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miércoles, 1 de abril de 2015

EL VIZCONDE DE CHABOT




CHABOT_Vizconde de / Vicomte de_Charles Rosalie de Rohan-Chabot, Caballero y Marqués de Soubran, Conde de Jarnac, Vizconde de Chabot, Señor de Clion, Maroite y Brassac, Co-Señor de Montagrier y de Chapdeuil (Hôtel de Rohan-Chabot, Paris, 09-07-1740 / Twickenham, Londres, ?-08-1813). Fue un oficial del Ejército Francés que llegó a mariscal-de-campo y de los Ejércitos del Rey Luis XVI, Comandante del país de Aunis y de las provincias de Saintonge, del Poitou y del Angoumois, Inspector y comandante de la 15ª División de Caballería del Ejército.

Fue hijo del Conde Guy Auguste de Rohan-Chabot, Conde de Maillé-Seizploue, más conocido bajo el título de Caballero de Rohan (1683-1760), célebre por su altercado con Voltaire, a quien mandó sus criados para darle una bastonada. Su madre fue Marie-Yvonne Sylvie du Brail de Rays (1712-1740). Descendiente del célebre espadachín Guy Chabot, Barón de Jarnac (autor del famoso "Golpe de Jarnac"), y biznieto de Henri Chabot de Saint-Aulaye, 2º Duque de Rohan tras su matrimonio con la Duquesa Marguerite de Rohan.

En 1759, contrae nupcias con Guyonne Hyacinthe de Pons, hija de Charles Philippe de Pons, Marqués de Saint-Maurice, y de Marie-Charlotte Lallemand de Betz. Tendría de ésta una hija:



-Adélaïde Louise Guyonne de Rohan-Chabot de Jarnac (1761-1805), más conocida como "Mademoiselle de Jarnac"; c.c. (1778) 



Boniface Louis André de Castellane, Conde de Castellane-Novejan (1757-1837); padres de:



-Esprit Victor Elisabeth Boniface de Castellane, Conde y Marqués de Castellane-Novejean (1788-1862), Mariscal y Par de Francia; c.c. (1813) 



Louise Cordélia Eucharis Greffulhe => 4 hijos / Casa Condal de Castellane-Novejean.

Muerta su esposa en el parto a la edad de 17 años, el Conde de Jarnac se casa nuevamente 15 años más tarde, en 1776 en Irlanda, con Elizabeth Smith, de 18 años, madre de su hijo varón:

-Louis Guy Charles Guillaume de Rohan-Chabot (1780- ? ), Vizconde de Chabot, Par de Francia.

El Vizconde de Chabot y luego Conde de Jarnac, abrazaría la carrera militar siendo recibido a la edad de 13 años (1753) en el cuerpo de los Mosqueteros Negros de la Guardia del Rey, en el que permanecerá hasta 1758, año en el que es enviado como Capitán del Regimiento de Caballería Royal-Etranger, bajo el mando de su hermano mayor el Conde de Chabot, convertido éste en Duque de Rohan. Ese mismo año se convierte en el último Conde de Jarnac.

De 1772 a 1780, el conde encarga las obras de embellecimiento del Castillo de Jarnac al arquitecto François-Nicolas Pineau. Por aquella época, su tierra de Jarnac es un feudo importante compuesto por 15 parroquias y 2 enclaves que contienen 115 pueblos, 45 vasallos notables y 11.000 habitantes.

En 1781, Luis XVI le nombra mariscal-de-campo y comandante de las provincias de Aunis, de Saintonge, de Angoumois, e inspector y comandante de la 15ª división de caballería, pero ya no abandona su condado. Debido a su rango militar, asume el mantenimiento del orden público durante el período de carestía de los 6 primeros meses de 1789. Por otro lado, participa activamente a la convocatoria de elecciones para los Estados Generales de Angulema y asiste al principio a la asamblea de la nobleza de Angoumois. Sin embargo, sus ideas avanzadas no serán del gusto de sus semejantes que, apegados a sus privilegios, serán aparcadas y olvidadas. Consciente que el tiempo de su señorío toca a su fin, se retirará de la asamblea antes de la elección de los diputados para los Estados Generales de Versailles.

En setiembre de 1790, sintiendo que ya no cuenta para nada y que ha dejado de ser influyente, decide hacer sus baúles y embarcarse para Irlanda tras recibir el permiso del rey Luis XVI. Dejando atrás su país, jamás tomará las armas contra sus compatriotas. Desde el momento en que la emigración del Conde de Jarnac es oficialmente constatada y pese a que Irlanda es considerada por el gobierno como "país amigo", sus tierras y su castillo de Jarnac son inmediatamente confiscados y pasan a ser bienes nacionales.

Después de la Revolución Francesa y durante los primeros años del Ier. Imperio, el exiliado Conde de Jarnac cambia Irlanda por Inglaterra, mudándose a la localidad de Twickenham, cerca de Londres, donde fallecería en agosto de 1813.

 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

EL IIº CONDE DE ROFFIGNAC



ROFFIGNAC_IIº Conde de / 2ème. Comte de_René Annibal de Roffignac de Belleville, IIº Conde de Roffignac, Señor de Belleville, Grande de España, Caballero de la Orden de Montesa (Castillo de Belleville, Feuillade, Angoulême, Francia, 24-12-1740 / Madrid, España, 23-09-1807). Hijo de Jean de Roffignac, 1er Conde de Roffignac, y de Louise du Faux de Verrière, pertenece a una vieja y poderosa familia del Limosín que, por matrimonio de Gaspard de Roffignac con Favienne Morin de Belleville en la 1ª mitad del s. XVII, heredó del señorío y castillo de Belleville.

Contrajo matrimonio el 4 de febrero de 1768 con Marie-Madeleine Van Tongeren (1748-1793), rica heredera de una familia originaria de Flandes y dueña de una importante fábrica de papel de Angoulême. Él y su esposa fueron presentados en la corte de Versailles el 19 de julio de 1773, ante el rey Luis XV y la familia real (Honores de la Corte). El matrimonio produjo 3 hijos:

-Louise Elisabeth de Roffignac (1768-1849); c.c. Jean de Vassoigne, Caballero de La Bréchinie y de Grassac.

-Louis-Philippe Joseph, 3er. Conde de Roffignac (1773-1846); c.c. (1806) Solidelle Félicité Montégut => con descendencia / Casa Condal de Roffignac.

-Charles-Philippe de Roffignac, Vizconde de Roffignac (1781-1863).

Sirve desde la adolescencia como voluntario en el ejército francés y le encontramos más tarde con rango de capitán en el Regimiento de Chartres; se distingue en el bloqueo de Gibraltar y pasa al servicio del Rey de las Españas en 1784. Carlos III le recompensa concediéndole el título y rango de Grande de España. Llegaría a ser mariscal de campo y caballero de la Orden de Montesa. En 1792, figura como general de división para defender Cataluña de la ofensiva francesa. Llega incluso a ofrecer su cabeza para salvar la del rey Luis XVI de Francia, en vano. Cuando España declaró la guerra a Francia, vuelve a mandar el ejército que defiende la frontera pero es capturado por los franceses en julio de 1793 en el Bidasoa. Hecho prisionero tras su derrota, es retenido no como prisionero de guerra sino como "emigrante francés", estatus que le condena irremediablemente a la guillotina. Empieza su internamiento en Duplessis, luego su traslado en el Palacio de Luxembourg para acabar en La Conciergerie, antecámara de la muerte. Le salva la caída de Robespierre y la obstinada valentía de su hija para que revisasen su estatus. Liberado, es trasladado a la casa de salud Desnos y en el Hôtel de Dreneux, sin recobrar la plena libertad. Sería finalmente liberado como prisionero de guerra en 1795, y devuelto a la frontera española en un intercambio de prisioneros.

Nuevamente destinado en Santiago de Compostela a partir del 16 de abril de 1799, uno de sus hijos se casó en Galicia -fundando familia allí- y otros volvieron posteriormente a Francia. Murió en Madrid el 27 de junio de 1807.

 

jueves, 30 de octubre de 2014

EL VIIº PRÍNCIPE DE CONDÉ




CONDÉ_VIIº Príncipe de / 7ème. Prince de_Louis IV Henri de Bourbon-Condé, VIIº Príncipe de Condé y Príncipe de La Sangre, XIVº Duque de Bourbon, IXº Duque de Montmorency, XIº Duque de Guisa, VIº Duque de Bellegarde, VIIº Duque d'Enghien y d'Albret & Par de Francia, XXVIº Conde de Sancerre y XXIVº Conde de Charolais, Señor de Chantilly (Palacio de Versailles, 18-08-1692 / Castillo de Chantilly, 27-01-1740).

Hijo y heredero del duque Luis III de Borbón, 6º Príncipe de Condé, y de Mademoiselle de Nantes, Luisa-Francisca de Borbón (hija legitimada del rey Luis XIV de Francia y de la Marquesa de Montespan), tuvo por hermanos a Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, Luis, Conde de Clermont y a Luisa-Elisabeth, Princesa de Conti. Casó en primeras nupcias con Maria-Ana de Borbón-Conti, y en segundas con la Princesa Carlota de Hessen-Rheinfels-Rottenburg.

Se le describió de altura normal, lo que es de subrayar en la familia de Condé dada la herencia genética de Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, que otorgó muy a menudo a los miembros de esta familia una pequeñísima estatura. Sin embargo, los desarreglos mentales permanecieron aunque éstos iban menguando a medida que las generaciones se sucedían en el tiempo. Se sabe que el príncipe tenía el rostro huesudo y la voz ronca. Hasta la muerte de su padre, Luis IV Enrique de Borbón-Condé ostentó oficialmente el título de "Duque de Enghien", para luego recibir autorización regia de tomar el título de "Duque de Borbón", título que, sea dicho de paso, prevaleció sobre el de Príncipe de Condé por cuestión de gusto.

Fue la célebre Duquesa de Orléans, Princesa Palatina Elisabeth-Carlota de Baviera, familiarmente apodada "Liselotte" quien, en sus cartas, le describió tal que así: "Un extraño pájaro, muy alto, huesudo, enjuto cual una astilla de madera, el cuerpo curvado, cortísimo, las piernas largas como las de una cigüeña y sin gemelos, los ojos horrendamente rojos, las mejillas vaciadas, el mentón tremendamente largo, de tal forma que parecía no pertenecer al rostro, y gruesos labios; en pocas palabras, una fealdad que incluso en la corte no se encuentra con frecuencia. Con esto, el personaje posee mucho vigor, mucho talento para los ejercicios del cuerpo más aún que para los del espíritu, grandes conocimientos y mucha aplicación en los asuntos..."

A sus 18 años de edad, recibe todos los cargos y gobiernos que, dos años atrás, su padre Luis III de Condé había tenido en heredad de su padre el Príncipe. A los 23 entra en el Consejo de Regencia, aliándose al regente Felipe II de Orléans, contra su tía Ana-Luisa-Benedicta que maniobraba e intrigaba para conservar el rango de "Príncipe de la Sangre" de su marido el Duque du Maine.

En 1713, a la firma del Tratado de Utrecht que fuerza a Francia a renunciar a sus pretensiones sobre el trono de España, Luis IV Enrique de Borbón-Condé escribe al rey que "nadie dispone del derecho de pretensión más que Dios mismo y que no pertenece a ningún rey el privilegio de decidir quien debe suceder a quien."


El Príncipe y los Bastardos Reales


Asedia al Regente, que parece mostrar cierta lentitud y dejadez ante los príncipes legitimados que conforman el bloque conservador y rival en la Corte, pretendiendo echarle de la regencia y ocupar su puesto al timón:

Borbón:-"Señor, finalmente mantendréis palabra?"

Orléans:-"Paciencia, Primo Mío, por qué impacientaros de este modo? Conozco de sobras las ganas que tenéis de rebajar a los príncipes legitimados, vuestros tíos. Sé también que, cuando pretendía a la regencia, os prometí mi apoyo."

B-"Basta ya! Ya no me haréis esperar más con vuestros hermosos discursos. Me dais cien palabras y no cumplís ni una sola. ¿Acaso os habéis vuelto sordo y ciego ante las calumnias vertidas contra vos por las gentes de Sceaux?"

O-"Las picaduras me dejan indiferente."


B-"Decid mejor que deseáis acomodaros con vuestra esposa que, sobre todas las cosas, se le ve aún más bastarda que sus hermanos!"

O-"Vigilad vuestras palabras, Monsieur. Que seáis mi pariente y mi aliado no os concede privilegio para estas libertades. ¿Debo recordaros que vuestra madre es hermana de mi esposa? Cuando se tiene a una Marquesa de Montespan por abuela, no se puede uno abrochar demasiado alto el botón. Tomadlo de otra forma, sin altanería, o me haréis enfadar de verdad."


Las Duquesas


El Duque Felipe II de Orléans, acabará harto de los repetidos asedios del Príncipe de Condé. Para atraerlo en su campo antes de la sesión parlamentaria que debía determinar sobre la suerte de la regencia, le promete obtener, tan pronto como tenga en sus manos las riendas del poder, la anulación de las actas de 1714 y 1715 que conferían a los bastardos legitimados el derecho a suceder en el trono y el rango de príncipes de la Sangre. Pero el gesto le repugna de tal modo que no consigue resolverse a cumplir con su promesa. Orléans no desea infligir semejante desagravio a su consorte quien, mal amada por sus hijos, tiene por su verdadera familia a sus hermanos. Sabe que, además, los bastardos no le amenazan mientras él no pretenda despojarles de forma tan radical de sus privilegios. El regente ve con claridad el asunto y esta querella tan solo se debe a un odio entre mujeres. A un lado se encuentra Madame la Duquesa, viuda de Luis III de Condé, y al otro lado la Duquesa du Maine. La primera, convertida por matrimonio en princesa de la Sangre, trabaja para allanar el camino a sus hijos; la segunda, nacida princesa de la Sangre, y obsesionada por conservar el rango, asedia a su marido y a sus fieles "Caballeros de La Mosca de Miel" (fantasiosa orden caballeresca creada por ella para honrar a sus más leales amigos que frecuentaban su pequeña y brillantísima corte del castillo de Sceaux). Pero de hecho, la historia viene de más lejos aún. A la muerte del príncipe Enrique III Julio de Condé, el demente que hizo infernal la vida a su familia, se habían tardado meses y meses para establecer un inventario de sus inmensos bienes y para desenmarañar su sucesión, puesto que el príncipe Luis III, apodado "el Simio Verde", no podía pretender hacerse con el pastel entero de la herencia; sus hermanas, hambrientas, entre las cuales se contaba a la Duquesa du Maine, reclamaban a voces sus partes correspondientes. Desgraciadamente, Luis III se había hecho con toda la herencia desde hacía mucho sin pensar, ni un solo momento, proceder al reparto de la herencia principesca. No hizo falta nada más para que hermano y hermanas se enemistasen y se peleasen de forma tan terrible. Dado que al morir Luis III de Condé, la herencia pasa a ser de su heredero Luis IV Enrique, el espinoso asunto persiste y se prolonga de una generación a otra.


La Victoria


Tras la revocación de los edictos que instituyeron como sucesores al trono a los bastardos legitimados, en el caso de que desaparecieran las ramas legítimas y colaterales de la Casa Real, el Príncipe de Condé pretende abatir a sus rivales de forma completa. Pretende, además, hacerse con la superintendencia de la Educación del Rey Luis XV. Este cargo tiene que depender, por norma, del Primer Príncipe de la Sangre, y quién mejor que él para pretender a este puesto. Felipe II de Orléans, bajo su aparente inconsecuencia, es un hombre regido por la prudencia y un avezado político. Para obtener la regencia sin reparto de poder, ha adulado al Parlamento de París. En este caso, le es menester el apoyo de los príncipes de la Sangre y de los duques y pares para ir contra sus antiguos aliados. Sin embargo sabe que, el que pide ha de dar algo a cambio: a los pares, la supresión del odiado rango intermedio y, al cuervo de Luis IV Enrique de Condé, la superintendencia de la Educación del Rey. El asunto acaba por zanjarse y viene, finalmente, el golpe de gracia: si el Duque du Maine no posee más derechos que los que están ligados a su paridad ducal, el Mariscal-Duque de Villeroy, que posee una paridad mucho más antigua, no puede servir bajo sus órdenes. La petición es justa y todo el mundo se pone de acuerdo en este punto. El regente sentencia salomónicamente y el clan Borbón-Maine estalla iracundo. Es entonces en este punto de inflexión, cuando se produce el enemistamiento entre el regente y los Duques du Maine, y se plantan las semillas de la conspiración de "Cellamare", llevada a cabo por y bajo la batuta de Ana-Luisa-Benedicta de Borbón-Condé, duquesa du Maine. Cuando ésta será descubierta, los duques serán encarcelados. Para colmo de revancha, la duquesa du Maine lo será en las tierras mismas del Duque de Borbón: primero en Dijon, luego en Châlons. Pero esto no parecerá contentar al cuervo de Condé, que desea como trofeo la mismísima cabeza del cojo duque du Maine. De la cárcel siempre se acaba saliendo. De hecho, los esposos serán liberados un año después de su cautividad. Mientras tanto, el Duque de Borbón dará su último golpe al clan de Borbón-Maine, haciéndose con el cargo de Gran Maestre de la Artillería.

El Duque de Berry (nieto de Luis XIV y tío de Luis XV), bastante descuidado como era costumbre en él, le había reventado un ojo al Duque de Borbón durante una cacería. Habiéndose enriquecido gracias al sistema financiero de John Law, provocó la bancarrota de éste cuando exigió que le devolviese sus inversiones al contado: 60 millones en oro. Aquello provocó el descrédito del sistema y toda la obra de Law se desmoronó, dejando Francia más pobre que antes contando algunas excepciones particulares. Sesenta millones para Luis IV Enrique de Borbón-Condé, cinco para Luis-Armando II de Borbón-Conti... Un día en que presumió de su cuantiosa fortuna personal, uno le replicó que "si él tenía el dinero, sus antepasados tenían la gloria".

Pese a ser una persona notablemente inteligente, era bastante indiferente en materia financiera y dejaba a sus financieros la gerencia de sus pingües beneficios en su nombre.


La Muerte del Regente


El Rey Luis XV llora a moco tendido sobre el hombro del Duque de Borbón, ese cuervo tuerto que por norma le provoca cierto repelús físico cuando le ve. Su Majestad llora, y el Duque, superintendente de su educación y primer príncipe de la Sangre, irradia felicidad. Finalmente, el poder se ofrece a él: el duque de Orléans ha muerto fulminado por una apoplejía, en la noche del 2 de diciembre de 1723. No se puede uno librar a la sistemática destrucción, piedra a piedra, de la obra levantada por su predecesor en el gobierno a lo largo de ocho años. Pero si sienta bien administrar sin amarguras la herencia, hay que saber también mirar hacia el futuro. Si el joven Luis XV viniera a fallecer, ¿qué sería del clan de los Condé? En el orden sucesorio, es el duque de Orléans, hijo del difunto regente, quien ceñiría la corona, y sus hijos después de él. A los Condé no les quedaría más que su hermoso castillo de Chantilly para plantar coles... Raudo y veloz, el Duque de Borbón se ha propuesto ante el entristecido monarca para colmar el vacío dejado por el difunto al frente del Gobierno de la Nación. No pudiendo ser regente, dado que el rey ha dejado de tener 13 años de edad, será primer ministro y primer príncipe de la Sangre. Suena entonces el final de la influencia del clan Orléans... El escenario pertenece a los Condé. La madre de Luis IV Enrique tomará entonces su revancha, tomando la delantera sobre su hermana pequeña a la que tuvo que ceder el paso durante 30 largos años. Que su hijo no entienda nada de política, que el pueblo le odia, poco le importa!


Los Asuntos de España


Tiempo llevaba ya el clan Condé planeando romper esas bodas franco-españolas que aureolaban con insolente gloria la Casa de Orléans. El 9 de febrero de 1724, el rey Felipe V de España había abdicado en favor de su hijo primogénito el Príncipe de Asturias, Luis I, entonces desposado con una princesa de Orléans. Se había cumplido el sueño de la Duquesa de Orléans: el de despertarse un día siendo la madre de la reina de España. Desgraciadamente, Luis I de España tuvo un efímero reinado: siete meses después, fallecía de viruelas y su viuda era devuelta a Francia sin haber dado herederos al trono de Las Españas. Pero, hasta su último día, aquella pécora que eructaba en las narices de cortesanos y embajadores, conservará en la corte francesa su rango de reina y nada ni nadie podía hacerla descender del pedestal. De esto enrabian Madame la Duquesa de Borbón y sus hijas, que deben doblegarse ante las exigencias de la etiqueta y curvar el lomo ante aquella indecorosa soberana. Para empeorar las cosas, Felipe V había acordado el matrimonio de su otro hijo con la hermana de Luisa-Isabel de Orléans, Mademoiselle de Beaujolais, de entonces 9 años de edad y que posee tantas virtudes como malas maneras tiene su mayor.


La Boda del Rey

Luis IV Enrique de Borbón-Condé no se muestra dispuesto a seguir sufriendo del triunfo de los Orléans, eclipsando a su propia casa. Lejos de mostrar paciencia, pues el joven rey puede en cualquier momento caer otra vez enfermo y contraer alguna fiebre maligna que le lleve a la tumba, se propone asegurar la sucesión real del Borbón primogénito (Luis XV). El Duque de Borbón tiene bastante audacia y baraja casar a una de sus hermanas con el soberano: Enriqueta de Borbón-Condé, Mademoiselle de Vermandois, o Elisabeth de Borbón-Condé, Mademoiselle de Sens, son candidatas ideales a reinas de Francia y eso sería un golpe magistral en el que los Condé conseguirían finalmente la supremacía sobre sus rivales Orléans, pudiendo rebajarles los humos.

Sabía de sobras que si Luis XV viniera a fallecer sin hijos (pues ya andaba prometido con la Infanta de España, Doña María-Ana Victoria de Borbón), la corona sería automáticamente ceñida por el Duque Luis I de Orléans, un personaje tachado de "tonto" que pasaba por ser un "mea-pilas" y un beato que provocaba no pocos comentarios jocosos entre la alta sociedad parisina, al tener una actitud y un modus vivendi estrafalario y original. Sobretodo era conocido el odio recíproco entre las dos casas principescas, un odio vigilante, y el Duque de Borbón sentía cierta desesperación ante la idea de tener que poner rodilla en tierra ante un Orléans. Ese único pensamiento le revolvía las entrañas y soliviantaba su orgullo. Y si el difunto regente Felipe II de Orléans no vió ningún impedimento en la abismal diferencia de edades entre el joven Luis XV y la niña Ana-María Victoria de España, que posponía para mucho más adelante la posibilidad de una descendencia regia, Luis-Enrique encontraba en ese asunto demasiados inconvenientes. ¿Se podía acaso barajar la idea de devolver la infanta a Madrid?

Entró entonces en escena la amante del Duque de Borbón, Agnès Berthelot de Pléneuf, Marquesa de Prie. Ésta no aprueba el plan de su amante y opta por designar una princesa más humilde que una Condé, que le fuera agradecida de por vida y sobre la cual pudiera extender su influencia. Hacía falta, para eso, encontrar a una Isabel Farnesio pero sin el temperamento de aquella humilde princesa parmesana que luego tumbó a la Princesa de los Ursinos. Se barajaron entonces toda una serie de princesas, entre las cuales figuraba la hija del destronado rey Estanislao I de Polonia. El monarca polaco, expulsado del trono, arruinado (tenía sus bienes embargados por su rival sajón, Federico-Augusto I "el Fuerte"), tenía una hija de 22 años, dulce y conciliadora, sin belleza ni fortuna. La Marquesa de Prie apostó entonces por ella y la presentó a su amante como la candidata ideal para que ambos conservasen la influencia política en la corte. El Duque de Borbón no es tan mala persona como se le ha podido describir; tiene el carácter de un hombre que busca el bien del reino, hasta donde sus luces le permitan llegar. El problema es que esas luces son extremadamente cortas y, cuando la marquesa habla, la pasión que resiente por ella hace que éstas se apaguen de inmediato. En ciego confiado, no ve más allá de sus propias narices y escucha los consejos de su amante como si fuesen los mejores, y no los discute. Su favorita le propone coronar cuanto antes a la polaca? Con gusto sacrifica entonces la alianza que habría sellado la fortuna de su casa. La elección está hecha.

La realidad es que Luis-Enrique de Borbón, al quedarse viudo de su primera esposa, planeaba él mismo casarse por segunda vez y precisamente con la princesa María Lesczcynska de Polonia, pero sus aproximaciones fueron tan discretas y tan mal seguidas que el ex-rey Estanislao I Lesczcynski no quiso creer en sus intenciones, o no les quiso dar importancia, dada su situación (bastante mala), pareciéndole demasiado bonito para que fueran verdad. El Duque de Borbón, a sus 33 primaveras, no era desde luego un galán que tumbase a las damas: de voz ronca, paseaba su enjuta carcasa jorobada sobre un par de zancos, y un rostro de rasgos ingratos, con una fealdad que asustaba, para colmo tuerto, coronaban el conjunto nada halagüeño de este hombre de altísima cuna y grandiosa fortuna. Tenía a su favor el ser príncipe de la Sangre, y primer ministro de Su Cristianísima Majestad, además de poseer un don para las finanzas (sus 60 millones daban fe de ese don) antes del descalabro de John Law. Pero andaba totalmente dominado por su amante, la Marquesa de Prie, hija de un proveedor del Ejército, y tan bella como él era feo, tan inteligente como él limitado, ambiciosa para los dos, amiga y protectora de artistas y escritores, anunciando en cierto modo el reinado de la Marquesa de Pompadour.

Madame de Prie pensaba que María Lesczcynska sería una excelente esposa para el Duque de Borbón; su modesta belleza y su carácter reservado, serían la garantía de que ésta no la eclipsaría en el corazón de Luis-Enrique.

Estanislao I estimó, con gusto, que el asunto iba viento en popa cuando, repentinamente, llegó al castillo de Wissemburgo, el 24 de febrero de 1725, el pintor Pierre Gobert, retratista de los grandes de este mundo. Venía enviado el artista por la propia marquesa de Prie, para realizar lo más rápidamente posible el retrato de la princesa. Para el ex-rey de Polonia, no cabe duda de que el Duque de Borbón pretende saber qué aspecto tiene su futura esposa, que no conoce. La marquesa hizo entonces llegar una misiva a Wissemburgo, para dar fe que el retrato había gustado.

El lunes 2 de abril, un correo trae a Estanislao I una carta lacrada a las armas del Duque de Borbón. El ex-soberano descubre que el duque pide la mano de su hija, no para él, sino para el Rey Luis XV de Francia. La impresión es tal que Estanislao I cae desmayado.

Para todo el mundo, esta boda es obra del Duque de Borbón y de su amante la Marquesa de Prie, demasiado felices de entregar al Rey una princesa desconocida, sacada de las tinieblas, del olvido y de la miseria, y que les debe enteramente su fabulosa ascensión al Olimpo Versallesco y que, por supuesto, les sería eternamente agradecida y dócil.


La Caída en desgracia


El Rey acaba por hartarse de tener en su corte a tan ambiciosos parásitos como el clan de los Condé. De lo que más se resiente, es de la presencia de la Marquesa de Prie, y de sus acólitos los banqueros Pâris-Duverney y Pâris-Montmartel, un par de hermanos usureros que dictan el buen o mal tiempo, según las necesidades pecuniarias de la Corona. Harto de que otros gobiernen en su nombre, Luis XV ha alcanzado sus 16 años de edad, la edad de imponer su ley y su voluntad. El Duque de Borbón, que desde hace 3 años gobierna Francia (desde la muerte del regente Felipe II de Orléans), se cree irremplazable, inamovible. Si al menos supiera hacerse respetar y amar mediante una buena gestión de los asuntos públicos... Pero, por lo visto, el poder le ha corrompido y se ha servido ampliamente en el Tesoro Público, acumulando más oro, traficando sobre los cereales y, como en tiempos de Law, no piensa en otra cosa que en enriquecerse. El prudente Fleury, obispo de Fréjus y preceptor del Rey, deja que el duque haga y deshaga a su antojo en los asuntos, a sabiendas que él solito está hundiendo su propio navío. Fleury deja caer algunos comentarios, bien diseminados en sus conversaciones con su real pupilo, y Luis XV toma nota de que ha llegado el momento de escoger. De hecho ya ha escogido y tomado su decisión de forma inapelable pero nadie sabe nada aún, ni siquiera la Reina quien, si estuviera al corriente, se echaría a sus pies para pedir conservar al duque. Dice el refrán que ser agradecido es de bien nacido, y la consorte del monarca lo tiene muy presente; por lo que toca a Luis XV, nada debe al Duque de Borbón.

El 12 de junio de 1726, la carroza real espera en el Patio de Mármol del Palacio de Versailles, para llevar a Su Majestad al castillo de Rambouillet, donde suele acudir para sus cacerías. A las tres de la tarde, Luis XV acaba de comer y despide con extrema amabilidad a Luis-Enrique, rogándole que no tarde demasiado en reunirse con él para jugar a las cartas al anochecer. Cuatro horas más tarde, cuando el duque está a punto de salir de su despacho, su carroza esperandole, ve aparecer a su puerta el Duque de Chârost, capitán de la Guardia, quien le entrega una carta sellada. Inmediatamente, Luis IV Enrique de Borbón, 7º Príncipe de Condé y Duque de Borbón, comprende que ha caido en desgracia y que esta noche no podrá acudir a Rambouillet, ni mañana a Versailles, ni a la corte. Se le deja escoger: o a la Bastilla o exiliarse en sus tierras de Chantilly de por vida, hasta nueva orden del Rey. La Marquesa de Prie ha sido previamente exiliada y morirá de puro aburrimiento, pocos años después.

El duque ha acumulado los errores al frente del Gobierno de Su Cristianísima Majestad: impuestos ilegales, tasas sobre los bienes de la nobleza y del clero, creación de una milicia en vistas de una posible guerra contra España y Austria, persecución de los protestantes,... Su gestión resulta harto desastrosa, excepto para su bolsillo, evidentemente. Es inmediatamente reemplazado por el honorable y prudente Cardenal Hercules de Fleury, antiguo mentor y preceptor del Rey, al timón del Estado.

Condenado a residir hasta su muerte en su finca de Chantilly, pasa sus últimos años consagrándose a trabajos científicos, sobretodo en química e historia natural. Permanecerá siendo, hasta su muerte, Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, orden que, curiosamente, había sobrevivido en la sombra y el anonimato desde su condena en el siglo XIII. En la Gran Maestría había sucedido, irónicamente, al Duque du Maine, su gran rival y enemigo fallecido en 1736. Luis-Enrique será a su vez sucedido en este puesto por Luis-Francisco de Borbón, Príncipe de Conti, su sobrino carnal.

Luis IV Enrique tuvo al menos una curiosa obsesión: creyó firmemente que se reencarnaría en un caballo. Desde entonces, no reparó en esfuerzos y dinero para otorgar a su finca de Chantilly las más bellas cuadras de Francia. Tras 16 años de titanescas obras, entre 1729 y 1735, el arquitecto Jean Aubert dejó acabados suntuosos y monumentales edificios hoy conservados y considerados como los mejores ornamentos de la arquitectura clásica francesa. En la actualidad, las Grandes Cuadras de Chantilly dan cobijo al Museo Viviente del Caballo. También estuvo tras la fundación y creación de la Manufactura de Porcelanas y del Hospicio de Chantilly. Avaro como de costumbre, hizo embellecer y reformar el castillo de Chantilly por la administración de los Reales Edificios de Su Majestad.

Fallecido en 1740, un rumor correrá afirmando que su muerte no fue por causas naturales, aunque ningún archivo pudo confirmar dicho rumor, ni probarse.




sábado, 18 de mayo de 2013

EL Vº CONDE DE SADE



SADE_Vº Conde de / 5ème Comte de_Donatien Alphonse François de Sade, Vº Conde de Sade, Señor de Mazan, de Lacoste y de Glatigny (Hôtel de Condé, París 02-06-1740 / Asilo de Charenton-St.-Maurice, 02-12-1814). Oficial de caballería, escritor y libertino que firmaba sus obras con el título de Marqués de Sade y que fue conocido bajo el mote de El Divino Marqués.

Donatien Alphonse François de Sade, que era realmente Conde de Sade, nació en París el 2 de junio de 1740, en el Palacio de Condé (residencia parisiense de los Príncipes de Condé). Descendía de una antiquísima y prestigiosa familia de la aristocracia provenzal: hijo del Conde Jean-Baptiste de Sade y de Marie-Éléonore de Maillé de Kerman, dama de honor de la Princesa de Condé, fue educado por un tío suyo, el abad de Sade, hombre culto y notablemente libertino. A sus 14 años, ingresó en una escuela militar reservada a los hijos de la más antigua nobleza francesa y, subteniente un año más tarde en un regimiento de caballería, participó en la Guerra de los Siete Años contra Prusia. En este conflicto, brilló por su valentía y coraje, aunque también ha de decirse que hizo igualmente gala de su pronunciado gusto por la mala vida. Regresa a su casa en 1763, con el grado de capitán, y frecuenta entonces a las actrices de teatro y a las prostitutas de lujo. Su padre el conde, para poner freno a sus aficiones, busca entonces casarle cuanto antes.

 
Retrato de Renée Pélagie Cordier de Launay de Montreuil, Vª Condesa de Sade (1741-1810).


El 17 de mayo de 1763, es cosa hecha. Contrae matrimonio con Mademoiselle de Montreuil (Renée Pélagie Cordier de Launay de Montreuil), de nobleza de nuevo cuño pero muy rica. A pesar de la unión, de la que nacieron dos hijos varones y una niña, nuestro protagonista no sienta la cabeza y, el mismo año, es encarcelado por vez primera por su "conducta indecente". En 1767, su padre fallece en el mes de enero y entonces asume el título de Conde de Sade, aunque en realidad nunca lo utilizó puesto que siempre prefirió titularse marqués de Sade. En 1768, es nuevamente encarcelado a lo largo de 6 meses por haber raptado y torturado a una transeúnte. Después del vergonzoso episodio, y una vez liberado, se dedica a dar fiestas y bailes en su castillo de La Coste, viaja a Italia con su cuñada, de la cual se ha enamorado y encaprichado. En Marsella, en 1772, es acusado de envenenamiento; lo cierto es que, durante una orgía organizada por él, hizo distribuir drageas afrodisíacas a cuatro prostitutas que hicieron enfermar a una de ellas. Con tal de evitar un tercer encarcelamiento, decide huir a Saboya. Condenado a muerte, es arrestado pero consigue escaparse... Cinco años más tarde, durante los cuales alterna viajes y escándalos muy sonados, es arrestado en París donde había acudido para poner orden en sus asuntos tras el fallecimiento de su madre (1777).

A pesar de la intercesión de su mujer, la Condesa de Sade, pasará cinco largos años encerrado en la torre del Castillo de Vincennes, donde escribirá diversas obras de teatro y novelas para distraerse del aburrimiento, antes de ser trasladado a La Bastilla donde empezará la redacción de "Los Ciento Veinte Días de Sodoma" (1785) y, dos años más tarde, "Los Infortunios de la Virtud" y "Aline y Valcour". En julio de 1789, diez días antes de la toma de La Bastilla, es trasladado a un manicomio en Charenton. En el traslado debe separarse de su biblioteca de 600 volúmenes y sus manuscritos.

Recobra la libertad gracias a la amnistía concedida a todas las víctimas de las "Cartas Selladas", en 1790. Su esposa, harta de su violenta conducta y de sus malos tratos, obtiene la separación de cuerpos y bienes. Sus dos hijos emigrarían poco después al extranjero ante la creciente inseguridad que se respira en la Francia revolucionaria. Abandonado por su familia, el Marqués de Sade, que se encuentra con sus bienes de Provenza embargados y saqueados (su castillo de La Coste será incendiado y saqueado), intenta sobrevivir en el París revolucionario poniendo en escena sus obras de teatro; en esa época de incertidumbre y penurias, se empareja con una joven actriz llamada Marie Constance Quesnel, que le sería asombrosamente fiel hasta el final. Su novela "Justina o las desgracias de la Virtud", es publicada en 1791 de forma anónima.

Para intentar hacer olvidar sus orígenes aristocráticos, el marqués milita en la sección revolucionaria de su barrio. Quizás su celo no fuera lo bastante convincente ya que, a finales de 1793, es arrestado y condenado a la guillotina. Olvidado en su calabozo gracias a un error administrativo, escapa de la guillotina y es liberado en octubre de 1794, como muchos otros condenados tras la caída del sanguinario Robespierre.

Viviendo a duras penas del producto de sus escritos, publica en 1795 "Filosofía en el Tocador", "Aline y Valcour", "La Nueva Justina" y "Julieta"... Justina y Julieta son dos hermanas, una encarnando la virtud y la otra el vicio, cuyas aventuras se desarrollan en un ambiente de lujuria y de crueldad. La prensa le acusará entonces de ser el autor de la infame novela de "Justina". De la acusación se defenderá bastante mal: en 1801, la Policía se apodera de sus obras en la imprenta de su publicista. No se le perdona su violencia erótica, su delirio del vicio, su pornografía. Sin juicio y por simple decisión administrativa, es encerrado nuevamente en el manicomio de Charenton, del cual había salido en 1790. Calificado de "loco", aunque perfectamente lúcido y en posesión de sus facultades mentales, el marqués de Sade fallece en el manicomio el 1 de diciembre de 1814 sin haber jamás recobrado la libertad.

Este espíritu libre, de tan controvertida fama que dió nombre a una tendencia sexual llamada "sadismo" por su conducta y su obra literaria, pasó 30 años de su vida, larga de 74, encarcelado o encerrado.

Sus descendientes, avergonzados por ver su nombre asociado al personaje y al género sexual-literario, rehusarán llevar el título de "Condes de Sade". Habrá que esperar hasta mediados del siglo XX para que su obra, en la cual abre la vía a la psicología sexual moderna, sea definitivamente "rehabilitada" y publicada sin censura por parte del Estado y de la Iglesia.

Sadismo: perversión sexual en la cual una persona no puede disfrutar del placer sin provocar sufrimientos en su pareja o compañero/a.

La palabra "sadismo" nació en 1841, y se impuso en el vocabulario occidental para describir la citada tendencia sexual o una actitud "sádica" que afecta a una o varias personas en sus relaciones con terceras.



Armas de los Condes de Sade: en campo de gules, una estrella de oro de ocho puntas cargada de un águila bicéfala de sable, armada y coronada de gules.

Soportes y adornos: a diestra un león de oro; a siniestra un grifo de oro alado de plata. Corona de conde sobre el escudo.

Lema: "Opinione De Sado"