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jueves, 16 de abril de 2015

EL Ier. DUQUE DE MORNY




MORNY_1er. Duque de / 1er. Duc de_Charles Auguste de Morny, conde luego 1er. Duque de Morny (Saint-Maurice, Suiza, 10-09-1811 / París, Francia, 10-03-1865) fue un financiero y un político francés, medio-hermano del emperador Napoleón III, y un bulímico de la política y de las finanzas.

Su nombre de pila fue también el de otro fascinante y extraordinario personaje del siglo XIX: el príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, y no se puede decir que sea esa una coincidencia fruto del azar, puesto que la vida de Morny fue movida, a imagen y semejanza de su presunto padre natural.

Tendremos en cuenta su sorprendente ascendencia, que se complacía en definir sin complejos y con mucho sentido del humor con esas palabras: "En mi linaje, somos bastardos de madre a hijo desde hace tres generaciones. Soy el bisnieto de un rey, el nieto de un obispo, el hijo de una reina y el hermano de un emperador."


Su partida de nacimiento le sitúan en París, el 21 de octubre de 1811. En realidad, su madre no era otra que la reina Hortensia (nacida De Beauharnais), consorte de Luis I Bonaparte, rey de Holanda. Si su tercer hijo fue Luis Napoleón Bonaparte -el futuro Napoleón III, emperador de los Franceses-, Charles Auguste de Flahaut, futuro duque de Morny, figuraba como el cuarto. Lejos de ser un Bonaparte, Morny no era sino el fruto de un desliz de la reina Hortensia de Holanda con el apuesto conde Charles de Flahaut de La Billarderie. Eso explicaría también por qué la reina prefirió parir al bastardo en Suiza y no en París, por discreción y decoro. En cuanto al Sr. Demorny, intermediario que prestó su apellido al bastardo, desapareció rápidamente después de haber convenientemente dado su nombre a cambio de una buena suma; poco después, el apellido Demorny se convirtió en De Morny y luego en el título nobiliario de "duque de Morny".

Su padre natural, el conde Charles de Flahaut, tampoco era hijo del Conde de Flahaut de La
Billarderie, aristócrata de treinta y siete años más viejo que su encantadora esposa, Adélaïde Filleul, condesa de Flahaut, conocida en la sociedad de la época por ser la amante de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, Obispo de Autun. Entonces las infidelidades se hacían públicas...

El complaciente y cornudo Conde de Flahaut no tuvo reparos en reconocer al bastardo como hijo suyo, dándole sus apellidos, a menos que fuera engañado o que no se le pidió su expreso permiso a la hora de inscribir al niño en el registro.

Finalmente, para llegar a la tercera generación, decir que Adélaïde Filleul, condesa de Flahaut, era hija de Irene du Buisson de Longpré, rica mujer que dividía salomónicamente sus noches entre su marido, un comisario en vinos, con un potentado recaudador de impuestos y con... el mismísimo rey Luis XV de Francia. De ahí que el duque de Morny pudiera presumir de su real ascendencia.


Beneficiario de tan brillante procedencia, resulta fácil comprender que Morny se haya atribuido, sin escrúpulo alguno, una partícula transformando así su presumible apellido original y añadiendo nada menos que el título de conde y de duque, pese a que la ascendencia real quedaba por demostrarse tenida cuenta de los eclécticos gustos de Irene du Buisson de Longpré.

Educado por su abuela paterna, la condesa Adélaïde de Flahaut, viuda y convertida tardíamente en la esposa de un diplomático portugués, el Señor De Souza, el joven Morny inaugura su carrera en tiempos de la Monarquía de Julio (1830-1848), como brillante oficial enrolado para la conquista de Argelia.




Rápidamente hastiado de la vida militar, se lanza en la fabricación de azúcar de remolacha al comprar una empresa azucarera de Clermont, que le sirve simultáneamente de trampolín para entrar en la vida política al hacerse elegir diputado del Puy-de-Dôme en 1842. Reelegido en 1849, entra en contacto con su medio-hermano el príncipe Luis Napoleón Bonaparte, recientemente elegido Presidente de la IIª República Francesa.


No se puede afirmar que entre ambos exista una perfecta sintonía, pero el presidente aprecia el dinamismo del diputado, que le empuja a ampliar sus poderes aprovechando la baza de su popularidad. De hecho, Morny será el hombre clave del Golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851. Singular paralelismo: su abuelo, Talleyrand, había sido el instigador del Golpe del 18 de Brumario (2 de diciembre de 1799).

Sus servicios se ven recompensados con la cartera ministerial del Interior, que abandonará casi de inmediato... (2 de diciembre de 1851 hasta el 22 de enero de 1852). Curiosamente, Morny es un Orleanista de corazón y de sentimiento, y no aprecia en absoluto la ingerencia de la República, que ha secuestrado los bienes de la familia de Orléans.

Bajo el IIº Imperio, su papel político no conserva más que el aspecto representativo, asumiendo con eficacia el cargo de presidente del cuerpo legislativo. Esa función le permite, además, lanzarse en asuntos financieros, implicándose en múltiples empresas; el simple hecho de aparecer en cualquier negocio parece atraer a todos los inversores y los capitales, aunque muchas veces sus métodos sean discutibles.

De su mano surgirá Deauville, Le Vésinet, lanzará la carrera de la actriz Sarah Bernhardt y tomará bajo su protección a Alphonse Daudet, al que confiará el secretariado de sus negocios financieros. Su desaparición prematura, en 1865, le ahorrará ser testigo del desmoronamiento del IIº Imperio y de la caída de su medio-hermano. Fallece de un cáncer de páncreas, entonces desconocido por los médicos.





En 1857 (7 de enero), contrajo matrimonio en San Petersburgo con una linajuda y rica aristócrata rusa, la princesa Sofía Sergeïevna Trubetzkaya, hija del príncipe Sergeï Trubetzkoy y de la condesa Ekaterina Moussin-Pushkina. Cuatro hijos nacerán de dicho matrimonio:

-Charlotte de Morny (1858-1883), casada en 1877 con José Osorio y Heredia, Conde de La Corzana -con descendencia-.

-Auguste de Morny, 2º Duque de Morny (1859-1920), casado en 1886 con Carlota de Guzmán y Ybarra -con descendencia-.

-Serge de Morny, Conde de Morny (1861-1922), oficial del Ejército, -soltero-.

-Sophie de Morny (1863-1944), casada en 1881 con Jacques Godart, Marqués de Belbeuf -sin descendencia-.

De su relación extramatrimonial con la Condesa Le Hon, tuvo a:

-Léopoldine Le Hon (1838-1931), casada en 1858 con el Príncipe Stanislaw August Poniatowski, con el que tuvo 3 hijos y, de entre su descendencia, se cuenta al Príncipe Michel Poniatowski, antiguo ministro del Interior durante el gobierno del Primer Ministro Raymond Barre (década de 1970), y a la Princesa Sarah Poniatowski, esposa del cantante francés Marc Lavoine.





jueves, 30 de octubre de 2014

EL VIIº PRÍNCIPE DE CONDÉ




CONDÉ_VIIº Príncipe de / 7ème. Prince de_Louis IV Henri de Bourbon-Condé, VIIº Príncipe de Condé y Príncipe de La Sangre, XIVº Duque de Bourbon, IXº Duque de Montmorency, XIº Duque de Guisa, VIº Duque de Bellegarde, VIIº Duque d'Enghien y d'Albret & Par de Francia, XXVIº Conde de Sancerre y XXIVº Conde de Charolais, Señor de Chantilly (Palacio de Versailles, 18-08-1692 / Castillo de Chantilly, 27-01-1740).

Hijo y heredero del duque Luis III de Borbón, 6º Príncipe de Condé, y de Mademoiselle de Nantes, Luisa-Francisca de Borbón (hija legitimada del rey Luis XIV de Francia y de la Marquesa de Montespan), tuvo por hermanos a Carlos de Borbón-Condé, Conde de Charolais, Luis, Conde de Clermont y a Luisa-Elisabeth, Princesa de Conti. Casó en primeras nupcias con Maria-Ana de Borbón-Conti, y en segundas con la Princesa Carlota de Hessen-Rheinfels-Rottenburg.

Se le describió de altura normal, lo que es de subrayar en la familia de Condé dada la herencia genética de Clara-Clemencia de Maillé-Brézé, que otorgó muy a menudo a los miembros de esta familia una pequeñísima estatura. Sin embargo, los desarreglos mentales permanecieron aunque éstos iban menguando a medida que las generaciones se sucedían en el tiempo. Se sabe que el príncipe tenía el rostro huesudo y la voz ronca. Hasta la muerte de su padre, Luis IV Enrique de Borbón-Condé ostentó oficialmente el título de "Duque de Enghien", para luego recibir autorización regia de tomar el título de "Duque de Borbón", título que, sea dicho de paso, prevaleció sobre el de Príncipe de Condé por cuestión de gusto.

Fue la célebre Duquesa de Orléans, Princesa Palatina Elisabeth-Carlota de Baviera, familiarmente apodada "Liselotte" quien, en sus cartas, le describió tal que así: "Un extraño pájaro, muy alto, huesudo, enjuto cual una astilla de madera, el cuerpo curvado, cortísimo, las piernas largas como las de una cigüeña y sin gemelos, los ojos horrendamente rojos, las mejillas vaciadas, el mentón tremendamente largo, de tal forma que parecía no pertenecer al rostro, y gruesos labios; en pocas palabras, una fealdad que incluso en la corte no se encuentra con frecuencia. Con esto, el personaje posee mucho vigor, mucho talento para los ejercicios del cuerpo más aún que para los del espíritu, grandes conocimientos y mucha aplicación en los asuntos..."

A sus 18 años de edad, recibe todos los cargos y gobiernos que, dos años atrás, su padre Luis III de Condé había tenido en heredad de su padre el Príncipe. A los 23 entra en el Consejo de Regencia, aliándose al regente Felipe II de Orléans, contra su tía Ana-Luisa-Benedicta que maniobraba e intrigaba para conservar el rango de "Príncipe de la Sangre" de su marido el Duque du Maine.

En 1713, a la firma del Tratado de Utrecht que fuerza a Francia a renunciar a sus pretensiones sobre el trono de España, Luis IV Enrique de Borbón-Condé escribe al rey que "nadie dispone del derecho de pretensión más que Dios mismo y que no pertenece a ningún rey el privilegio de decidir quien debe suceder a quien."


El Príncipe y los Bastardos Reales


Asedia al Regente, que parece mostrar cierta lentitud y dejadez ante los príncipes legitimados que conforman el bloque conservador y rival en la Corte, pretendiendo echarle de la regencia y ocupar su puesto al timón:

Borbón:-"Señor, finalmente mantendréis palabra?"

Orléans:-"Paciencia, Primo Mío, por qué impacientaros de este modo? Conozco de sobras las ganas que tenéis de rebajar a los príncipes legitimados, vuestros tíos. Sé también que, cuando pretendía a la regencia, os prometí mi apoyo."

B-"Basta ya! Ya no me haréis esperar más con vuestros hermosos discursos. Me dais cien palabras y no cumplís ni una sola. ¿Acaso os habéis vuelto sordo y ciego ante las calumnias vertidas contra vos por las gentes de Sceaux?"

O-"Las picaduras me dejan indiferente."


B-"Decid mejor que deseáis acomodaros con vuestra esposa que, sobre todas las cosas, se le ve aún más bastarda que sus hermanos!"

O-"Vigilad vuestras palabras, Monsieur. Que seáis mi pariente y mi aliado no os concede privilegio para estas libertades. ¿Debo recordaros que vuestra madre es hermana de mi esposa? Cuando se tiene a una Marquesa de Montespan por abuela, no se puede uno abrochar demasiado alto el botón. Tomadlo de otra forma, sin altanería, o me haréis enfadar de verdad."


Las Duquesas


El Duque Felipe II de Orléans, acabará harto de los repetidos asedios del Príncipe de Condé. Para atraerlo en su campo antes de la sesión parlamentaria que debía determinar sobre la suerte de la regencia, le promete obtener, tan pronto como tenga en sus manos las riendas del poder, la anulación de las actas de 1714 y 1715 que conferían a los bastardos legitimados el derecho a suceder en el trono y el rango de príncipes de la Sangre. Pero el gesto le repugna de tal modo que no consigue resolverse a cumplir con su promesa. Orléans no desea infligir semejante desagravio a su consorte quien, mal amada por sus hijos, tiene por su verdadera familia a sus hermanos. Sabe que, además, los bastardos no le amenazan mientras él no pretenda despojarles de forma tan radical de sus privilegios. El regente ve con claridad el asunto y esta querella tan solo se debe a un odio entre mujeres. A un lado se encuentra Madame la Duquesa, viuda de Luis III de Condé, y al otro lado la Duquesa du Maine. La primera, convertida por matrimonio en princesa de la Sangre, trabaja para allanar el camino a sus hijos; la segunda, nacida princesa de la Sangre, y obsesionada por conservar el rango, asedia a su marido y a sus fieles "Caballeros de La Mosca de Miel" (fantasiosa orden caballeresca creada por ella para honrar a sus más leales amigos que frecuentaban su pequeña y brillantísima corte del castillo de Sceaux). Pero de hecho, la historia viene de más lejos aún. A la muerte del príncipe Enrique III Julio de Condé, el demente que hizo infernal la vida a su familia, se habían tardado meses y meses para establecer un inventario de sus inmensos bienes y para desenmarañar su sucesión, puesto que el príncipe Luis III, apodado "el Simio Verde", no podía pretender hacerse con el pastel entero de la herencia; sus hermanas, hambrientas, entre las cuales se contaba a la Duquesa du Maine, reclamaban a voces sus partes correspondientes. Desgraciadamente, Luis III se había hecho con toda la herencia desde hacía mucho sin pensar, ni un solo momento, proceder al reparto de la herencia principesca. No hizo falta nada más para que hermano y hermanas se enemistasen y se peleasen de forma tan terrible. Dado que al morir Luis III de Condé, la herencia pasa a ser de su heredero Luis IV Enrique, el espinoso asunto persiste y se prolonga de una generación a otra.


La Victoria


Tras la revocación de los edictos que instituyeron como sucesores al trono a los bastardos legitimados, en el caso de que desaparecieran las ramas legítimas y colaterales de la Casa Real, el Príncipe de Condé pretende abatir a sus rivales de forma completa. Pretende, además, hacerse con la superintendencia de la Educación del Rey Luis XV. Este cargo tiene que depender, por norma, del Primer Príncipe de la Sangre, y quién mejor que él para pretender a este puesto. Felipe II de Orléans, bajo su aparente inconsecuencia, es un hombre regido por la prudencia y un avezado político. Para obtener la regencia sin reparto de poder, ha adulado al Parlamento de París. En este caso, le es menester el apoyo de los príncipes de la Sangre y de los duques y pares para ir contra sus antiguos aliados. Sin embargo sabe que, el que pide ha de dar algo a cambio: a los pares, la supresión del odiado rango intermedio y, al cuervo de Luis IV Enrique de Condé, la superintendencia de la Educación del Rey. El asunto acaba por zanjarse y viene, finalmente, el golpe de gracia: si el Duque du Maine no posee más derechos que los que están ligados a su paridad ducal, el Mariscal-Duque de Villeroy, que posee una paridad mucho más antigua, no puede servir bajo sus órdenes. La petición es justa y todo el mundo se pone de acuerdo en este punto. El regente sentencia salomónicamente y el clan Borbón-Maine estalla iracundo. Es entonces en este punto de inflexión, cuando se produce el enemistamiento entre el regente y los Duques du Maine, y se plantan las semillas de la conspiración de "Cellamare", llevada a cabo por y bajo la batuta de Ana-Luisa-Benedicta de Borbón-Condé, duquesa du Maine. Cuando ésta será descubierta, los duques serán encarcelados. Para colmo de revancha, la duquesa du Maine lo será en las tierras mismas del Duque de Borbón: primero en Dijon, luego en Châlons. Pero esto no parecerá contentar al cuervo de Condé, que desea como trofeo la mismísima cabeza del cojo duque du Maine. De la cárcel siempre se acaba saliendo. De hecho, los esposos serán liberados un año después de su cautividad. Mientras tanto, el Duque de Borbón dará su último golpe al clan de Borbón-Maine, haciéndose con el cargo de Gran Maestre de la Artillería.

El Duque de Berry (nieto de Luis XIV y tío de Luis XV), bastante descuidado como era costumbre en él, le había reventado un ojo al Duque de Borbón durante una cacería. Habiéndose enriquecido gracias al sistema financiero de John Law, provocó la bancarrota de éste cuando exigió que le devolviese sus inversiones al contado: 60 millones en oro. Aquello provocó el descrédito del sistema y toda la obra de Law se desmoronó, dejando Francia más pobre que antes contando algunas excepciones particulares. Sesenta millones para Luis IV Enrique de Borbón-Condé, cinco para Luis-Armando II de Borbón-Conti... Un día en que presumió de su cuantiosa fortuna personal, uno le replicó que "si él tenía el dinero, sus antepasados tenían la gloria".

Pese a ser una persona notablemente inteligente, era bastante indiferente en materia financiera y dejaba a sus financieros la gerencia de sus pingües beneficios en su nombre.


La Muerte del Regente


El Rey Luis XV llora a moco tendido sobre el hombro del Duque de Borbón, ese cuervo tuerto que por norma le provoca cierto repelús físico cuando le ve. Su Majestad llora, y el Duque, superintendente de su educación y primer príncipe de la Sangre, irradia felicidad. Finalmente, el poder se ofrece a él: el duque de Orléans ha muerto fulminado por una apoplejía, en la noche del 2 de diciembre de 1723. No se puede uno librar a la sistemática destrucción, piedra a piedra, de la obra levantada por su predecesor en el gobierno a lo largo de ocho años. Pero si sienta bien administrar sin amarguras la herencia, hay que saber también mirar hacia el futuro. Si el joven Luis XV viniera a fallecer, ¿qué sería del clan de los Condé? En el orden sucesorio, es el duque de Orléans, hijo del difunto regente, quien ceñiría la corona, y sus hijos después de él. A los Condé no les quedaría más que su hermoso castillo de Chantilly para plantar coles... Raudo y veloz, el Duque de Borbón se ha propuesto ante el entristecido monarca para colmar el vacío dejado por el difunto al frente del Gobierno de la Nación. No pudiendo ser regente, dado que el rey ha dejado de tener 13 años de edad, será primer ministro y primer príncipe de la Sangre. Suena entonces el final de la influencia del clan Orléans... El escenario pertenece a los Condé. La madre de Luis IV Enrique tomará entonces su revancha, tomando la delantera sobre su hermana pequeña a la que tuvo que ceder el paso durante 30 largos años. Que su hijo no entienda nada de política, que el pueblo le odia, poco le importa!


Los Asuntos de España


Tiempo llevaba ya el clan Condé planeando romper esas bodas franco-españolas que aureolaban con insolente gloria la Casa de Orléans. El 9 de febrero de 1724, el rey Felipe V de España había abdicado en favor de su hijo primogénito el Príncipe de Asturias, Luis I, entonces desposado con una princesa de Orléans. Se había cumplido el sueño de la Duquesa de Orléans: el de despertarse un día siendo la madre de la reina de España. Desgraciadamente, Luis I de España tuvo un efímero reinado: siete meses después, fallecía de viruelas y su viuda era devuelta a Francia sin haber dado herederos al trono de Las Españas. Pero, hasta su último día, aquella pécora que eructaba en las narices de cortesanos y embajadores, conservará en la corte francesa su rango de reina y nada ni nadie podía hacerla descender del pedestal. De esto enrabian Madame la Duquesa de Borbón y sus hijas, que deben doblegarse ante las exigencias de la etiqueta y curvar el lomo ante aquella indecorosa soberana. Para empeorar las cosas, Felipe V había acordado el matrimonio de su otro hijo con la hermana de Luisa-Isabel de Orléans, Mademoiselle de Beaujolais, de entonces 9 años de edad y que posee tantas virtudes como malas maneras tiene su mayor.


La Boda del Rey

Luis IV Enrique de Borbón-Condé no se muestra dispuesto a seguir sufriendo del triunfo de los Orléans, eclipsando a su propia casa. Lejos de mostrar paciencia, pues el joven rey puede en cualquier momento caer otra vez enfermo y contraer alguna fiebre maligna que le lleve a la tumba, se propone asegurar la sucesión real del Borbón primogénito (Luis XV). El Duque de Borbón tiene bastante audacia y baraja casar a una de sus hermanas con el soberano: Enriqueta de Borbón-Condé, Mademoiselle de Vermandois, o Elisabeth de Borbón-Condé, Mademoiselle de Sens, son candidatas ideales a reinas de Francia y eso sería un golpe magistral en el que los Condé conseguirían finalmente la supremacía sobre sus rivales Orléans, pudiendo rebajarles los humos.

Sabía de sobras que si Luis XV viniera a fallecer sin hijos (pues ya andaba prometido con la Infanta de España, Doña María-Ana Victoria de Borbón), la corona sería automáticamente ceñida por el Duque Luis I de Orléans, un personaje tachado de "tonto" que pasaba por ser un "mea-pilas" y un beato que provocaba no pocos comentarios jocosos entre la alta sociedad parisina, al tener una actitud y un modus vivendi estrafalario y original. Sobretodo era conocido el odio recíproco entre las dos casas principescas, un odio vigilante, y el Duque de Borbón sentía cierta desesperación ante la idea de tener que poner rodilla en tierra ante un Orléans. Ese único pensamiento le revolvía las entrañas y soliviantaba su orgullo. Y si el difunto regente Felipe II de Orléans no vió ningún impedimento en la abismal diferencia de edades entre el joven Luis XV y la niña Ana-María Victoria de España, que posponía para mucho más adelante la posibilidad de una descendencia regia, Luis-Enrique encontraba en ese asunto demasiados inconvenientes. ¿Se podía acaso barajar la idea de devolver la infanta a Madrid?

Entró entonces en escena la amante del Duque de Borbón, Agnès Berthelot de Pléneuf, Marquesa de Prie. Ésta no aprueba el plan de su amante y opta por designar una princesa más humilde que una Condé, que le fuera agradecida de por vida y sobre la cual pudiera extender su influencia. Hacía falta, para eso, encontrar a una Isabel Farnesio pero sin el temperamento de aquella humilde princesa parmesana que luego tumbó a la Princesa de los Ursinos. Se barajaron entonces toda una serie de princesas, entre las cuales figuraba la hija del destronado rey Estanislao I de Polonia. El monarca polaco, expulsado del trono, arruinado (tenía sus bienes embargados por su rival sajón, Federico-Augusto I "el Fuerte"), tenía una hija de 22 años, dulce y conciliadora, sin belleza ni fortuna. La Marquesa de Prie apostó entonces por ella y la presentó a su amante como la candidata ideal para que ambos conservasen la influencia política en la corte. El Duque de Borbón no es tan mala persona como se le ha podido describir; tiene el carácter de un hombre que busca el bien del reino, hasta donde sus luces le permitan llegar. El problema es que esas luces son extremadamente cortas y, cuando la marquesa habla, la pasión que resiente por ella hace que éstas se apaguen de inmediato. En ciego confiado, no ve más allá de sus propias narices y escucha los consejos de su amante como si fuesen los mejores, y no los discute. Su favorita le propone coronar cuanto antes a la polaca? Con gusto sacrifica entonces la alianza que habría sellado la fortuna de su casa. La elección está hecha.

La realidad es que Luis-Enrique de Borbón, al quedarse viudo de su primera esposa, planeaba él mismo casarse por segunda vez y precisamente con la princesa María Lesczcynska de Polonia, pero sus aproximaciones fueron tan discretas y tan mal seguidas que el ex-rey Estanislao I Lesczcynski no quiso creer en sus intenciones, o no les quiso dar importancia, dada su situación (bastante mala), pareciéndole demasiado bonito para que fueran verdad. El Duque de Borbón, a sus 33 primaveras, no era desde luego un galán que tumbase a las damas: de voz ronca, paseaba su enjuta carcasa jorobada sobre un par de zancos, y un rostro de rasgos ingratos, con una fealdad que asustaba, para colmo tuerto, coronaban el conjunto nada halagüeño de este hombre de altísima cuna y grandiosa fortuna. Tenía a su favor el ser príncipe de la Sangre, y primer ministro de Su Cristianísima Majestad, además de poseer un don para las finanzas (sus 60 millones daban fe de ese don) antes del descalabro de John Law. Pero andaba totalmente dominado por su amante, la Marquesa de Prie, hija de un proveedor del Ejército, y tan bella como él era feo, tan inteligente como él limitado, ambiciosa para los dos, amiga y protectora de artistas y escritores, anunciando en cierto modo el reinado de la Marquesa de Pompadour.

Madame de Prie pensaba que María Lesczcynska sería una excelente esposa para el Duque de Borbón; su modesta belleza y su carácter reservado, serían la garantía de que ésta no la eclipsaría en el corazón de Luis-Enrique.

Estanislao I estimó, con gusto, que el asunto iba viento en popa cuando, repentinamente, llegó al castillo de Wissemburgo, el 24 de febrero de 1725, el pintor Pierre Gobert, retratista de los grandes de este mundo. Venía enviado el artista por la propia marquesa de Prie, para realizar lo más rápidamente posible el retrato de la princesa. Para el ex-rey de Polonia, no cabe duda de que el Duque de Borbón pretende saber qué aspecto tiene su futura esposa, que no conoce. La marquesa hizo entonces llegar una misiva a Wissemburgo, para dar fe que el retrato había gustado.

El lunes 2 de abril, un correo trae a Estanislao I una carta lacrada a las armas del Duque de Borbón. El ex-soberano descubre que el duque pide la mano de su hija, no para él, sino para el Rey Luis XV de Francia. La impresión es tal que Estanislao I cae desmayado.

Para todo el mundo, esta boda es obra del Duque de Borbón y de su amante la Marquesa de Prie, demasiado felices de entregar al Rey una princesa desconocida, sacada de las tinieblas, del olvido y de la miseria, y que les debe enteramente su fabulosa ascensión al Olimpo Versallesco y que, por supuesto, les sería eternamente agradecida y dócil.


La Caída en desgracia


El Rey acaba por hartarse de tener en su corte a tan ambiciosos parásitos como el clan de los Condé. De lo que más se resiente, es de la presencia de la Marquesa de Prie, y de sus acólitos los banqueros Pâris-Duverney y Pâris-Montmartel, un par de hermanos usureros que dictan el buen o mal tiempo, según las necesidades pecuniarias de la Corona. Harto de que otros gobiernen en su nombre, Luis XV ha alcanzado sus 16 años de edad, la edad de imponer su ley y su voluntad. El Duque de Borbón, que desde hace 3 años gobierna Francia (desde la muerte del regente Felipe II de Orléans), se cree irremplazable, inamovible. Si al menos supiera hacerse respetar y amar mediante una buena gestión de los asuntos públicos... Pero, por lo visto, el poder le ha corrompido y se ha servido ampliamente en el Tesoro Público, acumulando más oro, traficando sobre los cereales y, como en tiempos de Law, no piensa en otra cosa que en enriquecerse. El prudente Fleury, obispo de Fréjus y preceptor del Rey, deja que el duque haga y deshaga a su antojo en los asuntos, a sabiendas que él solito está hundiendo su propio navío. Fleury deja caer algunos comentarios, bien diseminados en sus conversaciones con su real pupilo, y Luis XV toma nota de que ha llegado el momento de escoger. De hecho ya ha escogido y tomado su decisión de forma inapelable pero nadie sabe nada aún, ni siquiera la Reina quien, si estuviera al corriente, se echaría a sus pies para pedir conservar al duque. Dice el refrán que ser agradecido es de bien nacido, y la consorte del monarca lo tiene muy presente; por lo que toca a Luis XV, nada debe al Duque de Borbón.

El 12 de junio de 1726, la carroza real espera en el Patio de Mármol del Palacio de Versailles, para llevar a Su Majestad al castillo de Rambouillet, donde suele acudir para sus cacerías. A las tres de la tarde, Luis XV acaba de comer y despide con extrema amabilidad a Luis-Enrique, rogándole que no tarde demasiado en reunirse con él para jugar a las cartas al anochecer. Cuatro horas más tarde, cuando el duque está a punto de salir de su despacho, su carroza esperandole, ve aparecer a su puerta el Duque de Chârost, capitán de la Guardia, quien le entrega una carta sellada. Inmediatamente, Luis IV Enrique de Borbón, 7º Príncipe de Condé y Duque de Borbón, comprende que ha caido en desgracia y que esta noche no podrá acudir a Rambouillet, ni mañana a Versailles, ni a la corte. Se le deja escoger: o a la Bastilla o exiliarse en sus tierras de Chantilly de por vida, hasta nueva orden del Rey. La Marquesa de Prie ha sido previamente exiliada y morirá de puro aburrimiento, pocos años después.

El duque ha acumulado los errores al frente del Gobierno de Su Cristianísima Majestad: impuestos ilegales, tasas sobre los bienes de la nobleza y del clero, creación de una milicia en vistas de una posible guerra contra España y Austria, persecución de los protestantes,... Su gestión resulta harto desastrosa, excepto para su bolsillo, evidentemente. Es inmediatamente reemplazado por el honorable y prudente Cardenal Hercules de Fleury, antiguo mentor y preceptor del Rey, al timón del Estado.

Condenado a residir hasta su muerte en su finca de Chantilly, pasa sus últimos años consagrándose a trabajos científicos, sobretodo en química e historia natural. Permanecerá siendo, hasta su muerte, Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, orden que, curiosamente, había sobrevivido en la sombra y el anonimato desde su condena en el siglo XIII. En la Gran Maestría había sucedido, irónicamente, al Duque du Maine, su gran rival y enemigo fallecido en 1736. Luis-Enrique será a su vez sucedido en este puesto por Luis-Francisco de Borbón, Príncipe de Conti, su sobrino carnal.

Luis IV Enrique tuvo al menos una curiosa obsesión: creyó firmemente que se reencarnaría en un caballo. Desde entonces, no reparó en esfuerzos y dinero para otorgar a su finca de Chantilly las más bellas cuadras de Francia. Tras 16 años de titanescas obras, entre 1729 y 1735, el arquitecto Jean Aubert dejó acabados suntuosos y monumentales edificios hoy conservados y considerados como los mejores ornamentos de la arquitectura clásica francesa. En la actualidad, las Grandes Cuadras de Chantilly dan cobijo al Museo Viviente del Caballo. También estuvo tras la fundación y creación de la Manufactura de Porcelanas y del Hospicio de Chantilly. Avaro como de costumbre, hizo embellecer y reformar el castillo de Chantilly por la administración de los Reales Edificios de Su Majestad.

Fallecido en 1740, un rumor correrá afirmando que su muerte no fue por causas naturales, aunque ningún archivo pudo confirmar dicho rumor, ni probarse.




lunes, 7 de julio de 2014

EL IIº CONDE DE PUYSÉGUR




PUYSÉGUR_IIº Conde de / 2ème Comte de_Louis Pierre o Pierre-Louis de Chastenet de Puységur, IIº Conde de Puységur y VIº Señor de Barrast (Hôtel de Puységur, Rabastens, Tarn, Mediodía-Pirineos, Francia, 30-12-1727 / Hôtel de Puységur, Rabastens, ?-10-1807); fue un militar francés, coronel de Granaderos que ascendió hasta el grado de Teniente-General de los Ejércitos y fue Secretario de Estado en la Guerra. Pertenecía a la Rama de los Señores de Barrast, procedente de la ilustre Casa de Puységur e inaugurada por su tatara-tatarabuelo Hérard de Chastenet, 1er Señor de Barrast y Consejero del Parlamento de Toulouse.

Hijo primogénito de Pierre-Hercule de Chastenet, 1er Conde de Puységur y Vº Señor de Barrast (n.1664) y de su primera esposa Jacquette de Pagès de Beauffort -casados en 1726-, tuvo por hermano menor a Barthélémy-Athanase-Hercule de Chastenet, Vizconde de Puységur (1729-1792), futuro mariscal-de-campo, que casaría con Angélique-Anne-Charlotte Petit de Petitval en 1765 -con descendencia-.

Casado en primeras nupcias con Marie-Françoise Colette Le Danois, en 1760, se quedaría viudo y sin hijos de ésta, y contrae un segundo matrimonio con una tal Mademoiselle de Mostuéjouls de La Roquevieille, de la que tampoco conseguiría heredero alguno.

El Conde de Puységur elige, como sus semejantes, hacer carrera en el ejército entrando en el regimiento de los Granaderos de Francia, donde progresará con brillantez. Con una hoja de servicio impecable y por su valía en la batalla, recibe la prestigiosa condecoración de Gran-Cruz de la Orden Real y Militar de San-Luis, otorgada por Luis XVI el 25 de agosto de 1780. Menos de un año después, es promovido al rango de Teniente-General de los Ejércitos del Rey.

Bajo el ministerio de Jacques Necker, es nombrado Ministro de la Guerra, cargo que desempeñaría entre el 30 de noviembre de 1788 hasta el 12 de julio de 1789. Sustituído por el Duque de Broglie, recibirá calurosas muestras de estima y reconocimiento por parte de la Asamblea Nacional. Sin embargo, permanecerá fiel a la monarquía durante la Revolución Francesa.

En la dura y peligrosa jornada del 10 de agosto de 1792, Puységur está al mando de una pequeña tropa de valientes caballeros y defiende ferozmente el Palacio de Las Tulerías, atacado por los parisinos insurrectos. Muchos de sus 'valientes' serían bestialmente masacrados tras ser desarmados por la turba.

Puységur seguirá, pese a las amenazas de muerte, inquebrantable, siendo uno de los incondicionales del destronado rey Luis XVI hasta el fín, cuando la monarquía es abolida. Enjuiciado y guillotinado el monarca, el conde optará finalmente por emigrar en enero de 1793, para evitar la misma suerte.

Pasados los sangrientos años de la Revolución, volverá a Francia tras la toma de poder por parte de Napoleón Bonaparte, convertido en Cónsul Vitalicio, quien le borrará de la larga lista negra de los 'Emigrados'. Fallecería en su ciudad natal en octubre de 1807, a la edad de 80 años y sin descendencia de sus dos matrimonios.


 

sábado, 29 de junio de 2013

EL VIIº CONDE DE PERALADA




PERALADA_VIIº Conde de / 7è Comte de_ Joan-Antoni de Rocabertí-Boixadors Pacs i de Pinós, VIº Conde de Savallà, VIIº Conde de Peralada, Vº Marqués de Anglesola, G.E., 32º Vizconde de Rocabertí, de Quermançó y de Requesens, Barón de Pau, 1er Marqués de Savallà, Barón de Vallmoll y de Bunyolí, Gentilhombre de Cámara del Rey, Virrey de Mallorca y de Valencia, Presidente del Consejo Supremo de los Países-Bajos Austríacos, Caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Joan Antoni de Rocabertí-Boixadors Pacs i de Pinós (1672-1745) era hijo del segundo matrimonio de Joan II de Boixadors i Rocabertí, 5º Conde de Savallà y Barón de Vallmoll, con Teresa de Pinós. Del primer matrimonio de este último con su prima Esclarmonda de Rocabertí, había nacido tan solo una hija llamada Teresa de Boixadors, que casaría posteriormente con su primo Martí Onofre II de Rocabertí, 3er Marqués d'Anglesola. Sus abuelos paternos fueron Joan I de Boixadors, 3er Conde de Savallà (+1624), y Elisabet de Rocabertí, hija de los Condes de Peralada.

El padre de nuestro personaje había heredado del condado de Savallà (o Cevallà, Çavellà, creado en 1599) en 1643, al fallecer su hermano mayor Francesc de Boixadors, 4º titular de Savallà, sin herederos de su matrimonio con María de Blanes. Sus hermanos menores fueron Bernat, Caterina y Margarida de Boixadors.

Joan Antoni tuvo también por hermana a Maria Engràcia de Boixadors que, más tarde, contraería matrimonio con el noble valenciano Joan Pardo de La Casta, Marqués de La Casta, Conde d'Alaquàs y Barón de Bolbait.

Casado con una noble damisela de una muy influyente familia mallorquina, Dionisia Sureda de Sant-Martí, tuvo de ésta nada menos que 11 vástagos:

-Maria-Teresa de Boixadors, c.c. Francesc de Sentmenat i Torrelles, Marqués de Sentmenat.

-Maria Gràcia de Boixadors, c.c. N. de Pinós, Marqués de Santa-Maria de Barberà.

-Carles de Boixadors.

-Bernat Antoni de Boixadors i Sureda de Sant-Martí (1702-1755), 7º Conde de Savallà, 8º Conde de Peralada, G.E., c.c. Cecilia Faustina de Chaves => con descendencia / Iª Línea Condal de Peralada.*

-Joana de Boixadors i Sureda.

-Francesc de Boixadors i Sureda.

-Tomàs de Boixadors i Sureda.

-Josep de Boixadors i Sureda, Barón de Bunyolí, c.c. Joana de Verí => con descendencia / IIª Línea Condal de Peralada.**

-Joan-Tomàs de Boixadors i Sureda, Cardenal de Boixadors.

-Joan-Francesc de Boixadors i Sureda.

-Josefa de Boixadors i Sureda, c.c. Francisco de Lanuza, Conde de Plasencia.

Fue el fundador, en 1700, de la Academia de los Desconfiados, con sede en Barcelona y compuesta por 16 miembros procedentes de la nobleza catalana.

Al estallar la Guerra de Sucesión Española, el entonces Conde de Savallà tomó partido por el bando austríaco que defendía las pretensiones del archiduque Carlos al trono.

El 4 de abril de 1706, Savallà es nombrado ayuda-de-campo del proclamado rey Carlos III de Austria y participa activamente en la defensa de la ciudad de Barcelona, asediada por las tropas franco-españolas del Duque de Vendôme. Al año siguiente, es ascendido a gentilhombre de su cámara y, el 16 de agosto de 1707, nombrado virrey de Mallorca donde tiene gran influencia.

En septiembre de 1710, cuando se inicia la campaña para recuperar el Reino de Valencia con el asedio de la plaza de Morella, la reina-regente Maria-Cristina le nombra nuevo virrey y le encomienda dirigir la expedición militar junto con el general Rafael Nebot, nombrado su auxiliar.

En 1711, al fallecer el emperador José I, Carlos de Austria regresa a Viena acompañado por el Conde de Savallà. Posteriormente instalado en la corte del flamante emperador Carlos VI, le es entregada la superintendencia de la Música de la Capilla Real e Imperial de Viena.

El 26 de noviembre de 1721, Carlos VI le recibe solemnemente como Caballero de la Orden del Toisón de Oro.

En 1728, al fallecer sin descendencia su primo Guillem Manel I de Rocabertí de Rocafull-Puigmarín, 6º Conde de Peralada, 3er Conde d'Albatera y 4º Marqués d'Anglesola, eminente militar felipista que había sido premiado con la Grandeza Española en 1703, Savallà figuraba como su más próximo pariente y, por tanto, heredó de sus bienes, títulos y grandeza con el beneplácito del rey Felipe V. De este modo, se convertía en el 7º Conde de Peralada, 5º Marqués d'Anglesola y 32º Vizconde de Rocabertí.

En 1729, nombrado Presidente del Consejo Supremo de los Países-Bajos Austríacos, se traslada a Bruselas para asumir sus responsabilidades. Su permanencia al frente de los asuntos belgas duraría hasta la muerte del emperador en 1740. Por esas fechas, dimite de sus funciones y opta por retirarse en sus posesiones de Sant Pere d'Arena, donde moriría en 1745.






(*) Padres de Ferran Felip Basili de Rocabertí-Boixadors i de Chaves (1745-1805), 9º Conde de Peralada, 8º Conde de Savallà, 7º Marqués d'Anglesola, 34º Vizconde de Rocabertí, Barón de Vallmoll, G.E., que contrajo matrimonio con Maria-Teresa de Palafox i Castellet, Marquesa Vda. de Mondéjar => sin descendencia.

(**) Padres de Joan Antoni de Boixadors i de Verí, Barón de Bunyolí, Marqués d'Ariany (+1789), que casó con la noble mallorquina Maria-Teresa Cotoner i Despuig, Marquesa d'Ariany, madre de sus 3 hijos:

-Josep II de Boixadors i Cotoner (muerto joven)

-Joana de Rocabertí-Boixadors i Cotoner, 10ª Condesa de Peralada y 9ª Condesa de Savallà, 8ª Marquesa d'Anglesola, G.E. (1805-1862), c.c. Antoni Maria Dameto i Crespí de Valldaura, 8º Marqués de Bellpuig; padres de:

-Francesc Xavier de Rocabertí-Boixadors Dameto i Boixadors, 11º Conde de Peralada y 10º Conde de Savallà, 9º Marqués d'Anglesola, G.E., 9º Marqués de Bellpuig (+1875)

-Anna de Boixadors i Cotoner, c.c. Joan-Miquel Sureda i de Verí, 4º Marqués de Vivot (1777-1835) =>Linaje de Sureda / Marqueses de Vivot.

sábado, 23 de marzo de 2013

EL IVº PRÍNCIPE DE SOUBISE







SOUBISE_IVº Príncipe de / 4eme Prince de_Charles de Rohan, IVº Príncipe de Soubise, Príncipe de Maubuisson, d'Épinoy y del S.S.I.R.G., VIIº Duque de Ventadour y Par de Francia, IIº Duque de Rohan-Rohan y Par de Fr., Marqués de Roubaix y d'Annonay, Conde de Saint-Pol, de La Voulte, de Tournon, d'Albon y de Saint-Gérand-de-Vaux, Barón de Longuèze, Señor de Roberval y de Serrières, Condestable Hereditario de Flandes y Senescal de Henao/Hainaut, Primer Barón del Reino (Palacio de Versailles, 16-07-1715 / Hôtel de Soubise, París, 01-07-1787); fue un célebre cortesano, militar y ministro de Estado francés, gran amigo del rey Luis XV y de la Marquesa de Pompadour, que obtuvo el rango de Mariscal de Francia y que desempeñó un relevante papel en la Guerra de los Siete Años ostentando el mando del Ejército del Rhin. Se le conoce sobretodo por el nombre de Mariscal de Soubise.

Charles de Rohan, Príncipe de Soubise (1715-1787), duque de Rohan-Rohan y de Ventadour, par y mariscal de Francia en 1758, fue un militar y ministro de los reinados de Luis XV y Luis XVI de Francia. Último representante varón de su ilustre rama, fue también el bisabuelo del último príncipe de la Casa de Borbón-Condé, el duque de Enghien, asesinado por Napoleón Bonaparte en los fosos del castillo de Vincennes en 1804.

El célebre príncipe de Rohan-Soubise nació en Versailles el 16 de julio de 1715, siendo hijo de Jules François Louis de Rohan, 3er príncipe de Soubise, teniente-capitán de los Gendarmes de La Guardia del Rey, y de Anne-Julie Adélaïde de Melun d'Epinoy. Sus padres fallecerían juntos en París, víctimas de la viruela en 1724. Huérfano de padres con 9 años de edad, su educación es entonces confiada a su abuelo el príncipe Hercules-Mériadec de Rohan-Soubise, que vive en la corte. De este modo, introducido en el entorno del rey Luis XV (de su misma edad), se convierte en su compañero de juegos y en su más leal amigo hasta el fin de su vida.

Carrera militar y política

El Príncipe de Rohan-Soubise inaugura con prontitud una fulgurante y prometedora carrera: mosquetero gris a sus 17 años, capitán a sus 18, brigadier a sus 25, mariscal de campo a sus 28. Ayudante de campo e íntimo amigo del rey Luis XV, protegido además por la favorita regia, Madame de Pompadour, participa en la famosa batalla de Fontenoy en 1745 y es nombrado teniente-general en 1748, justo un año antes de heredar del señorío de Roberval, de Rhuis y de Saint-Germain.

En 1751, Luis XV le nombra gobernador general de Flandes y de Henao (Hainaut), además de gobernador, jefe y gran baílio de la ciudad de Lille. El mismo año dimitía de su cargo de gobernador de Champagne. Cuatro años después (1755), el rey le nombra ministro de Estado, dándole asiento en el Consejo de Arriba. De 1754 a 1756, será efectivamente un ministro con cartera: el rey le nombra controlador general de Finanzas (Ministerio de Hacienda).

En 1756, Austria provoca una nueva guerra contra Prusia, al pretender recuperar el ducado de Silesia que había perdido a manos de Federico II de Prusia. El Príncipe de Rohan-Soubise es enviado por Luis XV para dar su ayuda a Austria, encabezando un ejército. Sin embargo, y gracias a los errores y titubeos de su homónimo alemán el Príncipe de Sajonia-Hildeburghausen, es derrotado en la batalla de Rossbach en 1757. Soubise pierde el control de sus tropas y la descoordinación provoca la esperada catástrofe. La noticia de este desastre militar dará la ocasión, en Francia, a la opinión pública de mofarse abiertamente del protegido de la Marquesa de Pompadour (y de ésta, a través de Soubise), a través de pamfletos y canciones insultantes que serían recopiladas bajo el título de "La Soubisade".

Pese a todo, Soubise conseguirá resarcirse y saborear la revancha en 1758, venciendo en Sondershausen y en Lutzelberg. Ambas victorias, que jamás borrarán su derrota de Rossbach muy a su pesar, le valdrán el reconocimiento del rey quien le concede el mariscalato. En 1761, Soubise está al mando del Ejército del Rhin, formado por 110.000 hombres. Derrota al duque de Brünswick en Johannisberg en 1762. La Guerra de los Siete Años concluiría por el Tratado de Hubertsburg, firmado entre Francia, Austria y los príncipes alemanes, cediendo definitivamente Silesia a Prusia. Tras ese conflicto, el Príncipe de Soubise se mantiene en el candelero de la corte y su posición se ve reforzada por la protección de la nueva favorita real, la Condesa du Barry. En aquel momento, no existe personaje más importante e influyente en Versailles: se beneficia de todos los favores sin pedirlos.

En mayo de 1774, cuando fallece su gran amigo y protector el rey Luis XV, será el único en seguir a pie su ataúd, cabeza descubierta y bajo la lluvia. Un gesto que le honrará para siempre y sorprenderá a sus contemporáneos.

Con el nuevo monarca, Luis XVI, el Príncipe de Soubise se ve confirmado en su puesto de ministro de Estado, muy a pesar de sus relaciones con la difunta Marquesa de Pompadour y de la ex-favorita exiliada Condesa du Barry. Sin embargo, empiezan los reveses para él de una manera indirecta: primero con el escándalo de la bancarrota de su yerno, el Príncipe de Rohan-Guéméné, y luego con otro de peores proporciones y consecuencias, el Asunto del Collar de la Reina, que hunde a su otro pariente el Cardenal-Príncipe de Rohan en el descrédito. Salpicado indirectamente por esos dos sucesivos escándalos, el Príncipe de Soubise se retira del escenario público y dimite de su cargo ministerial. Muere tres años más tarde en su magnífico palacio parisiense, el 1 de julio de 1787, golpeado por una apoplejía a la edad de 72 años. De sus tres sucesivos matrimonios tan solo obtuvo dos hijas, significando la extinción de la rama de los Rohan-Soubise con su desaparición.

Personalidad

El príncipe fue un hombre de gran valentía a lo largo de su carrera militar, pese a no tener el necesario genio de estratega; fue bravo, infatigable y puntilloso en cuestiones disciplinarias, además de ser muy humanitario con sus soldados. Pese a sus grandes cualidades, a sus virtudes, la opinión pública no le perdonó la derrota de Rossbach en 1757, y fue su cruz hasta el fin de sus días aunque posteriormente consiguiera dos victorias sucesivas sobre el enemigo prusiano.

En su vida privada, tuvo una vida sentimental bastante movidita. Cuando en 1734 se casa por primera vez, la novia tiene tan solo 12 años de edad (y él 19); la pierde cinco años más tarde y se vuelve a casar en 1741, con una princesa de 24 primaveras, teniendo él 26. Cuatro años después enviuda al fallecer ésta en el parto. En 1745 contrae por tercera vez matrimonio con una linajuda princesa alemana: Ana-Victoria-Maria-Cristina, Princesa de Hessen-Rheinfelds-Rothenburg. Como su esposo, ésta tiene una vida agitada: es arrestada en 1757, por orden del rey, cuando intentaba fugarse con 900.000 libras en diamantes y joyas para reunirse con su amante. Soubise, tremendamente disgustado por el escándalo, la devuelve a su familia con una asignación anual de 24.000 libras y la separación de cuerpos (divorcio).

Gran seductor de mujeres y jovencitas, el príncipe no fue un marido modélico y muy fiel a sus tres esposas sucesivas. Mantuvo a la señorita Guimard en el lujo más elegante e increíble, y se echó otra amante de 15 años cuando él ya era un setentón en ciernes.

Libertino pero gran bibliófilo, representó perfectamente el espíritu del Siglo Ilustrado, como lo prueba su correspondencia con Voltaire. Melómano y organizador de conciertos en su palacio de París, es él quien ordenó instalar el primer quiosco de música en Francia (inventado por Lord Ranelagh en Inglaterra), en los jardines del castillo real de La Muette, del cual era gobernador.

En cuanto a sus aficiones culinarias, a él se debe la "salsa Soubise", en una época en que era elegante y bien visto ser un chef amateur con inventiva. El gastrónomo Soubise se hizo célebre con su salsa a base de cebollas que acompañaban sus viandas, huevos duros y verduras.

Contrajo matrimonio por tres veces, de los que solo nacieron 2 hijas:

1-La Princesa Anne-Marie-Louise de La Tour d'Auvergne (1722-1741); madre de:

Charlotte de Rohan, Princesa de Condé.

2-La Princesa Anne-Thérèse de Saboya-Carignano (1717-1745); madre de:

Victoire de Rohan, Princesa de Rohan-Guéméné.

3-La Princesa Anna Viktoria Marie-Christine von Hessen-Rheinfels-Rothenburg (1728-1792).





sábado, 16 de marzo de 2013

EL Ier DUQUE DE OTRANTO




OTRANTO_Ier Duque de / 1er Duc d'_Joseph Fouché, Conde del Imperio, 1er Duque de Otranto (Le Pellerin, Nantes, 21-05-1759 / Trieste, Italia, 26-12-1820); fue profesor, diputado, senador, ministro de la Policía Francesa en tres ocasiones y bajo distintos regímenes, y presidente del Gobierno Provisional de 1814.

Personaje político francés, nació en Le Pellerin, departamento del Loira-Atlántico, en 1759 y falleció en Trieste (Italia norte-oriental) en 1820. De aspecto físico endeble, de frágil salud, se vió compensado por una inteligencia extraordinaria. Hijo de un oficial de Marina mercante, Joseph Fouché entró en el seminario del Oratorio de Nantes, dónde recibió las órdenes menores.

Profesor de ciencias en Saumur, luego en Vendôme, Juilly y finalmente en Arras dónde conoció a Maximilien de Robespierre, Fouché volvió a Nantes para ser elegido diputado de la Convención en 1792.

Votó la muerte sin sobreseimiento del rey Luis XVI y organizó la Guardia Nacional de Nantes, reclutando a voluntarios contra los rebeldes de La Vendée. Participó activamente en la "descristianización" de los departamentos de La Côte-d'Or y de La Nièvre.

En compañía de Collot d'Herbois, reprimió la revuelta de Lyon practicando el terror. Su acción sanguinaria en Nevers fue condenada por los Jacobinos y, acusado por Robespierre, fue excluído de la Sociedad. Tras sembrar el terror, fue apodado "el Carnicero de Lyon".

Perseguido al día siguiente de la insurrección del 1er Germinal del Año III (21 de marzo de 1795), arrestado, es liberado y obra por cuenta de Paul de Barras, su benefactor. Se convierte en ministro de la Policía el 30 Prairial Año VII (18 de junio de 1799), y detiene a los directores durante el Golpe de Estado del 18 Brumario Año VIII (9 de noviembre de 1799), habiendo puesto a disposición del General Bonaparte su red de espías. Mantenido en su puesto ministerial por los cónsules, reorganiza su ministerio y desarrolla los servicios de espionaje.

Opuesto al consulado vitalicio, es destituído pero se convierte en senador y sigue informando al Primer Cónsul (Napoleón Bonaparte). Aliado al 1er Imperio Napoleónico, vuelve a retomar su cartera de ministro de la Policía en 1804, permaneciendo en el puesto hasta 1810. Agraciado con el título de Conde del Imperio (Conde Fouché) en 1808, se convierte en Duque de Otranto en 1809, siendo nuevamente cesado por haber intrigado con Wellesley y con el Príncipe de Talleyrand-Périgord.

Nombrado gobernador de las Provincias Ilirianas en 1813, trahiciona al emperador junto con Murat en 1814, y se encuentra en París para ofrecer al Conde de Artois (futuro rey Carlos X de Francia) la Lugartenencia General del Reino tras los desastres imperiales.

Sospechoso de intrigar con los republicanos durante la Primera Restauración (1814), es nuevamente nombrado ministro de la Policía durante el Imperio de los Cien Días. El 9 de julio de 1815, Luis XVIII le nombra ministro y embajador a la corte de Dresden pero, cuando los regicidas (todos los que votaron la muerte de Luis XVI durante la Revolución) son proscritos por la Ordenanza de 1816, abandona Francia para instalarse en Trieste (Italia), donde fallecería dejando una inmensa fortuna (14 millones de Francos).

Fouché había contraído matrimonio en 1792 con Bonne-Jeanne Coiquaud (1763-1812) y, en segundas nupcias con la nobilísima Ernestine de Castellane-Majastre, alianza que produjo un sonado escándalo en los círculos aristocráticos franceses de la época. Padre de seis hijos, de éstos sobrevivieron dos: Armand, Conde Fouché y 2º Duque de Otranto (1800-1878) que falleció sin descendencia, y Athanase, Conde Fouché y 3er Duque de Otranto (1801-1886) que contrajo un primer matrimonio con la baronesa sueca Christina Palmstierna (1799-1826), un segundo con otra baronesa sueca Adelheid von Stedingk (1802-1863) y un tercero con Véronique Marx (1846-1887), con descendencia en distintos nobles linajes suecos como los Condes Bielke, por citar uno.

Dotado de un aplomo sorprendente, tuvo el siguiente intercambio de palabras con Napoleón:

Napoleón: -"¿Habéis sido sacerdote?"

Fouché: -"Si, Sire Napoleón."

Napoleón: -"¿Y habéis votado la muerte del Rey?"

Fouché: -"Es el primer servicio que he rendido a Vuestra Majestad."

 

FOUCHÉ

según Stefan Zweig



Escrita en 1929, esta biografía de Joseph Fouché (1759-1820) desde la Revolución Francesa hasta la caída y postrimerías del Imperio napoleónico descubre la psicología de un animal político excepcional. "Traidor nato, miserable, intrigante, puro reptil, tránsfuga profesional, vil alma de corchete, deplorable inmoralista", son los calificativos que la historia guarda para este personaje.
Un hombre que en 1790, antes de la revolución francesa, era profesor en un seminario, en 1792 saqueaba y quemaba las iglesias, votó a favor de la muerte de Luis XVI y María Antonieta, en 1793 era un exaltado ministro jacobino, cinco años después era multimillonario, diez años más tarde era duque y ministro nombrado por Napoleón y en 1815 se casa bendecido y nombrado de nuevo ministro por el rey Luis XVIII, hermano del rey a quien Fouché pidió asesinar. Y mientras todo eso sucedía, por su puerta iban pasando los cadáveres de los hombres más poderosos de Francia, Luis XVI, Robespierre, Napoleón...

Su secreto siempre fue "cambiar rápidamente de chaqueta siguiendo la nueva dirección del viento". "Estos osados virajes, este descarado pasarse al otro bando a plena luz del día, esta huida al lado del vencedor, son el secreto de Fouché en la lucha". Por eso, en plena fiebre de la guillotina francesa, ante las acusaciones de excesivamente moderado puede defenderse con sus sentencias de muerte cuando fue gobernador de Lyon. Y si son los moderados quienes la acusan de sangriento, podrá recordar que son los jacobinos quienes le acusan de moderado.

"Los gobiernos, las formas de Estado, las opiniones, los hombres cambian, todo se precipita y desaparece en ese furiosos torbellino del cambio de siglo, solo uno se queda siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y todas las ideas: Joseph Fouché". Después abandonará y traicionará a todos, "a los girondinos, a los partidarios del Terror, a Robespierre y los termidoristas, a Barras, su salvador, al Directorio, a la República, al Consulado, a Napoleón, a Luis XVIII". Porque la traición en Fouché no es tanto "su intención, su táctica, como su más auténtica naturaleza (...). En la lucha no está con nadie, al final de la lucha siempre con el vencedor."

Sus enfrentamientos con los tres hombres más poderosos de Francia en su época, Robespierre, Napoleón y Luis XVIII provocarán los episodios más psicológicamente excitantes de la Historia de la Revolución. A punto de perder la vida a manos de cualquiera de ellos, los pudo sortear e incluso pisotear cuando llegó el momento.

Uno de los secretos de Fouché es la discreción, nunca estaría en primera línea del combate político e ideológico, lo suyo eran las bambalinas. Escondido entretelones "siempre es otro el que paga con su sangre por las palabras y la política de Fouche´".

Incluso los duros momentos de la vida de Fouché sirven para mejorarlo y endurecerlo, "para el verdaderamente fuerte, el exilio jamás es una minoración, sino un reforzamiento de sus fuerzas".
La narración descubre momentos antológicos. Como cuando siendo ministro de Policía en el Termidor de la Revolución en 1799 entra en el club radical de los jacobinos acompañado de los gendarmes. Sus miembros, creyendo ver en él a su antiguo compañero ideológico se ponen en pie. Sin titubear, Fouché sube a la tribuna donde antes lanzaba sus arengas y declarar lisa y llanamente cerrado el club sin que a nadie le de tiempo a reaccionar. "Una vez que la sala está vacía, camina tranquilamente hacia la puerta, la cierra y se guarda la llave en el bolsillo. Y con esa vuelta de llave termina realmente la Revolución francesa".

Durante su cargo de ministro, la diplomacia y el manejo de la información fueron su secreto. "¿Por qué hacerse impopular con ningún partido, con los jacobinos o los realistas, con los moderados o los bonapartistas, mientras no se sepa cuál estará la timón mañana?".

En las vísperas de la llegada al poder de Bonaparte, Fouché logra aparentar fidelidad a todos. "Si Bonaparte se impone, naturalmente esta noche Fouché será ministro y fiel servidor; si fracasa, seguirá siendo el fiel servidor del Directorio, dispuesto gustosa y fríamente a encarcelar a los rebeldes".
En 1804 Fouché vuelve a ser ministro nombrado ahora por Napoleón. "Por quinta vez, Joseph Fouché presta un juramento de fidelidad; el primero fue al entonces todavía gobierno real, el segundo a la República, el tercero al Directorio, el cuarto al Consulado".

En junio de 1815, con la definitiva caída de Napoleón, Fouché alcanza su zenit del poder. "A sus cincuenta y seis años (...), de pequeño y pálido hijo de comerciantes a triste y tonsurado profesor de curas, luego tribuno de la plebe y procónsul, finalmente duque de Otranto, servidor de un emperador, y ahora, por fin, servidor de nadie más, por fin gobernante único de Francia. La intriga ha triunfado sobre la idea, la habilidad sobre el genio. Una generación de inmortales ha caído a su alredadedor. Mirabeau muerto, Marat asesinado, Robespierre, Desmoulins, Danton guillotinados, su compañero de consulado Collot en el destierro en las islas de las Fiebres de Guayana, Lafayette liquidado, todos, todos muertos y desaparecidos, sus compañeros de la Revolución".

"Y como ya no tiene señor alguno al que traicionar, no le queda otra cosa que traicionarse a sí mismo, a su propio pasado. Devolver la Francia vencida a su antiguo soberano fue en ese instante una auténtica hazaña, policía correcta y audaz". Es entonces cuando vende Francia a Luis XVIII a cambio de un puesto de ministro. El nuevo rey tendrá que admitir en su gobierno a quien veintidós años antes condenó a muerte a su hermano. La primera función de Fouché como ministro será elaborar la lista negra con todos los nuevos proscritos que no demostraron lealtad al rey. Así lo hará sin dudarlo. "Solo falta uno, el de Joseph Fouché, el duque de Otranto. Aunque en realidad no falta. También el nombre del duque de Otranto está en esa lista. Pero no en el texto, como el de un ministro napoleónico acusado y proscrito, sino como ministro del rey, que envía a la muerte o el exilio a todos sus compañeros: como el de verdugo".

Sin embargo, poco le duró la excepción. Quien trajo a Luis XVIII al trono de Francia es ahora bajo este rey excluido de toda amnistía y condenado al destierro de por vida de Francia. Se diría que el mayor traidor ha sido traicionado y superado en deslealtad por el Borbón Luis XVIII. ¿Se llevará ese carácter en el código genético como la "capacidad" de reinar?. "Tarde, pero con intereses de usura, Fouché tendrá que pagar ahora su culpa de no haber servido jamás a una idea, a una pasión moral de la Humanidad, sino siempre y únicamente al favor perecedero del momento y de los hombres".

Pero por muy excitante y excepcional que fuese la vida de Fouché ningún placer encontraríamos en conocerla sin la brillante pluma del autor de esta biografía, Stefan Zweig. Nacido en Viena en 1881, hijo de un poderoso industrial, y muerto en Brasil en 1942,durante sus años de juventud recorrió Europa, trabajando como traductor y colaborando en distintas publicaciones. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, manifestó su posición pacifista. Ante la implantación cada vez mayor de las fuerzas nazis en Austria, emigró a Londres. Fue en Salzburgo donde escribiría sus mejores obras. Entre ellas destacan "Cuerdas de plata", un ejemplar donde reúne su poesía, y novelas como "Jeremías", "Amok", "El jugador de ajedrez", "La piedad peligrosa" o "La confusión de los sentimientos". Además de la biografía de Fouché escribió la de algunos de los personajes más grandes de la literatura como Dickens o Balzac o de personajes históricos como María Antonieta o Erasmo de Rótterdam.