por permanecer libre y única dueña de sí misma.


TEATRO DE SOCIEDAD





La marquesa de Sévigné, entonces viuda y libre de un marido derrochador, rebelde y duelista, deja sus tierras de Bretaña para aparecer en el teatro de la refinada sociedad parisina. Muy bien rodeada y celebrada por los poetas Saint-Pavin, Marigny y Montreuil, se labra una merecida fama de mujer de mundo culta y amable. Entre sus amistades se cuentan a la prima-hermana del rey Luis XIV, la Duquesa de Montpensier, la Condesa de La Fayette, la mundana viuda del poeta Scarron, Françoise d'Aubigné (futura marquesa de Maintenon), la novelista Madeleine de Scudéry, ...

En esa misma época se instala en el palacete Carnavalet que, durante años, sería su residencia parisina en el aristocrático barrio del Marais, vecino al palacio de los duques de Guisa. En su patio erigirá una estátua del rey Luis XIV.

Cuando en 1661 Luis XIV toma efectivamente las riendas del poder, al fallecer el cardenal Mazarino, acontece la famosa recepción del superintendente Nicolas Fouquet en su castillo de Vaux-le-Vicomte, ofrecida al rey y a toda la corte. Insultado por tanta magnificencia y sospechando malversaciones, Luis XIV mandará arrestarlo y abrir un juicio contra Fouquet, gran amigo de la marquesa de Sévigné.

Al confiscarse los papeles y documentos del ex-superintendente de Hacienda, Luis XIV descubre varias cartas de la marquesa que encuentra "adorables" después de leerlas. El parecer del rey no hace más que dar más lustro si cabe al prestigio de la autora.

En 1663, la marquesa figura como bailarina en "el Ballet de las Artes" y, el año siguiente, en "el Ballet de los Amores" que animan las fiestas de la corte. Parece ser que, entonces, la marquesa se convierte en el centro de atención del monarca.

El mismo año, París se entera de que Fouquet es finalmente condenado al encarcelamiento de por vida, a pesar de las protestas y peticiones de clemencia de sus numerosos amigos entre los que se cuenta a la marquesa de Sévigné.

En 1665, su primo el Conde de Bussy publica su escandalosa obra "la Historia Amorosa de las Galias" donde éste hace un cruel retrato de la marquesa de Sévigné, a la cual culpa de haberle negado un préstamo necesario para su última campaña militar. Es el principio de un largo enfado entre los dos primos. A esto se añade que muchos señores y grandes damas se hallen harto comprometidas por el libro de Bussy. Se encuentra, incluso, el propio rey satirizado por el conde junto con sus amantes. La ira del rey se traduce en un año de encarcelamiento en La Bastilla para el conde de Bussy, y un exilio en sus tierras borgoñonas largo de 18 años.

En enero de 1669, la marquesa casa a su hija: "la más hermosa chiquilla de Francia casa, no con el más hermoso chico, sino con el más honesto de los hombres del reino...". Françoise-Marguerite de Sévigné contrae matrimonio en París con el Conde de Grignan, de 37 años de edad, dos veces viudo y jefe de una vieja familia provenzal.

El mismo año, la marquesa compra para su hijo el cargo de porta-insignia del Regimiento de los Gendarmes del Delfín.

El conde de Grignan, nombrado teniente general del Rey en Provenza, abandona entonces París para tomar posesión de su cargo.

Al año siguiente, en 1670, nace la 1ª hija de la Condesa de Grignan: Marie-Blanche. La pobre niña entraría en un convento a la edad de 5 años, donde acabaría por tomar el velo de por vida.

El 4 de febrero de 1671, la condesa hace sus baúles para reunirse con su marido, dejando sola a su hija a cargo de su madre. Esa fecha es el punto de partida de una numerosa y extensa correspondencia entre madre e hija.

En noviembre, la condesa da a luz a su 2º hijo, un varón: Louis-Provence de Grignan, nieto de la marquesa de Sévigné.

De 1672 a 1673, la marquesa se reuniría con su hija y yerno en Provenza, no volviendo a París hasta 1674, acompañada por su hija que haría una estancia en París prolongada hasta 1675. Ese mismo año, daría a luz a su tercer hijo: una niña llamada Pauline de Grignan; mientras, en Bretaña se producían insurrecciones populares que fueron brutalmente reprimidas.

En 1676, la marquesa de Sévigné se traslada a su castillo bretón des Rochers, donde su espléndida salud se ve mermada por un reumatismo que tendrá que combatir tomando las aguas termales de Vichy. Su hija se reuniría con ella en París, permaneciendo juntas hasta 1679, con viajes frecuentes en Provenza durante 1677.

En 1679 fallece el cardenal de Retz, pariente y amigo de la marquesa, y poco después marcha su hija a Grignan, no volviendo hasta 1681 y permaneciendo de nuevo con ella en París hasta 1684, ya que Charles de Sévigné contrae finalmente matrimonio con Marguerite de Mauron, en el castillo des Rochers, en Bretaña. Por desgracia, la joven pareja nunca obtendrá descendencia.

Mientras tanto, la marquesa de Sévigné reparte su vida entre su salón mundano y literario de París y sus asuntos en Bretaña, ya que no descuida sus tierras y sus negocios.

1685 marca otro reencuentro de madre e hija, inseparables y bien avenidas. La marquesa irá el mismo año a Bourbon-L'Archambault, a tomar las aguas termales para su reuma.

En 1688, fallece su tío el abad de Coulanges, rico y hábil hombre de negocios que la salvó antaño de la ruina interviniendo en su matrimonio. El mismo año, su hija regresaría nuevamente en Provenza, hecha una incansable viajera. En 1689, la marquesa dejaba sus tierras bretonas para reunirse con su hija en el castillo de los Grignan, prolongando su estancia provenzal hasta 1691, fecha en la que regresaría a París acompañada por su hija y su yerno.

En 1694 se produce la última separación de madre e hija cuando la condesa de Grignan regresa en Provenza, y que la marquesa acaba por ir a verla algunos meses más tarde.

En 1695, el nieto de la marquesa, el marqués Louis-Provence de Grignan, contrae matrimonio con Anne-Marguerite de Saint-Amand, hija de un rico intendente de provincias. El duque de Saint-Simon dirá en sus memorias que la condesa de Grignan presentó a su nuera en sociedad con este cruel comentario: "Hace falta estiércol sobre las mejores tierras..."

El mismo año, se casa la otra hija de la condesa, Pauline, con el marqués de Simiane.

Es el último festejo familiar al cual participaría la marquesa de Sévigné ya que, durante su estancia en el castillo de Grignan, fallece el 17 de abril de 1696.

En 1704, es su nieto Louis-Provence de Castellane, marqués de Grignan quien muere a la edad de 33 años y sin hijos, por lo que el linaje de Grignan se extingue con él.

Un año después, la condesa de Grignan fallece agotada por sus numerosas enfermedades y una pena inconsolable por las muertes de su hijo y de su madre. Su hermano, el marqués Charles de Sévigné, después de llevar una vida de jolgorio y luego de ermitaño jansenista, le seguiría a la tumba en 1713, dejando tras de sí varios hijos naturales que serían a la postre legitimados y reconocidos por el rey.

En 1714, moriría finalmente el conde de Grignan en una posada de Lambesc, en Bretaña.

No sería hasta 1725 que aparecerían publicadas algunas de las famosas cartas de la Marquesa de Sévigné.

En 1737, la última heredera, Pauline de Castellane de Grignan, marquesa de Simiane, fallece; los castillos des Rochers y de Grignan, con todo su mobiliario y hasta los retratos de familia son puestos en venta para pagar las deudas de los Grignan.

 

martes, 1 de enero de 2013

LA Iª DUQUESA DE NEWCASTLE




NEWCASTLE_Iª Duquesa de / 1st Duchess of_Honorable Margaret Lucas, Iª Duquesa de Newcastle-upon-Tyne, Iª Marquesa de Newcastle-upon-Tyne, Condesa de Newcastle, Vizcondesa de Mansfield, Baronesa y Condesa Ogle, Par de Inglaterra, Lady Cavendish, Dama [Mistress] de Bolsover Castle y de Welbeck Abbey (Saint-John Abbey, Colchester, Essex, 1623 / Welbeck Abbey, Nottinghamshire, 15-12-1673). Fue dama de honor de la Reina Enriqueta-María de Francia, consorte del rey Carlos I de Inglaterra, de Escocia e Irlanda, escritora, ensayista, filósofa, dramaturga y poeta inglesa.

Lady Margaret Lucas nació en el seno de una de las más opulentas familias aristocráticas del condado de Essex, octava hermana de los ocho retoños nacidos del matrimonio de Sir Thomas Lucas de Saint-John de Colchester, Gran Sheriff de Essex, y de la Honorable Elizabeth Leighton. Muy conocidos fueron dos de sus hermanos, Sir John Lucas (1606-1671), 1er Barón Lucas de Shenfield & Par de Inglaterra -a partir de 1645-, y Sir Charles Lucas de Colchester -Lord Lucas a título póstumo- (1613-1648), que fueron figuras de proa del movimiento realista durante la Guerra Civil británica.





Presentada e introducida en la corte del rey Carlos I en 1643, se convirtió en dama de honor de la reina Enriqueta-María de Francia, a la que siguió en el exilio instalándose en la corte del joven rey Luis XIV de Francia (1644), tras la derrota de las tropas reales en Marston Moor. Fue en el curso de su estancia en el exilio francés donde conoció al que sería su marido, Sir William Cavendish, Barón de Ogle, 1er Marqués de Newcastle (1592-1676) -y futuro 1er duque de Newcastle-; al contraer matrimonio en 1645, se convertía en su 2ª esposa, teniendo ella 22 años y él 53. Era entonces un hombre inmensamente rico, perteneciente a una de las más eminentes familias británicas (los Condes de Devonshire), y que desempeñaba el cargo de gobernador del Príncipe de Gales -futuro rey Carlos II-. Sin embargo, dimitió de su cargo en el curso de las maquinaciones políticas que iban a desembocar en la guerra civil inglesa y optó por exiliarse.





En 1651, Margaret regresó a Inglaterra para una breve estancia durante el mes de noviembre, empleando su tiempo en escribir su primera obra.

De regreso a Inglaterra con la "Restauración" de 1660, que ponía un término a la república dictatorial puritana de los Cromwell y devolvía el trono a Carlos II, Lord William Cavendish fue recompensado con la erección de su marquesado en ducado y Margaret se convirtió en la flamante 1ª Duquesa consorte de Newcastle (1665).

Siempre atenta a los chismorreos y rumores cortesanos, y de los secretos más íntimos de sus contemporáneos, Margaret encontraría de sobras buen material en terreno tan abonado para sus trabajos literarios.

Mujer poeta, filósofa, ensayista, dramaturga y, sin duda, eficiente e incansable publicista de si misma y de sus obras, dió el primer paso, sin precedentes entre las mujeres de tan alto rango, publicando ella misma sus trabajos sin adoptar seudónimos, consciente del peligro que acechaba a los escritores cuando éstos, por miedo y prudencia, publicaban sus obras bajo nombres falsos y exponiéndose a ver cómo otros se atribuían el mérito o las ideas. Hasta este punto era consciente del valor de la propiedad intelectual. Puntualicemos que, pese a haber recibido una educación propia de las mujeres de su tiempo, que se limitaba a la música, el baile, la escritura, el saber estar, las manualidades domésticas y otras artes del estilo, Margaret se hizo a si misma gracias a su sed de saber y su enorme curiosidad.

El famoso cronista londinense y contemporáneo de la duquesa, Samuel Pepys, dijo de ella que era una "... loca, vanidosa y ridícula..." . Sus enemigos y detractores, que la desprecian por su condición de fémina y por su osadía de convertirse en escritora aplaudida, se burlan de su extravagancia en el momento de vestirse: original hasta en el más nimio detalle, crea sus propios vestidos y los luce sin ruborizarse, creando escuela... Lo que está claro es que, como escritora, se salía de lo normal; en su obra "New Blazing World", Margaret escribió la que se considera como la primera novela de ciencia ficción de la época. Y, prodigiosamente activa, permanece siendo la única mujer de su tiempo en haber publicado más de un libro, al menos en Europa.

Como filósofa, Margaret rechazó el pronunciado Aristotelianismo del siglo XVII en su "Natures Pictures", y combatió los puntos de vista de Thomas Hobbes (rebatiendo su "Leviathan"), de René Descartes (argumentando sobre la dignidad y racionalidad de los hombres y los animales), Robert Boyle y otros eminentes miembros de la Royal Society de Londres, que frecuenta asiduamente pese a que, por su condición de mujer, le es inicialmente vetada la asistencia.

Interesada en todos los avances científicos, criticó a los experimentalistas argumentando que la razón debía guiar los sentidos, y anotó la desconfianza existente acerca de los telescopios y microscopios, cuando ella disponía de una colección de 7 telescopios adquiridos por su marido entre 1644 y 1660, y que utilizaba para observar el firmamento, tal era su entusiasmo por la astronomía.

Tras una obstinada insistencia, la duquesa consigue asistir a una sesión de experimentos de Robert Boyle en la Royal Society (1667). La victoria no fue fácil: sus insistentes peticiones provocaron un alud de discusiones entre los académicos, y no pocos desaires por parte de éstos, antes de que se avinieran a concederle ese deseo.

Retirada en las posesiones de su marido, en Welbeck Abbey (Nottinghamshire), Margaret Lucas-Cavendish, duquesa de Newcastle, fallece súbitamente el 15 de diciembre de 1673, con tan solo 50 años y con nada menos que 14 obras publicadas en su haber. Tal es su prestigio, que Carlos II dispone que sea sepultada con honores en la Abadía de Westminster (Londres), privilegio que se concede únicamente a los personajes más relevantes del país.

El duque de Newcastle, viudo y aquejado de la enfermedad degenerativa de Parkinson, moriría 3 años después, en 1676, y a la avanzada edad de 84 años.





En sus "Opiniones Filosóficas y Físicas", la duquesa escribió sobre la condición de las mujeres de entonces:

"Paupérrima educación, exclusión de las instituciones públicas, subordinación política y desamparo, dictados fisiológicos desde la niñez, y la convicción social en ver a las mujeres como seres incompetentes, irresponsables, incapaces de inteligencia e irracionales."

Algunas de sus obras importantes, entre las 14 que dejó a la posteridad, fueron:

-Poems and Fancies, 1653

-Philosophical and Physical Opinions, 1655

-Natures Pictures, 1656

-A True Relation, 1656 (autobiografía)

-Playes & Orations of Divers Persons, 1662

-Philosophical Letters, 1664

-New Blazing World, 1666

-The Convent of Pleasure

-Atomic Poems

-The Life of William Cavendish, 1667 (biografía de su marido)

-Observations upon Experimental Philosophy, 1668

-Grounds of Natural Philosophy, 1668

etc.